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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

martes, 4 de agosto de 2020

Quiero entender








QUIERO ENTENDER

Para los que ya me han escuchado hablar sobre  Bad Bunny, queden advertidos –vuelvo a abordar el tema. Creo que más allá de una crítica, me intriga saber qué provoca que este joven haya logrado tanto éxito con unas letras tan ofensivas y violentas.  Sí, ya sé que los tiempos cambian y que en un momento la lambada se consideraba un escándalo y ni hablar del perreo. Honestamente, creo que hay un lugar para todo y si dos personas quieren frotarse lujuriosamente en medio de una fiesta desenfrenada, santo y bueno – bueno, no tan santo. Lo mismo ocurre con lo que dos –o más- personas con capacidad y disposición de consentir quieran hacer en la intimidad con cualquier orificio de su cuerpo, instrumento o juegos. Me tiene sin cuidado. Sin embargo, el contenido de las letras de estas canciones me resulta preocupante, en particular porque ya no se trata de algo que se escucha en grupos cerrados, sino que se difunde a todo el mundo, queramos o no escuchar.

Soy consciente que un grupo de la población critica la música sólo porque le parece ofensiva por las “malas” palabras, o son personas aferradas a un género particular.  En mi caso, creo que una palabra con ñ bien puesta, cuando la situación lo manda, no tiene precio.  Ejemplo de ello es la canción Días y Flores, de Silvio Rodríguez.  Cuando me siento indignada, busco esa canción y la canto varias veces – cosa que he hecho este año.  Esa ñ bien puesta es como un desnudo en una película.  Si se abusa del recurso se convierte en pornografía.  Lo mismo ocurre con ciertas palabras en las canciones del género trap.  En varias de las letras hay una feroz competencia entre la palabra cu… y la palabra cab…, sin contar las veces en que a una mujer se le denomina pu.., como la cosa más normal del mundo.  Y ni hablar de la violencia.

El último disco de Bad Bunny se llama YHLQMDLG.  Sí, sí, así mismo.  El día que lanzaron la publicidad utilizaron un efecto súper novedoso, que parecía como que un balazo había roto el papel en varias páginas del periódico.  Me pareció muy original, pero me disgustó que en uno o dos artículos no se podía ver parte del texto, porque el arte interfería con el artículo.  Escribí al periódico, se disculparon y dijeron que referirían el asunto a no sé qué departamento.  Poderoso caballero Don Dinero –imagino que lo que pagó la producción de Bad Bunny opacó cualquier queja que haya podido tener una suscriptora.  Tal vez hasta me tildaron de vieja maniática.
Una de las letras de esta producción corresponde a una canción que se llama P FKN R y dice en parte:
Yo soy de P fuckin’ R
Donde yo crecí la vida no vale na’
So, mejor que no te aferre
También tengo un pana que te mete
Y no le teme a que la policía lo encierre
Este es Puerto Rico, lugar de respeto

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Que vivan los guerreros de Barrio Obrero
Donde hay callejones llenos de crackeros
Llegaron los kilos del extranjero
Y ya se acabó el polvo pa’ los periqueros
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Yo soy de P fuckin R
Los maleantes con la R
Mejor que la boca cierre
Ante que los míos te entierren

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Así, como una oda a ser guapos de barrio, que dominan el punto y liquidan a sus rivales.  Y no hay nada en la canción que tenga lo que le llaman “socially redeeming value”. Con el tema de las mujeres, el lenguaje es sumamente gráfico, con las palabras completas, sin un dejo de pudor.  Es una colección de cu…, de te…, de bi…Como dice una estrofa, Orientando a la generación nueva con la verdadera. Bellaq… a lo galactic, más pu…que Betty Boop…  Y lo más inquietante son los vídeos, que muestran niños – de 10, 12 años -  como la gran cosa, tomando un carro que han rociado con pintura en aerosol, haciendo destrozos en un negocio.

Y de veras quiero entender qué es lo que estos jóvenes – y no tan jóvenes - quieren decir.  Es evidente que es un reto a la autoridad, a la hipocresía, pero ¿para qué? ¿A dónde se va con eso?  Puedo entender que se utilicen palabras que much@s no utilizarían en público, pero sí en un entorno íntimo, pero sigo sin entender a dónde se va con eso.  Peor aún, las letras presentan el uso y venta de drogas, el trato ofensivo a las mujeres y la violencia, como si fuera lo más normal del mundo.  Y para alguna gente sí lo es.

Soy consciente de que la sociedad que refleja Bad Bunny existe.  La pregunta es si eso es lo que queremos.  El nombre de ese disco que menciono son las primeras letras de Yo Hago Lo Que Me Da La Gana. Pues yo también.  Y a mí me da la gana de no quedarme callada.  Yo no quiero que a los puertorriqueños se nos pinte como traficantes de drogas dispuestos a matar a los rivales.  No me da la gana de que se les llame a las mujeres pu…como si les dijeran que linda eres. No me da la gana de permanecer indiferente ante un modelo distorsionado para nuestros niños.  ¿Cómo les vamos a enseñar respeto, el valor del trabajo honesto, la dignidad de cada ser humano, si hay un tipo pintando las bondades de todo lo contrario que se hace millonario?

Me considero una persona de mente abierta.  Disfruto de varios géneros musicales, incluyendo algún reguetón –trap ninguno.  No se trata de censurar canciones que puedan ser algo risqué. Me inquieta lo que veo por ser un culto a lo negativo.  Me importa un bledo que Bad Bunny contribuya a causas nobles –los dueños del punto en el caserío también lo hacen y eso no quiere decir que yo tenga que aceptar su negocio ilegal, que le ha costado vidas y sufrimiento a miles de familias. Me importa un pito que Bad Bunny haya contribuido a sacar a Ricky de Fortaleza.  Me parece una soberana hipocresía que haya denunciado la insensibilidad de ese gobierno y al mismo tiempo demuestre que le importa más su estrellato que la influencia negativa que tiene sobre nuestros jóvenes.

De verdad quiero entender este fenómeno, que es algo así como lo que sucede con Donald Trump, quien a pesar de sus desmanes, todavía tiene miles de seguidores que lo defienden a brazo partido.  ¿Qué es lo que hace aceptable las canciones de Bad Bunny para un número tan asombroso de personas?  Si alguien sabe, por favor, me lo explica.

4 de agosto de 2020

viernes, 24 de julio de 2020

El alma en unas boyitas








EL ALMA EN UNAS BOYITAS

Quien me conoce bien sabe que para mí, un plato de comida es mucho más que simplemente algo que se ingiere para alimentar el cuerpo o saciar el hambre.  Hay quien come casi cualquier cosa, sin apenas saborear los ingredientes o los que se convencen de que algo es muy bueno, aunque sepa a regiones infernales, porque es “saludable”.  Tengo una amiga que intentó convencerme de que unas galletas de esas que venden en lugares de comida “saludable” era como comer Oreos.  Sí, Pepe. También están los que comen por obligación, porque es necesario para vivir, pero no derivan placer de hacerlo.  Lo cierto es que a mí me encanta comer y comer bien.  Además, me fascina ofrecer platos a personas que quiero mucho.  Hay algo muy sabio en denominar ciertos platos como comfort food. Servirle un plato de esos a alguien desanimado es como consolarle, pasarle la mano por la espalda y decirle, ba, ba, no te apures; todo va a estar bien.

Creo que a quienes nos gusta cocinar dejamos algo de nuestra alma en esos platos y los que los ingieren, llevan a su interior algo de nuestra esencia.  Hace unos días fui a Orujo, un restaurante que descubrí en las redes sociales y fui testigo del esmero que el chef ponía en cada plato.  Es una experiencia distinta, que permite saborear una sucesión de pequeñas entregas novedosas – cosas que ni pensé se confeccionaban de ese modo, como pan de remolacha, por ejemplo o una reinterpretación de un sancocho o un filete con calabaza asada.  Por momentos, ví al chef acercarse a las creaciones alineadas para servir y me enterneció ver cómo le colocaba una ramita de alguna yerba o añadía un toque especial.  Este hombre estaba poniendo un pedacito de su alma en esos platos.

Ayer vi una entrada  que publicó el Chef Edgardo Noel en su página, en la que anunciaba que prepararía asopao de gandules y preguntaba a sus seguidores si decían bolitas o bollitas de plátano al equivalente nuestro de unos gnocchis italianos o unos dumplings americanos que se añaden a ese plato.  En mi casa siempre escuché a mi mamá llamarle bollitas, así que me acostumbré a decirles así.  Es interesante leer como alguna gente afirma con insistencia que se dice de una forma u otra, pero hubo una mujer que dijo que su abuela les decía boyitas – es decir boya pequeña y explicó que les llamaba así porque flotan.  Hacía tiempo que algo no me hacía tanto sentido.

Me enganché tanto en esto de las bollitas, bolitas o boyitas de plátano, que hoy acudí al supermercado para comprar los ingredientes y hacer el asopao con boyitas –porque adopté la palabra.  Me prepare el sopón –para mí es asopao si lleva arroz, pero eso es otra investigación que no he iniciado.  Es un proceso que demora unas dos horas, porque hay que poner a ablandar la carne, luego guisar añadiendo los gandules y finalmente, rallar los plátanos para hacer las bolitas que se echan una a una en esa olla burbujeante –plop, plop.  Cuando el sopón estuvo listo, aspiré el aroma y probé una cucharada –estaba perfecto.  Me senté a disfrutarlo, aparté una porción para una vecina y me di a la tarea de buscar en mis libros de cocina para ver si abordaban el misterio bollístico.

No encontré nada en el Cocinero Puertorriqueño de 1859, pero en el libro que pertenecía a mi mamá, publicado en el 1950, de Cabanillas, Ginorio y Mercado, encontré que se les llamaba bollitos a las bolitas que se formaban con el plátano rallado, presumo que para asemejarlas a pequeños bollos de pan.  Ahora tengo cuatro versiones: bollitas, bolitas, boyitas y bollitos.  Lo cierto es que no importa cómo les llame, el caso es que saben riquísimas.  Me inclino por la forma que conozco desde siempre, pero ahora las veré escritas de forma distinta para asociarlas con su cualidad flotante.

Mientras me hallaba en el proceso de preparar el sopón, vi algo en las redes de una artesana a quien le he adquirido unas piezas.  Su taller se llama Mosaicos del Alma y ciertamente puedo ver que ella pone el alma en cada pieza que realiza.  La primera vez que adquirí una pieza lo hice para un regalo.  Luego he comprado otras y la más reciente la compré para mí.  Contiene un fragmento del poema Boricua en la luna de Juan Antonio Corretjer y me hizo mucho sentido tras los procesos vividos después del huracán  María, donde Puerto Rico mostró su lado resiliente y su alma noble, presta a dar la mano a otros.  Al ver el vídeo que colocó en las redes, pensé en el amor con que ella habla de sus piezas y la forma en que las empaca para hacerlas llegar a los puertorriqueños de la diáspora, para quienes esas piezas representan tener consigo un pedacito de la patria distante.

Poner el alma en lo que se crea –sea alimentos, cerámica, mosaicos, música, pintura o cualquier forma de arte, hace la gran diferencia. Hay un intercambio entre la persona que crea y quien lo recibe.  Ambas terminan transformadas luego de esa experiencia. Namasté.

24 de julio de 2020




lunes, 20 de julio de 2020

Deprimirse










SE DEPRIME CUALQUIERA

La foto de la estufita de gas no es de los tiempos de María; es de hoy.  Estaba en el ejercicio de adelantar los procesos de limpieza, porque hoy se llevarían el agua a eso de la una de la tarde, cuando de pronto sentí el ruidito de la batería de la computadora que anuncia ese hecho que se repite con más frecuencia de la que quisiera: se fue la luz.  Eso, poco después de haber escuchado el mensaje de la gobernadora, que es un insulto a la tolerancia y paciencia de este pueblo.  En plena época pre primarias, ha hecho un mítin disfrazado de anuncio importante.  Para eso no era necesario hacer un anuncio público.  Bastaba emitir un comunicado de prensa indicando que estaría solicitando una sesión extraordinaria y enumerar los proyectos que se someterían, aunque evidentemente el propósito es ofrecer un catálogo de posibles soluciones a problemas que nos aquejan.

Creo que salvo las propias aseguradoras, que tienen el apoyo de ellas mismas, los pacientes y los proveedores de servicios médicos están hartos de los procesos burocráticos y abusivos que convierten en una pesadilla la obtención de servicios médicos, de laboratorio y las astronómicas sumas de los medicamentos.  Del mismo modo, todos los empleados públicos y pensionados quieren se garantice el pago  de sus pensiones. Para los afectados que perdieron sus viviendas por los terremotos, escuchar que se busca transferir sin costo propiedades es música –del género que se prefiera, claro- para sus oídos. Decir que se buscará la aprobación de proyectos que actúen como varita mágica para solucionar estos problemas tiene que haber sido una estrategia de un sagaz director de campaña que recuerda aquél chiste que a la afirmación de que algo no era cierto, respondió con sí, pero riégalo que nos conviene.

Las cosas no son tan simples como la gobernadora pretende hacernos creer.  De hecho, hay soluciones para algunos de los problemas planteados y otros que no, pero que están ahí, que no necesitan legislación y no se han ejecutado.  Es evidente que cuando se fue la luz, mi coraje, que ya estaba ahí, se puso en Hi.  Dentro de mi cabeza bullían los @#%&*!  Y ahí no queda todo.  Yo llevo dos o tres semanitas lidiando con un asomo de depresión.  En el fin de semana tuve experiencias hermosas, por separado, con dos de mis primas.  Ambas están experimentando situaciones fuertes, que retan a cualquiera, pero han salido adelante y me honro en decir que venimos de la misma estirpe.

Ayer particularmente, me sentía feliz, tras haber preparado un almuerzo para una de ellas.  Me embarqué en uno de esos proyectos que yo hago, en los que me empeño en hacerlo todo –el aperitivo, el plato principal y el postre –en esta ocasión una receta nueva.  Todo complementado con buen vino, claro.  La sobremesa fue una sesión terapéutica para ambas.  Se habló  de temas personales y de la situación del país, que como sabemos, está difícil por demás.  Una mira l@s candidat@s a puestos electivos y dan ganas de encerrarse en un cuarto y despertar el año que viene.  Pero pese a los temas escabrosos, esta mañana me desperté con la sonrisa del recuerdo de la agradable velada e incluí una nota sobre ello en mi  cuaderno diario de agradecimiento.

Y entonces el anuncio de Wanda, el apagón, mi mal humor agravado por el hecho de que tenía hambre, que es decir que me pongo como el famoso anuncio de Snickers  Seguí con la limpieza, pendiente de la hora en que el grifo dejaría de producir agua, como si fuera la carroza de Cenicienta que se convertiría en calabaza.  La luz no llegaba, así que decidí buscar mi estufita de gas para calentar algo de lo que sobró de ayer.  Puse a calentar arroz, cuando una vecina tocó a la puerta.  Me pidió un favor, pero en el proceso ella enlazaba un tema con el otro, cuando empecé a sentir un olor característico: arroz ahumado.  @#$%&*!

20 de julio de 2020


domingo, 21 de junio de 2020

Otro hogar









OTRO HOGAR

Hace 30 años que mi papá se mudó. Solía vivir en un condominio de Hato Rey con su esposa, a donde yo les visitaba con frecuencia.  Para ese tiempo, yo estaba recién divorciada y vivía en un apartamentito modesto que alquilé, en el segundo piso de una casa de urbanización.  Papi se preocupaba por mí y yo hacía todos los esfuerzos posibles por demostrar que era fuerte y podía afrontar sola las dificultades que esta nueva vida me presentara.  En parte era cierto, pero no niego que tuve momentos de duda y angustia, particularmente cuando fue diagnosticado con cáncer.  Afronté mi nuevo estatus civil con aplomo y hasta disfruté una sensación de alivio al no tener que cargar con el peso de un matrimonio que hacía tiempo había dejado de ser una vida en compañía para convertirse en una vida de casada en soledad.  La posibilidad de perder a mi papito era otra cosa, para lo cual pensé jamás estaría lista.

El proceso del tratamiento contra el cáncer fue uno que afrontamos juntos, haciendo acopio de todas las herramientas disponibles: quimioterapia, sesiones con una psiquiatra, libros de autoayuda, programas de comedia y siempre, siempre, una comunicación que se afianzaba y adquiría nuevas dimensiones ante la posibilidad de una separación física definitiva.  Siempre hablamos con honestidad y apertura, pero durante su tratamiento llegamos a hablar de temas que jamás pensé que abordaría con mi papá.  Nunca me he sentido tan conectada con otro ser humano.

Hace 30 años mi papá se mudó y ahora habita en mi corazón, en el infinito, en mi piel, en cada átomo de mi ser. Él no me acompaña; él y yo somos ahora la misma cosa y es imposible que yo me conciba como alguien separada de su esencia.  En este Día de los Padres te celebro, Papito y doy gracias por la bendición de tenerte.

21 de junio de 2020

sábado, 20 de junio de 2020

En alerta






EN ALERTA

Creo que en cierto modo, todos y todas tenemos o hemos tenido prejuicios o hemos sido víctimas de ellos en algún momento.  No se apresure a negarlo, que hay instancias aparentemente inocuas que reflejan un prejuicio subyacente.  Hasta hace dos años, yo conducía un Mazda Protegè al que le di mucha paleta – de hecho, 19 años de paleta.  Ya lucía opaco y obviamente no era el modelo más caro y mucho menos un modelo reciente.  Pues en un momento decidí ir a Plaza las Américas, me topé con una congestión enorme y no conseguía estacionamiento, por lo que opté por usar el valet parking. Me acerqué al puesto para ese propósito y un empleado me dijo: “señora, tiene que mover el carro”.  Le tuve que aclarar que yo quería usar el servicio.

La premisa que estaba detrás del comentario del empleado era que una persona que anduviese en un Mazda entrado en años –me resisto a llamarlo viejo- no podía pagar por el servicio de valet parking. Es preciso ver, además, la pleitesía que le rinden a un hombre que se baje de un BMW, un Mercedes Benz o un Jaguar.  Esto es ilustrativo de un prejuicio por condición social.  Interesantemente, ese mismo empleado que me trataba con desdén por andar en un vehículo económico, muy probablemente use un vehículo más viejo que el mío.

El racismo es una modalidad de prejuicio que ha estado bajo el ojo público tras el asesinato del afroamericano George Floyd a manos de policías blancos el mes pasado.  Esto sacó a la luz una realidad que había estado oculta, al menos para una gran parte de la población.  El racismo que parecía haberse disminuido asomó su horrible cara.  Comenzaron a revelarse decenas de incidentes de violencia contra negros.  La rabia acumulada estalló en varios incidentes de vandalismo que no superaban las manifestaciones pacíficas, pero acapararon la atención.  El movimiento Black Lives Matter comenzó a ser atacado y grupos de manifestantes insistían furiosamente en que all lives matter, sin cobrar conciencia de que lo que se había develado en términos de la violencia contra los negros en Estados Unidos desmentía esta aseveración.  Es evidente que para muchos americanos blancos, no todas las vidas importan.

El prejuicio existe hasta en personas que se cantan como no racistas, porque son hij@s de negr@s, o tienen amig@s negr@s. En Puerto Rico esta ha sido una realidad que no se quiere mirar. Hay incluso una resistencia a clasificarse como negr@ y se usan eufemismos como indi@, trigueñ@, quemaít@. Se ha señalado que la porción de la población que se identifica a sí misma como blanca en el censo, no guarda proporción con la realidad.  Y el racismo que es tal vez más patético es el de aquéllos que siendo visiblemente negr@s, discriminan contra otras personas negras, como es el caso de Antulio “Kobbo” Santarosa, un personaje que se ha ganado la vida burlándose de los demás.

En su más reciente barrabasada, pretendió pasar como un chiste su caracterización como esclava de la licenciada Ana Irma Rivera Lassén, reconocida jurista puertorriqueña, quien llegó a ser presidenta del Colegio de Abogados y Abogadas, ante su “ama”, la candidata blanca a gobernadora por el Movimiento Victoria Ciudadana.  Como tantos otros, intentó hacer pasar esto como un chiste.  Para una mujer negra, conocedora de la historia de opresión contra los miembros de su raza, muchos de los cuales fueron en efecto esclavos, no es ningún chiste.

Hace  unos días, vi un reportaje en la sección de deportes de un ex pelotero puertorriqueño negro  a quien le rendían homenaje.  Al abordar el tema racial, quiso tomar el asunto a broma y aludió a que sabía que un pelotero norteamericano blanco no era racista.  ¿Cómo lo sabe?, le preguntaron, a lo que él respondió: “porque yo le ofrecí cambiar dos mujeres negras por una blanca y lo aceptó”.  Los que estaban alrededor –todos hombres- se rieron del “chiste”.  Yo no podía creer lo que acababa de escuchar, que es tan insultante a varios niveles.  En primer lugar, perpetúa la imagen del macharrán que tiene varias mujeres a su disposición.  En segundo lugar, desvaloriza a la mujer negra, al indicar que dos equivalen a una sola mujer blanca.  En tercer lugar, resulta patético que sea precisamente un hombre negro quien sienta la necesidad de hacer este “chiste” para sentirse aceptado y que los demás sientan que el chiste es aceptable porque viene de un hombre negro.

Hace años que comencé a tomar conciencia de que por más ingenioso que sea un chiste, no es gracioso si consiste en una burla a una persona por su raza, su género, su orientación sexual, su color u origen nacional.  Eso me ha hecho objeto de que algunos me cataloguen como que carezco de sentido del humor, pero no me ha detenido en mi empeño en crear conciencia de que todos y todas merecemos el mismo respeto.  Detrás de muchos de estos chistes hay una desvalorización de otro ser humano y soy consciente de que quien hace el chiste muchas veces no se da cuenta.  Hay otros, como el presidente Trump, por ejemplo, que no les importa en lo más mínimo. 

El último episodio de su campaña desenfrenada de ofender con su humor grotesco, ocurrió esta semana, cuando re-envió un vídeo manipulado del original de dos infantes –uno negro y uno blanco, que corrían felices a encontrarse en un abrazo.  El vídeo fue alterado, de forma tal que parece como si el infante negro estuviese huyendo del blanco y le colocaron un cintillo como si fuera de la cadena de noticias CNN, que leía Terrified toddler runs from racist baby.  La secretaria de prensa de Casa Blanca respondió cuando se le preguntó al respecto que ella creía que esto era quite funny. Yo no soy psiquiatra ni psicóloga, pero algo no anda bien en las cabezas de estos dos seres.  Hay aspectos que son como grandes no-no.  ¿A quién se le ocurre manipular un vídeo de dos niños inocentes, en plena demostración de la igualdad entre razas, para usarlo a costa de enviar un mensaje torcido de que los medios quieren mostrar una realidad que no existe?  El racismo sí existe y no es un chiste.

Como corolario a todo esto, las empresas con un grado de conciencia social han estado revisando cómo se mercadean sus productos.  Así, la dueña del producto Aunt Jemima, Uncle Ben’s y otros pretenden re nombrar las marcas.  En el caso de Aunt Jemima, ya lo había hecho anteriormente, retirando el turbante de la mujer negra que aparecía en la etiqueta, pero consideran que esa figura es reminiscente de las esclavas negras relegadas, en el mejor de los casos, a la cocina.  En el caso del arroz Uncle Ben’s, yo no entendí la necesidad, ya que mi recuerdo era el de un hombre negro vestido elegantemente.  Lo que yo no sabía es que la imagen es de un mayordomo y que el término Uncle se ha usado en Estados Unidos para designar hombres negros, despojándolos de su identidad.  Entendí.

Más tarde, supe que los productores de la película Gone With the Wind, una de mis favoritas, la retiraron de las plataformas hasta colocar la misma en contexto.  De momento me dije –pero ¿no es esto exagerar?  Me detuve y pensé en la famosa esclava Mammy, un papel que le ganó el Oscar a la actriz Hattie McDaniel, quien no pudo sentarse en la sala con sus compañeros de filmación debido a la segregación imperante en 1940.  Aunque entiendo que la película es reflejo de una época, considero oportuno que miremos detenidamente los estereotipos y examinemos si es un retrato idealizado de una época.  Nos toca, al menos, mirar esto y analizarlo, discutirlo y siempre, estar en alerta para eliminar todo vestigio de racismo y prejuicio.


20 de junio de 2020


miércoles, 3 de junio de 2020

Otra, otra vez











OTRA


Creo que siempre me he sentido distinta.  Tal vez tiene que ver con el hecho de que me crié como hija única, ya que mi hermanita menor falleció cundo tenía tan sólo un año y yo tres.  No tengo recuerdos de ella y su existencia se mencionaba poco, ya que aludir a ella provocaba lágrimas en mi mamá.  Con el tiempo, mis padres aludían a que yo era hija única, sin explicar aquélla realidad dormida.

Esa realidad salía a relucir muy pocas veces.  Cuando mi mamá murió, encontré una cajita de plástico nacarado, con unas diminutas mediecitas, una tarjeta de las exequias fúnebres de Ileana (mi hermanita) y un imperdible de esos que se usaban antes de los “Pampers”, para asir los pañales de tela.  Deduje que todo pertenecía a Ileana.

También sabía que un peluche de tigrecito, en posición de dormir y con carita de pasta, a quien nos referíamos como “el dormilón”, le pertenecía a ella.  Creo que no se me permitía jugar con él, pero sabía que estaba allí.  Aún lo conservo.

Mi papá llevaba siempre en su cartera una foto de dos niñitas en un triciclo doble.  A su muerte, encontré la foto en su cartera.  A pesar de que la presencia de Ileana en este mundo fue tan breve, sé que su presencia espiritual le acompañaba tanto a él, como a mi mamá.  Quién sabe si también me acompaña a mí, particularmente un día como hoy, en el cual me siento muy sola.

Este asunto de la soledad es un tema recurrente.  Tiene, presumo, sus raíces en esa crianza solitaria, rodeada de adultos.  Durante la niñez y adolescencia disfrutaba de la compañía de amistades, pero siempre había algo que me mantenía apartada.  Me casé muy joven con un adicto al trabajo, así que de nuevo pasaba sola mucho tiempo.  Por decisión propia no tuve hijos, ya que soy muy fiel a mi verdad y no me sentía preparada para afrontar sola una responsabilidad tan grande como la maternidad.

Tras mi divorcio, he permanecido sin una pareja estable por más años de los que estuve casada.  Por momentos, como hoy, esta soledad me abruma, a pesar de que he sido bendecida con numerosas amistades y que estoy consciente que soy parte de un Universo.  Ser parte de ese Universo era a lo que iba a aludir cuando empecé este escrito, pero como me ocurre tantas veces una vez empiezo a escribir, esta pantalla adquiere vida propia y es como si mis manos, emulando los zapatitos rojos de un cuento de Hans Christian Andersen, adquiriesen vida independiente y escribiesen lo que les viene en gana.

Pues bueno, a lo que vine –al asunto de ser o no ser parte de un Universo.  Ayer estuve en una presentación de varios escritores y salió a relucir la ya para nosotros en Puerto Rico, famosa pregunta número nueve del Censo.  Para los que no estén tan conscientes, la susodicha se refiere a la raza.  Hay ahora varias alternativas; no recuerdo que para el anterior hubiese tantas, pero busqué ligeramente en Internet y resulta que sí había varias alternativas.  Honestamente no recuerdo qué marqué hace diez años.

Para este año hay catorce categorías, en ninguna de las cuales encajo totalmente.  Doce de ellas quedan descartadas de plano (o al menos eso creo), que son las la de india americana, nativa de Alaska y otras variantes de las asiáticas.  Es como los exámenes de escoger –se descarta primero la que es (o se cree que es) totalmente inaplicable.  Las otras dos son un poquito más complicadas en el caso de alguien como yo. 

Blanca.  Bueno, por apariencia, mucha gente me dice que soy bien blanca, pero yo no me veo a mí misma taaaaan blanca.  Además, mi nariz, mi pelo ensortijado y mis nalgas (tenía un novio que decía que yo tengo nalgas de negra –y yo digo que a mucho orgullo) apuntan a una característica racial que no se relaciona mucho con los blancos.  Negra.  Bueno, ya aludí a los rasgos del cuerpo que apuntan a esa raza, pero el colorcito no es muy oscurito que digamos.  A ver, si un señor que entrevistaron, con ese colorcito de la gente de Fajardo o Vieques dice que él no es negro, ¿dónde me deja eso a mí, que soy unas cuantas tonalidades más clarita?

El asunto de negar la negritud ha sido objeto de muchos estudios y de refraneo popular (¿y tu abuela, a ‘onde etá?).  Sueño con visitar África a conocer parte de mis ancestros y hubo alguien que pensó que bromeaba, porque no podía relacionarme con negros, sospecho que más por ella que por mí. Es interesante cómo mucha gente está más inclinada a marcar “blanca”, que “negra”, a pesar de la gran cantidad de personas que varían en sus tonalidades de “café con leche”, “quemaíto”, indio, trigueño u otras variantes que se alejan de “blanco” y se aproximan, pero no llegan  a “negro”.

Cierto es que el formulario provee para marcar una o más.  Siempre puedo marcar blanca y negra, pero se me está quedando algo.  Si algo ha sido más que reforzado en nuestra educación, es que somos una mezcla de tres razas.  El formulario provee para marcar alguna otra raza.  Pues ahí podré aludir a ese origen taíno que no puedo ver, pero que tiene que estar ahí. 

Eso me trae (y juro que todo esto se relaciona, ya verán) a un programa que vi hace poco, que traza el origen de los ancestros y puede llevar a extraordinarios descubrimientos.  El Profesor de Harvard Henry Louis Gates, visiblemente negro, ganó notoriedad al ser arrestado el año pasado en su propia casa cuando se le quedaron las llaves y una vecina llamó a la policía porque vio un hombre negro tratando de forzar la puerta de la casa contigua.  El incidente trascendió hasta culminar en una reunión entre el oficial que realizó el arresto y el arrestado, en nada más ni nada menos que Casa Blanca, con un Presidente que podrá marcar más de un encasillado en el formulario del censo.

Opran Winfrey (que presumo marcará negra en el formulario, pero no sé si tiene otra ascendencia conocida) entrevistó al Profesor Gates hace poco en su programa.  Resulta que él hace estudios genéticos y logró establecer fascinantes vínculos entre personas que aparentemente no tienen conexión alguna.  A base de esto, descubrió que él y el oficial que lo arrestó son primos lejanos; Eva Longoria, actriz de ascendencia mejicana tiene vínculos con Yo Yo Ma, quien ya de por sí es una mezcla francesa-china.

Hace tiempo que se dice que todos somos descendientes del África.  Yo no tengo problema alguno con eso, pero sospecho que a algunos  no le hará mucha gracia.  Si de algo vivo agradecida es que fui criada en un hogar con respeto a todas las personas.  Me crié en la época idealista de los grandes cambios sociales, cuando Martin Luther King habló de su sueño, John Lennon cantaba “Imagine” y había un movimiento llamado “Up with People”, que aquí se conoció como “Viva la gente”.  Popularizaron una canción que decía: ¿De qué color es la piel de Dios, de qué color es la piel de Dios?  Dije negra, amarilla, roja, blanca es, todos son iguales a los ojos de Dios.

Como no hay casualidades en el mundo, trabajo en una oficina cuya misión es combatir el discrimen.  Lo puedo hacer, porque vivo convencida de que no hay razón para pensar que haya distinción entre las personas por razones de raza o color, así como por otras tantas protegidas por nuestra Constitución y otras leyes.  Vivo totalmente convencida de que el prejuicio racial dejará de existir, al menos de la forma que lo conocemos (aunque tal vez yo no esté para verlo).  Mientras ocurra eso, será necesario tener formularios como éste para identificar las razas, porque de otro modo pudiese ser difícil determinar que ocurrió un acto discriminatorio.

Con respecto a mí misma, marcaré blanca, negra y “otra”, para aludir a esa otra parte de mí que no está plenamente visible, pero que en algún lugar escondidita debe estar, probablemente evidenciada por mi particular afición a comer cualquier cosa que se confeccione con yuca.  Y quién sabe, si me hiciesen un estudio genético, tal vez resulte que estoy emparentada con Luis Rafael Sánchez, Yo Yo Ma, Paul McCartney o Barack Obama.  De lo que no me cabe la menor duda es que fui criada por unos seres humanos muy especiales, que me tocó vivir en una época de luz en medio de sombras y que estoy conectada, aunque no siempre lo sienta, con otros seres.

21 de marzo de 2010


Nota: Publico este ensayo 10 años después, en momentos en que se recrudecen los conflictos raciales y el sueño del Dr. King parece haber retrocedido.  Además, el presidente actual de Estados Unidos -Donald Trump-es la antítesis de lo que debe ser un líder.  Habría justicia poética si un análisis genético revelase su vínculo con una tribu africana.

3 de junio de 2020



lunes, 1 de junio de 2020

COHETES








NO ESTOY PARA COHETES

La semana pasada –no sé ni qué día- la NASA lanzó un cohete al espacio.  No sé cómo se llama el cohete,  lo que iba a hacer, ni cuánto durará la misión.  Lo cierto es que no me importa. Esa misma semana, en Minnesota, un policía blanco mató a un hombre negro que previamente había esposado y lo tenía en el suelo, mientras presionaba su rodilla contra su cuello.  Otros tres policías contemplaban la escena o participaban del acto de inmovilizar al detenido.  Había personas filmando la escena –es por eso que tenemos los detalles.  El hombre imploraba:  please, I can’t breathe, my back hurts, my whole body hurts; pleeease; sollozaba; pleeeease, mama… Las personas alrededor le pedían al policía que lo soltara.  Eventualmente, el silencio.

Ahora sabemos detalles.  El hombre se llamaba George Floyd y antes de establecerse la cuarentena trabajaba como guardia de seguridad en un restaurante-club hacía cuatro años. Lo describen como un hombre gentil.  Aparenta ser que la policía había recibido una querella de que alguien había pagado con un billete falso y deciden intervenir con este hombre.  Independientemente de la posibilidad de la comisión de un delito, no hay evidencia de resistencia al arresto y si así hubiese sido, es evidente que el hombre estaba inmovilizado y esposado, por lo que no representaba peligro.

Ver cómo se desenvuelve esta escena horroriza a tod@s l@s que tenemos un grado de sensibilidad por varias razones.  La primera, que parece inconcebible que un ser humano utilice su autoridad y la fuerza para matar a otro que está indefenso y suplica que lo dejen respirar y hasta clama por su mamá. La segunda, porque este ha sido la culminación de una serie de incidentes en distintas partes de la nación norteamericana, en los que personas blancas amenazan a personas negras.  Los más recientes ocurrieron en el estado de Georgia, donde unos hombres armados en una guagua persiguen y matan un hombre negro que corría.  En otro incidente, esta vez en la ciudad de Nueva York, una mujer blanca llama a la policía para denunciar que un afroamericano la amenazaba a ella y a su perro, cuando él tan sólo le había pedido que le colocara la correa al animal.

Todos estos incidentes fueron grabados y es por eso que sabemos lo que ocurrió, lo que nos lleva a la tercera razón por la cual estamos horrorizad@s: si esto se grabó, nos preguntamos ¿cuántos casos hay similares de los que no sabemos nada porque no fueron grabados?  Nos podemos poner en el lugar de cualquier hombre negro en Estados Unidos que siente temor de aventurarse más allá de su vecindario, ante la posibilidad de ser arrestado y tratado como un animal.  La cuarta razón es desalentadora.  Es ver cómo tanta gente se insensibiliza, pendiente del dichoso cohete, y se obsesiona con las tiendas vandalizadas; con los carros quemados, pero no han sido capaces de indignarse lo suficiente con la situación de inequidad en el mundo.  Esa inequidad es la de los puertorriqueños que llevan casi tres meses sin cobrar porque están desempleados, mientras el gobierno arrastra los pies para pagar un dinero que está disponible.

La quinta razón para horrorizarnos es observar la conducta de un hombre al mando de la que se supone sea la nación más poderosa del mundo comportarse como chusma.  Claro, que no es de ahora –se comportaba como chusma desde antes, pero hay momentos en la historia que exigen que un gobernante se crezca; que sea ejemplo, que guíe a la nación hacia el camino correcto.  Pero este señor nunca ha sabido cuál es ese camino.  En un momento como este, que recuerda los duros enfrentamientos de los que luchaban por los derechos civiles en los años 60, particularmente en Birmingham, Alabama, a este energúmeno se le ocurre decir que a los manifestantes que están provocando disturbios les echará los perros rabiosos – most vicious dogs dijo.  Si usted no conoce la historia de ese tiempo, busque las fotos de la época en las que aparecen estos policías blanquísimos con sus perros feroces enfrentando los manifestantes negros.  El fuego no se combate con más fuego.  Un líder tiene que ser capaz de inspirar respeto y sosiego, lo cual no se ha asomado en todo el tiempo de esta nefasta presidencia.

La sexta razón para la indignación la provoca saber que hay miles apoyando la política del actual presidente de los Estados Unidos, incluyendo a la comisionada residente de Puerto Rico.  Much@s justifican las acciones de la policía contra los manifestantes, criticando los actos violentos, pero no miran qué fue lo que nos trajo hasta aquí.  Han sido siglos de opresión.  Es como un cáncer que estuvo en remisión.  Ya cuando creíamos que el tratamiento estaba surtiendo efecto, el mal vuelve, destroza el cuerpo de quien lo padece y los médicos aplican la medicina equivocada.

Cuando comencemos a resolver el problema de inequidad –sea por raza, por género, por orientación sexual, por origen nacional o condición social y se trate a todo ser humano con respeto, veremos que se reducen los disturbios.  Mientras tanto, seguirán ocurriendo y nos van a interrumpir la transmisión del lanzamiento del próximo cohete.

1 de junio de 2020