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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

sábado, 26 de septiembre de 2026

DUELO

 





DUELO

El título de este escrito no pretende comparar la pérdida de una costumbre, de un trabajo, de una tradición cultural con la pérdida de un ser querido.  No obstante, identifico la desaparición de la versión impresa del periódico El Nuevo Día como una pérdida que causa una tristeza que tomará un tiempo manejar, como otras pérdidas que requieren transitar un periodo de duelo, aunque a menor escala.  Para las personas de mi generación y de anteriores, leer el periódico era parte de una rutina diaria que es más que rutina, un estilo de vida.  Muchas de mis amistades y familia saben de mi ritual de sentarme a desayunar con el periódico, el cual suelo leer a plazos cómodos, sobre todo el del domingo.  Esa rutina comenzó viendo a mis padres, luego mientras estuve casada y desde hace como 32 años, después de mi divorcio.  Calculo que entre periodos llevo como 40 años suscrita al periódico.  Sé de personas que tienen una variante del ritual.  Salen a comprar el periódico y se sientan en la panadería a tomar el café con algo sólido; se encuentran con conocidos y conversan sobre los últimos acontecimientos.

La desaparición de la versión impresa se veía venir.  Cada vez el periódico venía más enclenque y el bombardeo digital era intenso.  En mi caso, accedía a la versión digital para enterarme de los últimos acontecimientos tras la publicación de la versión impresa.  En ocasiones, cuando llegaba la versión impresa -cada vez más temprano, a eso de las 2 am, ya yo sabía la mayor parte de las noticias por haberlas leído en mi teléfono.  No es que yo me levantara a las 2 am, sino que a veces sentía cuando caía el periódico frente a mi puerta.  No obstante, no abandonaba mi ritual, porque me encanta pasar las páginas y si en algún momento me tenía que levantar de la mesa, el periódico se quedaba en la página donde lo dejé; no se iba una pantalla en negro.  Tampoco se resistía a que yo me detuviera más tiempo, ni cambiaba de formato cuando presionaba una pantalla de forma equivocada.

Yo tenía rituales dentro de los rituales.  Cuando veía que había una columna de Luis Rafael Sánchez, aunque disfrutar su lectura es un gozo, no iba directo a la página de su columna, sino que leía el periódico en orden, anticipando el placer de esa lectura -algo así como un preludio al gozo supremo.  Y cuando llegaba a esa página, la saboreaba poco a poco, deteniéndome en aquellas frases que demostraban dominio y la habilidad suprema que sobre la palabra tiene este escritor.  A veces recortaba esa página o me la enviaba yo misma a mi correo electrónico a través de la versión digital.  Los intentos de enviarla a amistades resultaban frustrantes, porque los que no estaban suscritos no podían accederla y tenía que recurrir a otros medios.

Disfruto columnas de otros escritores y detestaba la de uno en particular por la arrogancia de su estilo y su insistencia en utilizar palabras tan rebuscadas que me obligaban a hacer una búsqueda en el Diccionario de la Real Academia.  También demostraba una hostilidad enfermiza hacia la figura de Luis Muñoz Marín que me repelía.  Muñoz era un ser complejo, que juzgar ahora resulta injusto cuando se hace mirando solo el lado negativo, aparte de que juzgar ahora, desde un lado más o menos cómodo y distante de la década del '40, luego de muchos logros, resulta bajuno. Hace tiempo que no veo una columna de ese escritor y honestamente, no lo echo de menos.  Al resto los leeré, del lunes en adelante o incluso desde mañana si el periódico no llega, en la versión digital.  No es lo mismo, pero del lobo un pelo, como dicen.

Yo tengo la fortuna de que me he ido acercando a la nueva tecnología.  Sin duda, tiene enormes ventajas -al instante se puede reportar una noticia, se logra reducir la tala de árboles y no me cabe duda de que para la empresa representa una economía.  Distribuir un periódico a través de la isla tiene que ser costoso.  Sostener una suscripción a los hogares más aún, ya que requiere de un(a) porteador(a) que vaya casa por casa, apartamento por apartamento, entregando periódicos.  En el complejo donde vivo es aún más complicado, ya que es tipo walk-up, es decir que no hay elevador para acceder a los pisos superiores.  En ocasiones el periódico no llega, como hoy, porque el porteador no logra acceso a través del guardia en la entrada, si está, porque ese es otro servicio que ha tenido que ser recortado.

 He tenido excelentes porteadores.  Lamentablemente, ahora no les veo porque el periódico llega entre 2 a 3 de la madrugada.  De todos, nunca olvidaré a Wanda, quien me repartía el periódico allá para la época de María.  No fallaba y llegamos a conversar, ya que el periódico no llegaba tan temprano.  Después de María, el periódico comenzó a distribuirse a los pocos días, en una versión gratuita, si mal no recuerdo.  Un día logré ver a Wanda y le pregunté cómo estaba.  “Perdimos la casa”, me dijo. Se me formó un taco en la garganta, y de ahí en adelante estrechamos una especie de amistad.  A veces la invitaba a desayunar, haciendo malabares con una estufita de gas que me aterraba.  Un día, cuando abrí la puerta encontré dos tanquecitos de gas de esos que se usan en las estufitas de acampar.  Imaginé que los había dejado ella porque sabía que se me estaban acabando.  Recibir esos tanquecitos de una persona que había perdido su casa ha sido uno de los regalos más significativos que haya recibido en la vida.  Hace años que no veo a Wanda, porque cambió de trabajo.  Ojalá esté bien.

Cuando el periódico no llega, reacciono resignada a tener que leerlo digital.  Admito que eso de salir a comprar el periódico no se hizo para mí.  Cambiarme de mi bata de casa y salir en busca del periódico no es para mí.  Me gusta estar comodita, sobre todo si está lloviendo y regodearme leyendo el periódico.  Hoy no me quedó más remedio que leerlo digital, lidiando con buscar un tamaño mayor de letra sin que se cambiara de formato.  Pierdo el interés y me salto muchas páginas porque no se me antoja leerlas. Por suerte hay una hermosa columna del talentoso Cezanne Cardona y otras que vale la pena leer.  Mañana espero deleitarme con alguna columna o reportaje de Benjamín Torres Gotay, a quien considero excelente periodista, poseedor de una sensibilidad exquisita.  Las noticias en general se leen lo más rápido posible en un ejercicio de masoquismo porque con el asunto Power Expectations/C3PPO/LUMA/Genera/Domenech/DDEC/Rivera Schatz/Jennifer se deprime cualquiera.  Y lo enjereto to' porque es un mismo asunto: una incapacidad manifiesta de gobernar por y para el pueblo.

Hace tiempo que noto una maripilización de los aspectos relacionados con entretenimiento.  Hay pocas reseñas de buen teatro.  Muchas veces las noticias se limitan a dejar saber que habrá una obra teatral nueva, pero luego no se reseña la función. Los conciertos que se reseñan son los de los artistas más reconocidos del género urbano.  El Festival Casals, los conciertos de la Sinfónica quedan ignorados.  El público recibe más de lo mismo, sin una opción más amplia del entretenimiento.  En una ocasión comenté que la sección Flash y Cultura tiene más de Flash que de cultura.  Y no hay nada malo con reseñar los nuevos géneros, pero el público debería tener más opciones para conocer sobre las distintas facetas del arte. 

En estos días el periódico ha bombardeado las redes y los anuncios radiales, anunciando todas las nuevas opciones que hay: podcasts, transmisiones de noticias a cierta hora por el canal del periódico y yo me siento sobrecargada.  No puedo con tanta cosa junta.  De vez en cuando podré ver algo que me llame la atención, pero es como una sobreestimulación. Después de todo, no puedo verlo todo a la vez.  Los anuncios radiales bordean la insensibilidad.  Escuché uno que decía: “para ti, que nunca has leído el periódico en papel”.  Sentí que era como hacer a un lado a tod@s l@s que hemos sostenido fielmente al periódico durante tantos años.  Algo como cuando el gobierno inició una campaña para lograr que más gente se retirara y así ahorrar dinero, sin pensar en que luego no habría gente preparada para hacer los trabajos.  Llegué a ver una oficina de unos 6 empleados en la que quedó una sola empleada -la supervisora que ahora no tendría a quien supervisar. La oficina se llamaba Oficina de gerencia, sin nada que gerenciar.  En los pasillos se colocaban carteles de una empleada sonriente, que leían: “Yo me retiro.  ¿Y tú?”  Y yo me sentía como que estaban locos por salir de mí.

Y me siento como que el periódico digital nos descarta, pero lo disimula, tratando de decir lo fácil que es acceder a la versión digital.  Para alguien que nunca lo ha hecho no es tan fácil.  Para mí, que lo hago con regularidad, a veces me saca de quicio cuando en las últimas semanas no lograba entrar y recibía el mensaje de que ya había alcanzado el número máximo de artículos gratis, cuando tenía incluida la versión digital con la suscripción impresa.  Unas 3 semanas antes del anunciado retiro de la versión impresa, llamé y me dijeron que había problemas con los teléfonos androides, pero el problema seguía sin resolverse.  Entonces llegó el día del anuncio final, que se sintió como la novia que se entera por terceras personas que el novio la dejó.  En lugar de producir una hoja de papel e incluirla con el periódico, anunciando a los suscriptores el fin del periódico en papel, publicaron, primero en la versión digital y al otro día, la noticia en la versión impresa, que ya había corrido por todos los noticiarios.  Me enteré como se enteró todo el mundo. Dolió.

Y si a mi me dolió, imagino como habrá sido para los que se quedaron sin trabajo, o para los que no tienen posibilidad de acceder la versión digital porque la tecnología les dejó atrás.  La tecnología puede ser más que valiosa, pero la sensibilidad no se puede descartar como desechos envueltos en las páginas de un periódico.   La campaña de publicidad es intensa para hacer ver lo fácil que es el acceso a la versión digital.  Dígale eso a quien solo tiene el teléfono y no puede leer bien una columna en una pantalla reducida.  La publicidad llega al ridículo, al mostrar la imagen de una mujer menos joven balanceando una laptop sobre su brazo, pretendiendo demostrar lo fácil que es.



¿Quién rayos agarra una laptop en un solo brazo, a riesgo de que se vaya de lado y termine hecha cantos en el piso?  Aparte de que operar una laptop en esa posición no es nada cómodo.  Parece que quien diseña esta campaña es de la escuela del publicista de la gobernadora -todo pantalleo.

Sé que poco a poco me iré adaptando a no tener mi periódico en las mañanas y pasar las hojas poco a poco.  El duelo es un proceso.  Ya lo superaré.  Para otros, sin embargo, el proceso será más difícil.

26 de septiembre de 2026

 

 

 

 

lunes, 10 de agosto de 2026

Perspectiva

 



PERSPECTIVA

Hace más de una semana que se ha alterado la vida de miles de puertorriqueñ@s por una combinación de factores.  Algunos llevan semanas y hasta meses con la rutina diaria patas arriba. Se sabe que los sistemas de distribución de agua y electricidad están obsoletos.  Ya lo estaban cuando nos arrasó el huracán María y el proceso de recuperación no parece haber arrancado.  En el caso de la energía eléctrica el sistema es operado por una compañía privada a cargo de la distribución y otras están a cargo de la generación.  Ambas se culpan una a la otra por los apagones constantes, o como les llaman ahora, los “relevos de carga”. De un tiempo a esta parte, hay un pánico a llamar las cosas por su nombre.  No es apagón, es relevo de carga; no es racionamiento, es un plan de interrupciones programadas; no son problemas, son oportunidades; no son funcionarios problemáticos, son distracciones.  La crisis más reciente y que hace que las otras no parezcan tan graves es la del agua que escasea por falta de lluvia, falta de voluntad y falta de competencia.

Los detalles ya los sabemos; llevamos demasiado tiempo escuchando los desastres de tubos que revientan, reparaciones que resultan en un servicio que se reanudará sabe Dios cuándo, porque el director de la agencia no sabe e itinerarios que no siempre se cumplen.  Y así estamos ahora – unos días con agua y otros sin, pendientes de dónde vamos a buscar el líquido que ya no sale por el grifo. Y se nos altera el ánimo, nos tornamos inquieto@s, molest@s y prendemos “de un maniguetazo”.  Yo, que suelo ser bastante ecuánime, me he sorprendido arrojando sapos y culebras por esta boquita cuando le he relatado a alguna amistad los más recientes incidentes. Y de momento algo me hace caer en tiempo, como esta mañana, cuando accedí a un vídeo de un haitiano con permiso temporero de protección detenido por los cab***es de ICE en Ohio.  Estaban en el proceso de ponerle un grillete electrónico como preludio a iniciar un proceso para despojarlo del permiso y devolverlo a Haití.  El hombre se desplomó, llorando desconsoladamente.

Tengo recuerdos de mi viaje en misión de ayuda a Haití y escuchar un camión que anunciaba la venta de agua con una musiquita como la de los camiones de helados aquí.  Vi las bolsitas de agua que se repartían -parecían pequeños globos- cuando fuimos a participar de un proceso de desparasitar dentro de una improvisada estructura de madera.  Los que esperaban afuera casi derriban el débil panel que nos separaba, desesperados por tener una de esas bolsitas.  Y eso fue hace más de 15 años.  Ahora la situación está peor.  Pandillas de maleantes dominan las calles; muchos han tenido que huir de sus hogares.  No hace mucho tres mujeres fueron deportadas a Haití y al poco tiempo supimos que habían sido asesinadas.  El hombre que se desplomó tiene que haber imaginado su seguro desenlace al regresar a su país. El pueblo haitiano no tiene agua, no tiene alimentos, no tiene seguridad, no tiene paz. Y así hay miles desparramados por el mundo.

Esta realidad que se me había perdido en los vericuetos de la mente me obligó a poner las cosas en su justa perspectiva.  Vivimos en un país que se supone tenga estabilidad, donde al menos las necesidades básicas deberían estar cubiertas, pero no es así y eso indigna.  Yo no tengo agua ahora, pero aunque tarde, la tendré.  Los haitianos que sufren en Haití no la tendrán en años, si es que sobreviven.  Y así hay miles a través del mundo, sufriendo horrores por hambruna, ciclones, terremotos, gobiernos totalitarios, guerras, pillaje y tantas otras calamidades.  Eso no quiere decir que me resigno mirando atrás a quien está peor, pero puedo hacer las denuncias que proceden con respecto a la incompetencia de quienes en este momento gobiernan y de estar en mis manos, aportar soluciones.  Por sobre todo, nunca debo olvidar a quienes menos tienen y que son víctimas de un gobierno insensible.  Puedo dar gracias por las alegrías simples -una buena ducha, un vaso de agua fría, una comida caliente, una noche de sueño apacible.  Puedo -y debo- denunciar lo injusto y hacer lo que esté a mi alcance para aliviar el dolor ajeno.  Puedo indignarme y también puedo agradecer las bendiciones. 

10 de agosto de 2026


viernes, 7 de agosto de 2026

No nos preparamos

 



NO NOS PREPARAMOS PARA LO PEOR

Hemos tenido días de pesadilla.  Hay gente que lleva semanas o meses sin agua.  Los tubos revientan por doquier y las reparaciones tardan días.  En mi caso, por momentos sentía baja presión de agua y eventualmente no se recibía ni gota, pero el servicio retornaba ese mismo día o el día después, lo que resultaba manejable.  Para el viernes pasado, se anunció que iban a hacer unas reparaciones en el área de Bayamón y Guaynabo, así que pensé que yo, que estoy en el área de Cupey, no me afectaría.  No obstante, en la mañana del sábado noté que no había suficiente presión, así que procedí a bañarme antes de lo previsto, por si acaso.  También cogí un poco de agua para usar en el baño, por si el asunto se prolongaba, aunque siempre tengo un abasto más o menos manejable para resolver por uno o dos días.  Salí al cine y cuando regresé, no había ni gota de agua.  Pensé que retornaría pronto, así que no me preocupé.

Al día siguiente me enteré que en una planta de tratamiento de aguas a unos 3 minutos de casa, estarían reparando una tubería, cosa que no se había anunciado, o al menos yo no me enteré.  El domingo anunciaron que el tubo había sido reparado y que el servicio retornaría paulatinamente.  Ok, me dije, es cuestión de esperar.  Dice el Diccionario de la Real Academia Española que lo que ocurre de forma paulatina, procede, obra o se produce despacio o lentamente.  Bueno, pues ha sido bieeeeen lentamente, porque han transcurrido más de 6 días y por el grifo ya no sale ni aire.  Y lo que sale por la boca de los representantes gubernamentales, cuando sale algo, son incoherencias, explicaciones que resultan incomprensibles o inverosímiles.  Eso, sin abundar en que el lenguaje corporal -por decirlo de una manera elegante, porque lo que pienso no es muy fino que digamos- del presidente ejecutivo de la Autoridad de Acueductos no nos brinda confianza.  A modo de ejemplo, el martes pasado, cuando la gobernadora anunció el racionamiento de 48 horas comenzando este viernes (dos o tres días antes había dicho que había que prepararse para lo peor), el susodicho dijo: “Los pronósticos son variables y se ha demostrado esta semana, se esperaba un evento de lluvia importante, al que mucha gente le puso mucha fe, entre sábado y domingo, y en lo que fue en el área de Carraízo lo que llovió fue media pulgada”, pág. 6 de El Nuevo Día, del 5 de agosto.  Vamos, es ingeniero, no profesor de español, aunque conozco varios ingenieros que se expresan con mucha mayor corrección. 

Yo no sé cuál noticiario ve el jefe de AAA, porque todos los que yo vi decían que iba a llover, pero no lo suficiente.  Tiene que llover mucho -es decir, aguaceros torrenciales y como decía Don Cholito, el agua tiene que caer en la palangana.  Aparte de eso, unos días antes habían dicho que el racionamiento iniciaría la otra semana.  Era totalmente previsible que los niveles del embalse de Carraízo habían descendido demasiado.  Para añadir insulto a la herida, insisten en que utilicemos el tiempo para prepararnos, cosa que incomoda, por decirlo fino, ya que estamos sin agua desde el sábado y no se ve luz al final del tubo.  De hecho, hoy aparece en la versión digital del periódico, que el jefe de la AAA ha dicho que para el área que no ha tenido agua desde el fin de semana, la recuperación será paulatina -¡y dale con la palabrita!-  ya que el sistema permaneció completamente vacío durante varios días.  Pues yo no sé cómo lo van a llenar, porque no ha llovido.  Mi percepción es que alguien tocó la palanca que no era cuando repararon el tubo en la planta de tratamiento y que ahora no se puede llenar el tanque.  Si no se pudo hacer antes, ¿qué nos hace pensar que ahora, que sigue sin llover, se podrá? O tal vez siempre se pudo y es toda una excusa para recuperar el área en varios días.  Yo, a esta gente, no les creo nada.

El jefe de la AAA debe haberle hecho tremendo cuento a la gobernadora para que ella lo reclutara.  Tal vez le habló con varios tecnicismos y como en país de ciegos el tuerto es rey, la convenció de lo mucho que sabe.  No hay más que ver el nefasto podcast que ella produjo entrevistando a su esposo, donde ella dice que él -su marido- sabe de todo.  Si no lo han visto, búsquenlo en YouTube.  Ahí está la clave de por qué tenemos al jefe de AAA, que la hizo creer que sabe de todo lo relacionado con el recurso agua.  Advierto que el podcast tiene partes que nos ponen en riesgo de un ataque de vergüenza ajena, particularmente los efectos especiales.  Eso que vemos, retrata quién es la persona a quien se le han confiado los destinos del país. Cuando el PNP celebró primarias entre ella y Pierluisi, yo pensé que, si uno de los dos iba finalmente a elecciones generales, era preferible que con todos sus defectos ganara él.  Enfatizo que nunca hubiera votado por él -mucho menos por la susodicha.  Aunque pensé que no iba a hacer buen trabajo, jamás imaginé que iba a ser tan desastrosa. No, no nos preparamos para lo peor.

7 de agosto de 2026


lunes, 27 de julio de 2026

EL ARTE DE LO POSIBLE

 



EL ARTE DE LO POSIBLE

Ayer fui a ver un documental sobre la desaparecida División de la Educación a la Comunidad (DIVEDCO), organismo creado bajo el antiguo Departamento de Instrucción Pública bajo la gobernación de Luis Muñoz Marín. Durante la década del 1950, ‘60 y ‘70 hasta su desaparición, estableció todo un entramado educativo dirigido a educar una población que en sus inicios era mayoritariamente analfabeta. Yo tengo recuerdos de ver en mi casa algunos de los folletos que formaban parte de los llamados “libros para el pueblo”, porque mi papá estuvo involucrado con ese organismo de algún modo que lamento no tener claro.  No me sorprende, porque él siempre creyó en el trabajo arduo en favor de los que menos tienen.  Esta División llevó a cabo tareas que parecían imposibles con las limitaciones económicas y sociales, particularmente a fines de la década del ‘40 y ‘50.  Yo no viví las carencias que imperaban en esos años, pero sabía que existían.  Verlas en pantalla le añade una dimensión que abre la mente de cualquiera con sensibilidad.

Para desarrollar su programa de trabajo, la División contrató artistas gráficos, cineastas, actores (aparte de utilizar miembros de las comunidades) y escritores de la talla de René Marqués, Tufiño, Emilio Díaz Valcárcel y Jack Delano, entre otros.  La producción de folletos, películas y carteles es extensa y de gran calidad. No son sólo materiales educativos, sino que constituyen arte en sí mismos.  El documental sobre la labor de la División muestra casitas frágiles de madera colocadas en lomas distantes a las que sólo se llegaba a caballo.  Allí llegaban empleados de la DIVEDCO o líderes comunitarios a informar sobre futuras reuniones, repartir folletos o proyectar películas educativas sobre temas de salud, derechos laborales y hasta derechos de la mujer.  Había énfasis en la labor comunitaria y la importancia de dejar saber las inquietudes y necesidades de la comunidad, a pesar del poder que podían tener algunos políticos o comerciantes locales.

Con claridad y hasta humor, se educaba al pueblo para que estuviera alerta ante los cantos de sirena de quienes promovían la adquisición de bienes que no tenían sentido en el entorno de familias de tan escasos recursos.  La película El gallo pelón es un excelente ejemplo, en la que interviene alguien muy querido en nuestro país, el actor cómico José Miguel Agrelot -mucho más joven y probablemente antes de ser Don Cholito.  Hoy, más de 60 años después, son much@s -incluyendo al gobierno- l@s que compran objetos innecesarios por aparentar, caer en la trampa de la publicidad o todas las anteriores, sin tomar en cuenta su situación económica.  No les digo qué fue lo que compró.  Busquen la película -y otras más en YouTube para que se rían y reflexionen sobre la ignorancia que sigue rampante en el pueblo a pesar del llamado “progreso”.

El documental muestra el avance en vivienda e infraestructura del país, que en un relativo corto tiempo logró llevar tanto a tantas familias que poco a poco salían de la pobreza.  Ya ahí yo empezaba a pensar ¿cómo es que se logró tanto, con muchísimos menos recursos que los que hay ahora?  Más allá de recursos económicos había un sentido de propósito, un derrotero claro: lograr el bienestar de quienes menos tenían, sin pensar en el beneficio personal.  Tenemos millones y millones, como decía Don Cholito y hacemos menos, por estar enfrascados en peleas tontas por demostrar quién es el que manda.  Hace falta una DIVEDCO, pero que no la establezcan con gente insensible, pendiente del figureo y los jugosos salarios.  Hace falta sentido de propósito, inspiración, ilusión, compromiso -todo lo que había cuando nació la DIVEDCO.  El arte de hacer posible lo imposible parece estar perdido.  Todavía estamos a tiempo para rescatarlo.  Salí del cine con ganas de llorar y aún ahora, cuando escribo estas líneas, siento que me asalta la misma sensación.

27 de julio de 2026


sábado, 11 de julio de 2026

CONFIANZA








CONFIANZA

Llevo un tiempo con un pensamiento que me inquieta, a raíz de las declaraciones que se le atribuyen al secretario de la gobernación en torno a lo que implica ser un empleado de confianza en este gobierno.  Según su parecer, los que ocupen puestos de confianza en el gobierno, “ganando un dineral”, no sólo tienen que ser PNPs, sino que se tienen que haber faja'o en la campaña a favor de la gobernadora.  Esta idea no es nueva, pero con el tiempo se ha ido recrudeciendo.  No basta ser del partido, sino que tiene que haberlo probado con su trabajo político, con sus aportaciones económicas o todas las anteriores.  El concepto de empleado de confianza se ha deformado con el tiempo, hasta convertirlo -dependiendo de qué lado se esté- en algo nefasto, algo aceptable o algo que se tiene por un hecho.

Yo estuve casi 30 años ocupando puestos de carrera en gobierno, luego de empezar en un puesto transitorio y un destaque interino por las 3 semanas más intensas de mi carrera en un puesto de confianza.  Para mucha gente -yo diría que la mayoría, un puesto de confianza es un puesto político en el sentido de política partidista y lo toman como algo natural.  Presumen que quien ocupa un puesto de esa naturaleza es un Popular o un PNP “de clavo pasa'o” y hasta justifican gestiones partidistas en horas laborables.  Esto es una deformación de lo que constituye un puesto de confianza, que según la ley de personal en el servicio público -o como se llame ahora, son puestos de quienes formulan política pública -como jefes de agencia, sus ayudantes u ofrecen servicios directos a un jefe de agencia, como por ejemplo, choferes.  La naturaleza del trabajo presupone que el empleado o empleada tiene la confianza absoluta de su jefe o jefa, que no divulgará información confidencial así definida en ley y que en el caso de los que formulan política pública, han de seguir la política pública esbozada por la administración, de acuerdo con la ley habilitadora de la agencia para la cual labore.

L@s emplead@s de confianza deben estar disponibles en horarios irregulares, precisamente porque la función de sus puestos puede implicar largas horas de trabajo y un jefe o jefa de agencia debe poder contar con una persona que esté disponible en todo momento. Nada en la ley menciona que la persona tiene que pertenecer al partido que resultó victorioso en las elecciones y muchísimo menos que tenga que vender boletos o buscar aportaciones para contribuir a actividades partidistas o lo haya hecho antes de ocupar el puesto.  Ha habido casos de jefes de agencia de un partido distinto al del gobernador.  Recuerdo el caso de Vance Thomas, independentista nombrado secretario del Departamento del Trabajo por Alejandro García Padilla y sé que ha habido otros, aunque no creo que hayan sido bajo administraciones PNP.  En Puerto Rico los partidos principales están vinculados a la defensa de determinado estatus político, pero la realidad es que administrar departamentos gubernamentales tiene muy poco que ver con el estatus político y todo que ver con la capacidad de la persona que dirija para ofrecer servicios a l@s ciudadan@s independientemente de sus creencias políticas.

Las personas que sean seleccionadas para dirigir una agencia deben demostrar conocimiento de los asuntos que habrán de atender, ser personas íntegras, capaces, poseedoras de sensibilidad para ponerse en el lugar de las personas que van a servir.  Deben tener la habilidad de comunicar adecuadamente los aspectos que son de importancia y requieren de la cooperación de los ciudadanos y desempeñarse sin atención a las preferencias políticas ya bien sea de sus emplead@s o de l@s ciudadan@s a quienes sirven.  Deben actuar de forma tal que no haya ni siquiera la apariencia de un conflicto de interés.  Bajo este examen parece ser que  poc@s de las personas designadas jefes de agencia en esta administración cumplen con esos requisitos básicos.  Lo triste es que veo una aceptación de l@s ciudadan@s a que los puestos de confianza sean para quienes respaldaron ciegamente a la gobernadora.  He escuchado gente decir que así es como es y que siempre ha sido así.  No, no siempre ha sido así.

Mi papá fue servidor público y me inculcó valores que emulé al ingresar al gobierno -valores que existían mucho antes de que existiera una Ley de Ética Gubernamental.  Algo en él le dictaba lo que era moral, correcto y justo, sin tener que consultar la ley.  Hoy día, ni con la ley nos salvamos de quienes llegan a puestos clave en el gobierno buscando cómo beneficiarse o beneficiar a sus allegados.  Nunca busqué beneficiarme de mi puesto y hubo un momento en que hasta me perjudiqué grandemente a nivel personal cuando insistí en que se hiciera una divulgación ante la Oficina de Ética Gubernamental por un contrato que se iba a otorgar a un pariente.  No había habido nada irregular en el proceso de contratación, yo no supe del proceso ni me involucré – lo supe de manera incidental, pero ¿quién iba a creer que yo no sabía nada?

Durante mis años en el gobierno fui escalando posiciones gracias a mi esfuerzo, a mi deseo de ofrecer un servicio digno a la población a la que debía servir, sin contemplar horarios ni cuánto iba a ganar.  Ocupé posiciones de carrera trabajando con jefes en puestos de confianza, a quienes les preguntaban cómo llegaron incluso a dejarme a cargo de la oficina, aunque yo no pertenecía a su partido.  Siempre recuerdo a uno de esos que respondió: “yo confío en Ana”.  Yo me gané esa confianza por mi trabajo, no por la afiliación política y sé que hay much@s emplead@s que todavía lo hacen.  Lamentablemente, en estas últimas semanas han salido a la luz incidentes que ponen de manifiesto lo peor de la condición humana.

De confianza se ha convertido en sinónimo de “del partido”, cuando no es así.  Busqué la definición en la ley y no la encontré.  Lo que aparece es la descripción del servicio de carrera y el de confianza y ciertamente, no aparece el aspecto partidista por ningún lado.  A pesar de ello, hay much@s que le enganchan este requisito no autorizado.  Al igual que hago en otras ocasiones, quise ver qué decía el Diccionario de la Real Academia.  En su primera acepción lee: Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.  Curiosamente, la sexta acepción proclama: Familiaridad o libertad excesiva.  Que es lo que ha ocurrido en muchos casos recientes: los ocupantes de los puestos se fijan en la familiaridad y distribuyen beneficios a familiares o relaciones de negocios, que -por supuesto- hayan aportado o prometan aportar a la campaña.  Como dice una frase que se usa en tono de broma, “la confianza de asco” y en efecto, esta confianza distorsionada da asco.

Va a transcurrir mucho tiempo antes de que el pueblo vuelva a tener confianza en sus emplead@s gubernamentales, sean o no ést@s de confianza.  Y para que eso ocurra, en primer lugar, hay que salir de esta administración de pacotilla y procurar que quienes asuman el poder sean personas de probidad moral, competentes, responsables, honestas y sensibles.  Hará falta desprendimiento por parte del pueblo: pensar en el bien colectivo y no en el beneficio personal; ocuparnos de informarnos bien de quienes son los hombres y mujeres que pretenden dirigir nuestros destinos.  L@s que ahora ocupan puestos de dirección en el país lo hacen porque una mayoría les eligió y cayeron de incautos ante una persona que se proyectaba como la salvadora en el CanAm.  Las elecciones no son un juego; son cosa seria y ahora pagamos las consecuencias.  Lo cierto del caso es que, aunque siempre tengo fe en que las cosas pueden mejorar, lo que veo no me ofrece mucha confianza en que yo vea la mejoría.

11 de julio de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 



lunes, 6 de julio de 2026

LA GORRA

 




LO QUE EN VERDAD DICE LA GORRA

Cuando yo creía que ya nada era capaz de sorprenderme, esta administración -la de allá y la de acá, vuelve a lograrlo.  Ayer vi una foto del primer caballero acompañando a la gobernadora en la actividad de celebración del 4 de julio. No es de extrañar que la gobernadora celebre el 250 aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos.  Después de todo, ella respalda la estadidad para Puerto Rico y aspira a que nos convirtamos en el estado 51.  La gran ironía es que el actual ocupante de la Casa Blanca le ha ofrecido esa estrella número 51 a Groenlandia, Canadá y hasta Venezuela, en un claro desprecio a esta isla.  La razón supuestamente es que la isla ganaría dos escaños en el Senado y 4 en la Cámara de Representantes y se presume serían demócratas, dado el historial de la isla de favorecer ese partido.  No podemos olvidar que en la votación de embuste que hubo en las pasadas elecciones en Puerto Rico, la candidata demócrata le dio una pela al innombrable con más del 70% de los votos a su favor, sin contar los votos anulados de votantes como yo, que invalidamos la papeleta para no participar en la farsa, pero si hubiésemos participado, la pela hubiese sido mayor.

El ofrecimiento a Canadá y Groenlandia y la insinuación a Venezuela viene, por supuesto, por un interés en las riquezas que pueden aportar a la economía estadounidense.  Sospecho que luego de los terremotos en Venezuela el interés está disminuido, amén del problema del idioma y una población que, como nosotros, no es tan blanquita que digamos. El innombrable se ha encargado de ofrecer insultos y prebendas por igual.  Los insultos a gobernantes de otras naciones se cuentan por montones -ejemplo de ello es el trato despreciable a Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, a quien recibió en Casa Blanca y allí se le cuestionó por el vicepresidente, en presencia del innombrable, si no tenía trajes de vestir.  Los insultos a ex presidentes como Joe Biden y Barack Obama están, como decimos aquí “a montón por chavo”.  La imagen del innombrable no es de un jefe de estado honorable, sino la de un bravucón de barrio.  La pretensión de querer recibir el premio Nóbel de la Paz es un insulto a todos quienes han merecido ese honor, particularmente en estos meses de cruenta lucha en Gaza e Irán.

Los relatos de las barrabasadas de este hombre no tienen límite.  Su afán de hacer obras faraónicas y querer perpetuar su nombre es obsceno.  Derribó un ala de la Casa Blanca para construir un salón de baile; llenó salones de Casa Blanca con piezas y marcos dorados, en una demostración de decoración kitsch que avergonzaría hasta las doñitas que hacen macramé para colocar el papel de baño, cubrir la tapa del inodoro y adornar servilleteros.  Pretender renombrar al Kennedy Center for the Performing Arts añadiendo su nombre fue una imprudencia mayúscula, que afortunadamente fue revertida en los tribunales.  Del estanque reflectivo frente al monumento a Lincoln ni escribo -ya hay suficiente dicho sobre ello.  Los insultos a la prensa son casi diarios.  Los intentos de borrar la historia, para eliminar las referencias al pasado esclavista de los Estados Unidos son más que preocupantes.  Los cañones enfilan hacia el Museo Nacional de Historia del Smithsonian en la capital federal, según leí hoy en una brevísima nota de un párrafo.  La nota indica que un informe de Casa Blanca identifica “como activistas radicales en quienes no se puede confiar”.  Uy. Ya el innombrable había expresado la intención de hacer cambios en los directivos de la institución, tal y como hizo con el centro Kennedy.

Esto de los activistas radicales suena muy parecido a lo que aquí llaman “los izquierdosos comunistas”.  Una vez alguien es identificado como tal, cae “en la página de Cheo”.  Sospecho que si yo trabajara todavía en gobierno, habría caído en la página, como de hecho caí, aunque los que estaban a cargo en esos tiempos eran “nenes de teta” al lado de quienes ahora están a cargo.  Que ya lo dijo clarito Domenech: a puestos clave sólo pueden nombrarse a los que respaldaron a la gobernadora y se fajaron haciendo campaña.  Olvídense de la probidad moral, del profesionalismo, de proyectarse como una persona seria, capaz.  Me imagino que el jefe de Acueductos debe haber vendido boletos como loco durante la campaña.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la participación del primer caballero, que acompañaba a la gobernadora en las actividades del 4 de julio?  Un detalle pequeño, que probablemente pasó por desapercibido por quienes todavía leemos el periódico, que sospecho que cada vez somos menos en estos tiempos de redes sociales.  En el periódico del domingo hay una foto de la primera pareja, vestidos como para ir a misa -ella toda de blanco y él con una camisa blanca, caminando por la calle con varios seguidores que presumo participaron de la actividad conmemorativa.  Y mi vista se enfocó en algo rojo -la gorra que llevaba puesta el primer caballero.  Me fijé bien, para confirmar mis sospechas.  En letras blancas aparece el lema de campaña del innombrable: MAKE AMERICA GREAT AGAIN.  Juro que todavía hoy siento una indignación enorme.  ¿Cómo es posible que en una actividad oficial -porque la celebración del 4 de julio lo es- el primer caballero se pasee con esta gorra, tomadito de la mano con la gobernadora?

¿Es que los asesores en comunicaciones de la gobernadora no le advirtieron de lo impropio de esto o es que ella, como hace el innombrable, opta por desoír todos los consejos y hace lo que le viene en gana porque ella tiene el poder?  Por supuesto, a una persona con un verdadero sentido de lo que es apropiado en una actividad oficial no habría que decirle eso -es más, ni en actividades privadas resulta sensato asociarse con un movimiento que representa atropello, prejuicio y divisionismo.  Pero claro, esta es la misma gobernadora que hizo un podcast procaz, maullando como gata en celo con su marido.  Por eso, pienso que lo que en verdad dice la gorra es que no les importa lo que esta gorra refleja: el símbolo del poder que aplasta a los que piensan distinto.  Para más, es humillante que una gobernadora respalde ciegamente a quien descarta como posible estado 51 al país que la eligió.  Después de todo, tal vez resulta positivo que se sigan poniendo la gorra, para que les identifiquemos como lo que son.

La gorra dice mucho.  Decir “hagamos a América -en realidad Estados Unidos- grande otra vez” parece inocuo, pero no lo es.  Es volver a un pasado de opresión, en el que se rechazaba a personas por su color de piel.  Los llamados MAGA suelen participar de paradas donde todos son blancos y muchos participaron con furioso orgullo del asalto al capitolio federal.  El innombrable les considera héroes y merecedores de un perdón por los actos vandálicos y de agresión perpetrados aquél 6 de enero nefasto.  Mientras escribo estas líneas vienen a mi mente dos canciones: una es “El sombrero de Fofó”.  Fofó era parte de un trío o cuarteto de payasos españoles que tenían un programa infantil que yo solía ver cuando niña.  Fofó era el payaso más bajito y solían dar vueltas, cantando la canción: “el sombrero de Fofó, el sombrero de Fofó, el viento se lo llevó…:” La otra canción es en creole y la canta el personaje del Trotamundos, a quien conocí por sus viajes de ayuda a otros lugares, en particular a la atribulada Haití.  La canción dice Panama m’we  tombe, panamá m’we tombe…, que es algo como “mi sombrero (sombrero panamá) se cayó, mi sombrero se cayó”.  Hay otra parte en que añade: “y el que está atrás lo va a recoger…”  Pues ojalá que el viento se lleve la maldita gorra y que si alguien la recoge, sea para destruirla y se lleve consigo todo lo malo que esta administración -la de allá y la de acá- representa.

6 de julio de 2026

 

 


miércoles, 24 de junio de 2026

LAS GANAS DE LLORAR

 



 


LAS GANAS DE LLORAR GUARDÁS

No es la primera vez que me ocurre.  De hecho, hace más de 10 años que ya le había puesto nombre a esta sensación que poco a poco, como una nube que va aumentando de tamaño, me va rodeando.  Hay veces que logro despejarla y no sé ni cómo lo hago.  Creo que parte de lograr despejarla es ponerle nombre.  Comienza con esas ganas de llorar guardá’s: sé que están ahí, pero no salen.  A veces salen por algo totalmente inconexo, como una película que me hace llorar, pero no libera del todo esa nube grande, pesada, oscura que en realidad se llama depresión.  La reconozco porque la he visto antes, más veces de las que quisiera.  Es una palabra que asusta a mucha gente y no saben cómo lidiar con quien la nombra.  A mí no me asusta y la puedo mirar a la cara y decirle: no me voy a quedar aquí; saldré de esto -no sé cuándo, pero saldré, como lo he hecho antes.

No ando por ahí anunciando que estoy deprimida; hasta hoy lo he hecho sólo con algunas personas y claro, aunque lo ponga en el blog no necesariamente se entera tanta gente, pero creo que hay mucha reserva de la mayoría a admitir que se sienten deprimidas.  En algunos casos, tal vez ni sepan que lo están.  Ayer una amiga me preguntó por qué estaba deprimida y le contesté no sé.  Lo cierto es que tal vez no es una sola causa, sino un cúmulo de sucesos.  A algunos que reciben la admisión de mi parte, ésta les causa incomodidad y quieren buscar la manera de ayudar.  “Cuando te sientas así, me llamas y hacemos algo”, es una reacción frecuente.  Sé que nace de la mejor intención, pero lo cierto es que cuando me siento deprimida no llamo a nadie.  No siento deseos de hacer gran cosa y mucho menos tenerlo que planificar yo misma.  Me agobia pensar en cómo llegar a los lugares, si habrá estacionamiento, si es de noche en áreas que no conozco y, sobre todo, no quiero estar en lugares repletos de gente desconocida en ánimo de parisear.

Cuando miro atrás para identificar esa nube que poco a poco me amenaza, pienso en las dificultades que confronté para escribir el relato de mi viaje más reciente, que ponen de manifiesto mi frustración cuando no logro dominar la tecnología.  Pienso también en la sensación de ineptitud que me causó intentar de nuevo unas clases de tango y sentirme fuera de lugar, al punto que las abandoné por no hallar sentido en hacer algo que no me hace sentir bien.  Vivo sola y disfruto de la soledad, pero por momentos me abruma. La muerte de una persona en el vecindario añadió un elemento de sentirme vulnerable, pese a que soy consciente de que la muerte es algo que tarde o temprano llega, independientemente de la edad. Y last, but not the least, está la realidad de que la nación más poderosa del mundo está dirigida por un desquiciado con el poder de apretar el botón que puede destruir gran parte del planeta y miles lo siguen respaldando.  Para más, los avances de la derecha en nuestro hemisferio son evidentes.

Para completar, en nuestro cantito del mundo ocurren cosas que parecen sacadas de esas películas de humor negro.  Somos gobernad@s por la experta en dos estrategias: una es producir anuncios sobre supuestos logros, sean o no reales, sin que parezca importar el costo exorbitante de los mismos, en momentos en que hay carencias en los servicios a estudiantes de educación especial, poco dinero para los sueldos de policías, maestr@s, enfermer@s; nuestra Universidad, principal motor de progreso social para l@s que menos tienen, se cae en cantos.  Y yo no sé quién diseña la estrategia de estos anuncios.  El caso más insólito es el de los anuncios que aparecieron al otro día de la primera avería del super tubo en este mes (sí, porque hubo otra antes).  Yo no lo vi, pero hay reportes de grandes vallas publicitarias que aparecieron, anunciando que Hoy, es decir el día después de la enorme rotura, se resolvía el eterno problema del agua.

No vi la valla publicitaria -que tiene que haber costado buen dinero; no es un simple cartel; es algo que tiene hasta luces y se proyecta a lo largo de vías principales.  Lo que sí vi fue el anuncio a dos páginas en El Nuevo Día, a color -esencialmente en tonos de azul, no faltaba más.  Eso tiene que haber costado buen, corrijo, mal dinero, porque el buen dinero se usa para el bien común, no el de unos pocos.  Y encima, es dinero tirado a la basura, porque ¿quién que haya estado por varios días, en algunos casos semanas sin agua, se traga -a secas- ese cuento?  Para colmo, a la primera rotura le siguieron dos más en el mismo tubo y otra en otro tubo que conectaba en Bayamón.  Las historias de los desbarajustes en la Autoridad de Acueductos no cesan y parece un sainete de los Tres Chiflados.




Ni hablar de las luchas al interior del PNP, con las intrigas Rivera Schatz/Jennifer/Romero.  Y para completar, la olla de grillos destapada en el Departamento de Desarrollo Económico, con las denuncias de su exdirector contra el rasputinesco Francisco Domenech.  Y en estas luchas, que son una combinación de esmayamiento contractual, machos alfa queriendo demostrar quién es el que manda y lealtades Jenniferistas o Pierluisistas, el que pierde es el pueblo, porque los empleados no tienen el valor, el tiempo, la energía, el interés o todas las anteriores para hacer aquello por lo que se les paga: servir a toda la ciudadanía.  Y l@s que estamos fuera del gobierno contemplamos todo esto como un inmenso juego de tenis, mirando por momentos un lado y por momentos al otro, mientras lo esencial, esencialísimo como es el agua, se escapa y no llega a los hogares.

La otra especialidad de la gobernadora es el viejo truco de negarlo todo, como el marido cuya esposa lo encuentra metido en la cama con otra -u otro, que un engaño es un engaño- y su reacción es decir “no es lo que tú piensas”.  El exsecretario del DDEC pasó de ser estrella a tener que auto estrellarse al renunciar y hacer las denuncias contra Domenech, para ahora ser el acusado.  Según la gobernadora, ninguno de los desastres bajo esta administración son su culpa.  Todo se debe a la inacción de la pasada administración – que era también PNP, las ambiciones de poder de Rivera Schatz o las estrategias de la oposición.  El caso de Acueductos es más que ilustrativo del desbarajuste.  Salvo ella, su marido, Domenech y el propio director de Acueductos, dudo mucho que el resto del país crea que este individuo es competente.

Se deprime cualquiera.  Pero que conste, que así deprimida como estoy, me queda energía para denunciar la incompetencia, el descaro, la desfachatez y lo patentemente injusto de que mientras un@s se encargan de lanzarse lodo un@s a otr@s, el pueblo sufre.  Tengo a Loíza, pueblo pobre, con espíritu de lucha admirable, pegá del corazón.  Yo sé que saldré de mi depresión.  Lo triste es que este pueblo tardará años en salir de la debacle que va in crescendo, sin que veamos señales de una pronta solución.  Nos toca a tod@s hacer lo que esté a nuestro alcance para levantarnos individual y colectivamente.

24 de junio de 2026