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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

lunes, 27 de julio de 2026

EL ARTE DE LO POSIBLE

 



EL ARTE DE LO POSIBLE

Ayer fui a ver un documental sobre la desaparecida División de la Educación a la Comunidad (DIVEDCO), organismo creado bajo el antiguo Departamento de Instrucción Pública bajo la gobernación de Luis Muñoz Marín. Durante la década del 1950, ‘60 y ‘70 hasta su desaparición, estableció todo un entramado educativo dirigido a educar una población que en sus inicios era mayoritariamente analfabeta. Yo tengo recuerdos de ver en mi casa algunos de los folletos que formaban parte de los llamados “libros para el pueblo”, porque mi papá estuvo involucrado con ese organismo de algún modo que lamento no tener claro.  No me sorprende, porque él siempre creyó en el trabajo arduo en favor de los que menos tienen.  Esta División llevó a cabo tareas que parecían imposibles con las limitaciones económicas y sociales, particularmente a fines de la década del ‘40 y ‘50.  Yo no viví las carencias que imperaban en esos años, pero sabía que existían.  Verlas en pantalla le añade una dimensión que abre la mente de cualquiera con sensibilidad.

Para desarrollar su programa de trabajo, la División contrató artistas gráficos, cineastas, actores (aparte de utilizar miembros de las comunidades) y escritores de la talla de René Marqués, Tufiño, Emilio Díaz Valcárcel y Jack Delano, entre otros.  La producción de folletos, películas y carteles es extensa y de gran calidad. No son sólo materiales educativos, sino que constituyen arte en sí mismos.  El documental sobre la labor de la División muestra casitas frágiles de madera colocadas en lomas distantes a las que sólo se llegaba a caballo.  Allí llegaban empleados de la DIVEDCO o líderes comunitarios a informar sobre futuras reuniones, repartir folletos o proyectar películas educativas sobre temas de salud, derechos laborales y hasta derechos de la mujer.  Había énfasis en la labor comunitaria y la importancia de dejar saber las inquietudes y necesidades de la comunidad, a pesar del poder que podían tener algunos políticos o comerciantes locales.

Con claridad y hasta humor, se educaba al pueblo para que estuviera alerta ante los cantos de sirena de quienes promovían la adquisición de bienes que no tenían sentido en el entorno de familias de tan escasos recursos.  La película El gallo pelón es un excelente ejemplo, en la que interviene alguien muy querido en nuestro país, el actor cómico José Miguel Agrelot -mucho más joven y probablemente antes de ser Don Cholito.  Hoy, más de 60 años después, son much@s -incluyendo al gobierno- l@s que compran objetos innecesarios por aparentar, caer en la trampa de la publicidad o todas las anteriores, sin tomar en cuenta su situación económica.  No les digo qué fue lo que compró.  Busquen la película -y otras más en YouTube para que se rían y reflexionen sobre la ignorancia que sigue rampante en el pueblo a pesar del llamado “progreso”.

El documental muestra el avance en vivienda e infraestructura del país, que en un relativo corto tiempo logró llevar tanto a tantas familias que poco a poco salían de la pobreza.  Ya ahí yo empezaba a pensar ¿cómo es que se logró tanto, con muchísimos menos recursos que los que hay ahora?  Más allá de recursos económicos había un sentido de propósito, un derrotero claro: lograr el bienestar de quienes menos tenían, sin pensar en el beneficio personal.  Tenemos millones y millones, como decía Don Cholito y hacemos menos, por estar enfrascados en peleas tontas por demostrar quién es el que manda.  Hace falta una DIVEDCO, pero que no la establezcan con gente insensible, pendiente del figureo y los jugosos salarios.  Hace falta sentido de propósito, inspiración, ilusión, compromiso -todo lo que había cuando nació la DIVEDCO.  El arte de hacer posible lo imposible parece estar perdido.  Todavía estamos a tiempo para rescatarlo.  Salí del cine con ganas de llorar y aún ahora, cuando escribo estas líneas, siento que me asalta la misma sensación.

27 de julio de 2026


sábado, 11 de julio de 2026

CONFIANZA








CONFIANZA

Llevo un tiempo con un pensamiento que me inquieta, a raíz de las declaraciones que se le atribuyen al secretario de la gobernación en torno a lo que implica ser un empleado de confianza en este gobierno.  Según su parecer, los que ocupen puestos de confianza en el gobierno, “ganando un dineral”, no sólo tienen que ser PNPs, sino que se tienen que haber faja'o en la campaña a favor de la gobernadora.  Esta idea no es nueva, pero con el tiempo se ha ido recrudeciendo.  No basta ser del partido, sino que tiene que haberlo probado con su trabajo político, con sus aportaciones económicas o todas las anteriores.  El concepto de empleado de confianza se ha deformado con el tiempo, hasta convertirlo -dependiendo de qué lado se esté- en algo nefasto, algo aceptable o algo que se tiene por un hecho.

Yo estuve casi 30 años ocupando puestos de carrera en gobierno, luego de empezar en un puesto transitorio y un destaque interino por las 3 semanas más intensas de mi carrera en un puesto de confianza.  Para mucha gente -yo diría que la mayoría, un puesto de confianza es un puesto político en el sentido de política partidista y lo toman como algo natural.  Presumen que quien ocupa un puesto de esa naturaleza es un Popular o un PNP “de clavo pasa'o” y hasta justifican gestiones partidistas en horas laborables.  Esto es una deformación de lo que constituye un puesto de confianza, que según la ley de personal en el servicio público -o como se llame ahora, son puestos de quienes formulan política pública -como jefes de agencia, sus ayudantes u ofrecen servicios directos a un jefe de agencia, como por ejemplo, choferes.  La naturaleza del trabajo presupone que el empleado o empleada tiene la confianza absoluta de su jefe o jefa, que no divulgará información confidencial así definida en ley y que en el caso de los que formulan política pública, han de seguir la política pública esbozada por la administración, de acuerdo con la ley habilitadora de la agencia para la cual labore.

L@s emplead@s de confianza deben estar disponibles en horarios irregulares, precisamente porque la función de sus puestos puede implicar largas horas de trabajo y un jefe o jefa de agencia debe poder contar con una persona que esté disponible en todo momento. Nada en la ley menciona que la persona tiene que pertenecer al partido que resultó victorioso en las elecciones y muchísimo menos que tenga que vender boletos o buscar aportaciones para contribuir a actividades partidistas o lo haya hecho antes de ocupar el puesto.  Ha habido casos de jefes de agencia de un partido distinto al del gobernador.  Recuerdo el caso de Vance Thomas, independentista nombrado secretario del Departamento del Trabajo por Alejandro García Padilla y sé que ha habido otros, aunque no creo que hayan sido bajo administraciones PNP.  En Puerto Rico los partidos principales están vinculados a la defensa de determinado estatus político, pero la realidad es que administrar departamentos gubernamentales tiene muy poco que ver con el estatus político y todo que ver con la capacidad de la persona que dirija para ofrecer servicios a l@s ciudadan@s independientemente de sus creencias políticas.

Las personas que sean seleccionadas para dirigir una agencia deben demostrar conocimiento de los asuntos que habrán de atender, ser personas íntegras, capaces, poseedoras de sensibilidad para ponerse en el lugar de las personas que van a servir.  Deben tener la habilidad de comunicar adecuadamente los aspectos que son de importancia y requieren de la cooperación de los ciudadanos y desempeñarse sin atención a las preferencias políticas ya bien sea de sus emplead@s o de l@s ciudadan@s a quienes sirven.  Deben actuar de forma tal que no haya ni siquiera la apariencia de un conflicto de interés.  Bajo este examen parece ser que  poc@s de las personas designadas jefes de agencia en esta administración cumplen con esos requisitos básicos.  Lo triste es que veo una aceptación de l@s ciudadan@s a que los puestos de confianza sean para quienes respaldaron ciegamente a la gobernadora.  He escuchado gente decir que así es como es y que siempre ha sido así.  No, no siempre ha sido así.

Mi papá fue servidor público y me inculcó valores que emulé al ingresar al gobierno -valores que existían mucho antes de que existiera una Ley de Ética Gubernamental.  Algo en él le dictaba lo que era moral, correcto y justo, sin tener que consultar la ley.  Hoy día, ni con la ley nos salvamos de quienes llegan a puestos clave en el gobierno buscando cómo beneficiarse o beneficiar a sus allegados.  Nunca busqué beneficiarme de mi puesto y hubo un momento en que hasta me perjudiqué grandemente a nivel personal cuando insistí en que se hiciera una divulgación ante la Oficina de Ética Gubernamental por un contrato que se iba a otorgar a un pariente.  No había habido nada irregular en el proceso de contratación, yo no supe del proceso ni me involucré – lo supe de manera incidental, pero ¿quién iba a creer que yo no sabía nada?

Durante mis años en el gobierno fui escalando posiciones gracias a mi esfuerzo, a mi deseo de ofrecer un servicio digno a la población a la que debía servir, sin contemplar horarios ni cuánto iba a ganar.  Ocupé posiciones de carrera trabajando con jefes en puestos de confianza, a quienes les preguntaban cómo llegaron incluso a dejarme a cargo de la oficina, aunque yo no pertenecía a su partido.  Siempre recuerdo a uno de esos que respondió: “yo confío en Ana”.  Yo me gané esa confianza por mi trabajo, no por la afiliación política y sé que hay much@s emplead@s que todavía lo hacen.  Lamentablemente, en estas últimas semanas han salido a la luz incidentes que ponen de manifiesto lo peor de la condición humana.

De confianza se ha convertido en sinónimo de “del partido”, cuando no es así.  Busqué la definición en la ley y no la encontré.  Lo que aparece es la descripción del servicio de carrera y el de confianza y ciertamente, no aparece el aspecto partidista por ningún lado.  A pesar de ello, hay much@s que le enganchan este requisito no autorizado.  Al igual que hago en otras ocasiones, quise ver qué decía el Diccionario de la Real Academia.  En su primera acepción lee: Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.  Curiosamente, la sexta acepción proclama: Familiaridad o libertad excesiva.  Que es lo que ha ocurrido en muchos casos recientes: los ocupantes de los puestos se fijan en la familiaridad y distribuyen beneficios a familiares o relaciones de negocios, que -por supuesto- hayan aportado o prometan aportar a la campaña.  Como dice una frase que se usa en tono de broma, “la confianza de asco” y en efecto, esta confianza distorsionada da asco.

Va a transcurrir mucho tiempo antes de que el pueblo vuelva a tener confianza en sus emplead@s gubernamentales, sean o no ést@s de confianza.  Y para que eso ocurra, en primer lugar, hay que salir de esta administración de pacotilla y procurar que quienes asuman el poder sean personas de probidad moral, competentes, responsables, honestas y sensibles.  Hará falta desprendimiento por parte del pueblo: pensar en el bien colectivo y no en el beneficio personal; ocuparnos de informarnos bien de quienes son los hombres y mujeres que pretenden dirigir nuestros destinos.  L@s que ahora ocupan puestos de dirección en el país lo hacen porque una mayoría les eligió y cayeron de incautos ante una persona que se proyectaba como la salvadora en el CanAm.  Las elecciones no son un juego; son cosa seria y ahora pagamos las consecuencias.  Lo cierto del caso es que, aunque siempre tengo fe en que las cosas pueden mejorar, lo que veo no me ofrece mucha confianza en que yo vea la mejoría.

11 de julio de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 



lunes, 6 de julio de 2026

LA GORRA

 




LO QUE EN VERDAD DICE LA GORRA

Cuando yo creía que ya nada era capaz de sorprenderme, esta administración -la de allá y la de acá, vuelve a lograrlo.  Ayer vi una foto del primer caballero acompañando a la gobernadora en la actividad de celebración del 4 de julio. No es de extrañar que la gobernadora celebre el 250 aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos.  Después de todo, ella respalda la estadidad para Puerto Rico y aspira a que nos convirtamos en el estado 51.  La gran ironía es que el actual ocupante de la Casa Blanca le ha ofrecido esa estrella número 51 a Groenlandia, Canadá y hasta Venezuela, en un claro desprecio a esta isla.  La razón supuestamente es que la isla ganaría dos escaños en el Senado y 4 en la Cámara de Representantes y se presume serían demócratas, dado el historial de la isla de favorecer ese partido.  No podemos olvidar que en la votación de embuste que hubo en las pasadas elecciones en Puerto Rico, la candidata demócrata le dio una pela al innombrable con más del 70% de los votos a su favor, sin contar los votos anulados de votantes como yo, que invalidamos la papeleta para no participar en la farsa, pero si hubiésemos participado, la pela hubiese sido mayor.

El ofrecimiento a Canadá y Groenlandia y la insinuación a Venezuela viene, por supuesto, por un interés en las riquezas que pueden aportar a la economía estadounidense.  Sospecho que luego de los terremotos en Venezuela el interés está disminuido, amén del problema del idioma y una población que, como nosotros, no es tan blanquita que digamos. El innombrable se ha encargado de ofrecer insultos y prebendas por igual.  Los insultos a gobernantes de otras naciones se cuentan por montones -ejemplo de ello es el trato despreciable a Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, a quien recibió en Casa Blanca y allí se le cuestionó por el vicepresidente, en presencia del innombrable, si no tenía trajes de vestir.  Los insultos a ex presidentes como Joe Biden y Barack Obama están, como decimos aquí “a montón por chavo”.  La imagen del innombrable no es de un jefe de estado honorable, sino la de un bravucón de barrio.  La pretensión de querer recibir el premio Nóbel de la Paz es un insulto a todos quienes han merecido ese honor, particularmente en estos meses de cruenta lucha en Gaza e Irán.

Los relatos de las barrabasadas de este hombre no tienen límite.  Su afán de hacer obras faraónicas y querer perpetuar su nombre es obsceno.  Derribó un ala de la Casa Blanca para construir un salón de baile; llenó salones de Casa Blanca con piezas y marcos dorados, en una demostración de decoración kitsch que avergonzaría hasta las doñitas que hacen macramé para colocar el papel de baño, cubrir la tapa del inodoro y adornar servilleteros.  Pretender renombrar al Kennedy Center for the Performing Arts añadiendo su nombre fue una imprudencia mayúscula, que afortunadamente fue revertida en los tribunales.  Del estanque reflectivo frente al monumento a Lincoln ni escribo -ya hay suficiente dicho sobre ello.  Los insultos a la prensa son casi diarios.  Los intentos de borrar la historia, para eliminar las referencias al pasado esclavista de los Estados Unidos son más que preocupantes.  Los cañones enfilan hacia el Museo Nacional de Historia del Smithsonian en la capital federal, según leí hoy en una brevísima nota de un párrafo.  La nota indica que un informe de Casa Blanca identifica “como activistas radicales en quienes no se puede confiar”.  Uy. Ya el innombrable había expresado la intención de hacer cambios en los directivos de la institución, tal y como hizo con el centro Kennedy.

Esto de los activistas radicales suena muy parecido a lo que aquí llaman “los izquierdosos comunistas”.  Una vez alguien es identificado como tal, cae “en la página de Cheo”.  Sospecho que si yo trabajara todavía en gobierno, habría caído en la página, como de hecho caí, aunque los que estaban a cargo en esos tiempos eran “nenes de teta” al lado de quienes ahora están a cargo.  Que ya lo dijo clarito Domenech: a puestos clave sólo pueden nombrarse a los que respaldaron a la gobernadora y se fajaron haciendo campaña.  Olvídense de la probidad moral, del profesionalismo, de proyectarse como una persona seria, capaz.  Me imagino que el jefe de Acueductos debe haber vendido boletos como loco durante la campaña.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la participación del primer caballero, que acompañaba a la gobernadora en las actividades del 4 de julio?  Un detalle pequeño, que probablemente pasó por desapercibido por quienes todavía leemos el periódico, que sospecho que cada vez somos menos en estos tiempos de redes sociales.  En el periódico del domingo hay una foto de la primera pareja, vestidos como para ir a misa -ella toda de blanco y él con una camisa blanca, caminando por la calle con varios seguidores que presumo participaron de la actividad conmemorativa.  Y mi vista se enfocó en algo rojo -la gorra que llevaba puesta el primer caballero.  Me fijé bien, para confirmar mis sospechas.  En letras blancas aparece el lema de campaña del innombrable: MAKE AMERICA GREAT AGAIN.  Juro que todavía hoy siento una indignación enorme.  ¿Cómo es posible que en una actividad oficial -porque la celebración del 4 de julio lo es- el primer caballero se pasee con esta gorra, tomadito de la mano con la gobernadora?

¿Es que los asesores en comunicaciones de la gobernadora no le advirtieron de lo impropio de esto o es que ella, como hace el innombrable, opta por desoír todos los consejos y hace lo que le viene en gana porque ella tiene el poder?  Por supuesto, a una persona con un verdadero sentido de lo que es apropiado en una actividad oficial no habría que decirle eso -es más, ni en actividades privadas resulta sensato asociarse con un movimiento que representa atropello, prejuicio y divisionismo.  Pero claro, esta es la misma gobernadora que hizo un podcast procaz, maullando como gata en celo con su marido.  Por eso, pienso que lo que en verdad dice la gorra es que no les importa lo que esta gorra refleja: el símbolo del poder que aplasta a los que piensan distinto.  Para más, es humillante que una gobernadora respalde ciegamente a quien descarta como posible estado 51 al país que la eligió.  Después de todo, tal vez resulta positivo que se sigan poniendo la gorra, para que les identifiquemos como lo que son.

La gorra dice mucho.  Decir “hagamos a América -en realidad Estados Unidos- grande otra vez” parece inocuo, pero no lo es.  Es volver a un pasado de opresión, en el que se rechazaba a personas por su color de piel.  Los llamados MAGA suelen participar de paradas donde todos son blancos y muchos participaron con furioso orgullo del asalto al capitolio federal.  El innombrable les considera héroes y merecedores de un perdón por los actos vandálicos y de agresión perpetrados aquél 6 de enero nefasto.  Mientras escribo estas líneas vienen a mi mente dos canciones: una es “El sombrero de Fofó”.  Fofó era parte de un trío o cuarteto de payasos españoles que tenían un programa infantil que yo solía ver cuando niña.  Fofó era el payaso más bajito y solían dar vueltas, cantando la canción: “el sombrero de Fofó, el sombrero de Fofó, el viento se lo llevó…:” La otra canción es en creole y la canta el personaje del Trotamundos, a quien conocí por sus viajes de ayuda a otros lugares, en particular a la atribulada Haití.  La canción dice Panama m’we  tombe, panamá m’we tombe…, que es algo como “mi sombrero (sombrero panamá) se cayó, mi sombrero se cayó”.  Hay otra parte en que añade: “y el que está atrás lo va a recoger…”  Pues ojalá que el viento se lleve la maldita gorra y que si alguien la recoge, sea para destruirla y se lleve consigo todo lo malo que esta administración -la de allá y la de acá- representa.

6 de julio de 2026