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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

lunes, 6 de julio de 2026

LA GORRA

 




LO QUE EN VERDAD DICE LA GORRA

Cuando yo creía que ya nada era capaz de sorprenderme, esta administración -la de allá y la de acá, vuelve a lograrlo.  Ayer vi una foto del primer caballero acompañando a la gobernadora en la actividad de celebración del 4 de julio. No es de extrañar que la gobernadora celebre el 250 aniversario de la declaración de independencia de los Estados Unidos.  Después de todo, ella respalda la estadidad para Puerto Rico y aspira a que nos convirtamos en el estado 51.  La gran ironía es que el actual ocupante de la Casa Blanca le ha ofrecido esa estrella número 51 a Groenlandia, Canadá y hasta Venezuela, en un claro desprecio a esta isla.  La razón supuestamente es que la isla ganaría dos escaños en el Senado y 4 en la Cámara de Representantes y se presume serían demócratas, dado el historial de la isla de favorecer ese partido.  No podemos olvidar que en la votación de embuste que hubo en las pasadas elecciones en Puerto Rico, la candidata demócrata le dio una pela al innombrable con más del 70% de los votos a su favor, sin contar los votos anulados de votantes como yo, que invalidamos la papeleta para no participar en la farsa, pero si hubiésemos participado, la pela hubiese sido mayor.

El ofrecimiento a Canadá y Groenlandia y la insinuación a Venezuela viene, por supuesto, por un interés en las riquezas que pueden aportar a la economía estadounidense.  Sospecho que luego de los terremotos en Venezuela el interés está disminuido, amén del problema del idioma y una población que, como nosotros, no es tan blanquita que digamos. El innombrable se ha encargado de ofrecer insultos y prebendas por igual.  Los insultos a gobernantes de otras naciones se cuentan por montones -ejemplo de ello es el trato despreciable a Volodimir Zelensky, presidente de Ucrania, a quien recibió en Casa Blanca y allí se le cuestionó por el vicepresidente, en presencia del innombrable, si no tenía trajes de vestir.  Los insultos a ex presidentes como Joe Biden y Barack Obama están, como decimos aquí “a montón por chavo”.  La imagen del innombrable no es de un jefe de estado honorable, sino la de un bravucón de barrio.  La pretensión de querer recibir el premio Nóbel de la Paz es un insulto a todos quienes han merecido ese honor, particularmente en estos meses de cruenta lucha en Gaza e Irán.

Los relatos de las barrabasadas de este hombre no tienen límite.  Su afán de hacer obras faraónicas y querer perpetuar su nombre es obsceno.  Derribó un ala de la Casa Blanca para construir un salón de baile; llenó salones de Casa Blanca con piezas y marcos dorados, en una demostración de decoración kitsch que avergonzaría hasta las doñitas que hacen macramé para colocar el papel de baño, cubrir la tapa del inodoro y adornar servilleteros.  Pretender renombrar al Kennedy Center for the Performing Arts añadiendo su nombre fue una imprudencia mayúscula, que afortunadamente fue revertida en los tribunales.  Del estanque reflectivo frente al monumento a Lincoln ni escribo -ya hay suficiente dicho sobre ello.  Los insultos a la prensa son casi diarios.  Los intentos de borrar la historia, para eliminar las referencias al pasado esclavista de los Estados Unidos son más que preocupantes.  Los cañones enfilan hacia el Museo Nacional de Historia del Smithsonian en la capital federal, según leí hoy en una brevísima nota de un párrafo.  La nota indica que un informe de Casa Blanca identifica “como activistas radicales en quienes no se puede confiar”.  Uy. Ya el innombrable había expresado la intención de hacer cambios en los directivos de la institución, tal y como hizo con el centro Kennedy.

Esto de los activistas radicales suena muy parecido a lo que aquí llaman “los izquierdosos comunistas”.  Una vez alguien es identificado como tal, cae “en la página de Cheo”.  Sospecho que si yo trabajara todavía en gobierno, habría caído en la página, como de hecho caí, aunque los que estaban a cargo en esos tiempos eran “nenes de teta” al lado de quienes ahora están a cargo.  Que ya lo dijo clarito Domenech: a puestos clave sólo pueden nombrarse a los que respaldaron a la gobernadora y se fajaron haciendo campaña.  Olvídense de la probidad moral, del profesionalismo, de proyectarse como una persona seria, capaz.  Me imagino que el jefe de Acueductos debe haber vendido boletos como loco durante la campaña.

¿Y qué tiene que ver todo esto con la participación del primer caballero, que acompañaba a la gobernadora en las actividades del 4 de julio?  Un detalle pequeño, que probablemente pasó por desapercibido por quienes todavía leemos el periódico, que sospecho que cada vez somos menos en estos tiempos de redes sociales.  En el periódico del domingo hay una foto de la primera pareja, vestidos como para ir a misa -ella toda de blanco y él con una camisa blanca, caminando por la calle con varios seguidores que presumo participaron de la actividad conmemorativa.  Y mi vista se enfocó en algo rojo -la gorra que llevaba puesta el primer caballero.  Me fijé bien, para confirmar mis sospechas.  En letras blancas aparece el lema de campaña del innombrable: MAKE AMERICA GREAT AGAIN.  Juro que todavía hoy siento una indignación enorme.  ¿Cómo es posible que en una actividad oficial -porque la celebración del 4 de julio lo es- el primer caballero se pasee con esta gorra, tomadito de la mano con la gobernadora?

¿Es que los asesores en comunicaciones de la gobernadora no le advirtieron de lo impropio de esto o es que ella, como hace el innombrable, opta por desoír todos los consejos y hace lo que le viene en gana porque ella tiene el poder?  Por supuesto, a una persona con un verdadero sentido de lo que es apropiado en una actividad oficial no habría que decirle eso -es más, ni en actividades privadas resulta sensato asociarse con un movimiento que representa atropello, prejuicio y divisionismo.  Pero claro, esta es la misma gobernadora que hizo un podcast procaz, maullando como gata en celo con su marido.  Por eso, pienso que lo que en verdad dice la gorra es que no les importa lo que esta gorra refleja: el símbolo del poder que aplasta a los que piensan distinto.  Para más, es humillante que una gobernadora respalde ciegamente a quien descarta como posible estado 51 al país que la eligió.  Después de todo, tal vez resulta positivo que se sigan poniendo la gorra, para que les identifiquemos como lo que son.

La gorra dice mucho.  Decir “hagamos a América -en realidad Estados Unidos- grande otra vez” parece inocuo, pero no lo es.  Es volver a un pasado de opresión, en el que se rechazaba a personas por su color de piel.  Los llamados MAGA suelen participar de paradas donde todos son blancos y muchos participaron con furioso orgullo del asalto al capitolio federal.  El innombrable les considera héroes y merecedores de un perdón por los actos vandálicos y de agresión perpetrados aquél 6 de enero nefasto.  Mientras escribo estas líneas vienen a mi mente dos canciones: una es “El sombrero de Fofó”.  Fofó era parte de un trío o cuarteto de payasos españoles que tenían un programa infantil que yo solía ver cuando niña.  Fofó era el payaso más bajito y solían dar vueltas, cantando la canción: “el sombrero de Fofó, el sombrero de Fofó, el viento se lo llevó…:” La otra canción es en creole y la canta el personaje del Trotamundos, a quien conocí por sus viajes de ayuda a otros lugares, en particular a la atribulada Haití.  La canción dice Panama m’we  tombe, panamá m’we tombe…, que es algo como “mi sombrero (sombrero panamá) se cayó, mi sombrero se cayó”.  Hay otra parte en que añade: “y el que está atrás lo va a recoger…”  Pues ojalá que el viento se lleve la maldita gorra y que si alguien la recoge, sea para destruirla y se lleve consigo todo lo malo que esta administración -la de allá y la de acá- representa.

6 de julio de 2026