LO QUE EN VERDAD DICE LA GORRA
Cuando yo creía que ya nada era
capaz de sorprenderme, esta administración -la de allá y la de acá, vuelve a
lograrlo. Ayer vi una foto del primer
caballero acompañando a la gobernadora en la actividad de celebración del 4 de
julio. No es de extrañar que la gobernadora celebre el 250 aniversario de la
declaración de independencia de los Estados Unidos. Después de todo, ella respalda la estadidad
para Puerto Rico y aspira a que nos convirtamos en el estado 51. La gran ironía es que el actual ocupante de
la Casa Blanca le ha ofrecido esa estrella número 51 a Groenlandia, Canadá y
hasta Venezuela, en un claro desprecio a esta isla. La razón supuestamente es que la isla ganaría
dos escaños en el Senado y 4 en la Cámara de Representantes y se presume serían
demócratas, dado el historial de la isla de favorecer ese partido. No podemos olvidar que en la votación de
embuste que hubo en las pasadas elecciones en Puerto Rico, la candidata
demócrata le dio una pela al innombrable con más del 70% de los votos a su
favor, sin contar los votos anulados de votantes como yo, que invalidamos la
papeleta para no participar en la farsa, pero si hubiésemos participado, la
pela hubiese sido mayor.
El ofrecimiento a Canadá y
Groenlandia y la insinuación a Venezuela viene, por supuesto, por un interés en
las riquezas que pueden aportar a la economía estadounidense. Sospecho que luego de los terremotos en
Venezuela el interés está disminuido, amén del problema del idioma y una
población que, como nosotros, no es tan blanquita que digamos. El innombrable
se ha encargado de ofrecer insultos y prebendas por igual. Los insultos a gobernantes de otras naciones
se cuentan por montones -ejemplo de ello es el trato despreciable a Volodimir
Zelensky, presidente de Ucrania, a quien recibió en Casa Blanca y allí se le
cuestionó por el vicepresidente, en presencia del innombrable, si no tenía
trajes de vestir. Los insultos a ex
presidentes como Joe Biden y Barack Obama están, como decimos aquí “a montón
por chavo”. La imagen del innombrable no
es de un jefe de estado honorable, sino la de un bravucón de barrio. La pretensión de querer recibir el premio
Nóbel de la Paz es un insulto a todos quienes han merecido ese honor,
particularmente en estos meses de cruenta lucha en Gaza e Irán.
Los relatos de las barrabasadas de
este hombre no tienen límite. Su afán de
hacer obras faraónicas y querer perpetuar su nombre es obsceno. Derribó un ala de la Casa Blanca para
construir un salón de baile; llenó salones de Casa Blanca con piezas y marcos
dorados, en una demostración de decoración kitsch que avergonzaría hasta
las doñitas que hacen macramé para colocar el papel de baño, cubrir la tapa del
inodoro y adornar servilleteros. Pretender
renombrar al Kennedy Center for the Performing Arts añadiendo su nombre
fue una imprudencia mayúscula, que afortunadamente fue revertida en los
tribunales. Del estanque reflectivo
frente al monumento a Lincoln ni escribo -ya hay suficiente dicho sobre
ello. Los insultos a la prensa son casi
diarios. Los intentos de borrar la
historia, para eliminar las referencias al pasado esclavista de los Estados
Unidos son más que preocupantes. Los
cañones enfilan hacia el Museo Nacional de Historia del Smithsonian en la
capital federal, según leí hoy en una brevísima nota de un párrafo. La nota indica que un informe de Casa Blanca
identifica “como activistas radicales en quienes no se puede confiar”. Uy. Ya el innombrable había expresado la
intención de hacer cambios en los directivos de la institución, tal y como hizo
con el centro Kennedy.
Esto de los activistas radicales
suena muy parecido a lo que aquí llaman “los izquierdosos comunistas”. Una vez alguien es identificado como tal, cae
“en la página de Cheo”. Sospecho que si
yo trabajara todavía en gobierno, habría caído en la página, como de hecho caí,
aunque los que estaban a cargo en esos tiempos eran “nenes de teta” al lado de
quienes ahora están a cargo. Que ya lo
dijo clarito Domenech: a puestos clave sólo pueden nombrarse a los que
respaldaron a la gobernadora y se fajaron haciendo campaña. Olvídense de la probidad moral, del
profesionalismo, de proyectarse como una persona seria, capaz. Me imagino que el jefe de Acueductos debe
haber vendido boletos como loco durante la campaña.
¿Y qué tiene que ver todo esto con
la participación del primer caballero, que acompañaba a la gobernadora en las
actividades del 4 de julio? Un detalle
pequeño, que probablemente pasó por desapercibido por quienes todavía leemos el
periódico, que sospecho que cada vez somos menos en estos tiempos de redes
sociales. En el periódico del domingo hay
una foto de la primera pareja, vestidos como para ir a misa -ella toda de
blanco y él con una camisa blanca, caminando por la calle con varios seguidores
que presumo participaron de la actividad conmemorativa. Y mi vista se enfocó en algo rojo -la gorra
que llevaba puesta el primer caballero.
Me fijé bien, para confirmar mis sospechas. En letras blancas aparece el lema de campaña
del innombrable: MAKE AMERICA GREAT AGAIN.
Juro que todavía hoy siento una indignación enorme. ¿Cómo es posible que en una actividad oficial
-porque la celebración del 4 de julio lo es- el primer caballero se pasee con
esta gorra, tomadito de la mano con la gobernadora?
¿Es que los asesores en
comunicaciones de la gobernadora no le advirtieron de lo impropio de esto o es
que ella, como hace el innombrable, opta por desoír todos los consejos y hace
lo que le viene en gana porque ella tiene el poder? Por supuesto, a una persona con un verdadero
sentido de lo que es apropiado en una actividad oficial no habría que decirle
eso -es más, ni en actividades privadas resulta sensato asociarse con un
movimiento que representa atropello, prejuicio y divisionismo. Pero claro, esta es la misma gobernadora que
hizo un podcast procaz, maullando como gata en celo con su marido. Por eso, pienso que lo que en verdad dice la
gorra es que no les importa lo que esta gorra refleja: el símbolo del poder que
aplasta a los que piensan distinto. Para
más, es humillante que una gobernadora respalde ciegamente a quien descarta
como posible estado 51 al país que la eligió.
Después de todo, tal vez resulta positivo que se sigan poniendo la
gorra, para que les identifiquemos como lo que son.
La gorra dice mucho. Decir “hagamos a América -en realidad Estados
Unidos- grande otra vez” parece inocuo, pero no lo es. Es volver a un pasado de opresión, en el que
se rechazaba a personas por su color de piel.
Los llamados MAGA suelen participar de paradas donde todos son blancos y
muchos participaron con furioso orgullo del asalto al capitolio federal. El innombrable les considera héroes y
merecedores de un perdón por los actos vandálicos y de agresión perpetrados aquél
6 de enero nefasto. Mientras escribo
estas líneas vienen a mi mente dos canciones: una es “El sombrero de
Fofó”. Fofó era parte de un trío o
cuarteto de payasos españoles que tenían un programa infantil que yo solía ver
cuando niña. Fofó era el payaso más
bajito y solían dar vueltas, cantando la canción: “el sombrero de Fofó, el
sombrero de Fofó, el viento se lo llevó…:” La otra canción es en creole y la
canta el personaje del Trotamundos, a quien conocí por sus viajes de ayuda a
otros lugares, en particular a la atribulada Haití. La canción dice Panama m’we tombe, panamá m’we tombe…, que es algo
como “mi sombrero (sombrero panamá) se cayó, mi sombrero se cayó”. Hay otra parte en que añade: “y el que
está atrás lo va a recoger…” Pues ojalá
que el viento se lleve la maldita gorra y que si alguien la recoge, sea para
destruirla y se lleve consigo todo lo malo que esta administración -la de allá
y la de acá- representa.
6 de julio de 2026

