CONFIANZA
Llevo un tiempo con un pensamiento
que me inquieta, a raíz de las declaraciones que se le atribuyen al secretario
de la gobernación en torno a lo que implica ser un empleado de confianza en
este gobierno. Según su parecer, los que
ocupen puestos de confianza en el gobierno, “ganando un dineral”, no sólo
tienen que ser PNPs, sino que se tienen que haber faja'o en la campaña a favor
de la gobernadora. Esta idea no es
nueva, pero con el tiempo se ha ido recrudeciendo. No basta ser del partido, sino que tiene que
haberlo probado con su trabajo político, con sus aportaciones económicas o
todas las anteriores. El concepto de
empleado de confianza se ha deformado con el tiempo, hasta convertirlo
-dependiendo de qué lado se esté- en algo nefasto, algo aceptable o algo que se
tiene por un hecho.
Yo estuve casi 30 años ocupando
puestos de carrera en gobierno, luego de empezar en un puesto transitorio y un
destaque interino por las 3 semanas más intensas de mi carrera en un puesto de
confianza. Para mucha gente -yo diría
que la mayoría, un puesto de confianza es un puesto político en el sentido de
política partidista y lo toman como algo natural. Presumen que quien ocupa un puesto de esa
naturaleza es un Popular o un PNP “de clavo pasa'o” y hasta justifican
gestiones partidistas en horas laborables.
Esto es una deformación de lo que constituye un puesto de confianza, que
según la ley de personal en el servicio público -o como se llame ahora, son puestos
de quienes formulan política pública -como jefes de agencia, sus ayudantes u
ofrecen servicios directos a un jefe de agencia, como por ejemplo,
choferes. La naturaleza del trabajo
presupone que el empleado o empleada tiene la confianza absoluta de su jefe o
jefa, que no divulgará información confidencial así definida en leyy que en el
caso de los que formulan política pública, han de seguir la política pública
esbozada por la administración, de acuerdo con la ley habilitadora de la
agencia para la cual labore.
L@s emplead@s de confianza deben
estar disponibles en horarios irregulares, precisamente porque la función de
sus puestos puede implicar largas horas de trabajo y un jefe o jefa de agencia
debe poder contar con una persona que esté disponible en todo momento. Nada en
la ley menciona que la persona tiene que pertenecer al partido que resultó
victorioso en las elecciones y muchísimo menos que tenga que vender boletos o
buscar aportaciones para contribuir a actividades partidistas o lo haya hecho
antes de ocupar el puesto. Ha habido
casos de jefes de agencia de un partido distinto al del gobernador. Recuerdo el caso de Vance Thomas, independentista
nombrado secretario del Departamento del Trabajo por Alejandro García Padilla y
sé que ha habido otros, aunque no creo que hayan sido bajo administraciones
PNP. En Puerto Rico los partidos
principales están vinculados a la defensa de determinado estatus político, pero
la realidad es que administrar departamentos gubernamentales tiene muy poco que
ver con el estatus político y todo que ver con la capacidad de la persona que
dirija para ofrecer servicios a l@s ciudadan@s independientemente de sus
creencias políticas.
Las personas que sean seleccionadas
para dirigir una agencia deben demostrar conocimiento de los asuntos que habrán
de atender, ser personas íntegras, capaces, poseedoras de sensibilidad para
ponerse en el lugar de las personas que van a servir. Deben tener la habilidad de comunicar
adecuadamente los aspectos que son de importancia y requieren de la cooperación
de los ciudadanos y desempeñarse sin atención a las preferencias políticas ya
bien sea de sus emplead@s o de l@s ciudadan@s a quienes sirven. Deben actuar de forma tal que no haya ni
siquiera la apariencia de un conflicto de interés. Bajo este examen parece ser que poc@s de las personas designadas jefes de
agencia en esta administración cumplen con esos requisitos básicos. Lo triste es que veo una aceptación de l@s
ciudadan@s a que los puestos de confianza sean para quienes respaldaron
ciegamente a la gobernadora. He
escuchado gente decir que así es como es y que siempre ha sido así. No, no siempre ha sido así.
Mi papá fue servidor público y me
inculcó valores que emulé al ingresar al gobierno -valores que existían mucho
antes de que existiera una Ley de Ética Gubernamental. Algo en él le dictaba lo que era moral,
correcto y justo, sin tener que consultar la ley. Hoy día, ni con la ley nos salvamos de
quienes llegan a puestos clave en el gobierno buscando cómo beneficiarse o
beneficiar a sus allegados. Nunca busqué
beneficiarme de mi puesto y hubo un momento en que hasta me perjudiqué
grandemente a nivel personal cuando insistí en que se hiciera una divulgación
ante la Oficina de Ética Gubernamental por un contrato que se iba a otorgar a
un pariente. No había habido nada
irregular en el proceso de contratación, yo no supe del proceso ni me involucré
– lo supe de manera incidental, pero ¿quién iba a creer que yo no sabía nada?
Durante mis años en el gobierno fui
escalando posiciones gracias a mi esfuerzo, a mi deseo de ofrecer un servicio
digno a la población a la que debía servir, sin contemplar horarios ni cuánto
iba a ganar. Ocupé posiciones de carrera
trabajando con jefes en puestos de confianza, a quienes les preguntaban cómo
llegaron incluso a dejarme a cargo de la oficina, aunque yo no pertenecía a su
partido. Siempre recuerdo a uno de esos
que respondió: “yo confío en Ana”. Yo me
gané esa confianza por mi trabajo, no por la afiliación política y sé que hay
much@s emplead@s que todavía lo hacen.
Lamentablemente, en estas últimas semanas han salido a la luz incidentes
que ponen de manifiesto lo peor de la condición humana.
De confianza se ha convertido en
sinónimo de “del partido”, cuando no es así.
Busqué la definición en la ley y no la encontré. Lo que aparece es la descripción del servicio
de carrera y el de confianza y ciertamente, no aparece el aspecto partidista
por ningún lado. A pesar de ello, hay
much@s que le enganchan este requisito no autorizado. Al igual que hago en otras ocasiones, quise
ver qué decía el Diccionario de la Real Academia. En su primera acepción lee: Esperanza
firme que se tiene de alguien o algo. Curiosamente,
la sexta acepción proclama: Familiaridad o libertad excesiva. Que es lo que ha ocurrido en muchos casos
recientes: los ocupantes de los puestos se fijan en la familiaridad y
distribuyen beneficios a familiares o relaciones de negocios, que -por
supuesto- hayan aportado o prometan aportar a la campaña. Como dice una frase que se usa en tono de
broma, “la confianza de asco” y en efecto, esta confianza distorsionada da
asco.
Va a transcurrir mucho tiempo antes
de que el pueblo vuelva a tener confianza en sus emplead@s gubernamentales,
sean o no ést@s de confianza. Y para que
eso ocurra, en primer lugar, hay que salir de esta administración de pacotilla
y procurar que quienes asuman el poder sean personas de probidad moral, competentes,
responsables, honestas y sensibles. Hará
falta desprendimiento por parte del pueblo: pensar en el bien colectivo y no en
el beneficio personal; ocuparnos de informarnos bien de quienes son los hombres
y mujeres que pretenden dirigir nuestros destinos. L@s que ahora ocupan puestos de dirección en
el país lo hacen porque una mayoría les eligió y cayeron de incautos ante una
persona que se proyectaba como la salvadora en el CanAm. Las elecciones no son un juego; son cosa
seria y ahora pagamos las consecuencias.
Lo cierto del caso es que, aunque siempre tengo fe en que las cosas
pueden mejorar, lo que veo no me ofrece mucha confianza en que yo vea la
mejoría.
11 de julio de 2026


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