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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

sábado, 11 de julio de 2026

CONFIANZA








CONFIANZA

Llevo un tiempo con un pensamiento que me inquieta, a raíz de las declaraciones que se le atribuyen al secretario de la gobernación en torno a lo que implica ser un empleado de confianza en este gobierno.  Según su parecer, los que ocupen puestos de confianza en el gobierno, “ganando un dineral”, no sólo tienen que ser PNPs, sino que se tienen que haber faja'o en la campaña a favor de la gobernadora.  Esta idea no es nueva, pero con el tiempo se ha ido recrudeciendo.  No basta ser del partido, sino que tiene que haberlo probado con su trabajo político, con sus aportaciones económicas o todas las anteriores.  El concepto de empleado de confianza se ha deformado con el tiempo, hasta convertirlo -dependiendo de qué lado se esté- en algo nefasto, algo aceptable o algo que se tiene por un hecho.

Yo estuve casi 30 años ocupando puestos de carrera en gobierno, luego de empezar en un puesto transitorio y un destaque interino por las 3 semanas más intensas de mi carrera en un puesto de confianza.  Para mucha gente -yo diría que la mayoría, un puesto de confianza es un puesto político en el sentido de política partidista y lo toman como algo natural.  Presumen que quien ocupa un puesto de esa naturaleza es un Popular o un PNP “de clavo pasa'o” y hasta justifican gestiones partidistas en horas laborables.  Esto es una deformación de lo que constituye un puesto de confianza, que según la ley de personal en el servicio público -o como se llame ahora, son puestos de quienes formulan política pública -como jefes de agencia, sus ayudantes u ofrecen servicios directos a un jefe de agencia, como por ejemplo, choferes.  La naturaleza del trabajo presupone que el empleado o empleada tiene la confianza absoluta de su jefe o jefa, que no divulgará información confidencial así definida en leyy que en el caso de los que formulan política pública, han de seguir la política pública esbozada por la administración, de acuerdo con la ley habilitadora de la agencia para la cual labore.

L@s emplead@s de confianza deben estar disponibles en horarios irregulares, precisamente porque la función de sus puestos puede implicar largas horas de trabajo y un jefe o jefa de agencia debe poder contar con una persona que esté disponible en todo momento. Nada en la ley menciona que la persona tiene que pertenecer al partido que resultó victorioso en las elecciones y muchísimo menos que tenga que vender boletos o buscar aportaciones para contribuir a actividades partidistas o lo haya hecho antes de ocupar el puesto.  Ha habido casos de jefes de agencia de un partido distinto al del gobernador.  Recuerdo el caso de Vance Thomas, independentista nombrado secretario del Departamento del Trabajo por Alejandro García Padilla y sé que ha habido otros, aunque no creo que hayan sido bajo administraciones PNP.  En Puerto Rico los partidos principales están vinculados a la defensa de determinado estatus político, pero la realidad es que administrar departamentos gubernamentales tiene muy poco que ver con el estatus político y todo que ver con la capacidad de la persona que dirija para ofrecer servicios a l@s ciudadan@s independientemente de sus creencias políticas.

Las personas que sean seleccionadas para dirigir una agencia deben demostrar conocimiento de los asuntos que habrán de atender, ser personas íntegras, capaces, poseedoras de sensibilidad para ponerse en el lugar de las personas que van a servir.  Deben tener la habilidad de comunicar adecuadamente los aspectos que son de importancia y requieren de la cooperación de los ciudadanos y desempeñarse sin atención a las preferencias políticas ya bien sea de sus emplead@s o de l@s ciudadan@s a quienes sirven.  Deben actuar de forma tal que no haya ni siquiera la apariencia de un conflicto de interés.  Bajo este examen parece ser que  poc@s de las personas designadas jefes de agencia en esta administración cumplen con esos requisitos básicos.  Lo triste es que veo una aceptación de l@s ciudadan@s a que los puestos de confianza sean para quienes respaldaron ciegamente a la gobernadora.  He escuchado gente decir que así es como es y que siempre ha sido así.  No, no siempre ha sido así.

Mi papá fue servidor público y me inculcó valores que emulé al ingresar al gobierno -valores que existían mucho antes de que existiera una Ley de Ética Gubernamental.  Algo en él le dictaba lo que era moral, correcto y justo, sin tener que consultar la ley.  Hoy día, ni con la ley nos salvamos de quienes llegan a puestos clave en el gobierno buscando cómo beneficiarse o beneficiar a sus allegados.  Nunca busqué beneficiarme de mi puesto y hubo un momento en que hasta me perjudiqué grandemente a nivel personal cuando insistí en que se hiciera una divulgación ante la Oficina de Ética Gubernamental por un contrato que se iba a otorgar a un pariente.  No había habido nada irregular en el proceso de contratación, yo no supe del proceso ni me involucré – lo supe de manera incidental, pero ¿quién iba a creer que yo no sabía nada?

Durante mis años en el gobierno fui escalando posiciones gracias a mi esfuerzo, a mi deseo de ofrecer un servicio digno a la población a la que debía servir, sin contemplar horarios ni cuánto iba a ganar.  Ocupé posiciones de carrera trabajando con jefes en puestos de confianza, a quienes les preguntaban cómo llegaron incluso a dejarme a cargo de la oficina, aunque yo no pertenecía a su partido.  Siempre recuerdo a uno de esos que respondió: “yo confío en Ana”.  Yo me gané esa confianza por mi trabajo, no por la afiliación política y sé que hay much@s emplead@s que todavía lo hacen.  Lamentablemente, en estas últimas semanas han salido a la luz incidentes que ponen de manifiesto lo peor de la condición humana.

De confianza se ha convertido en sinónimo de “del partido”, cuando no es así.  Busqué la definición en la ley y no la encontré.  Lo que aparece es la descripción del servicio de carrera y el de confianza y ciertamente, no aparece el aspecto partidista por ningún lado.  A pesar de ello, hay much@s que le enganchan este requisito no autorizado.  Al igual que hago en otras ocasiones, quise ver qué decía el Diccionario de la Real Academia.  En su primera acepción lee: Esperanza firme que se tiene de alguien o algo.  Curiosamente, la sexta acepción proclama: Familiaridad o libertad excesiva.  Que es lo que ha ocurrido en muchos casos recientes: los ocupantes de los puestos se fijan en la familiaridad y distribuyen beneficios a familiares o relaciones de negocios, que -por supuesto- hayan aportado o prometan aportar a la campaña.  Como dice una frase que se usa en tono de broma, “la confianza de asco” y en efecto, esta confianza distorsionada da asco.

Va a transcurrir mucho tiempo antes de que el pueblo vuelva a tener confianza en sus emplead@s gubernamentales, sean o no ést@s de confianza.  Y para que eso ocurra, en primer lugar, hay que salir de esta administración de pacotilla y procurar que quienes asuman el poder sean personas de probidad moral, competentes, responsables, honestas y sensibles.  Hará falta desprendimiento por parte del pueblo: pensar en el bien colectivo y no en el beneficio personal; ocuparnos de informarnos bien de quienes son los hombres y mujeres que pretenden dirigir nuestros destinos.  L@s que ahora ocupan puestos de dirección en el país lo hacen porque una mayoría les eligió y cayeron de incautos ante una persona que se proyectaba como la salvadora en el CanAm.  Las elecciones no son un juego; son cosa seria y ahora pagamos las consecuencias.  Lo cierto del caso es que, aunque siempre tengo fe en que las cosas pueden mejorar, lo que veo no me ofrece mucha confianza en que yo vea la mejoría.

11 de julio de 2026

 

 

 

 

 

 

 

 



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