EL ARTE DE LO POSIBLE
Ayer fui a ver un documental sobre
la desaparecida División de la Educación a la Comunidad (DIVEDCO), organismo
creado bajo el antiguo Departamento de Instrucción Pública bajo la gobernación
de Luis Muñoz Marín. Durante la década del 1950, ‘60 y ‘70 hasta su
desaparición, estableció todo un entramado educativo dirigido a educar una
población que en sus inicios era mayoritariamente analfabeta. Yo tengo
recuerdos de ver en mi casa algunos de los folletos que formaban parte de los
llamados “libros para el pueblo”, porque mi papá estuvo involucrado con ese
organismo de algún modo que lamento no tener claro. No me sorprende, porque él siempre creyó en
el trabajo arduo en favor de los que menos tienen. Esta División llevó a cabo tareas que
parecían imposibles con las limitaciones económicas y sociales, particularmente
a fines de la década del ‘40 y ‘50. Yo
no viví las carencias que imperaban en esos años, pero sabía que existían. Verlas en pantalla le añade una dimensión que
abre la mente de cualquiera con sensibilidad.
Para desarrollar su programa de
trabajo, la División contrató artistas gráficos, cineastas, actores (aparte de
utilizar miembros de las comunidades) y escritores de la talla de René Marqués,
Tufiño, Emilio Díaz Valcárcel y Jack Delano, entre otros. La producción de folletos, películas y
carteles es extensa y de gran calidad. No son sólo materiales educativos, sino
que constituyen arte en sí mismos. El
documental sobre la labor de la División muestra casitas frágiles de madera
colocadas en lomas distantes a las que sólo se llegaba a caballo. Allí llegaban empleados de la DIVEDCO o
líderes comunitarios a informar sobre futuras reuniones, repartir folletos o
proyectar películas educativas sobre temas de salud, derechos laborales y hasta
derechos de la mujer. Había énfasis en
la labor comunitaria y la importancia de dejar saber las inquietudes y
necesidades de la comunidad, a pesar del poder que podían tener algunos
políticos o comerciantes locales.
Con claridad y hasta humor, se
educaba al pueblo para que estuviera alerta ante los cantos de sirena de
quienes promovían la adquisición de bienes que no tenían sentido en el entorno
de familias de tan escasos recursos. La película
El gallo pelón es un excelente ejemplo, en la que interviene alguien muy
querido en nuestro país, el actor cómico José Miguel Agrelot -mucho más joven y
probablemente antes de ser Don Cholito.
Hoy, más de 60 años después, son much@s -incluyendo al gobierno- l@s
que compran objetos innecesarios por aparentar, caer en la trampa de la
publicidad o todas las anteriores, sin tomar en cuenta su situación económica. No les digo qué fue lo que compró. Busquen la película -y otras más en YouTube para
que se rían y reflexionen sobre la ignorancia que sigue rampante en el pueblo a
pesar del llamado “progreso”.
El documental muestra el avance en vivienda
e infraestructura del país, que en un relativo corto tiempo logró llevar tanto
a tantas familias que poco a poco salían de la pobreza. Ya ahí yo empezaba a pensar ¿cómo es que
se logró tanto, con muchísimos menos recursos que los que hay ahora? Más allá de recursos económicos había un
sentido de propósito, un derrotero claro: lograr el bienestar de quienes menos
tenían, sin pensar en el beneficio personal.
Tenemos millones y millones, como decía Don Cholito y hacemos menos, por
estar enfrascados en peleas tontas por demostrar quién es el que manda. Hace falta una DIVEDCO, pero que no la establezcan
con gente insensible, pendiente del figureo y los jugosos salarios. Hace falta sentido de propósito, inspiración,
ilusión, compromiso -todo lo que había cuando nació la DIVEDCO. El arte de hacer posible lo imposible parece
estar perdido. Todavía estamos a tiempo
para rescatarlo. Salí del cine con ganas
de llorar y aún ahora, cuando escribo estas líneas, siento que me asalta la
misma sensación.
27 de julio de 2026


Muy cierto lo que dices . Ya no se ve ese significado ni el sentido de servir que se veía en ese tiempo. A mi barrio llevaron una enciclopedia y recuerdo lo de las películas, aunque yo todavía no estaba en la escuela
ResponderEliminarSaludos Anita , el pasado sábado fui a ver ese documental, al igual que tu he reflexionado sobre el mismo y comparto 100% tu comentario, gracias por hacernos conscientes de una realidad que siempre se nos ha escondido,
ResponderEliminarNiebtras lo leíane acordé de cómo papi con ayuda se Extención Agrícula y vecinos del área llevaron la luz y el agua a su finquita en el Barrio Esperanza de Arecibo
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