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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

miércoles, 22 de enero de 2020

CORAZÓN Y MENTE








EL CORAZÓN NO ESTÁ REÑIDO CON LA MENTE

Los últimos acontecimientos de estas semanas han sacudido al país literal y figurativamente.  Dos terremotos los días 6 y 7 de enero -justo despegando el nuevo año, nos tienen con los nervios de punta a todos.  Para los que viven en el sur, la pesadilla es inimaginable.  Si yo brinco con ruidos inesperados o algunos leves temblores, no puedo imaginar lo que se siente estar a la intemperie porque mi casa se desplomó o por el temor de que lo haga.

El pueblo se lanzó a ayudar a los residentes con agua, comida, casetas de campaña, pañales y de todo lo imaginable para atender las necesidades inmediatas.  Las instituciones caritativas establecieron cuentas para ayudas monetarias y el desbordamiento de amor fue palpable.  Una vez más, salió a flote nuestro corazón generoso.  Tristemente, también salió a flote una incompetencia crasa, tras revelarse que existían suministros para atender las necesidades  justo en un almacén nada más ni nada menos que en la Perla del Sur, Ponce.  Los intentos de explicación parecen otro sainete de los Tres Chiflados y me indigna que son más de tres. – la gobernadora, el secretario de estado, el ya despedido jefe de Manejo de Emergencias, hasta el general de la Guardia Nacional que parecía una persona competente y muchos más.

En medio de todo, se hacen despidos con justificaciones variadas, se ordenan investigaciones de forma intempestiva y se hacen designaciones en puestos que no eran factibles técnicamente, para luego decir que no era al puesto, sino a la función, en un juego de palabras.  Yo siento vergüenza ajena.  En medio de todo esto, tenemos un déjà vu colectivo.  Nos transportamos al verano del 2019 y el nivel de confianza en el gobierno, que ya era muy bajo, descendió aún más, si eso es posible. Y allá en Washington, Donald Trump contempla todo esto y se convence aún más de que somos una partida de incompetentes y chanchulleros que no merecemos las generosas dádivas del gobierno federal.  Poco le importa que el pueblo ha demostrado, una vez más, que no tolerará estos actos.

Ya comenzaron las protestas, enteramente legítimas y los reclamos para que Wanda renuncie, como renunció Ricky.  Aquí es donde tenemos que analizar cuál es el plan y no actuar con la misma impulsividad e improvisación que le reprochamos al gobierno.  Hay gente que reaccionó indignada a la celebración de las fiestas de la Calle San Sebastián alegando que eso reflejaba falta de solidaridad, olvidando que cientos de artesanos y pequeños negociantes necesitan su sustento – el mismo que puede servir para apoyar a los residentes del sur.  Olvidan además  que todo apunta a que los temblores van a seguir ocurriendo, por lo que tenemos que adaptarnos todos a esta nueva realidad.  Las reacciones salieron sólo del corazón, sin un proceso de análisis desapasionado.

De ese mismo corazón legítimamente dolido, indignado, traicionado y engañado, sale el nuevo reclamo de renuncia, esta vez a Wanda Vázquez.  Tenemos que enmarcar esto en el contexto de esta nueva realidad.  Si bien es cierto que ella ha demostrado incapacidad para manejar esta hecatombe sísmica/administrativa, no es menos cierto que provocar su renuncia no va a lograr solucionar los problemas que aparecen como los gremlins, en medio del manejo de esta crisis humanitaria que se complica por la incapacidad de atender el manejo de los fondos -recibidos y por recibir- para justamente atenderla.  Supongamos que en efecto, Wanda renuncia.  El secretario de estado es Elmer Román, que era precisamente el jefe del encargado del Manejo de Emergencias y aún no ha sido confirmado en el puesto.  ¿Les recuerda algo? De no ser confirmado, el orden dispuesto en nuestra Constitución dispone que quien pasaría a ocupar el puesto será el secretario de Justicia.  ¿Les recuerda algo?

Y mientras nos enfrascamos en esta lucha, Donald Trump se sienta con popcorn a mirar cómo nos despedazamos nosotros mismos.  Que conste, que yo personalmente creo que Wanda, al igual que Pierluisi, no era la persona indicada para asumir la gobernación que le cayó como paracaídas y sus actos recientes lo acaban de confirmar para quienes tuvieran dudas. Ahora bien, no es cuestión de sacar a esta gobernadora para poner a otra persona que lo haga igual o hasta peor y mientras tanto, las gestiones necesarias para asistir a los afectados por los terremotos se retrasan aún más.

No me cabe duda que es imperativo protestar y dejarle saber a la gobernadora que estamos vigilando cada paso que toma.  Si ella desiste de su aspiración como candidata, santo y bueno, pero renunciar del todo no resuelve el problema; por el contrario, lo complica aún más.  Con el mismo corazón inmenso que tenemos, sin soltarlo, debemos asumir la conducta del jugador de ajedrez, que mide todos sus actos, anticipando los del contrario.  En muchos casos, he sido acusada de ser indiferente, debido a que suelo mantenerme ecuánime en medio de las crisis.  No se confundan.  Como buena pisciana, tengo mi personalidad un tanto dividida –late en mí un corazón apasionado, sensible y amoroso y al mismo tiempo, poseo una mente analítica que mide sus pasos, anticipando los de los que me rodean.


22 de enero de 2020


jueves, 16 de enero de 2020

Perras









PERRAS

Es interesante como el lenguaje se va moldeando de acuerdo con los tiempos y una misma palabra puede ser usada para simplemente describir, denominar y hasta ofender. Hace unos años se comenzó a usar la palabra perra entre los jóvenes para aludir a chicas que estaban in, que se mostraban desinhibidas e incluso se veía como algo positivo entre ciertas féminas. Para el año 2006 escribí en torno a esta tendencia y dije:

Las palabras son poderosísimas.  Muchas de ellas tienen tras de sí una carga histórica muy penosa.  Ese es el caso de la palabra “nigger” en inglés, que era el término que utilizaban los blancos para referirse a los negros desde los tiempos de la esclavitud y más tarde de forma despectiva  y humillante.  Años más tarde, algunos negros la comenzaron a utilizar entre sí, como algo coloquial, que a algunos parece hermanarlos.  No obstante, sigue siendo peyorativa cuando la usan los blancos, particularmente de forma despectiva.  En uno de sus programas, Oprah Winfrey entrevistó a varios compañeros negros exitosos en diversos campos del arte, algunos de los cuales utilizan entre sí el término “nigger”.  Manifestó Oprah (y estoy enteramente de acuerdo), que ella no puede referirse a sus hermanos de raza como “nigger”, por la carga emocional que tiene la palabra y los exhortó a dejar de utilizarla.

No soy experta en etimología, pero sospecho que el uso de la palabra perra en el contexto de los que practican el género reggaeton, proviene de la traducción de “bitch”, que significa, aparte de la hembra del perro, mujer libertina o dominante.  En inglés, es altamente ofensivo referirse a una mujer como “bitch”, aunque como en el caso de “nigger”, algunas han comenzado a llamarse   entre sí con esa palabra.  Al igual que no quiero que nadie me diga perra, tampoco quiero que me llamen “bitch”, o como se refieren aquí en “spanglish”, “bicha”.  Curiosamente, el Diccionario de la Real Academia incluye entre la definición del término perra, las acepciones “prostituta” o “indigno(a)”.  ¿No es hora que prestemos atención a los significados de las palabras?  Yo no soy ni perra, ni prostituta, ni indigna.  Y que conste, que debe haber unas cuantas prostitutas con más dignidad que algunas perras.

El debate que surgió tras las palabras pronunciadas por el comentarista ultraderechista Luis Dávila Colón contra la alcaldesa de San Juan me recordó este escrito del pasado.  Catorce años después, sigo pensando exactamente igual.  Este señor tiene un estilo que me repele, por la forma agresiva con que se expresa contra aquéll@s que no comparten su visión y muy particularmente si se trata de una mujer. Es curioso que en esa estación hay otros con un estilo similar, que va más allá de ser incisivo en las preguntas o señalamientos y raya en la falta de respeto.  Lo que dijo debe ser analizado en todo su contexto.  No lo dijo de forma ecuánime, con voz serena, sino que lo dijo con rabia, con un coraje que le he visto a muchos cuando se refieren a la alcaldesa.  Y lo cierto del caso es que Carmen Yulín Cruz levanta pasiones –no se puede permanecer neutral ante sus declaraciones.  En mi caso, he estado de acuerdo con muchos de los planteamientos que ha hecho, pero en otras, estoy en desacuerdo.

Lo que ha salido a flote  en esta controversia es la tendencia en muchos sectores del país a atacar a una mujer poderosa -no en el ámbito de sus ideas o acciones, sino en el plano personal.  Y los ataques machistas provienen tanto de hombres como de mujeres, porque el machismo no es exclusivo de los hombres.  Cuando solía ofrecer talleres sobre discrimen y hostigamiento sexual como parte de las funciones de la oficina que dirigía, me dolía profundamente que muchos de los comentarios más machistas que escuchaba provenían de otras mujeres. Experimenté también el dolor de sentir que algunas resentían que yo estaba al mando y les incomodaba mi estilo de dirigir.  Si yo osaba levantar una ceja ante un planteamiento improcedente era signo de arrogancia, mientras les toleraban a jefes varones bromas de mal gusto o que les incluyera entre sus funciones hacer café.

Hay gente a quienes les causa un supremo coraje que una mujer esté al mando, sobre todo si es una mujer que no se anda con paños tibios.  Y que conste, que creo que la alcaldesa se excede en ocasiones en la forma de expresarse, pero eso no debe justificar el ataque personalista. Lo que ocurrió con el señor Dávila Colón debe motivar una reflexión profunda en torno a la forma en que tratamos a aquéll@s que no piensan como nosotr@s.  Dávila Colón no es el único que piensa que Carmen Yulín es una perra.  Hay much@s que piensan lo mismo, pero no tienen un micrófono ante sí.  Debemos pensar que Donald Trump es presidente de los Estados Unidos porque hay miles que piensan como él.  Se impone un adecentamiento de la forma en que nos expresamos para que podamos vivir de forma más armoniosa en esta isla que posee los nobles sentimientos que hemos demostrado en estos días tan agitados literal y metafóricamente.

En cuanto a las mujeres, se impone un rechazo total a permitir que se nos llame perras.  No somos perras; somos seres humanos del género femenino.

16 de enero de 2020




martes, 14 de enero de 2020

Lo que vemos







LO QUE VEMOS Y LO QUE NO

Yo tiendo a ser una persona positiva, fiel creyente de que el bien supera al mal y que hay más de una forma de mirar una misma realidad.  Los últimos días así me lo demuestran.  Con todo mi positivismo y mi proceder ecuánime, debo admitir que el terremoto del 7 de enero, justo al comienzo de este año, jamaqueó mucho más que las paredes de mi apartamento –jamaqueó mi espíritu, mi paz, mi sentido de seguridad. El temblor del día anterior me asustó, pero el del día 7 me tomó por sorpresa porque estaba profundamente dormida y el terremoto me despertó. Me levanté totalmente desorientada, a oscuras y temblando al cuadrado –por el terremoto y porque mi cuerpo temblaba por derecho propio. El número de réplicas, que varían en frecuencia e intensidad añade a mi nerviosismo.

La cantidad de información que se recibe es al mismo tiempo ilustradora y fuente de angustia.  Con el tiempo, he tenido que activar los filtros que mi mente analítica afortunadamente posee.  Hay información útil para lograr entender lo que está pasando a nivel geológico y psicológico, pero también hay información distorsionada en el mejor de los casos y totalmente falso en el peor, que añade a la ansiedad. Nuestra mente procesa todo esto dependiendo de nuestras creencias más arraigadas.  Hay quien ve el mundo como algo amenazante, peligroso; hay quien lo ve como algo en constante evolución; hay quien lo ve como algo armonioso.  Además, hay quien ve a los seres humanos como gente malvada, prestos a aprovecharse de tod@s y hay quien los ve como seres nobles.  Yo pienso que hay un poco de todo.  La maldad, la bondad, el oportunismo coexisten en todos nosotros – es cuestión de proporción.  Y claro, todo lo relacionado al terremoto ha sacado lo mejor y lo peor en nosotr@s.  Afortunadamente, lo mejor ha triunfado.

La evidencia de que la bondad se impuso la vimos este fin de semana, con cientos de personas dando la mano a los residentes del sur.  Sí; están los aprovechados, que buscan cualquier ocasión para ventajería política o incluso para beneficio personal, pero son los menos.  En medio de todo esto, batallamos con las reacciones que nos provocan los ruidos y los temblores frecuentes.  Yo confieso que me tengo que repetir que es normal y que no puedo anticiparlo todo.  Lo cierto es que por años, a pesar de las advertencias de los geomorfólogos,  hemos vivido  de espaldas a la realidad  de que un terremoto nos podía sorprender en cualquier momento.  Y el lobo llegó por el sur.

Mientras yo escribo en la nueva tranquilidad de mi apartamento –sí porque esta tranquilidad es relativa- hay miles de personas durmiendo fuera de sus casas, por temor a un colapso, o porque sencillamente no tienen casa.  No pueden echar mano de lo que les pertenecía y en esencia, sólo se tienen a sí mism@s. No puedo ni imaginar cómo se siente eso.  La casa, por más modesta que sea es el lugar donde nos sentimos protegid@s.  Esta nueva realidad es enfrentarse a que a fin de cuentas, lo más valioso es la vida propia y la de quienes amamos.

Y como ocurre cuando se nos muere alguien querido y sentimos que todo se paraliza, la realidad es que la vida sigue.  Quedarnos arrinconados e inmóviles no es una verdadera opción de vida para aquéll@s que nos quedamos.  Nuestra conciencia de lo que es seguro ha cambiado y seguirá cambiando. Aparte de observar lo que leemos, lo que escuchamos y lo que vemos, hace falta mirar a nuestro interior, para entender de dónde provienen nuestras reacciones y modificar aquellas creencias que no nos sirven y por el contrario nos hacen daño.  ¿De qué me sirve pensar que un terremoto mayor puede ocurrir, si no hay nada que yo pueda hacer para protegerme?  Peor aún, ¿qué sentido tiene enviar fotos de alegados desastres que generarán más ansiedad, o aludir a los riesgos que hay y que de todos modos no podemos evadir?

Lo que decimos proviene de cómo vemos la realidad.  Por eso coloqué una foto de un collar que compré  en un viaje a Canadá.  Hasta hace unos días, yo veía una media luna y una estrella.  Fui al cine y la joven que me atendió en el quiosco del popcorn se quedó mirando el collar y me dijo que le encantaba –que ella veía como una ola, de esas sobre las que cabalgan los surfers.  Es verdad; al llegar a casa me detuve a mirar el collar y en efecto, puede ser una ola y también la luna.  Y claro, ahora mucha gente podrá ver una ola no de las que apasionan a los surfers, sino un tsunami. Yo escojo ver la luna o la ola de los surfers.  ¿Cuál escoges tú?



14 de enero de 2020




martes, 24 de diciembre de 2019

MÁGICA










MÁGICA Y DULCE NAVIDAD

Desde hace varios años disfruto de preparar dulces y variantes de coquito para regalar durante estos días de Navidad.  No siempre preparo los mismos –todo depende de mi ánimo.  No obstante, hay algunos que se repiten año tras año –las bolitas de nueces con la receta de mi amiga Elena y el coquito en alguna de sus modalidades. Últimamente lo hago de café.  Hubo un tiempo que hacía el tradicional, luego preparaba de chocolate y dado el gusto de mi Buddy por la lavanda, llegué a hacerlo con este ingrediente singular.  En tiempos de la fiesta familiar solía llevar un bizcocho –a veces al revés, a veces un ponqué decorado con flores de pastillaje.  Ya no recuerdo la última vez que me embarqué en una de esas complicaciones.

En tiempos más recientes comencé a incluir el majarete en mi repertorio culinario.  Este año, por primera vez, incorporo una receta que aprendí el año pasado en Italia. Fue un viaje con énfasis en la comida y el vino y tuvimos la oportunidad de ver cómo se preparaban unos platos de la regiónToscana. 
Los cantuccini son parecidos a esas pequeñas galletas tostadas que vemos en cafés, conocidas como biscotti.  Tienen almendras y para mí fue como presenciar la revelación de cómo se prepara algo de una forma insospechada.  Una vez terminados, es como descubrir un secreto.

Lo primero que me sorprendió y que requiere ese grado de fe indispensable en la cocina, es ver cómo se forma un pozo en medio de un círculo de harina con azúcar, mantequilla y se depositan en el centro los huevos, la vainilla y medio vaso de Sambuca, un licor de anís.  Como no tenía Sambuca, usé Ouzo que había traído de un viaje a Grecia.









 Finalmente, se añaden las almendras enteras, que resulta sorpresivo al ver el producto final, con las almendras picadas –ya verán por qué. Ya había hecho esto el año pasado, cuando regresé del viaje, pero no deja de asombrarme la transformación que opera cuando se empiezan a incorporar estos ingredientes sobre una mesa, formando una masa pegajosa.  Este año tuve que añadir más harina, porque la masa quedó tan blandita que todo se me pegaba a las manos.

Terminada la preparación, procedí a meter al horno los cordones estirados que formé con la masa.  En este punto sentí algo de miedito -¿y si no queda bien; y si pasé todo este trabajo y echo a perder todo lo invertido?  Ahí es que entra en acción el grado de fe que tenemos los que nos encanta cocinar.  Mientras esto se transformaba en el horno, comencé la preparación de las bolitas o mantecaditos de nueces de la receta de Elena. 
Esta es una que he hecho tantas veces que no me da miedito.  Además, es más fácil –es de esas recetas agradecidas. Con el tiempo descubrí que la receta puede estar basada en unas galletitas norteamericanas que se conocen como snowball cookies, que presumo se llaman así por la apariencia que tiene su forma redondeada cubierta de azúcar pulverizada.






Finalmente, me asomé al horno y vi la masa expandida, con si fueran hogazas de pan doraditas.  


















Las saqué del horno para que enfriaran un poco antes de cortarlas.  Mientras tanto, formé las bolitas de las otras galletas y las puse al horno. 

















Retorné al paso final de los cantuccini, que es como  cuando el mago culmina su acto.  Fui cortando las hogazas al sesgue, para revelar la famosa forma de estas galletas y las almendras que se pican con cada corte.  ¡Ta-taaaan!


Saqué del horno las bolitas y las polvoreé con la azúcar de repostería.  Ya las galletas estaban listas y era cuestión de que terminaran de enfriar.  Decidí tomar un descanso antes de emprender la próxima tarea: el majarete.  Este es un postre muy tradicional y descubrí que ya poca gente lo hace.  A mí me encanta y me recuerda mucho a mi Madrinita, que lo hacía exquisito, con leche del coco rallado.  Yo no llego a tanto, así que uso leche de coco de lata. Después de todo la receta de Giovanna Huyke - que es la que uso, alterándola para disminuir la cantidad de azúcar - no dice que tenga que ser la leche del coco rallado.


Terminé los tres postres, los cuales repartiré entre vecinos y amistades y me regocijé en la sensación que me produjo esta tarea de amor que me asigno todos los años.  Hoy, como otras veces, me sentí conectada a toda la línea materna, que la componían extraordinarias cocineras: Mami, Titi Leo, Madrinita, pero más allá, me sentí conectada a toda la tradición culinaria de mi país a través de un simple, pero exquisito majarete.  Me sentí conectada a toda la rica tradición culinaria norteamericana que muchas veces se desdeña pensando que todo es hamburguesas y steaks. Muchos  ignoran que las mujeres desarrollaron toda una cocina tradicional usando los productos de temporada, como nueces, manzanas, calabaza y otros.  Todo esto me vino por la vía insospechada de mi amiga Elena.

Me sentí conectada a la tradición culinaria italiana, a través de esas galletas que hemos visto muchas veces, sin saber el misterio que encierran y hasta  me conecté con el gozo griego que hace exclamar un Opa! tras un trago de Ouzo.  Hoy en mi cocina hubo magia, como la dulce magia que deseo para todos y todas en esta Navidad.

24 de diciembre de 2019



domingo, 15 de diciembre de 2019

El guineo










EL GUINEO COMO ARTE O…

A ver cuántos de ustedes me compran lo que expondré a continuación.  La foto que ven, no es un guineo pegado con masking tape. Es una metáfora de cómo nuestra agricultura está asida por un endeble tape que ni siquiera es tan fuerte como el duct tape que usó otro artista.  Es metáfora también de lo perecedera que es la vida –algo así como que todos somos guineos que en un momento tuvimos carnes firmes y poco a poco vamos perdiendo dureza, aparecen manchas y finalmente, si no se dispone adecuadamente de nosotros, terminamos podridos.

El guineo de la foto que tomé me lo regaló un vecino a quien aprecio.  Me encanta contemplar cómo se ocupa de su jardín y el entusiasmo que pone en sus cosechas.  Recientemente cultivó guineos, por lo que compartió con los vecinos el fruto de su esfuerzo.  Sí, sí, él junto a sus hijos, es – en palabras de  Alberto Carrión- algo así como  la semilla del futuro, que va alumbrando los senderos campesinos –bueno, en este caso los senderos del complejo donde vivo.  Así que este guineo, que se maduró antes de que pudiera echarlo a hervir, es una oda al buen vecino –ese que comparte lo que tiene.  No es un guineo cualquiera. Si se fijan bien, semeja la figura de un pájaro atrapado, por lo que podríamos decir que simboliza nuestra Patria aprisionada por el yugo colonial de la Junta de Control Fiscal.

Nada, que esta foto que he compuesto se presta para un sinfín de interpretaciones, por lo que podría exhibirla, como el guineo que recientemente se hizo famoso y una pareja adquirió por $120,000.  Creo que nadie comprará mi análisis ni mi creación, en primer lugar porque no soy artista plástica.  En este género, como en todas las otras facetas del arte hay unos círculos elitistas que se asombran de las “creaciones” de sus colegas y le buscan significados que cualquiera puede encontrar, como los que ven designios divinos en objetos cotidianos.  Esos que se maravillan con estas creaciones me recuerdan el cuento del niño que delató al emperador que desfilaba desnudo, cuando los aduladores alababan las ropas inexistentes.

En segundo lugar, el aspecto del arte es bien relativo y depende de diversos factores, uno de los cuales es el gusto.  Una obra puede ser arte, pero si a usted no le gusta, no hay manera que quiera exhibirla en la sala de su casa.  Por otro lado, hay objetos de arte que no son en sí bellos, pero tienen una historia, reflejan una técnica, retratan una época.  Me parece que hay algo de esto último en el retrato del guineo -el del otro, no el mío.  Dijo el que pagó $120,000 por él: Estamos sumamente conscientes del flagrante absurdo del hecho de que “Comedian” es una pieza otramente barata y perecedera de un producto agrícola y un par de pulgadas de cinta de embalar.  Básicamente sentimos que el guineo de Cattelan se convertirá en un objeto histórico emblemático.

Vayan tallando en bronce  la frasesita famosa del chat, porque es reflejo emblemático del breve pero angustioso período de un gobernante y sus alzacolas: Cojemos de pend… hasta a los nuestros.

15 de diciembre de 2019

martes, 10 de diciembre de 2019

Wanda






QUIEREN QUE WANDA MANTENGA LA COMIDA CALIENTE

Comienzo por decir que Wanda Vázquez no es santa de mi devoción, que tiene muchas acciones u omisiones durante su incumbencia como secretaria de Justicia por las cuales no ha respondido y que si se lanza como candidata a la gobernación, no votaré por ella.  Por Pierluisi tampoco, que conste.  Y por si se le ocurre y por si acaso, menísimo por Rivera Schatz (la Virgen nos favorezca y acompañe, como diría mi mamá). Es más, aun no estoy segura de por quién voy a votar –es algo así como lo que me pasa con otros aspectos en mi vida- tengo más claro lo que no quiero, que lo que quiero, pero eso es otro tema. Para estas elecciones mi papeleta se asemejará a un pedido de restaurante de sushi: deme un rollito de esto, dos raciones de sashimi, dos nigiri de esto y uno de esto otro.

Ha sido interesante observar la evolución de esta mujer a quien le creo que de verdad no le interesaba ser gobernadora, pero que con el tiempo, por las razones que sean, se ha ido encariñando con la idea de permanecer en el puesto, esta vez con el voto del pueblo.  Nunca he estado en una posición tan alta, pero sí estuve en un puesto de confianza por tres semanas y media, cuando se me pidió asumiera la jefatura de una agencia mientras se designaba a la persona que asumiría el puesto en propiedad. Las horas de trabajo eran intensas y los retos inmensos, entre otras razones por el desmadre administrativo que había –y que me sospecho todavía hay.  Honestamente, no tenía interés en permanecer en el cargo, como no lo tuve en hacerlo con otras oficinas que me ofrecían mejor salario, pero que me robarían la paz.

Durante ese corto período aparecieron coros de aduladores y alzacolas ofreciéndose a hacer gestiones que yo sabía no se hacían de forma desinteresada.  También había personas que genuinamente estaban satisfechas con la labor que realicé en ese corto tiempo y me impulsaban a permanecer en el puesto que yo sabía no era posible, o a pedir puestos de envergadura una vez terminara el interinato.  Hace falta tener bien claro quién se es y qué se desea –o no se desea- para dejar a un lado esos coros que apelan al ego.

Traigo esto a colación porque un artículo en el periódico sobre unas expresiones del representante Rodríguez Aguiló me revolcó estos recuerdos.  En el artículo, se cita a este representante diciendo que la gobernadora tiene muchos retos por delante, muchos proyectos que le consumen mucha energía que debe ser dirigida a completarlos y no dirigirlos a una campaña política.  Me pregunto si le diría algo similar a un aspirante varón. Dijo que las gestiones administrativas de la gobernadora catapultan la posibilidad de un triunfo de la Palma.  En otras palabras, ha hecho un buen trabajo, pero es meramente mantener el barco navegando, en lo que llega otro a capitanearlo. ¡Qué coj…!

Me acordé de mi experiencia, porque durante aquél breve interinato, finalmente se hizo público el anuncio que yo sabía que vendría, de la persona que ocuparía el puesto en propiedad.  Esa persona me llamó para decirme que necesitaba tiempo para resolver unos asuntos, por lo que me pedía lo que no me pidió quien me designó -que permaneciera en el interinato unos días más. Pensé lo mismo que pensé cuando leí las expresiones de Rodríguez Aguiló.  Vamos, que no es lo mismo hacer un interinato porque sentimos es un deber, que hacerlo para hacerle la camita a otro.  Le dije que yo ya había cumplido con mi deber y que ahora le tocaba a esa persona hacerlo, porque para eso se le designó mediante anuncio público.  Wanda, no te dejes.  A Pierluisi que sude lo suyo; no le hagas el camino más fácil. Que se prepare él su propia comida, aunque yo no pruebe el plato de ninguno de los dos.


10 de diciembre de 2019




lunes, 9 de diciembre de 2019

Justicia poética




JUSTICIA POÉTICA

Empiezo por decir que estoy prejuiciada en contra de los concursos de belleza.  Me parece un anacronismo que en estos tiempos haya mujeres desfilando ante un jurado que las va a inspeccionar con detenimiento, incluso en traje de baño, para escudriñar cada pulgada, cada paso, cada gesto, cada inflexión de voz.  Cierto es que con los tiempos, el concurso de Miss Universo se ha modificado, para que refleje un espectro más amplio en el que la mujer se destaque no sólo por su belleza, sino también por su capacidad de expresarse.  Pero no deja de ser un concurso de belleza.  Si no se tienen ciertas medidas y características físicas, por más elocuente e inteligente que sea, no llega ni a una competencia municipal.

Y entonces llega como representante de Puerto Rico una joven -sí, porque tiene que ser joven- con nombre de cadena de tiendas o presidente norteamericano. En la competencia local no pudo expresarse en español porque su primer idioma es el inglés, ya que nació y se crió en Estados Unidos, de madre puertorriqueña y padre norteamericano.  Esto generó un debate sobre qué es lo que hace a alguien puertorriqueñ@.  Cierto es que hay miles de puertorriqueñ@s en la diáspora cuyo primer idioma es el inglés.  Creo que la culpa de que Madison no haya aprendido suficiente español no es sólo de ella, sino de su madre, que no se ocupó de que su hija fuese totalmente bilingüe.  Distinto ha sido el caso de la familia de Lin Manuel, de Marc Anthony, de Sonia Sotomayor, de Esmeralda Santiago, quienes pese a haberse trasladado a Estados Unidos y criar allí a sus hij@s, se ocuparon de que aprendieran español.

Pero el asunto del idioma no es lo único que a mí personalmente me hace cuestionar la legitimidad de su representación de nuestra isla -es el hecho de que previo a representar a Puerto Rico, compitió para representar al estado de Florida, que dicho sea de paso, es uno de los estados con más población hispana y en particular, de puertorriqueños.  Ella reside hace años allí y no se ocupó de aprender español a cabalidad, hasta que ¡zas! se le ocurrió que tenía otra oportunidad de competir para ser la mujer más bella del universo (¿cómo serán las marcianas?) porque su mamá es puertorriqueña y eso la legitima para representarnos.

Madison se encargó de aprender español en tres meses, porque boba no es.  Claro, está el pequeño detalle de que antes no le interesó, pero ahora sí porque tiene motivos ulteriores.  El diseñador de trajes típicos se ocupó de hacer una creación verdaderamente hermosa, en contraste con aquélla monstruosidad post María que la pobre Kiara Liz tuvo que exhibir –porque no puedo decir lucir, ya que nadie podía hacer lucir aquello.  Madison fue afortunada al lucir todos los vestidos que vi.  En el caso del traje típico, la flor de maga con el coquí es algo más que representativo, así que ella ciertamente tenía en su persona los símbolos patrios.

Observé en grabaciones posteriores al certamen- porque no soporto verlo- algunas de las participaciones de Madison.  Es innegable que es hermosa, tiene porte y puede expresarse con soltura –porque el concurso es en inglés- ante las preguntas que se le hicieron. Ya la mayoría de los puertorriqueños que se expresaban en las redes le habían perdonado el que no supiera español y creo que muchos hasta ignoraban el pequeño detalle de que Puerto Rico no fue su primera opción para competir.  Observé dos entrevistas a Madison y a la ganadora –representante de Sudáfrica, que me parecen muy reveladoras.  Mientras desfilaba con el vestido de gala, Zuzibini dijo que sentía que Sudáfrica iba con ella. En otro momento, expresó que hace unos años no era posible que una mujer como ella, con su color de piel y su pelo crespo, llegara a ganar este certamen, por lo que era importante que niñas como ella vieran en ella un ejemplo.  Y ejemplos necesitamos tod@s, porque lo cierto es que la mayor parte de las mujeres boricuas no nos parecemos a Madison y ni hablar de las que niegan que tengan más parecido con Zuzibini.

En contraste con Zuzibini, Madison expresó que el mensaje que quiere llevar es que hay que perseverar en los objetivos que nos trazamos y que lo verdaderamente importante es que reflejemos lo que verdaderamente somos.  Interesantes comentarios a la luz de su realidad. La perseverancia es una virtud y no hay duda de que Madison perseveró en su empeño de lograr la corona como la mujer más hermosa del universo, ya bien fuera representando a los Estados Unidos o Puerto Rico.  Nosotros fuimos plato de segunda mesa.

Honestamente deseo que Madison aproveche esta oportunidad para descubrir todo lo hermoso que hay en este país al que decidió representar como segunda opción.  Para ello, tendrá que escudriñar en su interior para encontrar aquello que la hace ser quien es.  Hasta ahora, demostró que tiene talento para el modelaje, es perseverante y lucha por lo que quiere.  En el caso de Zuzibini, me quedó claro su orgullo por su país, su raza y su deseo de ser ejemplo para otras niñas que por su color, no han tenido las mismas oportunidades.   Por el momento,  veo a Madison como una Gigi Fernández cualquiera –con talento y determinación  a cualquier costo.  El certamen de anoche resultó ser un ejercicio en justicia poética –triunfó la identidad por sobre la determinación.


9 de diciembre de 2019