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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

jueves, 16 de enero de 2020

Perras









PERRAS

Es interesante como el lenguaje se va moldeando de acuerdo con los tiempos y una misma palabra puede ser usada para simplemente describir, denominar y hasta ofender. Hace unos años se comenzó a usar la palabra perra entre los jóvenes para aludir a chicas que estaban in, que se mostraban desinhibidas e incluso se veía como algo positivo entre ciertas féminas. Para el año 2006 escribí en torno a esta tendencia y dije:

Las palabras son poderosísimas.  Muchas de ellas tienen tras de sí una carga histórica muy penosa.  Ese es el caso de la palabra “nigger” en inglés, que era el término que utilizaban los blancos para referirse a los negros desde los tiempos de la esclavitud y más tarde de forma despectiva  y humillante.  Años más tarde, algunos negros la comenzaron a utilizar entre sí, como algo coloquial, que a algunos parece hermanarlos.  No obstante, sigue siendo peyorativa cuando la usan los blancos, particularmente de forma despectiva.  En uno de sus programas, Oprah Winfrey entrevistó a varios compañeros negros exitosos en diversos campos del arte, algunos de los cuales utilizan entre sí el término “nigger”.  Manifestó Oprah (y estoy enteramente de acuerdo), que ella no puede referirse a sus hermanos de raza como “nigger”, por la carga emocional que tiene la palabra y los exhortó a dejar de utilizarla.

No soy experta en etimología, pero sospecho que el uso de la palabra perra en el contexto de los que practican el género reggaeton, proviene de la traducción de “bitch”, que significa, aparte de la hembra del perro, mujer libertina o dominante.  En inglés, es altamente ofensivo referirse a una mujer como “bitch”, aunque como en el caso de “nigger”, algunas han comenzado a llamarse   entre sí con esa palabra.  Al igual que no quiero que nadie me diga perra, tampoco quiero que me llamen “bitch”, o como se refieren aquí en “spanglish”, “bicha”.  Curiosamente, el Diccionario de la Real Academia incluye entre la definición del término perra, las acepciones “prostituta” o “indigno(a)”.  ¿No es hora que prestemos atención a los significados de las palabras?  Yo no soy ni perra, ni prostituta, ni indigna.  Y que conste, que debe haber unas cuantas prostitutas con más dignidad que algunas perras.

El debate que surgió tras las palabras pronunciadas por el comentarista ultraderechista Luis Dávila Colón contra la alcaldesa de San Juan me recordó este escrito del pasado.  Catorce años después, sigo pensando exactamente igual.  Este señor tiene un estilo que me repele, por la forma agresiva con que se expresa contra aquéll@s que no comparten su visión y muy particularmente si se trata de una mujer. Es curioso que en esa estación hay otros con un estilo similar, que va más allá de ser incisivo en las preguntas o señalamientos y raya en la falta de respeto.  Lo que dijo debe ser analizado en todo su contexto.  No lo dijo de forma ecuánime, con voz serena, sino que lo dijo con rabia, con un coraje que le he visto a muchos cuando se refieren a la alcaldesa.  Y lo cierto del caso es que Carmen Yulín Cruz levanta pasiones –no se puede permanecer neutral ante sus declaraciones.  En mi caso, he estado de acuerdo con muchos de los planteamientos que ha hecho, pero en otras, estoy en desacuerdo.

Lo que ha salido a flote  en esta controversia es la tendencia en muchos sectores del país a atacar a una mujer poderosa -no en el ámbito de sus ideas o acciones, sino en el plano personal.  Y los ataques machistas provienen tanto de hombres como de mujeres, porque el machismo no es exclusivo de los hombres.  Cuando solía ofrecer talleres sobre discrimen y hostigamiento sexual como parte de las funciones de la oficina que dirigía, me dolía profundamente que muchos de los comentarios más machistas que escuchaba provenían de otras mujeres. Experimenté también el dolor de sentir que algunas resentían que yo estaba al mando y les incomodaba mi estilo de dirigir.  Si yo osaba levantar una ceja ante un planteamiento improcedente era signo de arrogancia, mientras les toleraban a jefes varones bromas de mal gusto o que les incluyera entre sus funciones hacer café.

Hay gente a quienes les causa un supremo coraje que una mujer esté al mando, sobre todo si es una mujer que no se anda con paños tibios.  Y que conste, que creo que la alcaldesa se excede en ocasiones en la forma de expresarse, pero eso no debe justificar el ataque personalista. Lo que ocurrió con el señor Dávila Colón debe motivar una reflexión profunda en torno a la forma en que tratamos a aquéll@s que no piensan como nosotr@s.  Dávila Colón no es el único que piensa que Carmen Yulín es una perra.  Hay much@s que piensan lo mismo, pero no tienen un micrófono ante sí.  Debemos pensar que Donald Trump es presidente de los Estados Unidos porque hay miles que piensan como él.  Se impone un adecentamiento de la forma en que nos expresamos para que podamos vivir de forma más armoniosa en esta isla que posee los nobles sentimientos que hemos demostrado en estos días tan agitados literal y metafóricamente.

En cuanto a las mujeres, se impone un rechazo total a permitir que se nos llame perras.  No somos perras; somos seres humanos del género femenino.

16 de enero de 2020




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