PERRAS
Es interesante
como el lenguaje se va moldeando de acuerdo con los tiempos y una misma palabra
puede ser usada para simplemente describir, denominar y hasta ofender. Hace
unos años se comenzó a usar la palabra perra
entre los jóvenes para aludir a chicas que estaban in, que se mostraban desinhibidas e incluso se veía como algo
positivo entre ciertas féminas. Para el año 2006 escribí en torno a esta
tendencia y dije:
Las palabras son poderosísimas. Muchas de ellas tienen tras de sí una carga
histórica muy penosa. Ese es el caso de
la palabra “nigger” en inglés, que era el término que utilizaban los blancos
para referirse a los negros desde los tiempos de la esclavitud y más tarde de
forma despectiva y humillante. Años más tarde, algunos negros la comenzaron
a utilizar entre sí, como algo coloquial, que a algunos parece
hermanarlos. No obstante, sigue siendo
peyorativa cuando la usan los blancos, particularmente de forma
despectiva. En uno de sus programas,
Oprah Winfrey entrevistó a varios compañeros negros exitosos en diversos campos
del arte, algunos de los cuales utilizan entre sí el término “nigger”. Manifestó Oprah (y estoy enteramente de
acuerdo), que ella no puede referirse a sus hermanos de raza como “nigger”, por
la carga emocional que tiene la palabra y los exhortó a dejar de utilizarla.
No soy experta en etimología, pero sospecho que el uso
de la palabra perra en el contexto de los que practican el género reggaeton,
proviene de la traducción de “bitch”, que significa, aparte de la hembra del
perro, mujer libertina o dominante. En
inglés, es altamente ofensivo referirse a una mujer como “bitch”, aunque como
en el caso de “nigger”, algunas han comenzado a llamarse entre sí con esa palabra. Al igual que no quiero que nadie me diga
perra, tampoco quiero que me llamen “bitch”, o como se refieren aquí en
“spanglish”, “bicha”. Curiosamente, el Diccionario
de la Real Academia incluye entre la definición del término perra, las
acepciones “prostituta” o “indigno(a)”.
¿No es hora que prestemos atención a los significados de las
palabras? Yo no soy ni perra, ni
prostituta, ni indigna. Y que conste,
que debe haber unas cuantas prostitutas con más dignidad que algunas perras.
El debate que surgió tras las palabras pronunciadas
por el comentarista ultraderechista Luis Dávila Colón contra la alcaldesa de
San Juan me recordó este escrito del pasado.
Catorce años después, sigo pensando exactamente igual. Este señor tiene un estilo que me repele, por
la forma agresiva con que se expresa contra aquéll@s que no comparten su visión
y muy particularmente si se trata de una mujer. Es curioso que en esa estación hay
otros con un estilo similar, que va más allá de ser incisivo en las preguntas o
señalamientos y raya en la falta de respeto.
Lo que dijo debe ser analizado en todo su contexto. No lo dijo de forma ecuánime, con voz serena,
sino que lo dijo con rabia, con un coraje que le he visto a muchos cuando se refieren
a la alcaldesa. Y lo cierto del caso es
que Carmen Yulín Cruz levanta pasiones –no se puede permanecer neutral ante sus
declaraciones. En mi caso, he estado de
acuerdo con muchos de los planteamientos que ha hecho, pero en otras, estoy en
desacuerdo.
Lo que ha salido a flote en esta controversia es la tendencia en muchos
sectores del país a atacar a una mujer poderosa -no en el ámbito de sus ideas o
acciones, sino en el plano personal. Y
los ataques machistas provienen tanto de hombres como de mujeres, porque el
machismo no es exclusivo de los hombres.
Cuando solía ofrecer talleres sobre discrimen y hostigamiento sexual
como parte de las funciones de la oficina que dirigía, me dolía profundamente
que muchos de los comentarios más machistas que escuchaba provenían de otras
mujeres. Experimenté también el dolor de sentir que algunas resentían que yo
estaba al mando y les incomodaba mi estilo de dirigir. Si yo osaba levantar una ceja ante un
planteamiento improcedente era signo de arrogancia, mientras les toleraban a
jefes varones bromas de mal gusto o que les incluyera entre sus funciones hacer
café.
Hay gente a quienes les causa un supremo coraje que
una mujer esté al mando, sobre todo si es una mujer que no se anda con paños
tibios. Y que conste, que creo que la
alcaldesa se excede en ocasiones en la forma de expresarse, pero eso no debe
justificar el ataque personalista. Lo que ocurrió con el señor Dávila Colón
debe motivar una reflexión profunda en torno a la forma en que tratamos a
aquéll@s que no piensan como nosotr@s.
Dávila Colón no es el único que piensa que Carmen Yulín es una
perra. Hay much@s que piensan lo mismo,
pero no tienen un micrófono ante sí.
Debemos pensar que Donald Trump es presidente de los Estados Unidos
porque hay miles que piensan como él. Se
impone un adecentamiento de la forma en que nos expresamos para que podamos vivir
de forma más armoniosa en esta isla que posee los nobles sentimientos que hemos
demostrado en estos días tan agitados literal y metafóricamente.
En cuanto a las mujeres, se impone un rechazo total a
permitir que se nos llame perras. No
somos perras; somos seres humanos del género femenino.
16 de enero de 2020


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