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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

jueves, 9 de junio de 2022

Ilusión

 


ILUSIÓN

Los sueños se pudren si no se les muda el aire.

Luis Rafael Sánchez

Ayer pude lograr algo que desde la semana pasada me hacía mucha ilusión.  Y me detengo en esta palabra, porque me parece importante entender el concepto detrás de ella.  El Diccionario de la Real Academia Española tiene cuatro acepciones para la palabra y la más que se ajusta a lo que siento dice; Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.  Pues viva complacencia es lo que siento al evocar la persona de nuestro afamado escritor Luis Rafael Sánchez.  No voy a relatar todo el trasfondo, porque fui su alumna hace algo más de 40 años y he escrito sobre él en varias ocasiones.  No hace falta, tampoco, entrar en todos los méritos que tiene como escritor.  Lo que quiero es abordar el tema de la ilusión encarnada.

La semana pasada el periódico El Nuevo Día anunció un concurso  para sus suscriptores – y yo soy una de ellas – en el que el premio consistía en dos entradas para un conversatorio con la presencia de Luis Rafael Sánchez.  En segundos estaba sometiendo mi participación, la que desafortunadamente no culminó en el tan ansiado premio.  Había llamado a una amiga que también está suscrita para pedirle que participara y por supuesto, de resultar ganadora me invitara, pero tampoco resultó.  Cuando hablé con ella empezamos a urdir un plan por si ninguna resultaba ganadora.  El plan era que yo iba a llegar de todos modos al Museo de Arte de Puerto Rico presumiendo que era muy probable que la actividad no se llenase a capacidad.  Dedujimos que para estas cosas siempre alguien desiste de ir a última hora, se enferma o simplemente se le olvida.  Una vez allí diría que soy admiradora de Luis Rafael Sánchez, que tengo un blog que contiene varios ensayos dedicados a él y que mi amiga es pintora, momento en el cual le mostraría a la persona destacada en la entrada una foto de la pintura que mi amiga me hizo con mi papá. Todo esto es cierto, así que no mentía y esperaba que la persona se conmoviera y me dejara pasar.

Debo recalcar que bajo circunstancias normales, soy incapaz de presentarme a un lugar sin ser invitada, pero ver de nuevo a Luis Rafael Sánchez bien ameritaba el atrevimiento. La última vez que lo vi fue en marzo – no hace tanto- en ocasión de la nueva puesta en escena de su obra Quíntuples como parte del Festival de Teatro del Instituto de Cultura Puertorriqueña, que se le dedicó precisamente a él.  Supuse que estaría en la presentación y en efecto, así fue.  Crucé el escenario de la Sala Victoria Espinosa, que es una experimental a saludarlo tan pronto lo vi. Me saludó afectuosamente, agradeciendo mi presencia.  Yo sentía que no podía articular un pensamiento coherente, porque este hombre tiene un efecto hipnótico sobre mí, que me deja casi sin palabras, cosa que siempre me recrimino luego del encuentro.

No tuve que recurrir al plan, gracias a Dios, porque una amiga periodista me incluyó en la lista de invitados, así que no me expuse a la vergüenza de que me negaran la entrada, luego de que yo había estado pensando en el ajuar que usaría.  Ser desalojada como intrusa del Museo de Arte de Puerto Rico, con mi little black dress, mi reloj bueno y sortija de ónix no es una experiencia que quisiera tener.  Tras cruzar el vestíbulo y esperar unos minutos, tuvimos acceso al teatro. Lo divisé de inmediato al pie de la sala de teatro del Museo.  Estaba conversando con otras personas y no quise interrumpir, por lo que procedí a sentarme en la segunda fila, más o menos. Por fortuna, él terminó de hablar con algunos de los presentes que acudían a saludarlo, se dirigía a su asiento en primera fila y pasaba frente a donde yo estaba ubicada.  Profesor, le llamé y me identifiqué.  Sí, claro, Ana Olivencia; qué bueno verte, me dijo.  Leí tu carta, me recordó.  La carta es otra historia, pero lo importante es que me recordó.  En este punto ya yo había pasado de la anticipación del encuentro al éxtasis.

La primera parte de la actividad consistía de una anécdota que relatarían algunos de los colegas del escritor, seguido de la lectura de un extracto de alguno de los textos que le hubiesen impresionado.  Fue hermoso escuchar los testimonios de Mayra Montero, Cezanne Cardona, Manolo Núñez, Mercedes López Baralt, Idalia Pérez Garay, Benjamín Torres Gotay, rindiendo tributo a quien es compañero columnista en el periódico o colegas de antaño en la IUPI. En cuanto a los últimos, es evidente el afecto que le tienen a su ex colega – un afecto que es evidentemente recíproco.  Idalia leyó un monólogo de La pasión según Antígona Pérez, con la maestría de siempre aderezada por la presencia de su autor.  Cezanne Cardona, ahora compañero en el periódico, escogió un ensayo que conozco – Pelo malo.  Me trajo recuerdos del horrible proceso al que me sometía mi mamá para lograr alisar mis rizos.

Benjamín Torres Gotay manifestó que no había tenido el placer de conocer personalmente al homenajeado, pese a evidentemente conocer su obra.  Escogió un pasaje de una columna aparecida hace varios años y que yo conocía: ¡¡¡Alaska!!!, que trata sobre este puertorriqueño que decide abandonar la isla para irse –of all places, a Alaska y comienza a despotricar contra nuestro terruño haciendo un inventario de todos los males. Busqué la columna porque sé que me había impactado su lectura y en efecto la recordé plenamente y me causó el mismo encabronamiento del alma- cita textual. Me lo causa cada vez que veo a puertorriqueñ@s en ese horrible placer enfermizo de ensuciar el nido propio.

Me encabrona, sobre todo en aquéll@s que habiéndose ido por tan sólo meses, súbitamente sienten que allá en Nueva York, Chicago, Miami, u Orlando todo es una maravilla y acá -se ensucian la boca diciendo-  todo es una porquería.  Eso, aunque tengan que tener hasta tres trabajos para pagar apartamentos de cartón y no tengan tiempo para disfrutar el mucho dinero que dicen ganar pero que así mismo tienen que gastar en los costosísimos alquileres. Y ni hablar de que no pueden hablar español en lugares públicos, porque seguida les dicen que se vayan a su país, porque el gringo promedio no sabe distinguir entre un puertorriqueño, un dominicano o un mejicano, que del mismo modo merecen respeto.  No saben, ni les interesa saber dónde está Puerto Rico.  Y no sigo, porque el tema es la ilusión.

Después de los tributos, finalmente se dio paso al conversatorio, hábilmente dirigido por Ana Teresa Toro, quien guió el comienzo de los temas que Luis Rafael Sánchez se encargaba de elaborar, adornar yendo por los laberintos de la memoria y arribando siempre, al punto preciso.  Asombra su mente prodigiosa, su memoria vívida.  Embelesa su tono de voz fuerte, viril, capaz de alcanzar diversos matices y evocar emociones fuertes y por momentos tiernas.  El relato de su tío, un hombre cabal como él lo describió nos deja ver la importancia de los modelajes que la familia ofrece. Relató experiencias de la niñez, de la juventud temprana con candidez, sin poses de gran intelectual, pese a que derecho tiene.  También incluyó anécdotas de experiencias amargas y de la importancia de ser quien uno es, independientemente de lo que digan los demás.  Dice que no le gusta que le llamen maestro, ni mucho menos el escritor nacional.  Y bueno, cada uno de nosotros es maestro a su manera.  Unos enseñan lo que debemos y otros lo que no debemos ser.  Para mí siempre será mi profesor, porque así lo conocí.

Por supuesto que después de que salí de la IUPI  ha seguido escribiendo y ganando mayores reconocimientos.  Leerlo es un gozo y se me infla el pecho de orgullo al saber que yo lo tuve como Profesor –que podía hablarle, hacerle preguntas y deleitarme con su voz cada vez que iba a clase.  Cada vez que leo una de sus columnas en el periódico me parece escucharlo y me siento a leerle con calma, disfrutando cada palabra, cada imagen, cada idea que pude haber tenido yo, pero que hasta ahora no he sido capaz de decirla con la misma maestría –al menos no con la frecuencia que él lo hace.

Y dueño y señor del espacio como lo es, cuando sintió que ya se había dicho lo necesario, él mismo puso fin al conversatorio.  Salimos a disfrutar el coctel mientras  él permanecía aún en el teatro.  Compartimos un poco con Cezanne, con quien intercambié mis experiencias particulares con mi llamado pelo malo y al rato llegó él.  Logré verbalizar algunos pensamientos coherentes, porque su presencia me desconcierta y le relaté el plan que había urdido para llegar a verlo.  Me dijo: pero me hubieras llamado y venías como mi invitada. Y claro, yo no tengo su teléfono y dudo mucho que me hubiera atrevido a llamarlo, pero me sentí feliz de que él me tomara en cuenta.  Nuevamente me agradeció mi presencia y entonces, un amigo ofreció tomar una foto.  Yo me sentí cohibida, porque no me gusta eso de aparecer en fotos con gente famosa, como si yo quisiera que algo de su presencia se me pegara, o que yo pretendiese tener una relación más estrecha de lo que es.

Luis Rafael Sánchez hizo gala, una vez más, del caballero que es.  Me ofreció su brazo y posó su mano sobre la mía, para una foto que para mí será memorable.  Significa el privilegio de haber tenido su presencia por tantos años, aunque no lo viera con frecuencia.  Significa un referente para ser mejor profesional, mejor ser humano. Significa la permanencia de la ilusión, que me habita y no me abandona.  Cada vez que anticipo uno de estos encuentros fugaces me renuevo.  La mujer joven que comenzaba a descubrir un mundo totalmente nuevo en la universidad vuelve a habitarme y sigo descubriendo, anoche  del brazo de Luis Rafael Sánchez y en el futuro, figurativamente.  La foto es demasiado especial para compartirla en su totalidad y no quiero que se desvirtúe su propósito.  Aquéllos muy allegados a mí saben el valor que tiene para mí.

A mi Profesor, le agradezco llevarme en las alas de la ilusión y aguardo con fe el próximo vuelo.

9 de junio de 2022

 

sábado, 21 de mayo de 2022

Privilegio

 






EL PRIVILEGIO DE NACER EN ESTA TIERRA

 

A principios del mes de abril decidí quedarme unos días en Rincón, para celebrar de una forma muy particular el natalicio de mi papá.  Pasé tres días hermosos en Villa Cofresí, solita con mis estrellitas y Papi en el corazón.  Al regreso pensé escribir sobre la experiencia, pero otros asuntos interfirieron con mi disposición para sentarme a escribir.  Hoy he decidido juntar las experiencias de Rincón con otras, porque todas son parte del mismo regalo que me ha dado la vida al colocarme en esta bendita tierra.

Cuando tomé la decisión de ir a Rincón pensé que me llevaría mis dos estrellitas de guata, por aquello de que son una representación de las estrellas de mar, así que Estrellita y Perli (del personaje Pearl de la película Finding Nemo) me acompañarían. 


No me sirvieron de nada para resolver mis problemas direccionales, pero vamos, eran compañía.  La primera parada fue para contemplar la enorme bandera de Puerto Rico en el mirador camino a Quebradillas.  Ver esa bandera ondeando me emociona.  Más tarde, cuando tuve que dejar la carretera núm. 2, me perdí -¡tres veces!, pero finalmente llegué al hotel.

Durante la estadía disfruté de las espectaculares puestas de sol, caminatas por la playa y la amabilidad del personal del hotel  Sin duda, la distancia de la zona metropolitana tiene un efecto suavizador en el carácter de la gente.  Por las mañanas me sentaba a disfrutar el desayuno con Estrellita y Perli,   

 leía La Palabra Diaria y me ocupaba de registrar los agradecimientos por las bendiciones recibidas el día anterior antes de dar mi caminata para hacer el poco ejercicio que hago, escuchar el rumor de las olas, ver el vuelo de los pelícanos y sentir la arena y el agua salada en mis pies.

El día que debía regresar, tras la caminata, me senté a contemplar la belleza del paisaje marino y vino a mi mente la canción Bello amanecer, de Tito Henríquez. La melodía ha permanecido en mí y se ha arraigado durante estas semanas luego de esa visita.  Al regreso de Rincón, decidí detenerme en un lugar cercano al hotel en el que hacen unas empanadillas de marisco exquisitas –Kaplash.  Como no sabía si con el tiempo el tamaño habría variado, decidí pedir solo dos –una de camarones y otra de combinación de mariscos.  El tamaño no era pequeño y estaban bien rellenas, pero como soy tan glotona, pedí una de langosta. Las tres estaban exquisitas –con la sazón en su punto, crujientes, de un color dorado pálido, que denota que quien las frió sabe lo que tiene entre manos.  Esto de freír es un arte –hay que esperar a que el aceite esté a la temperatura adecuada, para que no se quemen por fuera ni absorban demasiada grasa.  Estaban de-li-cio-sas.

Con mi pancita llena de marisco enfilé rumbo a San Juan y afortunadamente no me perdí.  Me detuve en el negocio que hay en Quebradillas en el que venden dulces y quesos típicos.  Compré galletas cuca y marrallo para un amigo; gofio y dos tipos de queso para mí.  Uno de los quesos es el tradicional queso blanco y el otro no lo había visto antes –contenía hierbas y días después lo probé durante un almuerzo que preparé para unas amigas.  Estaba exquisito, pero no sé si tendré que volver a Quebradillas para conseguirlo, porque nunca antes lo había visto.

Durante las semanas siguientes he tenido experiencias muy hermosas de compartir con amigas muy especiales a las que me une el gusto por las artes y el buen comer. A veces salimos a disfrutar en algún restaurante y otras en mi apartamento o en su casa –lo importante es el compartir.  También el artista Carlos Sueños me recordó que la exposición de una coleción privada en el Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR) que contenía una de sus obras cerraba en esos días, por lo que me invitaba a verla.  Ese día estaba algo complicada, pero decidí ir porque quise honrar el pedido que me hacía.  La visita al MAPR resultó infinitamente mejor de lo que esperaba. Aparte de la obra de mi amigo, pude apreciar otras de Myrna Báez, Martorell, Arnaldo Roche, Jaime Suárez, Alicea y otros que admiro.  Carlos llegó al poco rato de yo estar allí y me dio mucho gusto saludarlo. Como si fuera poco pude ver la exhibición en préstamo del Museo de Arte de Ponce (MAP) que contenía el icónico cuadro de Leighton, Sol ardiente de junio (Flaming June).  ¡Fue como ir al MAP sin tener que llegar hasta Ponce!



Cuando salí de las salas de exhibición decidí pasar por los jardines del museo, porque me transmiten mucha paz.  Allí estaba el estanque con los peces koi, los cuales se acercaron al sentir mi presencia.  Quisiera pensar que acudieron a saludarme, pero sospecho que simplemente pensaron que yo los iba a alimentar.  Espero no se enojaran conmigo. 



Seguí el recorrido y vi cómo se mantiene esa sensación de paz.  Cargada de esas emociones tan sanadoras, me fui.  Luego recibí un mensaje de Carlos agradeciéndome mi visita y que fuese su amiga.  Se me nublaron los ojos, sobre todo cuando incluyó un mensaje que aparecía en las redes y termina diciendo “Sé como el agua…buena y transparente”.

Esto me retrotrajo a una llamada que recibí de un amigo que fue mi pareja hasta hace más de 20 años, en la que me manifestó que yo había sido en su vida como un vaso de agua clara en medio de aguas turbias. ¿No es hermoso?  Mi naturaleza pisciana me mantiene conectada al agua, los peces y por supuesto, las estrellas de mar.  Con el tiempo, he aprendido a fluir, dejando atrás todo lo que no me hace bien y fijando mi atención en todo lo hermoso que este mundo tiene para ofrecer.

Entre las bendiciones más recientes está mi voluntariado en la Fundación Luis Muñoz Marín (FLMM), que me ha brindado la oportunidad de aprender más sobre nuestra historia y me ha traído nuevas y excelentes amigas con las que comparto en y fuera de la Fundación.  El pasado miércoles tuvimos la oportunidad de hacer una excursión organizada por el director del Archivo Histórico de la FLMM, Julio Quirós, para ver la exhibición de los 100 años de la radio en Puerto Rico, gestada por Luis Molina Casanova.  Fue una interesantísima experiencia. Tras esa visita y un corto encuentro en las oficinas de la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, donde nos obsequiaron hermosos libros, hicimos un alto para almorzar y varias amigas escogimos un lugar que al menos yo, no había visitado. Se encuentra  cerca de la recién restaurada Iglesia San José, la cual yo no había visto tras  los trabajos recientes. Desde el lugar que escogimos para sentarnos a almorzar, divisé un ángulo de la fachada de la Iglesia que me pareció interesante y le tomé una foto.

Tras el almuerzo, pudimos ver el interior de la Iglesia, que está hermoso. Luego  visitamos otras exposiciones en Ballajá, incluyendo una de Antonio Martorell que me dejó anonadada. Había olvidado que esta exhibición contenía la pintura en tela Las manos de Andrea, un retrato de su hermana Consuelo embarazada, para lo cual usó de modelo las manos de Andrea, la mujer que fue asesinada por su compañero el año pasado.  En ese momento Martorell no imaginó el significado que adquiría su cuadro sobre tela, particularmente porque su hermana se llamaba Consuelo.  Me emociono sólo de pensar en el simbolismo inesperado de su obra.  Y hay otras piezas en la exhibición, plenas de simbolismos y que evidencian el genio creador que es Antonio Martorell. Tras ver las exhibiciones, visitamos las oficinas de la Oficina Estatal de Preservación Histórica, (SHPO por sus siglas en inglés), donde nos obsequiaron más exquisitos libros.  Salimos cargad@s de arte y buenas experiencias.

Y como si todo este despliegue de bendiciones recibidas en menos de dos meses no fuese suficiente, ayer fui al concierto de Danny Rivera – Alma de cantor- en El Teatro de la IUPI.  

Sí, así en mayúsculas, porque este es un teatro con magia, que encierra múltiples recuerdos de mis tiempos de estudiante.  Al llegar, fui primero a visitar la plaza frente a La Torre, porque para mí, visitar los predios de la IUPI tiene algo de sagrado y hay que acudir al altar. 


Y el entorno de la IUPI está también ligado a Danny Rivera, cuyas canciones se popularizaron durante esos tiempos.  Amada amante, Libre, Amar o morir son sólo algunas.  De tiempo posterior a mis años de estudiante es una contenida en su disco Serenata – Mujer abre tu ventana, que todavía me hace suspirar y desear que un hombre amoroso y tierno me brinde una serenata.

Danny no sólo cantó sus éxitos, sino también danzas y lo que fue para mí la gran sorpresa, el aria de la ópera Elixir de amor - Una furtiva lágrima, de Donizetti.  Se me hacía difícil creer que Danny fuese capaz de interpretar ópera y mientras cantaba, rogaba que no fuese a fallar, pero salió triunfante de ese reto que él mismo se impuso.  Hay que tener agallas para lanzarse a cantar algo así cuando se es un cantante de música popular más que reconocido, cuyo público quedaría más que complacido con tan sólo escuchar sus éxitos. Danny nos dio a tod@s una gran lección: nunca es tarde para abordar nuevos retos.

El concierto estuvo cargado de emoción y en un momento, tras interpretar Amada amante, el público, yo incluida, le proporcionó una merecidísima y prolongada ovación que hizo llorar al querido intérprete.  Por supuesto, el concierto finalizó con Tu pueblo es mi pueblo, que es una especie de himno que hace que tod@s nos pongamos de pie y cantemos con y desde el alma.  Salí de la IUPI feliz, cargada de hermosas emociones y sobre todo, orgullosa de saber que esta tierra es capaz de producir tanto talento en todas las manifestaciones del arte, así como producir gente de espíritu noble.

Los últimos años nos han golpeado muy fuerte: huracanes, terremotos, junta de Control Fiscal, la colonia al descubierto, los desmanes de compañías como Whitefish y LUMA, la corrupción que se descubre, pero nada, nada de eso puede opacar la grandeza de este pueblo reflejada en los pocos detalles que he tenido el privilegio de experimentar en menos de dos meses, pero que han estado en mi vida desde siempre.  Más aun, seguirán estando ahí, porque este pueblo tiene un alma gigante.  Por eso resuenan en mi mente unas líneas de la canción Bello amanecer:

Orgullosa me siento una y mil veces

Y le agradezco al Señor me permitiera

Haber nacido en esta tierra tan hermosa

En esta tierra donde mis ojos

Vieron la luz por vez primera.

21 de mayo de 2022

 

domingo, 8 de mayo de 2022

Madres

 



¿MADRE YO?

Mi mamá siempre decía: las cosas se hacen bien o no se hacen.  Tal vez me tomé demasiado a pecho el aforismo y por eso decidí no tener hij@s.  Para algunas personas esta admisión es inconcebible, porque piensan que el anhelo de toda mujer es ser madre.  Tan fuerte es esta noción pre concebida, que muchas no se atreven admitir que no quieren serlo y terminan teniendo hij@s por la razón equivocada –no porque lo desean, sino porque es lo que se supone que hagan.  En el proceso, unas terminan siendo madres espectaculares, pero otras, tristemente, terminan siendo madres maltratantes, cuyos hij@s quedan marcad@s de por vida.

Poca gente sabe que no soy madre por decisión, pero aquéllas a quienes les he revelado esta realidad me han dicho que yo hubiese sido una madre magnífica.  Les agradezco el cumplido, pese a que no estoy tan segura de ello y me hace pensar en el valor que tuvieron  todas las mujeres que ante las dudas de su capacidad de ser buenas madres se lanzaron al vacío y se embarcaron en este proyecto de toda una vida, que es traer al mundo una persona que en primer lugar, ni siquiera saben qué retos de salud puede tener.  En segundo lugar, no saben si esa criatura resultará ser insoportable.  Créanme –he visto hij@s de madres espectaculares, que me confirman que tomé la decisión correcta.  Por último, criar no es una tarea de sólo un tiempo –el vínculo madre-hij@ se mantiene de por vida y aún más allá.  Son miles las mujeres que pensaron haber cumplido su misión, cuando un accidente les vuelve a poner al cuido de ese ser que hace años dejó de ser menor de edad.

Hay mujeres que han querido ser madres y por caprichos de la naturaleza no han podido serlo y se lamentan toda la vida de esa realidad. Otras abrazan la idea de la maternidad a través de la adopción y son tan madres de esa criatura como cualquiera que le haya parido.   Esas que deciden criar a quienes no les une ningún vínculo de sangre o que teniéndolo no tienen obligación de asumirlo, tienen todo mi respeto. Hay quienes  se convierten en madres “postizas” de sobrin@s, ahijad@s o niños que residen en hogares para niñ@s maltratad@s.

Según algunas de mis amigas, yo canalizo la maternidad de otra forma.  Y que conste que por mi condición de mujer hablo de maternidad, pero en el caso de los varones, también ocurre que muchos canalizan esa vocación de ser padres de distintas formas.  Tener la capacidad de formar un ser humano no es exclusivo de las mujeres –los hombres también tienen esa capacidad, pero ese es otro tema. 

Hoy recibí un mensaje hermoso de mi Buddy, en el cual me manifiesta que yo he ejercido la maternidad de diversas formas con ella, particularmente a través de la cocina.  Mi amiga Camencita me dijo que yo soy madre de proyectos; cuidadora y apoyo de muchos. Mi profesora de italiano me celebra mis consejos de  “sabiduría maternal”. Muchas de esas cualidades las heredé de mi mamá, que se ocupaba de los vecinos, asumió la crianza por un tiempo de una sobrina, mi prima Adelita y solía deleitarnos a tod@s con sus creaciones culinarias.  Cada vez que hago postres, me conecto con ella.  Ofrecer un postre o un plato especial es una forma de dar amor.  En ese sentido, me gusta mucho la palabra nurture en inglés, porque encierra todo: criar, alimentar, cuidar.

Si existe tal cosa como el instinto maternal, lo he puesto en práctica cuando cuidé a Gatito, el gato amarillo de Buddy o a Morella, la gatita un poco antisocial de Aura; cuando acaricio los gatos realengos que rondan mi edificio, cuando cuido de Matita, el pequeño pino que me acompaña hace como 20 años.  Lo pongo en práctica cada vez que miro la situación de otros con compasión; cuando comparto mi comida con vecinos o amistades, cuando busco la forma de contribuir a aliviar el dolor de los que sufren o cuando me identifico con el esfuerzo de las madres al momento de parir, pese a que nunca lo he hecho. 

Y lo que yo hago es poco, poquísimo, comparado con lo que hacen tantas mujeres que sin haber tenido hijos, dan ese amor de madre a tantos seres. Creo que no hay ejemplo mayor de ese amor totalmente desprendido que el de la Madre Teresa de Calcuta, quien se entregó de lleno a cuidar a los más desposeídos.  Hoy no faltarán felicitaciones para aquéllas que han tenido hijos, estén o no presentes. Quiero de algún modo demostrar mi aprecio a todas las mujeres que sin ser madres, han hecho una diferencia en la vida de otro ser viviente.

Namasté

8 de mayo de 2022

martes, 12 de abril de 2022

Nieve

 



NIEVE Y DISTRACCIÓN

Ya hace una semana del apagón general que tuvimos y ocasionó pérdidas, disgustos, dolores de cabeza, frustraciones y una razón más para hacer memes sobre los intentos de explicaciones del gobierno y su alter ego LUMA.  Este engendro se supone venía a resolver los problemas que la Autoridad de Energía Eléctrica no pudo resolver. Previo a entrar en funciones en junio  pasado, LUMA estuvo un año conociendo –supuestamente- y cobrando, literalmente, por esa familiarización.  Entró en funciones con un déficit de empleados y un déficit de credibilidad que al día de hoy no sólo no se ha reducido, sino que se ha acrecentado.  Para mayor desgracia, justo al inicio de asumir el control surgió el primer apagón y las vueltas a la noria para no dar una explicación creíble, lo cual se ha convertido en costumbre.

Luego del verano pasado han ocurrido más apagones e interrupciones en el servicio.  En mi caso, hay temporadas en las que el servicio se va todos los días –a veces por minutos; a veces por horas.  Me preocupo cuando llueve mucho, pero a veces me he quedado sin luz bajo un sol resplandeciente.  Cuando horneo bizcochos siempre ruego que no se vaya la luz. Cuando se va por minutos, es como un alivio.  Cuando se va por horas, es desesperante.  Durante  este último apagón estuve unas 15 horas y media sin luz y luego que regresó se volvió a ir varias veces –afortunadamente sólo por minutos.  Mientras esperaba durante esas 15 horas y media, me preocupaba por el contenido del congelador, al que no quería ni mirar.  Pero la mayor preocupación era tener que recurrir a la estufita de gas, porque le tengo pánico.

El apagón fue a eso de las 8:45 de la noche. Estaba viendo televisión y no pude ver el final de una serie española muy buena.  Para mala pata, tenía como mitad de carga en el teléfono y como 10% en la tableta, así que no quise ponerme a averiguar mucho, para ahorrar batería.  Cuando finalmente me decidí a investigar la causa, supe que la cosa iría para largo y me acosté sin poder usar la máquina de terapia respiratoria.  Por fortuna mi apartamento es bastante fresco.  A la mañana siguiente ni asomo de un poquito de luz que no fuera la del sol y se desvanecía la esperanza de que la luz volviera para no tener que prender la estufita. Nacarile –a eso de las 8:30 el hambre arreciaba y las tripas  reclamaban café.

Una amiga me regaló uno de esos aparatitos para prender estufas de gas que permiten prenderlas desde una distancia mayor, pero no me funcionó.  Ni modo, acudí a unos fósforos que son más largos que los normales y luego de conectar la estufita al pequeño tanque de gas – de esos que se usan para acampar, abrí la llave del gas y nerviosamente intenté prender la estufa.  Se me apagó el fósforo.  Al segundo intento, acerqué el fósforo con manos temblorosas y ¡fum! se prendió la estufa. Este ¡fum! con la enorme llama siempre me causa pavor, pero superado el susto, le sigue rogar que una ventisca no apague la llama.  Retos superados.  Café con leche y tostadas en una plancha, con mantequilla.

Después que  como, suelo tranquilizarme, así que ya lo saben, si tienen algo difícil que comunicarme, asegúrense que haya comido, porque cuando tengo hambre me transformo. Por fortuna la luz volvió al mediodía, así que fue un alivio saber que no tendría que volver a escuchar el ¡fum!  Y mi buena fortuna no fue la de la mayoría.  Creo que mientras yo pensaba qué iba a cocinar en mi estufa eléctrica y sacaba víveres aún frescos de la nevera, más de la mitad de de población permanecía sin luz. Hubo gente que estuvo 5 días sin luz.  Las pérdidas de comida en hogares y negocios son incontables.  Que no es lo mismo que yo pierda un steak, dos pechugas, una salchicha italiana, unos canelones que me sobraron, unas empanadillas de mariscos que me quedaron exquisitas, varios paquetes de queso rallado, media docena de huevos y dos o tres cosas más que puedo reponer –aunque perder los canelones y las empanadillitas me hubiera dolido mucho- a que las pérdidas las sufra una pareja de pensionados que sólo tienen una pensión reducida o un chequecito de seguro social que a duras penas alcance para cubrir lo indispensable.  No es lo mismo que yo pierda lo ya mencionado que descansaba en mi nevera y congelador, a que una familia con niños pequeños o una viejita en el campo pierda lo que no podrá reponer en buen tiempo. Se me parte el alma de pensarlo.

Mientras la gente estaba en sus casas enfrentando la situación como podían vi la conferencia de prensa citada al otro día, en la que nadie podía dar una fecha cierta, ni aproximada tan siquiera, de cuándo podría restablecerse el servicio.  Y entonces entra en escena este bomboncito que presumo pusieron para que diera cara a nombre de LUMA en lugar de su presidente, el Stensby ese que nos revienta.  Imagino que uno o varios genios de las comunicaciones pensaron que sería un éxito poner a este hombre de buen ver, que se expresa en español a dar las explicaciones a nombre de LUMA.  Bueno, habló, pero dar explicaciones, lo que se dice explicaciones, no.

En un momento dijo que la gente en la calle dice que el servicio está mejorando.  Yo, que estaba sentada frente al televisor viendo y oyendo al bomboncito, exclamé, como si él me estuviera oyendo a mí: ¡EMBUSTE! Y entonces se inspiró y dijo que “no quisiera que una noche de nieve desluzca una primavera hermosa”. Yo no sé si es casado o tiene novia –o novio- y ha utilizado imágenes similares para conquistar, pero presumo que salvo a los genios que lo colocaron allí apara adornar –digo- comunicar, conquistó a muy pocos.  Tal vez a los guaynabitos y a los que tienen placas solares y mega plantas eléctricas, no esas chiquititas a las que sólo puede conectarse la nevera y duran como  mucho 8 horas antes de que haya que darles de beber.  Y esos, literalmente son otros 20 pesos, porque para colmo, la gasolina está por las nubes.

Pues sepa el bomboncito que en la calle que yo vivo la gente no está contenta con el servicio y para la mayor parte de la población esto se siente como un invierno completo, no una noche de nieve, con el desastre que debe suponer una nevada sobre las líneas eléctricas del trópico que  jamás han visto nieve y no están preparadas para el peso que eso supone. Ya me imagino los postes cayendo como fichas de dominó bajo el peso de la nieve y nosotros, sufriendo por semanas sin energía eléctrica.  Y el horror es que estamos a ley de na’ para la temporada de huracanes y de eso, lamentablemente-  sabemos demasiado.

El bomboncito cuyo nombre no recuerdo debe estar tranquilo.  Si le va mal en LUMA o como abogado, ya sabe que puede irse a animar concursos de belleza o reality shows- que ya sabemos que tienen mucho de show y poco de reality.

En Cupey, a 12 de abril de 2022 y afortunadamente, aunque no sé por cuánto tiempo, con luz.

domingo, 3 de abril de 2022

REGALOS

 




REGALOS DEL ALMA

Llevo un tiempo algo desorganizada, con ideas en la cabeza que no logran transferirse a la pantalla.  Al revisar los archivos de mi blog, me doy cuenta que el año pasado fue el que menos volumen de escritos muestra.  No es que sea importante, ya que yo escribo por placer, no por obligación, pero me resulta interesante observar ese semi - abandono de una práctica que me produce mucho placer y que suele fluir con facilidad.  Pero basta de análisis. Hoy escribo porque tengo muchas emociones hermosas acumuladas.

El mes pasado celebré mi cumpleaños –algo que disfruto antes, durante y después de la fecha exacta.  Disfruté almuerzos, celebraciones conjuntas con amigas que cumplían el mismo mes, mensajes que me expresaban un cariño genuino, algunos regalos que provenían de manifestaciones del Universo, sin que el que ofrecía el regalo supiera que en efecto lo ofrecía, o que en efecto, es un regalo eterno.  Señalo algunos ejemplos concretos.

Hace más de 40 años conocí a la esposa de un amigo de mi ex, que se convirtió en mi amiga por derecho propio.  Yo estaba recién casada y poco a poco Elena y yo fuimos cimentando nuestra amistad con el pegamento del gusto por la repostería.  Solíamos embarcarnos en provectos de hornear bizcochos o hacer pastelillos y pasábamos horas en esa actividad, hablando de sucesos cotidianos.  Con el tiempo, la vida nos fue llevando por distintos caminos, pero siempre el afecto permanece.  Ella cumple dos días antes que yo, razón por la cual solemos celebrar juntas el cumpleaños, usualmente en los primeros días del mes. Este año la celebración se dio más tarde –a mediados de mes.  Lo que yo no imaginaba era recibir una tarjeta de su parte que tiene más valor que cualquier regalo.


La expresión de amor que hace Elena me emociona.
  Siento que ella valida el afecto que nos hemos profesado y que pese a que a veces he sentido que no me he comunicado lo suficiente, ella ha sentido mi cariño. Esta tarjeta vale más que cualquier regalo y permanecerá en esa gaveta en la que guardo objetos –casi todos escritos- que son especiales para mí.

Otro regalo que recibí y que él ni sabía que era un regalo, fue el regalo de una sonrisa.  Este año el Instituto de Cultura Puertorriqueña dedicó el Festival de Teatro a Luis Rafael Sánchez e inauguró el Festival con la puesta en escena de su obra Quíntuples. Quienes me conocen saben que yo estaría allí la noche de apertura, con la ilusión de ver a mi adorado Profesor.  Y en efecto, lo vi y lo escuché.  Como una adolescente que acude a ver su artista preferido, me atreví a cruzar el espacio que nos separaba y acudí a saludarlo.

Me temo que Luis Rafael Sánchez dudaría de mi capacidad intelectual, porque sentía que ante su imponente figura no podía transmitir ideas que  mereciesen ser escuchadas, pero él me regaló –como diría Luce López Baralt en su exquisita prosa –el relámpago de su sonrisa y yo añado el embrujo de su voz.  Escuchar mi nombre en esa voz es un regalo en sí mismo.  Presenciar su elegante figura en vivo y a todo color –con el amarillo de una mañana de sol tropical de su guayabera- es un lujo.

No me regodeo en todas las emociones vividas esa noche, porque sería redundar.  Salí del teatro como si flotara y por momentos me arrepentía de no haberle tomado una foto, pero luego me doy cuenta que ninguna foto sería capaz de reflejar lo que yo veo en la persona de Luis Rafael Sánchez, que va más allá de su talento y se entremezcla, como una confección del mejor bizcocho que jamás haré,  con admiración, deslumbre y vamos, lo admito –enchule.

El mejor regalo palpable de esta celebración lo  recibí precisamente en la reunión que tuvimos para festejar los cumpleaños de tres compañeras voluntarias de la Fundación Luis Muñoz Marín que al igual que yo, cumplen en marzo.  El evento sería en casa de otra amiga que es un regalo en sí misma, Sary, quien siempre nos recibe con una mesa exquisita y unas atenciones que ni una coordinadora de eventos de esas que se usan ahora podría igualar.  Una de las compañeras se me acercó de forma discreta y me dijo que ella había leído en mi libro que yo no tenía fotos de la niñez en las que apareciera sola con mi papá y ella, que es pintora, quería hacer un retrato.  Usó como referencia un boceto de Papi que aparece en el libro y por supuesto, me conoce, así que esa parte resultaba menos complicada. Contuve las lágrimas de emoción por lo que me decía.

Ver el retrato donde aparezco con mi Papito me produjo una mezcla de emociones.  Primero, me maravilla que esta amiga de cuño más reciente tuviese la sensibilidad de pensar que quería plasmar en un lienzo la conexión que sintió había y hay entre mi papá y yo.  Segundo, que fuese capaz de transmitir su sentimiento y el nuestro en su obra.  Le aseguré que buscaría un lugar prominente para colocar el pequeño cuadro, que adorna este escrito.  Como la Mona Lisa, puede parecer mucho más grande, pero contrario a mi decepción al ver esa obra en el Louvre, la obra de Carmen Cervoni encierra para mí todas las emociones relacionadas con las  manifestaciones del amor paternal y el de la amistad en un pequeño cuadro.

No escribí estas reflexiones inspiradas en mi celebración de cumpleaños en el mes de marzo, pero Dios/el Universo tiene un tiempo perfecto.  Hoy mi Papito, quien es el mejor regalo que jamás tendré, cumpliría años.  Lo celebro una vez más conectando con su energía.  Abrazo al infinito de,

Tu hija

3 de abril de 2022

 

martes, 8 de marzo de 2022

Voluntarias

 




LAS VOLUNTARIAS TAMBIÉN SOMOS MUJERES TRABAJADORAS

Hoy, 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en recuerdo de las luchas de mujeres que por años reclamaron mejores salarios y condiciones de trabajo. Esa lucha  se puso aún más de manifiesto a comienzos del siglo 20, cuando cientos de mujeres quedaron atrapadas en una fábrica en llamas.  En 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  Desde entonces, se han celebrado miles de actividades que pretenden, a veces sin lograrlo, destacar la aportación de la mujer.

Algunas de esas celebraciones se centran en la imagen tradicional de madres abnegadas y perpetúan la grave injusticia de la doble jornada, destacando que muchas mujeres laboran de forma asalariada durante 8 o más horas, para luego llegar a la casa a hacer los oficios del hogar –cocinar, limpiar, ayudar a los hijos con las tareas y terminar extenuadas.  Es de notar que en muchos hogares hay varones que muy bien pueden compartir las tareas, pero ni se inmutan.  Algunas mujeres no trabajan fuera del hogar, pero trabajan sin remuneración manteniendo un hogar y resolviendo los problemas de la familia inmediata y de la lejana también.

Hay otro grupo de mujeres que trabajen asalariadas o no, deciden hacer trabajo voluntario.  A ese grupo pertenecemos las voluntarias de la Fundación Luis Muñoz Marín, quienes nos dedicamos a trabajar con documentos históricos de Puerto Rico relacionados no sólo con Muñoz, sino con todo lo que acontecía en el país o el mundo durante su tiempo.  Cabe destacar que también hay hombres voluntarios, pero constituyen, como excepción a la regla de que las mujeres somos más, una exigua minoría.  Las razones son múltiples y no soy socióloga, pero una conocida me ofreció su versión al intentar justificar por qué ella no trabajaba como voluntaria.

Según esta mujer, los hombres no están dispuestos a trabajar sin remuneración y son siempre las mujeres las que se ofrecen.  En su caso, no está dispuesta a ofrecer su tiempo de forma gratuita.  De ese modo, ella “nivela” la disparidad entre hombres y mujeres. Las generalizaciones son peligrosas y aunque hay algo de verdad en lo que ella plantea, hay muchos hombres que hacen trabajo voluntario.  Las razones por las cuales muchos no lo hacen son complejas y tienen que ver con un condicionamiento social.  Sostengo, como teoría y porque lo he visto, que tanto hombres como mujeres tienen la capacidad de dar de sí de forma desinteresada.

Lo otro que resulta peligroso es la actitud de muchas mujeres que –en un reclamo legítimo de igualdad, pretenden acercarse al modelo tradicional del hombre trabajador, cuando debería ser al revés.  No se trata de que los imitemos en todo, sino en aquello de beneficio como sociedad.  Por eso me parece horrible que muchas mujeres quieran practicar el boxeo-una actividad cruenta cuyo objetivo es golpear al oponente hasta que no se pueda levantar.  El objetivo debería ser que todos –hombres y mujeres- no entraran en esa actividad.  Del mismo modo, para alcanzar el éxito laboral las mujeres debemos hacer uso de nuestra mayor fortaleza –la empatía, la atención a los detalles, en lugar de tratar de imitar unos estilos agresivos del mundo corporativo.  Y los estilos son sólo eso, no pertenecen a un género, pero nos han sido inculcados generación tras generación y tanto hombres como mujeres somos presa de ese condicionamiento social.

La mujer que me expresó su resistencia a ser voluntaria es presa de ese condicionamiento y se pierde una oportunidad de oro.  Quienes ejercemos el voluntariado, contrario a lo que se dice, sí recibimos algo a cambio, aunque no lo buscamos.  En mi caso, el orgullo de aportar algo en beneficio de la preservación de nuestra historia.  He tenido la oportunidad de participar de varias actividades culturales.  Tengo el privilegio de transitar por los predios donde una vez vivió un matrimonio que con los errores que décadas después se sacan de proporción o de contexto, estuvo dedicado al servicio al país.  Tod@ puertorriqueñ@ debería ver esa casa y sus alrededores. Por último y no menos importante, he conocido mujeres extraordinarias, de diversos trasfondos, pero todas dando lo mejor de sí.  Algunas de ellas se han convertido en verdaderas amigas.

Las mujeres voluntarias, como las asalariadas o las amas de casa, también somos trabajadoras, porque por definición hacemos un trabajo.  Ese trabajo se remunera de forma distinta, pero sigue siendo un trabajo, que en este caso debo decir que es sagrado.  A todas las voluntarias, independientemente del tipo de organización en la que presten servicios, les extiendo mi felicitación en este Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

8 de marzo de 2022

 

 

domingo, 6 de marzo de 2022

CUMPLEAÑOS FELIZ

 




CUMPLEAÑOS FELIZ

El jueves pasado celebré mi cumpleaños.  Nada espectacular, sólo actos sencillos que me hacen pensar en el gozo de la cotidianidad que tantas veces pasamos por alto. Una sobreviviente del holocausto dijo que a menudo, durante los días de horror que pasó en un campo de concentración, añoró experimentar una tarde aburrida de domingo en su casa.  Yo no lo pasé aburrida; lo pasé muy bien, pero tal vez algunos miren mis sencillos disfrutes como algo insignificante.  No lo es.

Para empezar, hubo dos personas que se confundieron de fecha y me enviaron felicitaciones el día anterior, pero que por esas pequeñas trampas de la tecnología, terminé recibiéndolas al día siguiente, que era, en efecto el día de mi cumpleaños.  Ese día toqué para mí misma una cajita de música con la melodía –por supuesto- de Happy birthday. Me dispuse a prepararme un sencillo desayuno, mientras iba recibiendo mensajes de felicitación.  Una amiga me llamó y entre otras cosas, me dijo que me admiraba, porque a pesar de todo lo sufrido, me mantenía positiva.  Le manifesté que yo no pensaba que había sufrido tanto –sí, he tenido pérdidas significativas –mis padres, el divorcio, la seguridad económica y varias otras, pero si hago balance, he tenido una vida bendecida.  El amor de mis padres ahora ausentes sigue estando en mi corazón; las vicisitudes que enfrenté me han hecho más fuerte.

Y bueno, las amistades que he acumulado en el camino enriquecen mi vida.  Terminé de preparar el desayuno y decidí colocar el pannino en un platito con una estrella que lee Wish, porque después de todo, una pide un deseo el día de su cumpleaños.  Seguí recibiendo mensajes y más tarde me fui a disfrutar de un almuerzo con un amigo muy querido. Terminé el día feliz y al día siguiente, me fui de compras, en uno de esos actos banales y sin trascendencia que disfruto de vez en cuando.  Después de todo, es mi semana de cumpleaños, así que tengo derecho de hacer lo que me dé la gana.  Ayer me fui al cine sola, porque mi Buddy no pudo acompañarme a ver una película que hace tiempo quería ver y temía la fueran a sacar de cartelera.  No me arrepiento.  Es una película que celebra la amistad en medio del dolor, como tantas veces hemos hecho.  El jueves que viene nos reuniremos para culminar mi semana cumpleañera.

Durante todos estos días, aun cuando he estado en ánimo de celebración, no dejo de pensar en la guerra entre Rusia y Ucrania.  La guerra –la que sea- no me hace sentido.  No me hizo sentido cuando Vietnam y no me hace sentido ahora.  Los grandes imperios se empeñan en mantener su poder y en ocasiones, ampliarlo.  No me considero conocedora de aspectos internacionales.  No conozco las complejidades de la política –que qué vino primero, si el huevo o la gallina.  Que si otros también lo han hecho.  Nada de eso le sirve a las familias que viven presas del pánico, que deben huir de todo lo que conocen.  No es la primera vez que sabemos de estos horrores en distintos confines.

Es muy poco lo que puedo hacer. El día de mi cumpleaños había marcado en mi calendario un programa especial de Radio Universidad, dedicado al tema de la paz.  Escuché varias canciones, algunas que ya conocía y otras nuevas para mí.  Ya había comenzado a compartir las clásicas – Imagine, Oración simple, The Prayer y luego del programa, incluí unas que no conocía.  Decidí usar todos los días un pendiente con el símbolo de la paz que tanto se popularizó en la época convulsa de los años ’70.  De algún modo me conecto con el deseo de paz, que parte no de una superpotencia que se impone al más débil, sino de la conciencia de que toda vida es valiosa.

Ayer hablaba con una conocida, que me preguntaba si me había afectado lo que ocurre en Ucrania y me decía que ella había llorado largamente.  Le dije que por supuesto, me afecta, pero no hay mucho que yo pueda hacer al respecto.  Se embarcó en una de sus largas peroratas sobre cómo el mundo había cambiado, que le parecía horrible que Putin, que era un ser despreciable, hubiese hecho esto y que otros países no hicieran nada.  Y yo me preguntaba si ella quería que iniciaran una guerra nuclear, porque esto de las guerras es el cuento de nunca acabar.  Mientras tanto, yo sentía que ella, sin decirlo, me reprobaba por no estar más afectada por lo que estaba ocurriendo.  ¿Y qué es estar afectada? Con el tiempo, he aprendido a dedicarle energía a aquello que pueda resolver y lo que no, enviar energías positivas, que es lo que he estado haciendo.

Es curioso –a esta misma persona le hablé sobre mi participación  hace un tiempo en una misión de ayuda a Haití.  Ella estaba embarcada en sus quejas sobre las actitudes de la gente, que ya no había respeto, que la gente era desconsiderada y que ella estaba harta.  Con respecto a mi misión a Haití, me dijo que no le importaba -y no me lo dijo en palabras finas.  Parece que según su visión, hay unas personas que merecen  más compasión que otras.  Me cuesta mucho mostrarme compasiva con ella, porque evidentemente necesita una ayuda que yo no le puedo dar.  Hago lo que puedo –no me toca salvar al mundo.

Esta semana de cumpleaños me ha demostrado que puedo disfrutar de todas las bendiciones que recibo, sin que eso implique desconectarme del sufrimiento de otr@s.  ¿Y mi deseo de cumpleaños?  Paz – pero no ese deseo que se expresa en los concursos de belleza, sino la verdadera paz, que nace de la conciencia de que todos –ucranianos, rusos, estadounidenses, europeos, africanos, latinoamericanos, caribeños, chinos, japoneses, árabes, de todas las religiones o de ninguna; de todas las orientaciones sexuales o géneros, de todos los colores, somos uno. Y la paz, como dice una canción de Unity, comienza conmigo.

6 de marzo de 2022