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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

martes, 8 de marzo de 2022

Voluntarias

 




LAS VOLUNTARIAS TAMBIÉN SOMOS MUJERES TRABAJADORAS

Hoy, 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, en recuerdo de las luchas de mujeres que por años reclamaron mejores salarios y condiciones de trabajo. Esa lucha  se puso aún más de manifiesto a comienzos del siglo 20, cuando cientos de mujeres quedaron atrapadas en una fábrica en llamas.  En 1975, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.  Desde entonces, se han celebrado miles de actividades que pretenden, a veces sin lograrlo, destacar la aportación de la mujer.

Algunas de esas celebraciones se centran en la imagen tradicional de madres abnegadas y perpetúan la grave injusticia de la doble jornada, destacando que muchas mujeres laboran de forma asalariada durante 8 o más horas, para luego llegar a la casa a hacer los oficios del hogar –cocinar, limpiar, ayudar a los hijos con las tareas y terminar extenuadas.  Es de notar que en muchos hogares hay varones que muy bien pueden compartir las tareas, pero ni se inmutan.  Algunas mujeres no trabajan fuera del hogar, pero trabajan sin remuneración manteniendo un hogar y resolviendo los problemas de la familia inmediata y de la lejana también.

Hay otro grupo de mujeres que trabajen asalariadas o no, deciden hacer trabajo voluntario.  A ese grupo pertenecemos las voluntarias de la Fundación Luis Muñoz Marín, quienes nos dedicamos a trabajar con documentos históricos de Puerto Rico relacionados no sólo con Muñoz, sino con todo lo que acontecía en el país o el mundo durante su tiempo.  Cabe destacar que también hay hombres voluntarios, pero constituyen, como excepción a la regla de que las mujeres somos más, una exigua minoría.  Las razones son múltiples y no soy socióloga, pero una conocida me ofreció su versión al intentar justificar por qué ella no trabajaba como voluntaria.

Según esta mujer, los hombres no están dispuestos a trabajar sin remuneración y son siempre las mujeres las que se ofrecen.  En su caso, no está dispuesta a ofrecer su tiempo de forma gratuita.  De ese modo, ella “nivela” la disparidad entre hombres y mujeres. Las generalizaciones son peligrosas y aunque hay algo de verdad en lo que ella plantea, hay muchos hombres que hacen trabajo voluntario.  Las razones por las cuales muchos no lo hacen son complejas y tienen que ver con un condicionamiento social.  Sostengo, como teoría y porque lo he visto, que tanto hombres como mujeres tienen la capacidad de dar de sí de forma desinteresada.

Lo otro que resulta peligroso es la actitud de muchas mujeres que –en un reclamo legítimo de igualdad, pretenden acercarse al modelo tradicional del hombre trabajador, cuando debería ser al revés.  No se trata de que los imitemos en todo, sino en aquello de beneficio como sociedad.  Por eso me parece horrible que muchas mujeres quieran practicar el boxeo-una actividad cruenta cuyo objetivo es golpear al oponente hasta que no se pueda levantar.  El objetivo debería ser que todos –hombres y mujeres- no entraran en esa actividad.  Del mismo modo, para alcanzar el éxito laboral las mujeres debemos hacer uso de nuestra mayor fortaleza –la empatía, la atención a los detalles, en lugar de tratar de imitar unos estilos agresivos del mundo corporativo.  Y los estilos son sólo eso, no pertenecen a un género, pero nos han sido inculcados generación tras generación y tanto hombres como mujeres somos presa de ese condicionamiento social.

La mujer que me expresó su resistencia a ser voluntaria es presa de ese condicionamiento y se pierde una oportunidad de oro.  Quienes ejercemos el voluntariado, contrario a lo que se dice, sí recibimos algo a cambio, aunque no lo buscamos.  En mi caso, el orgullo de aportar algo en beneficio de la preservación de nuestra historia.  He tenido la oportunidad de participar de varias actividades culturales.  Tengo el privilegio de transitar por los predios donde una vez vivió un matrimonio que con los errores que décadas después se sacan de proporción o de contexto, estuvo dedicado al servicio al país.  Tod@ puertorriqueñ@ debería ver esa casa y sus alrededores. Por último y no menos importante, he conocido mujeres extraordinarias, de diversos trasfondos, pero todas dando lo mejor de sí.  Algunas de ellas se han convertido en verdaderas amigas.

Las mujeres voluntarias, como las asalariadas o las amas de casa, también somos trabajadoras, porque por definición hacemos un trabajo.  Ese trabajo se remunera de forma distinta, pero sigue siendo un trabajo, que en este caso debo decir que es sagrado.  A todas las voluntarias, independientemente del tipo de organización en la que presten servicios, les extiendo mi felicitación en este Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

8 de marzo de 2022

 

 

domingo, 6 de marzo de 2022

CUMPLEAÑOS FELIZ

 




CUMPLEAÑOS FELIZ

El jueves pasado celebré mi cumpleaños.  Nada espectacular, sólo actos sencillos que me hacen pensar en el gozo de la cotidianidad que tantas veces pasamos por alto. Una sobreviviente del holocausto dijo que a menudo, durante los días de horror que pasó en un campo de concentración, añoró experimentar una tarde aburrida de domingo en su casa.  Yo no lo pasé aburrida; lo pasé muy bien, pero tal vez algunos miren mis sencillos disfrutes como algo insignificante.  No lo es.

Para empezar, hubo dos personas que se confundieron de fecha y me enviaron felicitaciones el día anterior, pero que por esas pequeñas trampas de la tecnología, terminé recibiéndolas al día siguiente, que era, en efecto el día de mi cumpleaños.  Ese día toqué para mí misma una cajita de música con la melodía –por supuesto- de Happy birthday. Me dispuse a prepararme un sencillo desayuno, mientras iba recibiendo mensajes de felicitación.  Una amiga me llamó y entre otras cosas, me dijo que me admiraba, porque a pesar de todo lo sufrido, me mantenía positiva.  Le manifesté que yo no pensaba que había sufrido tanto –sí, he tenido pérdidas significativas –mis padres, el divorcio, la seguridad económica y varias otras, pero si hago balance, he tenido una vida bendecida.  El amor de mis padres ahora ausentes sigue estando en mi corazón; las vicisitudes que enfrenté me han hecho más fuerte.

Y bueno, las amistades que he acumulado en el camino enriquecen mi vida.  Terminé de preparar el desayuno y decidí colocar el pannino en un platito con una estrella que lee Wish, porque después de todo, una pide un deseo el día de su cumpleaños.  Seguí recibiendo mensajes y más tarde me fui a disfrutar de un almuerzo con un amigo muy querido. Terminé el día feliz y al día siguiente, me fui de compras, en uno de esos actos banales y sin trascendencia que disfruto de vez en cuando.  Después de todo, es mi semana de cumpleaños, así que tengo derecho de hacer lo que me dé la gana.  Ayer me fui al cine sola, porque mi Buddy no pudo acompañarme a ver una película que hace tiempo quería ver y temía la fueran a sacar de cartelera.  No me arrepiento.  Es una película que celebra la amistad en medio del dolor, como tantas veces hemos hecho.  El jueves que viene nos reuniremos para culminar mi semana cumpleañera.

Durante todos estos días, aun cuando he estado en ánimo de celebración, no dejo de pensar en la guerra entre Rusia y Ucrania.  La guerra –la que sea- no me hace sentido.  No me hizo sentido cuando Vietnam y no me hace sentido ahora.  Los grandes imperios se empeñan en mantener su poder y en ocasiones, ampliarlo.  No me considero conocedora de aspectos internacionales.  No conozco las complejidades de la política –que qué vino primero, si el huevo o la gallina.  Que si otros también lo han hecho.  Nada de eso le sirve a las familias que viven presas del pánico, que deben huir de todo lo que conocen.  No es la primera vez que sabemos de estos horrores en distintos confines.

Es muy poco lo que puedo hacer. El día de mi cumpleaños había marcado en mi calendario un programa especial de Radio Universidad, dedicado al tema de la paz.  Escuché varias canciones, algunas que ya conocía y otras nuevas para mí.  Ya había comenzado a compartir las clásicas – Imagine, Oración simple, The Prayer y luego del programa, incluí unas que no conocía.  Decidí usar todos los días un pendiente con el símbolo de la paz que tanto se popularizó en la época convulsa de los años ’70.  De algún modo me conecto con el deseo de paz, que parte no de una superpotencia que se impone al más débil, sino de la conciencia de que toda vida es valiosa.

Ayer hablaba con una conocida, que me preguntaba si me había afectado lo que ocurre en Ucrania y me decía que ella había llorado largamente.  Le dije que por supuesto, me afecta, pero no hay mucho que yo pueda hacer al respecto.  Se embarcó en una de sus largas peroratas sobre cómo el mundo había cambiado, que le parecía horrible que Putin, que era un ser despreciable, hubiese hecho esto y que otros países no hicieran nada.  Y yo me preguntaba si ella quería que iniciaran una guerra nuclear, porque esto de las guerras es el cuento de nunca acabar.  Mientras tanto, yo sentía que ella, sin decirlo, me reprobaba por no estar más afectada por lo que estaba ocurriendo.  ¿Y qué es estar afectada? Con el tiempo, he aprendido a dedicarle energía a aquello que pueda resolver y lo que no, enviar energías positivas, que es lo que he estado haciendo.

Es curioso –a esta misma persona le hablé sobre mi participación  hace un tiempo en una misión de ayuda a Haití.  Ella estaba embarcada en sus quejas sobre las actitudes de la gente, que ya no había respeto, que la gente era desconsiderada y que ella estaba harta.  Con respecto a mi misión a Haití, me dijo que no le importaba -y no me lo dijo en palabras finas.  Parece que según su visión, hay unas personas que merecen  más compasión que otras.  Me cuesta mucho mostrarme compasiva con ella, porque evidentemente necesita una ayuda que yo no le puedo dar.  Hago lo que puedo –no me toca salvar al mundo.

Esta semana de cumpleaños me ha demostrado que puedo disfrutar de todas las bendiciones que recibo, sin que eso implique desconectarme del sufrimiento de otr@s.  ¿Y mi deseo de cumpleaños?  Paz – pero no ese deseo que se expresa en los concursos de belleza, sino la verdadera paz, que nace de la conciencia de que todos –ucranianos, rusos, estadounidenses, europeos, africanos, latinoamericanos, caribeños, chinos, japoneses, árabes, de todas las religiones o de ninguna; de todas las orientaciones sexuales o géneros, de todos los colores, somos uno. Y la paz, como dice una canción de Unity, comienza conmigo.

6 de marzo de 2022

 

 

lunes, 14 de febrero de 2022

La vida es buena

 




LA VIDA HA SIDO BUENA

A fines del año pasado pensé escribir sobre la amistad, tras un encuentro con mi amiga Carmencita, a quien conozco desde la niñez.  El título de este ensayo se refiere, precisamente, a una frase que ella utiliza mucho y encontré en un platón que fue mi regalo para ella en Navidad. No es un objeto caro.  De hecho, creo que es el regalo más económico que le he comprado, pero el valor no radica en el precio, sino en lo que representa. Life is good -es decir, la vida es buena, es como un mantra para ella. No sólo ha tenido una vida buena, sino que trabaja para que otr@s también la tengan.  Ha tenido grandes éxitos a nivel personal y profesional, pero también ha enfrentado grandes retos que ha superado con creces.

Antes de continuar con lo que quiero expresar, debo dejar claro que la vida, desafortunadamente, no ha sido buena para mucha gente.  No ha sido buena para las mujeres maltratadas, para l@s emigrantes que luchan por salir de una vida de persecución y miseria, para l@s que padecen de enfermedades crueles y dolorosas, para l@s que se sienten rechazad@s por su raza, color, identidad de género y tant@ otr@s cuyas vidas son una eterna lucha.  Sin embargo, estoy segura que aún ell@s han tenido momentos buenos, o la oportunidad de tenerlos en el futuro.

La vida para mi amiga Carmencita y para mí ha sido muy buena y ambas damos gracias a Dios por eso.  Pese a ello, hemos tenido momentos de mucho dolor –pérdida de seres queridos, divorcios, desengaños, enfermedad, luchas en el ámbito laboral.  A pesar de ello, hemos salida adelante y no nos hemos dejado derrotar por los embates que la vida nos ha arrojado. A ambas nos gusta cocinar, así que el año pasado nos preparamos un festín que degustamos ante unas mesitas individuales –por aquello del distanciamiento covidístico- que ella decoró exquisitamente.  La distancia de las mesitas, sin embargo, no significó distancia alguna en el afecto que nos profesamos.

Ayer hicimos una nueva celebración, esta vez en casa, como excusa para que viera la remodelación del baño que tanto esfuerzo me costó.  Esa es una característica de las verdaderas amigas, que se alegran de los logros de unas y otras y en eso soy muy afortunada, porque ya otras amigas se han mostrado igualmente felices con la culminación de este proyecto. Y no es un ejercicio de vanidad de mi parte, de mostrar lo que tengo, sino de disfrutar junto a otras de mi logro, del mismo modo que yo disfruto de los de ellas.

Me esmeré preparando tapas y sin falsa modestia, sé que me quedaron buenas.  Ambas las disfrutamos, acompañadas de un cava rosado y un Prossecco que había reservado para una ocasión especial.  De postre, unos pequeños bizcochuelos que ella hizo que están divinos. Hablamos de muchas cosas – de lo bueno, de lo no tan bueno y de lo doloroso.  Sí, la vida ha sido buena con nosotras pese a los esfuerzos, las frustraciones y los momentos dolorosos.  A tod@s mis amig@s, les deseo una vida igualmente buena y si en este momento no lo es, que tengan la esperanza  de que así será.

Feliz Día de San Valentín

14 de febrero de 2022

jueves, 10 de febrero de 2022

Sagrado

 

SAGRADO



Hay algo de sagrado en aquél trabajo que hacemos porque hemos sentido un llamado en nuestro interior. Muchas veces se ha vinculado a una vocación sacerdotal, porque no parece tener una explicación racional, sino que se le atribuye a un llamado que se recibe de un Ser superior, llámesele Dios, Budha, Universo, Padre o simplemente algo a lo que no podemos poner un nombre.  Pero hay muchos tipos de vocación, como hemos sabido en estos convulsos días. El tipo de vocación no es importante, porque todas nacen de un deseo de servir.

Yo no tenía claro cuál sería mi vocación.  Estudié derecho no porque fuera mi sueño, sino por razones que no vienen al caso. Al comenzar a trabajar en una pequeña corporación pública, me entregué totalmente a mi labor y trabajaba a veces hasta llegada la noche, independientemente de la paga que recibía.  Varios de nosotros estábamos entregados del mismo modo, de forma tal que nos identificábamos con aquélla pequeña corporación pública llamada CODREMAR -ya difunta, dedicada al fomento de la pesca comercial.  Solíamos denominar las decoraciones con temas marinos como “codremarescas”, éramos fieles a la misión de la corporación y a todos nos dolió enormemente su desaparición cuando se anunció su cierre, aunque teníamos trabajo garantizado en otras agencias.

Gran parte de mi formación en esa pequeña corporación de poco más de cien empleados me sirvió de base para todos los trabajos subsiguientes, a los que me dediqué con el mismo tesón, aunque no siempre con el mismo amor.  Allí aprendí de finanzas, de presupuesto, de recursos humanos y hasta logré llevar con éxito un recurso al Tribunal Supremo, aprendiendo sobre la marcha. Ese ímpetu de iniciar tareas en áreas que ni siquiera conocía, nacía de lo que aún no podía nombrar, pero que sin duda era una vocación de servicio.

Todo esto desembocó en el último puesto que ocupé, el cual luché porque de veras quería ejercerlo.  Me ofreció la oportunidad de combatir el discrimen en cualquiera de sus modalidades.  La experiencia me ofreció grandes satisfacciones, aunque a veces los logros eran  casi imperceptibles.  En un momento dado, una persona en un puesto de alto nivel me indicó que había disponible un puesto para dirigir otra unidad dentro de la misma agencia.  Le dije que no estaba interesada y me ripostó “pero paga más”.  Pagará más, le dije, pero no es lo que yo quiero hacer.

Eso que yo quise hacer, estaba íntimamente ligado a esa vocación de servir, como lo está en el caso de maestr@s, policías, enfermer@s, bomber@s y tantos otros servidor@s públicos.  ¿Que los hay vagos, incompetentes e ineptos?  Por supuesto –igual que hay abogados, jueces, médicos y hasta gobernadores con estos y otros defectos, incluyendo la falta de sensibilidad.  Las palabras del gobernador, indicando que nadie está obligado a ser policía o bombero y que si no se sienten satisfech@s no están obligad@s a permanecer en el empleo – es decir, pues que renuncien, son como una bofetada.  Bofetada para ell@s y para mí. La gran diferencia es que yo, como abogada, tenía muchas más opciones para desempeñarme en lo que disfruto que las que tienen maestr@s, policías y bomber@s.

Lo más horrible de todo es que el gobernador - que opera desde la óptica del privilegio- ni siquiera se da cuenta de lo que ha dicho, lo cual le impide enmendar su error. No se puede enmendar lo que no se percibe como defectuoso. No puede desembarrarse, porque como el emperador del cuento, sus alzacolas insisten en que su vestimenta está prístina, mientras miles de nosotros lo vemos embarra’o hasta el ñu. El gobernador, la secretaria de la gobernación y el coro griego que lo respalda sufren del mismo mal.  Tristemente, hay un sector de nuestra sociedad que opina igual y eso es lo peligroso.  El listerismo galopa rampante. La legislatura, con honrosas excepciones, es un chiste de mal gusto y much@s de l@s que critican al gobernador o l@s legislador@s no ven la hora  que se vayan para ell@s guisar.

El servicio público tiene algo de sagrado.  Una de las acepciones de la palabra es “digno de veneración y respeto”.  Las acciones de much@s en altas esferas del gobierno distan mucho de ser merecedores de ello. En su gran mayoría, l@s maestr@s, policías, bomber@s, enfermer@s y tant@s otr@s se han ganado nuestro respeto y eso, ni el gobernador ni su séquito son capaces de verlo.

10 de febrero de 2022

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sábado, 25 de diciembre de 2021

REGALOS ESPECIALES

 




REGALOS ESPECIALES EN NAVIDAD

A través de los años he disfrutado de distintos regalos – unos más costosos que otros. Lo hermoso es que los regalos más valiosos han sido los más económicos –un álbum para fotos que recibí de “Santa” cuando tendría 4 o 5 años; el regalo de cumpleaños de un collar de fantasía que mi papá compró anticipadamente y que recibí después de su muerte; una rosa que una vecina cortó de su jardín para regalármela porque sí; los detalles con estrellitas que mi Buddy consigue para mí, porque sabe lo mucho que me gustan; un aguacate o una botella de vino que estaba en especial, que Ramón me trae, por el simple gesto de compartir.  Tengo decenas de recuerdos de éstos y este año no ha sido la excepción.

El primer regalo que recibí esta Navidad fue de un amigo y su esposa, que viven en el estado de Washington.  Todo un deleite para alquien como yo, que disfruta tanto del buen comer: el libro Kitchen Confidential de Anthony Bourdain (qepd); unos chocolates y lo más especial de todo, dos frascos de atún en conserva que ella y su mamá se ocuparon de preparar.  Ya me comí el contenido de uno de ellos y el próximo estoy esperando un momento especial para degustarlo.  Algo así de especial no se come como si fuera una lata de Star Kist.

Luego siguió con una jalea que vino a traerme una amiga, porque sabe lo mucho que me gusta –no era un regalo formal, era sólo un detalle que demuestra que pensó en mí.  Otra amiga me había llamado para preguntarme cuál vino me gustaba, porque quería asegurarse que me compraba uno que realmente disfrutara.  Pero eso no era lo verdaderamente importante del momento en que recibí el regalo.  Esta amiga ha pasado por dificultades y en ocasiones requiere de mucha energía para trasladarse hasta mi casa.  Yo no sabía cuándo podríamos encontrarnos.  Pues hace unos 2 o 3 días me llamó para preguntarme si podía pasar a dejarme su regalo.  Me sorprendí, porque no lo esperaba.  El hecho de que viniera hasta acá, a pesar del esfuerzo que eso implica, vale mucho más que el obsequio.

Ayer Ramón vino cargando con lechón, arroz con gandules, batata, guineos y algo que a él no le gusta –morcillas, sólo porque sabe que me encantan.  Fue un festín de Nochebuena en la tarde.  Lo complementé con mi propio regalo especial –el majarete que preparo.  Ese momento de compartir en la mesa es lo que yo llamo una comunión especial –dos amigos que comparten una mesa, disfrutando del simple placer de los alimentos y una buena conversación.

Hace dos semanas recibí el regalo más pequeño, pero que encierra en sí todo el significado de la Navidad.  Acudí a una Feria de Artesanías en el Viejo San Juan, porque quería adquirir la mayor parte de  los regalos de Navidad allí, precisamente porque estos regalos son especiales –son hechos por nuestros artesanos, no por máquinas que producen en masa.  Cada obra de un(a) artesan@ lleva en si algo de su alma.  Compré varios artículos, unos más caros que otros. Me detuve en el puesto de una artesana que trabaja en caracoles y escogí unas cuantas piezas, algunas muy modestas, pero muy curiosas.  Cuando ella fue colocando las piezas en un bolso, colocó uno que yo no había escogido y le dije no, ese no y ella me respondió: es mi regalo.

Tengo que decir que se me formó un taco en la garganta.  Estos trabajos eran de los más modestos de la Feria.  Su sencillez pasaba inadvertida por muchos y yo imagino que las ganancias de esta artesana eran  de las más modestas.  Sin embargo, ella vio que yo aprecié su obra y me regaló un producto de su esfuerzo.  Ese ha sido mi regalo más especial esta Navidad. Está al pie de mi arbolito en miniatura, el cual me decidí a montar a última hora, tras unos días intensos de remodelación en mi apartamento. No necesito un gran árbol; tan sólo conectarme con el verdadero y sencillo espíritu de la Navidad. Les deseo a tod@s una muy Feliz Navidad y que sus vidas se vean colmadas de los regalos más especiales –los que nacen del corazón.

25 de diciembre de 2021

viernes, 8 de octubre de 2021

Un viejo amor

 




UN VIEJO AMOR

En estos atribulados días en que se entremezclan los temores de contagios, la posibilidad de huracanes y los desastres de la administración gubernamental sobre los que no hablaré para no despertar corajes acumulados, ha habido momentos de una belleza inefable.  No son momentos trascendentales, pero son los que me hacen tomar conciencia –una vez más, de cuán bendecida he sido en esta vida. Tengo unas amistades de lujo, de esas con las que se disfruta de una buena plática, un buen vino y momentos de desahogo que se entremezclan con risas y lágrimas. También he disfrutado del talento extraordinario de nuestros artistas, muchos de los cuales tienen que haber pasado la zarza y el guayacán, pero no por ello dejan de crear.

El viernes de la semana antes pasada supe que estaba a la venta el nuevo libro de Luis Rafael Sánchez, El corazón frente al mar y por supuesto, acudí al otro día a comprarlo.  Quienes me conocen saben de mi predilección por su lectura, pero no tod@s saben que es, para mí, un viejo amor.  No se escandalicen –o entusiasmen, que depende de su visión-  es un amor platónico. Luis Rafael Sánchez fue mi profesor en la IUPI, durante mi primer año y luego en la Facultad de Humanidades.  Asistir a su clase era para mí un deleite y contrario a otras clases, me ponía triste si por alguna razón no se celebraba una sesión.  Todo en él era –y sigue siendo- una experiencia sensorial exquisita: su porte, su dominio del lenguaje, su dicción perfecta, su sonrisa contundente y su voz profunda, varonil, cautivante. Han pasado más de 40 años desde ese primer encuentro y todavía todo esto sigue siendo aplicable.

Me he encontrado con él en pocas ocasiones, pero en todas, vuelvo a sentirme como esa primera vez en que contemplé a este profesor, ya escritor reconocido y me convierto en una jovencita que se pone nerviosa cuando ve el objeto de sus afectos.  Cuando fui a la librería a comprar el libro, le dije a la joven que me atendió: “él fue mi profesor”, presumo que con una cara así como de fanática de Paul McCartney –que es otro viejo amor- y ella me miró como si nada.  No sé si porque no le importaba,  porque no sabía quién era Luis Rafael Sánchez o todas las anteriores.  El caso es que ya tenía el libro en mi poder y al leer la última oración en la contraportada, parte de la Introducción, quedé en éxtasis: Los sueños se pudren si no se les muda el aire.

Debo confesar que al inicio la lectura me incomodó.  Por alguna razón mi adorado profesor escribe últimamente enumerando secciones de sus escritos. Algo en los números me repele, pero no me impide disfrutar de una lectura que me reta.  Además, las viñetas que toman el Viejo San Juan como inspiración o leitmotiv no se ajustan a las formas conocidas.  Sin embargo, su dominio del lenguaje se impone y la profusión de imágenes que evoca es una experiencia por sí sola.  No deja de deslumbrarme con esa habilidad suprema que posee para hilvanar recuerdos de experiencias, de canciones, de sucesos ridículos o sublimes, con referencias a escritores locales o internacionales. Su grandeza no le impide –como le impide a muchos con menos talento y mayor ego- reconocer la maestría de varios escritor@s, particularmente l@s locales.

Cuando ya había comenzado la lectura, interrumpí ese gozo para ir con una amiga a un centro comercial.  No buscaba nada en particular; tan solo iba a novelerear, con la expectativa de ir luego a almorzar, que es algo que de veras me entusiasma.  Pasamos por un pasillo con varios de esos carritos con chucherías y mi amiga se detuvo a mirar unas pequeñas pantallas en plata.  No soy fanática de la plata; desafortunadamente prefiero el oro, porque por alguna razón pienso que el dorado me va mejor que el plateado.  Además, ya no compro pantallas, porque hace años uso unas pequeñitas, que no me tengo que quitar, así que siempre, salvo excepciones, las tengo puestas.  Ah, pero mis ojos se posaron en una inusual sortija de plata con diseño de atrapasueños (dreamcatcher). El origen de ese objeto se supone que proviene de una tribu de indios de Norteamérica que diseñaban esta especie de red para colocarla en la abertura del espacio que usaban para dormir, de forma tal que la red atrapara los malos sueños y dejara pasar tan sólo los buenos.  De inmediato pensé en la frase del libro de Luis Rafael Sánchez sobre los sueños y la compré.  Siempre que la vea –y en otras ocasiones también- lo recordaré.

Suelo escribir todos los días algo corto para agradecer mis bendiciones.  El lunes pasado escribí sobre el gozo de preparar una pasta aderezada sólo con mantequilla, salvia y queso parmesano, porque parte de disfrutar los alimentos es poder apreciar los sabores sin mucho disfraz.  La cocina siempre ha sido un deleite para mí, como es la lectura y en particular lo que sale del teclado –o la pluma, que no sé cómo escribe- Luis Rafael Sánchez.  Comenté que la lectura de su libro me había hecho redescubrir un viejo amor y de inmediato vino a mi mente la canción Un viejo amor.  Ah, las ventajas de la tecnología – la busqué en You Tube y la encontré interpretada por Marco Antonio Muñiz- otro viejo amor y Ana Gabriel: Que un viejo amor, ni se olvida ni se deja; que un viejo amor, de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós…

El recuerdo de Luis Rafael Sánchez está ligado a otro viejo amor: la IUPI.  Amo sus edificios viejos, las frías losas de los pasillos externos de la facultad de Humanidades o el Teatro, donde tantas veces me senté a charlar con mis compañeros; el sonido del carrillón; el olor del Teatro antes de la remodelación o de la Biblioteca Lázaro, la cual visité hace como seis años y olía exactamente como la recordaba. Me emociono cuando oigo el himno y lo canto con mi desafinada voz cuando escucho el disco de la Tuna Bardos, producto de la IUPI.  Para mí, ningún coro supera al de la IUPI.  Cada vez que transito por los espacios originales me transporto a los momentos que allí viví y siento que el tiempo se ha detenido cuando me encuentro con ese viejo y gran amor.

Curiosamente, en estos días compré boleto para asistir al concierto de Chucho Avellanet –otro viejo amor.  A sus 80 años (¡tantos!), conserva esa voz impecable que me hace suspirar cuando canta Jamás te olvidaré. No se me escapa la ironía de que el concierto esté auspiciado por una aseguradora de planes médicos dirigidos a la población con beneficios de Medicare, lo cual sin duda me expondrá a que el público que asistirá me recordará aquélla frase de una canción de Pablo Milanés – otro- : porque el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos… Me resulta interesante cómo en estos días he rememorado varios viejos amores –los platónicos y los que no, pero de esos no hablo ahora.

Hace un tiempo había visto en Facebook una corta grabación de un concierto en vivo de Juan Luis Guerra –sí, otro. Siempre he admirado el talento de este músico extraordinario, que ha logrado conjugar una música sofisticada, producto de una educación formal con los ritmos tradicionales de su país. Pues fui a una farmacia de esas de cadenas y presencia ubicua y me topé con el disco de ese concierto.  Resulta que tiene todos los grandes éxitos, interpretados en vivo, con nuevos arreglos.  Contiene dos canciones de esas que son las clásicas y que no voy a revelar, para no estropear la sorpresa, que son interpretadas en otro ritmo – no, no reguetón, por Dios.  El resultado es algo hermoso.

Si estamos dispuest@s a mirar la esencia, sin importar la forma, como yo lo he hecho con el nuevo libro de Luis Rafael Sánchez, nos daremos cuenta de que ese viejo amor sigue estando ahí y probablemente su encanto ha aumentado con la pátina del tiempo.  Ahora solo falta que mi pequeño atrapasueños permita que entre un hermoso sueño con Luis Rafael Sánchez.

8 de octubre de 2021

 

 


lunes, 27 de septiembre de 2021

De altura

 




DE ALTURA

Este fue para mí un fin de semana de altura.  Para empezar, tenía pendiente la invitación a almorzar de una entrañable amiga, quien me recibió precisamente en las alturas, ya que vive en un penthouse cuyas dimensiones representan tal vez cuatro veces las de mi apartamento.  Pese a lo encumbrado del lugar, allí siempre me siento acogida, como si estuviera en casa de alguien de la familia.  Más de 50 años de amistad me  han hecho sentir que Carmencita es parte de mi familia.  Juntas hemos transitado por una alternancia de gozos y sufrimientos: noviazgos, bodas, divorcios, romances fallidos, cumpleaños, éxitos y angustias profesionales; enfermedad, muertes –en fin, la vida.

Pese a lo complicado de su vida –yo estoy retirada, pero ella no, saca tiempo para preparar almuerzos o cenas, de las cuales yo he sido beneficiaria en varias ocasiones.  Como yo, Carmencita disfruta de una mesa bien presentada, con platos que ella misma prepara y acompañados de buenos vinos.  El sábado tuvimos la oportunidad de sentarnos solas y compartir los últimos acontecimientos, que han sido duros a nivel personal y colectivo, pero que agraciadamente también han venido acompañados de buenos momentos.  Disfruté el exquisito almuerzo, incluyendo el postre que yo aporté y me despedí feliz, con mi pancita llena y doggie bag para completar.  Quise asegurarme que llegaba a tiempo a una librería para adquirir el último libro de Luis Rafael Sánchez y por suerte, logré comprarlo.  Sábado perfecto.

El domingo estaba reservado para la penúltima función del musical In the Heights, del ultra, mega, súper talentoso Lin Manuel Miranda.  Yo había visto la presentación de este musical hace más de 10 años en el Centro de Bellas Artes, pero esta nueva puesta en escena tenía el atractivo adicional de ser realizada con talento local.  Hace unas semanas había visto la versión fílmica, que también disfruté.  Las críticas de esta nueva versión me anticipaban que iba a tener una magnífica experiencia y así fue. El derroche de talento me deja sin palabras.  Descubrí jóvenes con voces espectaculares, de esas que oyes la primera vez y te dejan sin aliento.  No puedo quejarme de ninguno.  Se notaba el amor que cada un@ puso en el escenario, desde su creador Lin Manuel, que le rinde tributo a las raíces latinas que nos unen, hasta el último tramoyista.

Ayer tarde transité por varias emociones: conexión, orgullo, gozo y un poco de tristeza tras la muerte del personaje de la abuela, que trajo unas lagrimitas a mis ojos -cosa que no es raro en mí.  En el momento de la canción Alza tu bandera lamenté no haber llevado la mía, porque la hubiese agitado con orgullo. La orquesta dirigida por el maestro Cucco Peña no era solo un complemento; era parte integral de todo el montaje.  Digo con todo el orgullo que siento – y si se pone en duda mi objetividad que le pregunten a un crítico de teatro- que esta presentación no tiene nada que envidiarle a una producción de Broadway.  Salí de allí feliz, con escozor en las manos de tanto aplaudir.

Dormí muy bien, pero me desperté a esos de las 4 am. Me puse a leer y como media hora después se fue la luz. Me volví a dormir y aunque no lo crean, soñé con LUMA. En el sueño reparaban un poste en la casa que yo solía vivir en Country Club.  Tras hacer la reparación, se montaron en el camión y yo vi con horror cómo se volvía a ir la luz y ellos no me escuchaban.  En otra escena, tres hombres charlaban en la sala, uno de ellos con camisa floreada, mientras una mujer trabajaba en la caja de fusibles.  Volvió la luz en el sueño y no sé si en ese preciso momento, a mi habitación.  Eran las 7 de la mañana y me sentí algo molesta de que en lugar de soñar con las hermosas experiencias del fin de semana, terminara soñando con LUMA.

In the Heights, aparte de querer aludir al proyecto de vivienda Washington Heights de Nueva York en el que se concentra una gran población latina, quiere decir literalmente “en las alturas”.  Altura tiene entre sus acepciones poseer cualidad de excelencia, mérito y valor, cualidades con las cuales no puede, ni remotamente asociarse a LUMA.  Aunque lamenté haber pasado por la pesadilla de LUMA –literal y figurativamente, me dije que no iba a permitir que me estropearan mi fin de semana de altura.  La magia de ayer no la opaca ni LUMA –y eso es mucho decir.

27 de septiembre de 2021