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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

sábado, 8 de septiembre de 2018

JUGANDO CON CARRITOS









JUGANDO CON CARRITOS

El incidente reciente del ex secretario de Justicia Guillermo Somoza, en el que se le detuvo por ir a exceso de velocidad en su auto Porsche -en aparente regateo con un Mercedes Benz por la avenida Baldorioty según relata la prensa- me hizo considerar varios aspectos.  Evidentemente, el hecho de que se trate de una figura prominente, con el realce de que se trata de vehículos de lujo, le añade elementos la mar de interesantes, así como el hecho de que Somoza estaba acompañado por su hijo menor de edad.  Aunque soy abogada, no domino los aspectos de derecho criminal, por no decir que sé muy poco, por lo que no quise opinar mucho y  esperar a que se hiciera la determinación de causa.
Ya se determinó que no hay causa para juicio, tras la comparecencia de Somoza con una batería de no uno ni dos abogados, sino seis –media docena de abogados.  Del otro lado, creo que dos agentes de la policía, sin la compañía de un fiscal.  Es fácil ver cómo la balanza de la justicia no se ve muy balanceada que digamos.  Yo no estaba allí, así que no puedo conocer qué fue lo que se discutió o no, pero ciertamente deja un espantoso sabor.

Ese espantoso sabor queda realzado al recordar otro arresto reciente –el de Arturo Massol, directivo de Casa Pueblo, una entidad dedicada a la conservación ambiental y el desarrollo de sistemas alternos de energía.  Este hombre fue arrestado en su destartalado Jeep sin marbete, tras administrarle una prueba de alcohol que supuestamente arrojó niveles más allá de los permitidos por ley.  El alega que no consumió alcohol y el dueño de la pizzería donde compartía con su hija lo corrobora.  Yo tampoco estaba allí, pero hay algo en este hombre dedicado a servir al país sin las grandes compensaciones que debió recibir Somoza, que me hace creer su versión.  Tendrá que enfrentar juicio, al cual espero vaya con por lo menos un abogado que valga por seis.

De ser cierto lo que se le imputa a Somoza y que si no se lleva el caso en alzada, nunca sabremos, hay varios aspectos preocupantes.  Lo primero es el hecho de que condujera a exceso de velocidad – se estima unas 90 millas, en compañía de su hijo menor de edad.  Primer mal ejemplo.  Si en efecto iba regateando, doble mal ejemplo. Lo segundo preocupante es la impresión que se proyecta de que si usted estudió en el Colegio Marista, ocupó uno de los cargos más altos en el gobierno del mismo partido que el actual, posee suficiente dinero como para andar en un Porsche y tiene suficientes influencias como para comparecer asistido por media docena de abogados, usted podrá zafarse de un caso que pintaba tan mal.

En Puerto Rico se da con frecuencia esto de las carreras clandestinas, pero no creo que sea tan común que ocurran en carros como estos.  Creo -como cree la mayor parte de la gente- que otro hubiese sido el resultado si el regateo fuese entre dos residentes de un residencial en dos toyotitas.  El problema estriba en que no todo el mundo tiene el mismo acceso a la justicia.  ¿Recuerdan el caso de O.J. Simpson? Comparecer al tribunal puede ser muy costoso, particularmente si ha de examinarse evidencia que requiere el uso de peritos, como debe haber sido en este caso.

Somoza tiene, como todo ciudadano, el derecho a una buena defensa y si puede pagar la mejor, o tiene suficientes amigos abogados criminalistas, más mejor. Cualquiera de nosotros está expuesto a que se nos acuse de algo que no es cierto y quisiéramos tener la mejor representación legal, seamos o no culpables.  Lo que llama la atención de este caso es que todo apunta a que en efecto, Somoza estaba, por lo menos, conduciendo a exceso de velocidad en compañía de un menor y en el peor de los casos, regateando.  El olfato del pueblo nos dice que logró salirse con la suya, mientras que a Arturo Massol se le trata distinto.  El mensaje, que no es descabellado, es que si usted anda en un Porsche -o Mercedes, BMW, etc., le va a ir mejor que si anda en un Jeep destartalado y ni hablar de si se le considera un revoltoso, por andar defendiendo el ambiente.

Puedo dar fe de las muchas veces que se me miraba con extrañeza cuando llegaba a un valet parking en mi mazdita viejo. En una ocasión, el encargado, pensando que había entrado por equivocación al carril de ese servicio, me dijo señora, tiene que mover el carro, esto es para valet parking, a lo que respondí para su sorpresa, con actitud y mi mejor cara de Tía Judith que era cívica:  pues… Ya no tengo el mazdita, pero que conste que tiene más alma que un Porsche, aunque no creo que me den mucho mejor trato en el Accent que tengo ahora. Hay una actitud generalizada de que la gente con autos caros y ropa de diseñador merece más respeto que los demás. 

Para complicar aún más la cosa,  los policías se ven ante situaciones incómodas cuando los ocupantes de estos autos delinquen, porque piensan que serán objeto de represalias.  Imagino cómo se sentirán los policías involucrados en la querella de Somoza –desanimados, frustrados y desilusionados de un sistema de justicia que los abandonó, independientemente de si lo que se le imputaba a Somoza era cierto o no.

Lo otro que me parece muy interesante en este caso es que pone de manifiesto una conducta infantil que caracteriza particularmente a los hombres.  Hay una fascinación automovilística que parece no haber superado la etapa de jugar con carritos.  Podemos verla en las luces de tránsito, donde algunos dueños de esos autos con fama de alcanzar grandes velocidades aceleran el carro detenido – vruumm-vruumm, mientras miran el de al lado, como retándolo a ver quién arranca primero.  Algunos arrancan chillando gomas y sienten gran satisfacción al ver que lograron robar unos segundos en el arranque.  Y ni que decir de la obsesión, en ocasiones a costa de sacrificar necesidades básicas, de  engancharle cuanta ñoñereta hay al carro, que total, va a hacer la misma función que hacen los demás –llevarnos y traernos.

Si todo lo que se le imputa a Somoza es cierto, tiene un caso grave de regresión.  Ya no está para jugar con carritos, sobre todo cuando ese juego pone en peligro su vida y la de otros. Espero esta experiencia le sirva de lección y tenga una de esas conversaciones con su hijo en la que le dice, haz lo que te digo, no lo que hago.  Arturo Massol no tiene que tener esa conversación con su hija.  Lo que va a ser difícil es que mantenga la confianza en las instituciones que se supone están ahí para garantizar justicia.

8 de septiembre de 2018


domingo, 26 de agosto de 2018

Otra vez Luis Rafael








 OTRA VEZ LUIS RAFAEL



Hoy apareció publicada en la versión impresa de El Nuevo Día, la columna de Luis Rafael Sánchez que apareció ayer en la versión digital y que compartí en la página de Facebook.  Ver de nuevo su foto y releer sus palabras me llevó a retroceder en el tiempo y buscar un escrito mío del 2005, el que redacté previo a unos sucesos terriblemente dolorosos ocurridos más tarde.  Mi Buddy dice que a la menor provocación, escribo sobre Luis Rafael Sánchez y es cierto.  Ello, porque su presencia está atada a recuerdos de mis años de estudiante; por el indiscutible talento que tiene; porque es una figura imponente, que no pasa desapercibida y porque pese a que lo veo raras veces, su fugaz presencia en mi vida ha dejado una hermosa marca indeleble que proclamo con orgullo, algo así como un tatuaje en el alma.

Luego del escrito del 2005, me encontré con él en persona 10 años más tarde y tuvimos un breve intercambio que significó mucho para mí.  Ese encuentro motivó una reflexión que titulé Encuentros fugaces, tomando prestado el título del mural de Susana Espinosa en la estación de Hato Rey del Tren Urbano. Comparto mi escrito de enero de 2005, porque como la columna de hoy sobre Mundi, la columna sobre Mafalda revela un lado tierno de Luis Rafael Sánchez que me hace sentirlo más cercano.  Y aguardo, con ilusión, al próximo encuentro fugaz.

26 de agosto de 2018

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¡AMO A LUIS RAFAEL!

El miércoles pasado apareció publicada una columna de Luis Rafael Sánchez que por poco me pierdo.  No había leído el periódico temprano y en la tarde, al llegar a casa, lo ojeé por encima sin entusiasmo, porque un periódico en la tarde es como una fritura recalentada.  Cuando casi me disponía a tirarlo a la basura  me topé con la columna de Luis Rafael.  Me acomodé en la silla, dispuesta a darme un banquete con la lectura de estas líneas escritas por alguien a quien admiro profundamente.  De hecho, dos días antes había terminado de leer su último libro, una recopilación de varios artículos suyos publicados a través de los años. 

Por alguna razón, la figura de Luis Rafael Sánchez ha estado repitiéndose para mí en estos días.  Mi prima segunda, quien reside en Barcelona y estaba de visita estas Navidades, me contó que ella había tomado una clase con Luis Rafael Sánchez.  Es curioso, porque es un dato totalmente desconocido para mí y entre ella y yo hay más de 15 años de diferencia en edad.  En esos días había comprado el libro -no recuerdo si antes o después, pero sé que terminé de leerlo antes de que apareciera la columna.

El descubrimiento del libro, muy sugestivamente titulado Devórame otra vez y ahora esta columna, me hicieron rememorar los días en que yo conocí a Luis Rafael Sánchez.  Lo ví por primera vez en mi clase de Español 101, la cual tomaba en el salón del Edificio Pedreira que queda al extremo final, como si fuera a la derecha de la Torre, si uno se sitúa de frente a ésta.  Por supuesto, estoy hablando de La Torre de la UPR, mi Alma Máter.  Allí escuchaba yo a Luis Rafael Sánchez embelesada, impresionada con su presencia, su dominio del lenguaje y la calidad envolvente de su voz, que era como una caricia sonora de una voz evidentemente masculina que proyectaba fuerza, pasión y gozo.

Para el tiempo que tomaba mis clases de segundo año en Humanidades estaba recién casada y no había asomo de la crisis que vendría muchos años después y que nada tuvo que ver con Luis Rafael Sánchez (qué pena), así que toda esta contemplación era enteramente platónica.  Recuerdo que me sentaba en la primera fila y no me perdía ni una sola palabra.  No hablaba con nadie, así que el profesor parecía tener una idea de que yo era algo así como un ratón de biblioteca (que no era el caso).  Un día nos encontramos de forma casual en la Librería La Tertulia.  Yo andaba con una amiga, creo que era Leticia y tan pronto lo vi empecé a hablar corridito y más de la cuenta, producto de los nervios que me producía encontrarme con el Profesor en un lugar inesperado, aunque no extraño -después de todo se trataba de una librería.  Al escucharme, me dijo: “Señorita Olivencia (siempre me decía señorita aunque yo estaba casada pero creo que él no lo sabía y yo no lo corregía), ¡pero qué parlanchina es usted!”  Claro, ahí me entró esta risa nerviosa, producto de la conducta irracional que provocaba y todavía provoca en mí este hombre.

Los recuerdos de Luis Rafael en clase fluctuaban desde momentos explosivos, gozosos o de puro miedo.  En una ocasión, cuando yo no me había preparado para la lección de ese día, comenzó a preguntar sobre una lectura y ninguno de los estudiantes había leído.  Cuando me preguntó a  mí y le respondí que no había leído, me dijo: ¡Que usted tampoco ha leído!  Me sentí empequeñecer poco a poco en la butaca.  Nos echó a todos del salón y nos dijo que no regresáramos si no íbamos preparados.  Salí casi arrastrándome de la vergüenza y la desilusión.  Pero estos momentos eran escasos y la más de las veces, era un gozo estar en su clase, escuchar su voz y su risa estruendosa, con su boca abierta y mostrando su hermosa sonrisa.  A veces había tensión al contestar sus preguntas, porque él enfatizaba que había que expresarse correctamente.  Un compañero cometió el delito de empezar a hablar diciendo “o sea” y el Profesor lo fustigó diciendo “¡o sea, o sea, pero si no ha dicho nada! - ¿cómo puede comenzar una oración con o sea?”

Para muchos estudiantes, Luis Rafael era casi un ogro y para otros era casi un dios.  Yo estaba entre las últimas.  Cuando por alguna razón no había clase, yo me sentía triste, como si me faltara algo. Después del episodio del bochorno colectivo me ocupaba de prepararme para la clase, al punto de que un día, cuando tomé un segundo curso con él y no pude prepararme, antes de entrar el salón le pregunté si me permitía entrar sin haber leído, a lo cual accedió.  Este segundo curso fue “Literatura Hispanoamericana” y lo tomé en un salón tipo anfiteatro que queda hacia la parte de lo que fue hace muchos años, aún previo a mi ingreso a la UPR, Estudios Generales y hasta hace poco, no sé si todavía, allí se imparten cursos de teatro.  Tengo un vago recuerdo de que al finalizar este curso se hizo como un pequeño festejo y yo llevé un postre que hace años que no hago, que es  una especie de “coffee cake”, el cual en medio de mi adoración me aseguré que el Profesor probara.  Pienso que hay algo de erótico en ofrecerle a un hombre que nos gusta algo que hemos preparado nosotras mismas, aunque en aquel tiempo ni pensaba algo así.

De esta clase, guardé dos libretas de examen, las cuales aún conservo.  En una de ellas, aparece una “A”, lo cual evidentemente es motivo de gran orgullo -es una “A” según otorgada por nada más ni nada menos que Luis Rafael Sánchez.   En la otra, aparece una “B+”, que de hecho, no recuerdo bien si fue “B-”y yo fui a hablar con él sobre esto y se produjo el leve cambio, pero no importa.  El punto es que hay una nota de su puño y letra que resulta ser más significativa que la “A”.  La nota dice: “Su trabajo debió (sic) ser mejor pues usted tiene el talento para ello”.  Aunque en aquel momento me sentí decepcionada, hoy me doy cuenta de que esta “B” con su nota tiene mucho más valor, porque representa un reconocimiento a mi talento.  Depende exclusivamente de mí, no del evaluador, si lo voy a utilizar al máximo.

Pasaron varios años antes de volverme a encontrar con el Profesor.  Una vez nos encontramos en el aeropuerto cuando yo acudí a buscar al que era mi esposo y se lo presenté.  En otra ocasión nos encontramos en el Viejo San Juan y a mi ex no le hizo gracia la cara de evidente adoración que yo puse cuando lo vi.  Pasaron muchos más años y muchas más experiencias, incluyendo el divorcio, antes de que nos volviésemos a ver.  Estaba yo en Broadway.  Había comprado unos boletos por teléfono para el teatro, desde Puerto Rico.  Como yo tengo problemas con las direcciones (aún aquí), decidí ir a recoger los boletos temprano, para saber cuán distante estaba el teatro, no fuera a ser que me perdiera sin el boleto de entrada.  Al salir del teatro, lo vi y lo llamé -¡Profesor!  Me saludó muy cariñoso y comenzamos a caminar por Broadway.  Yo estaba fascinada.  ¡Caminar por Broadway con Luis Rafael Sánchez!  Al despedirnos, me dijo que había sido muy agradable compartir durante el trayecto.  Regresé al hotel emocionadísima, como una adolescente, a pesar de que calculo yo tendría unos 37 años en ese entonces.  Algunos 10 años después, me lo encontré en Border’s y fue exactamente la misma emoción -risa nerviosa y todo.

El artículo del pasado miércoles se titula ¡Amo a Mafalda!  En él Luis Rafael Sánchez hace gala nuevamente de su dominio del lenguaje.  Dominio que yo he visto no sólo en sus libros -En cuerpo de camisa, O casi el alma, y Quíntuples, entre mis favoritos, aparte de los artículos y ahora el de Devórame otra vez, el cual adquiere una nueva dimensión, sino también en su expresión oral, la cual he tenido el privilegio de disfrutar.  Pero más allá de la suprema habilidad que sabemos posee, este artículo se me revela tierno, como que acerca más a mí a esta figura casi mítica que es para mí Luis Rafael Sánchez.  Dice en una parte del artículo, refiriéndose a los dones de Mafalda: “Y porque considero la inteligencia el afrodisíaco cumbre”.  Me identifico plenamente con esta aseveración, pues para mí, una mente privilegiada atrae más que cualquier otro don y en más de una ocasión me he sentido poderosamente atraída a hombres brillantes.  Y si tienen una voz hermosa es como para caer desfallecida.

Luis Rafael expresa en este artículo todas las razones por las cuales ama a Mafalda, entre éstas “porque en su contorno infantil escasean las hadas aéreas y los príncipes azules, pero abundan otras fantasías más increíbles, como la fantasía suprema en que consiste la justicia humana”.  Esto casi me dejó sin aire.  Pero el coup de graçe, está casi al final dónde expresa que “la llevaría a la playa de Acapulco a acariciar las estrellitas con sus manitas”.  Suspiro.

Amo a Luis Rafael, porque tras más de 30 años de haberlo conocido, aún me hace suspirar con el afrodisíaco de su  talentosa inteligencia, su hermosa voz y me hace desear que me lleve a la playa de Acapulco a acariciar estrellitas con mis manitas, mientras como Mafalda, aún conservo la fantasía suprema de la justicia humana.

21 de enero de 2005

jueves, 23 de agosto de 2018

¿DÓNDE ESTÁ EL ALMA?





Reflexiones sobre la esencia del Partido Popular Democrático 




¿DÓNDE ESTÁ EL ALMA?
  

Yo he usado esta palabra muchas veces.  Me he referido a hombres con alma de niño, edificios, cachivaches o lugares con alma; a palabras que me salen del alma –usualmente palabras fuertes, de las llamadas “malas”, pero que son un reflejo de un profundo dolor o indignación.  En momentos gozosos, aludo a adornar o alegrar el alma; en momentos tristes han salido a relucir las heridas del alma o el dolor que estruja el alma o los pedazos arrancados de ella.  Por supuesto, que la uso con un tono cargado de orgullo y casi reverencia cuando me refiero a mi Alma Máter, la Universidad de Puerto Rico.  He tenido la dicha de hacer viajes con alma, que es decir que son experiencias de vida en las que aprecio la belleza de los paisajes, aspiro los olores, siento la brisa; disfruto a plenitud de los sabores de un país y me comunico con su gente.   Una de las alusiones más hermosas que he escuchado es cuando Papi me llamaba su hija del alma. 

En estos días ha salido a relucir la palabra vinculada al Partido Popular Democrático.  Se ha dicho que en estos momentos se cuestiona si se ha quedado sin alma.  Creo que sí.  Yo crecí bajo los fundamentos de ese partido, aunque hace mucho tiempo que dejé de considerarme militante.  Respaldo muchas de sus posturas de justicia social y su apego a la reafirmación de nuestra identidad nacional.  Esto último se ha venido erosionando con el tiempo y merece un análisis mucho más profundo que lo que esta reflexión puede atender.  Son muchas las personas que han señalado que cada día el Partido Popular se parece más al PNP y estoy de acuerdo.

Desde mi punto de vista, el PNP se ha caracterizado por tener una organización muy centrada en lograr triunfos electorales.  De hecho, internamente hay quienes han criticado esto, lo que ha provocado un nuevo énfasis en impulsar la estadidad.  Desde hace bastante tiempo, el Partido Popular ha estado enfocado en seleccionar candidatos con la posibilidad de derrotar el candidato del PNP, pero sin hacer esfuerzo alguno para definir el rumbo que debe tomar en términos filosóficos a la luz del giro que ha tomado nuestra relación con los Estados Unidos.  Se hacen esfuerzos para derrotar la estadidad –algunos muy burdos como hemos visto, pero no para definir hacia dónde vamos con un estatus que ha quedado más que desprestigiado.

Hace mucho tiempo que Estados Unidos ha decidido ignorarnos, en el mejor de los casos y más recientemente, humillarnos.  Esta actitud desdice mucho de uno y otro país.  Pese a que muchos todavía insisten en que el Estado Libre Asociado es viable con unos pequeños ajustes, la situación, aunque dolorosa, es insostenible.  Las más recientes decisiones de los tribunales han dado al traste con cualquier ilusión de que aquello que funcionó hace varias décadas, aún funciona y que sólo hay que darle un update.

La dirección del partido es el mejor ejemplo del estado de negación.  Por años se ha pospuesto una consideración seria y profunda del estatus, amparándose en que hay una crisis económica que atender, como si no pudiesen atenderse ambos asuntos.  Este ejercicio de posponer lo medular me recuerda una relación que tuve, en la que la justificación para no atender el distanciamiento era que había que atender diversas crisis que se presentaban en el entorno laboral, que a fin de cuentas no eran distintas crisis, sino una con variantes.  El resultado final fue que la crisis económica, que en verdad era una crisis de prioridades, se tragó la relación.

Pues los que tienen el control del partido no han querido enfrentar la crisis mayor en la relación con un pilar fundamental – el estado libre asociado que ideó Muñoz y que fue una solución en su momento.  Hay quien ha planteado que esta creación fue un engaño, pero yo no lo veo así.  Creo que Muñoz se enfrentó a una situación de un pueblo sumido en la miseria y buscó una alternativa novedosa que halló resonancia en líderes de la época en Estados Unidos.  La traición no vino de Muñoz –vino del que se presentó como socio y que luego, cuando la isla no servía a sus intereses, nos  fue abandonando poco a poco, como el amante que empieza a llegar tarde, luego no tiene tiempo para nosotros y en el peor de los casos, termina maltratándonos.  Esta relación indigna desdice de nosotros, pero desdice también de una nación que ha tenido líderes insignes y se precia de ser ejemplo de democracia.  Las naciones no son sus líderes; son el pueblo que las constituye.

Y los líderes que controlan el Partido Popular en este momento desdicen mucho de un partido que una vez fue dirigido por gente honorable.  La pugna reciente sobre los vínculos  del presidente del partido y otro personaje que me parece accesorio con la firma DCI Group dedicada a cabildear a favor del pago a los bonistas y a quien se le imputa lanzar una campaña de lodo sobre el entonces gobernador y las intenciones del país de evadir sus obligaciones presenta la cara más fea de los abogados.  Y puedo hablar sobre los abogados, porque soy abogada.

El rol de un abogado es asesorar a su cliente y ser fiel a su particular visión de los hechos, independientemente de si está de acuerdo o no.  Por supuesto, es su deber plantear todas las posibilidades en defensa de su postura, incluyendo el riesgo de perder en un juicio.  La decisión final no es del abogado-es del cliente. A mucha gente le causa incomodidad que un abogado criminalista defienda a un acusado de crímenes abominables, cuando sabe que el acusado en efecto cometió el crimen. Como abogada, sé que ese abogado está defendiendo el principio del derecho a un juicio justo.  Su obligación es hacer todo lo legalmente posible –y lo subrayo a propósito-  por demostrar que el proceso no se llevó a cabo como corresponde, ya bien sea porque no hubo una identificación adecuada, que la evidencia se obtuvo de manera ilegal o cualquier otra circunstancia que se apartó del procedimiento que está instituido en nuestro sistema de derecho para la protección de todos nosotros.

Es preciso recordar que no es el abogado quien determina que el acusado no es culpable, sino el juez, luego de escuchar los argumentos del otro lado – del fiscal que debe probar más allá de duda razonable que el acusado es, en efecto, culpable de lo que se le imputa.  Para los abogados a quienes se nos hace muy difícil desdoblarnos y atender clientes que pueden ocasionarnos un conflicto con nuestras creencias, el camino a tomar es no atender ciertos casos e incluso, no dedicarnos a la práctica criminal.  Debo enfatizar que no quiero en modo alguno implicar que los abogados criminalistas estén haciendo algo inmoral al defender clientes que saben cometieron los delitos, sino que cada abogado debe tomar el curso de acción que le produzca la mayor tranquilidad  personal.

En el campo del derecho civil también pueden presentarse conflictos, cuando el abogado representa clientes con intereses encontrados, aspecto regulado por los cánones de ética.  Un abogado no puede representar, por ejemplo, a partes que están en pugna en torno a una herencia.  Y el asunto se sigue complicando cuando entramos al ámbito de la persona que es abogado, pero que no está actuando como tal en su capacidad de director o representante de un organismo, lo que me lleva a la actuación del presidente del Partido Popular.  El otro caso no lo abordo, porque como dije, es un mero accesorio.

La participación de Héctor Ferrer en la redacción de memorandos legales a DCI Group lo convierte en un abogado con obligación hacia ese cliente.  El no actúa como abogado del Partido Popular, por lo que desde el punto de vista ético legal, no ha actuado de forma que violente leyes o el código de ética de los abogados.

Habiendo establecido esto, es preciso que nos enfrentemos a lo que es una ética personal, que no aparece en códigos, ni leyes.  Trabajar para una entidad -aunque sea en una gestión limitada-  que en su afán para obtener el pago para unos bonistas, pinta un cuadro distorsionado de los puertorriqueños, es algo que hiere eso intangible que llevamos dentro la mayoría de los puertorriqueños, aunque ni siquiera se esté consciente de ello.  Yo dirigí una oficina dedicada a combatir el discrimen y no actuaba como abogada.  ¿Cómo se sentiría una víctima de discrimen por digamos, origen nacional, si fuera de horas laborables me dedicara a orientar policías acusados de violencia policiaca contra la comunidad dominicana?  No se trata de si la actuación de Héctor Ferrer era legalmente válida; se trata de que una persona que representa un organismo que defiende la justicia social no debería representar a quien, aunque legítimamente, defiende sus intereses económicos sin contemplar las consecuencias.

Y no es cuestión de empezar a señalar que hay otros que actúan de la misma forma o las motivaciones que pudiesen tener para hacer el señalamiento.  Todos los que actúen de igual manera incurren en el mismo enredo de espíritu, para usar una frase de Muñoz.  La pugna ha sacado a la luz que el Partido Popular, tristemente, perdió su alma, como se dice que manifestó Victoria Muñoz.  Y lo cierto es que hace tiempo la perdió, pero era algo que no se quería ver.  La controversia por las gestiones con DCI Group destapó esa realidad, como María destapó la pobreza que estaba ahí y no veíamos –o no queríamos ver.

Es repugnante ver los intentos de justificar lo injustificable ante nuestras almas heridas, porque lo que ocurre en el Partido Popular –y en otros también, duele en el alma, pero no hablo de lo que no es el tema –eso le toca a otros. Hay veces que unas declaraciones revelan mucho más allá de lo que se dice.  Establecida la pugna, según el Periódico Primera Hora del lunes, comenzaron a salir carteles que decían PPD sin criminales, con una foto de Aníbal Acevedo Vilá y No a los gansos. Cuestionado sobre ello, Ferrer se desvinculó de los mismos y manifestó ¿Quién puso eso y los otros? Yo no sé ni me interesa ni me importa.  No dudo que él no sepa, pero ¿cómo no le va a importar a su presidente que aparezca una campaña de descrédito contra miembros del PPD?  A mí me importaría mucho que se arrojaran sombras sobre el personal de la oficina que dirigía, porque eso afectaría la credibilidad de la labor que allí se hacía.  Ese es el gran problema, que a muchos no les importa la imagen que se proyecte de un partido con nobles propósitos.

Y más allá de la imagen, la naturaleza del partido, su razón de ser se ha perdido, si se va a continuar por este camino de negación de la realidad colonial y la lucha por candidaturas para gobernar algo que ya ni se sabe qué es.  Por años no hemos querido ver una realidad porque resulta dolorosa.  William Miranda Marín aludió en el 2010 a la necesidad de una ruptura.  Han pasado 8 años y hay una negación de la necesidad de romper con lo que en algún momento sirvió bien al país.  Precisamente 8 años me tomó llegar al convencimiento de que mi relación de matrimonio no era lo que en su origen fue; que ya la razón de ser había dejado de existir; que era una relación donde no había maltrato, pero tampoco había amor de pareja.  Lo mismo ocurre con el Partido Popular.  Hay una resistencia a romper con lo que dejó de ser, porque seguimos añorando lo que una vez fue.

Sí, el alma del Partido Popular se ha perdido, pero está en los pedazos que de ella hay en los corazones de cada uno de los que creemos sus postulados básicos de pan – pan para saciar el hambre del cuerpo y del espíritu; tierra para cultivarla,  sostenernos, protegerla  y amarla y finalmente, libertad para elegir el rumbo de nuestro destino con plena conciencia de quiénes somos y hacia dónde vamos.  No es un camino fácil; es doloroso, pero  necesario. Se comienza  juntando todos esos pedacitos del alma del Partido Popular que llevamos dentro para retornar a su esencia, aunque con ello tenga otra apariencia.

23 de agosto de 2018

martes, 24 de julio de 2018

RARA








Para todos aquellos a quienes le han llamado raros alguna vez...


RARA

Tú eres tan rara; ya me lo habían dicho, me espetó una vecina. Me lo dijo tras yo haberme quejado de algo que ella había hecho que iba en contra de las normas de sana convivencia.  Y no me lo dijo con las varias acepciones que tiene la palabra según el Diccionario de la Real Academia, mi amigo RAE – me lo dijo con esa expresión en el rostro que ponemos cuando nos referimos a alguien extraño, que no encaja en la norma; que nos causa perplejidad y hasta disgusto.  Ayer presencié un vídeo de la Profa García, en el que entrevista a una maestra-emprendedora a quien también han llamado rara.

Tras el vídeo, me vino a la mente Peppermint Patty, un personaje de la tirilla Peanuts que no es tan famoso como Snoopy, Charlie Brown o Lucy. Me encariñé con este personaje, que usa siempre sandalias porque se las regaló su papá, quien suele llamarle su rare gem (joya poco común).  Mi papá no me llamaba así, pero para él yo era el tesoro más preciado y en ese sentido, rara como las acepciones en RAE: extraordinaria, poco común o frecuente; insigne, sobresaliente.  Y a fin de cuentas, ¿no habita en todos nosotros alguien extraordinario, poco común y sobresaliente?

Lo cierto es que hemos escondido eso que nos hace únicos para encajar en la norma, en lo esperado, en lo que hace todo el mundo, porque cuando hacemos las cosas de forma diferente nos tildan de raros en el peor sentido, algo así como lo que en inglés se conoce como weird.  Admito que no me gustó nada la forma despectiva como se me tildó -y que aún se me tilda- de rara, porque no se está viendo el aspecto positivo de serlo.

Soy rara en muchos sentidos –me divorcié de un hombre muy trabajador, precisamente porque era tan trabajador que se convirtió en workaholic; me gusta viajar, ir a conciertos y comer sola; tomé cursos de actuación después de adulta; pese a ser abogada, no me gusta rodearme de ellos; me gusta probar alimentos que a muchos disgustan, como sushi, o sesos; tomé un curso básico de italiano y estoy en vías de tomar un nivel intermedio, porque me gusta, no porque lo necesite.  Cuando es necesario, digo las cosas que opino aunque a otros les disguste y me cueste el ostracismo.

Cuando tomé mi curso de actuación hice el papel de Lucy, la niña bocona y malhumorada.  Tengo algo de eso, pero pienso que tengo mucho más de Peppermint Patty, con su obstinación de usar las chancletitas que le regaló el padre amoroso que la llama su joya poco común.  Todos debemos hacer a un lado las voces que intentan perpetuar lo establecido para buscar aquello que nos hace únicos, especiales, extraordinarios y mostrarlo al mundo como la joya preciosa que es.

24 de julio de 2018

Seas raro o no, puedes escribirme a: anaolivencia.1954@gmail.com

#serraro
#PeppermintPatty


viernes, 20 de julio de 2018

IMAGEN EMPANADA








IMAGEN EMPANADA

Hacía tiempo que no leía algo tan desorganizado en términos de transmitir una idea.  Cierto es que este gobierno es experto en desorganización, pero se cuidan de al menos redactar documentos que aunque escondan hechos o reflejen medias verdades, al menos son organizados.  El escrito que aparece hoy en El Nuevo Día es de Jon Borschow,  presidente de una organización privada – DMO, a la que se le ha encomendado el mercadeo de Puerto Rico como destino turístico.  El señor Borschow escribe, no sé si en carácter personal, una columna que titula La seguridad del visitante. Dedica una tercera parte de la columna a describir las situaciones de asaltos y balaceras que han llevado a los E.U. a advertir a los ciudadanos americanos sobre la peligrosidad del estado mexicano de Quintana Roo, donde ubica la Riviera Maya.  A renglón seguido dice que sin desearle nada excepto lo mejor a nuestros hermanos mejicanos, Puerto Rico se puede beneficiar indirectamente de esto.  Vaya, menos mal que les desea lo mejor.

Me parece espantoso que se dedique tanto espacio a pintar un cuadro tan negativo de un destino turístico para usarlo como excusa de que en Puerto Rico esto pudiese ser ventajoso.  Pero ahí no queda la cosa.  Sigue diciendo este señor que preside la organización a cargo del “mercadeo de destino” de Puerto Rico, que aquí no tenemos que preocuparnos por tiroteos ni balaceras en restaurantes, ni envenenamientos con la comida –excepto ahora, casi un año después cuando estos eventos están empezando a recrudecer en el Condado, la Calle Loíza, el distrito de convenciones, el Yunque, Vieques y Cabo Rojo.  ¿Y este es el señor que preside el organismo a cargo de promover a Puerto Rico como destino turístico?

Más adelante en la columna habla de la necesidad de garantizar la seguridad de los visitantes, entre otras recomendaciones para lograr que el destino turístico genere nuevos ingresos al fisco.  No hay duda que hay mucho por hacer en términos de mejorar la percepción que se tiene sobre el país, pero esta entidad va a tener que organizar su pensamiento.  No se mejora la imagen con golpes bajos a otros destinos, ni escribiendo columnas que nos ensalzan por un lado y nos escocotan por otro – todo en un mismo párrafo.

Para mayor ironía, hay un error tipográfico en el penúltimo párrafo, en el que se hace referencia a la necesidad de “protegerlos (a los turistas) contra cualquier cosa negativa que pudiese afectar su experiencia y empanar (sic) la imagen de nuestra maravillosa isla”.  Nada, que en la próxima reunión del DMO servirán frituritas de imagen empanadas, para ver si resultan exitosas en Piñones.  Espero la receta.

20 de julio de 2018

miércoles, 18 de julio de 2018

TECHNOLOGICALLY CHALLENGED






TECHNOLOGICALLY CHALLENGED

Hace tiempo que me parece horroroso cómo algunos se refieren a las personas con impedimento.  No voy a repetir todas las barbaridades que se dicen que implican que la persona es incapaz o incluso, que insinúan que es menos que los demás. Tan reciente como la primera semana de este mes por poco infarto cuando escuché a una persona decir que primero van los inútiles, al referirse al orden del proceso de abordaje al avión.  Todos nosotros tenemos algún tipo de dificultad en la vida.  En mi caso, no tengo sentido de orientación, carezco de habilidades atléticas o  para el baile y la tecnología me asusta de tal manera que me ha tomado años lograr un nivel aceptable de destreza.  Por tal razón, suelo referirme a mi misma como technologically challenged, en referencia a la forma en que a veces se denomina a aquéllos que tienen algún impedimento físico.

Para cada una de mis dificultades hay una razón y casi todas están relacionadas con una creencia inicial de que no soy capaz, aunque sospecho que el asunto del sentido de dirección tiene que ver con algún desvío en uno de esos intricados surcos en mi cerebro.  De pequeña mis padres no estimularon mi desarrollo en los deportes, presumo que como medida sobre protectora.  Como me apasionaba tanto la lectura, nunca mostré interés en desarrollar habilidades deportivas.  De hecho, detestaba la clase de educación física.  Cuando me obligaban a jugar volibol y veía la bola venir, en lugar de buscar la bola para lanzarla, me tapaba la cara para evitar que me golpeara. En cuanto al baile, comencé a tomar clases de ballet y no podía hacer las piruetas de estrella que con tanta facilidad realizaban las otras niñas, así que eventualmente las abandoné.

Aunque disfruto el baile, no lo practico mucho y para colmo, mis parejos nunca han sido diestros en ese arte.  Pese a esto, me he matriculado en varios cursos luego de adulta: bailes de salón, en el cual logré un nivel aceptable de poder bailar salsa.  Sin embargo, me causa pavor ir a un lugar y que alguien me saque a bailar, por lo que cuando ocurre, me pongo tan tensa que el resultado neto es que no me vuelven a sacar a bailar.  Fin del intento de bailar salsa.  En dos ocasiones tomé clases de bomba, porque es un ritmo que me encanta.  En la primera, algo pasó con las fechas y no pude seguir, pero lo cierto es que no estaba progresando mucho.  La segunda vez fue un taller con Paulette Beauchamp que incorporaba percusión.  Al taller asistían varias mujeres con mucha experiencia en baile, por lo que yo me sentía más que intimidada.  Para colmo se juntó mi falta de habilidad baileril con el problema direccional.  El resultado era que cuando todo el mundo iba para la izquierda, yo iba para la derecha.

Debo decir con mucho orgullo que en ese curso poco a poco la gente se iba dando de baja-supongo que lo consideraban muy básico y el último día de clase la única que asistió fui yo.  No sería la mejor, pero sí la más consistente.  Más tarde decidí tomar clases de tango, porque es un baile hermoso, con un estilo y una sensualidad que me hace evocar imágenes de una pareja deslizándose con gracia y soltura por un enorme salón.  Y tengo que decir que soy bien atrevida, porque ¡mire que intentar bailar nada mas ni nada menos que tango, que no es nada fácil! Como era de esperarse, tuve muchas dificultades.  Se me hacía muy difícil seguir la secuencia de los pasos. Tuve un compañero de clases con quien logré moverme de forma aceptable, pero una reunión con uno de los profesores-mucho más joven, terminó de desalentarme, porque no lograba adaptarme a su estilo.  Llegó incluso a preguntarme, en tono molesto si yo iba a insistir en dirigirlo o iba a dejar que él dirigiese.

Este intercambio me desilusionó, pero no me marcó.  Había tenido la experiencia de bailar con el cheche de la película –el jefe de la academia y supe de primera mano-o tal vez deba decir de primer pie, que un bailarín excelente puede lograr que una lo siga al fin del mundo.  No estaba en las de tomar clases privadas con él, así que no proseguí, pero no pierdo la esperanza de retomarlas y lograr al menos desplazarme con un cierto grado de elegancia en un tango de esos que me hacen suspirar.

En fecha más reciente decidí tomar un curso de danza-yoga, porque había iniciado un curso de yoga que aún no domino, pero sigo intentándolo.  No puedo lograr que mis posturas se vean elegantes, fluidas y mucho menos puedo torcerme como un pretzel, pero hago lo que puedo.  No debe pedírsele a un cuerpo que tiene esta edad que no voy a revelar, que haga lo que no hizo desde un principio.  El curso me ofrece la oportunidad de integrar la danza a la yoga, para darle mas elegancia a mis movimientos.  Pese a la paciencia infinita de mi maestra Anuradha, no logro apartarme del todo de mi mente y la mas de las veces siento que son intentos torpes de desplazarme por el salón.  ¡Ah!, pero ha habido momentos sublimes, como cuando me puso una falda con vuelo; me sentí con gracia, con salero y me entregué a la alegría del baile, sin juzgarme.

Esa experiencia me recuerda mis cursos de teatro, los que tomé a raíz de mi divorcio, como una forma de integrar un nuevo interés a mi vida que evitara me convirtiera  ¡Dios me libre! en una adicta al trabajo.  A las clases asistía en compañía de un grupo de jóvenes –yo era la mayor.  A muchos de ellos se les hacía fácil entrar en personaje.  Se desplazaban con facilidad por el escenario, mientras que yo sufría de mis usuales problemas para moverme con soltura.  No me amilané y me aprendía el libreto, ensayando en cualquier lugar –en casa, en la oficina en mi hora de almuerzo.  Poco a poco mi voz iba incorporando gestos e inflexiones de voz del personaje, hasta que lograba habitarlo, como diría Luis Rafael Sánchez.

Me encantaba el momento en que ensayábamos con vestuario, porque era como si el personaje entrara en mí y lograba algo que nunca había logrado –no era yo, era la abuela de la presunta Anastasia de Rusia,  o Bernarda; la temperamental Lucy Van Pelt o Carlota Morrison. Todas sufrieron una lenta evolución.  Yo misma observaba cómo iba operándose el cambio en mi, hasta que finalmente yo era una de ellas.  Disfruté mucho esos años en que logré dominar mis temores e inseguridades para penetrar en el alma y los sentimientos de otros seres.

Mientras todo esto ocurría, en el mundo laboral era cada vez más necesario el uso de la computadora –para investigaciones, para escribir con precisión y para comunicarnos de forma más rápida.  Me dio trabajo, porque comencé en una etapa en que los avances iban a las millas.  Logré dominar al menos la parte de los programas de Word y algo de Power Point, que me servía para mis presentaciones.  En el plano personal, me resistía a dos cosas: cambiar el teléfono celular a uno con acceso a internet y cambiar la cámara de una de rollito, a una digital.  Solía decir que si mi cámara Olympus tomaba excelentes fotos y podía llevar los rollitos a Walgreen’s para que pusieran las fotos en un disco, aparte de imprimirla, ¿para qué necesitaba cambiar mi cámara?  Además, si en Cuba todavía usan los carros de los años 50, ¿no era un desperdicio deshacerse de una cámara que funcionaba perfectamente?

Eventualmente entendí la conveniencia de tomar fotos digitales y poderlas enviar directamente a Walgreen’s y a quien quisiera, aparte de poder acceder a internet en cualquier lugar. Eventualmente me adentré en el mundo de Facebook, pese a mis temores sobre la pérdida de privacidad. He seguido explorando, poco a poco, con las distintas formas de lograr comunicarme.

Hace dos años publiqué mi primer libro y en el proceso he seguido descubriendo las maravillas de la tecnología.  El último descubrimiento ha sido descifrar cómo integrar fotos a los relatos de los viajes que publico en mi blog, que ha sido para mí un excelente vehículo para expresar mis ideas.  He comprendido que pese a mis carencias, puedo sobreponerme a ellas para lograr mi objetivo.  Las carencias se deben a tres factores, o al menos eso creo.  El problema direccional lo atribuyo a una condición genética.  El problema para desplazarme con fluidez y gracia, así como a no tener habilidad en los deportes, lo atribuyo a la poca exposición que tuve a estos, ya bien fuera por imposición en la niñez o desidia y falta de interés en mi adultez.  Las deficiencias tecnológicas creo se deben también a algo genético, complicado con algo que permea como he enfrentado todas las deficiencias: miedo.

El problema direccional me ha resultado un poco más fácil enfrentar –busco todas las referencias posibles para llegar a mi destino.  Adoro los rótulos.  Cuando voy a un nuevo lugar pregunto cerca de qué queda.  Me aterra ir a Bayamón, pero qué cará –he ido a ¡Grecia y a Japón!  Anticipando el gozo de llegar a mi destino me enfrento a la tortura de descifrar cómo llegar o peor aún, enfrentarme al hecho innegable de que me perdí.  Debo decir que si por perderse otorgaran grado académico yo tendría un doctorado.  Pero como dice la canción de Diego Torres, es mejor perderse que nunca embarcar.

Con las deficiencias en baile y la tecnología logro identificar un temor a hacer las cosas mal.  Puedo reconocer una tendencia a abandonar aquello que no me sale bien desde un principio.  Dios me ha dado varios talentos –para la expresión verbal y escrita, para la cocina, para los idiomas- que me fluyen con naturalidad.  No siento que hago esfuerzo alguno para realizarlos.  Otros talentos me han sido negados –soy pésima para las matemáticas, para lograr operar maquinarias, para cantar y tantas otras habilidades que a otros se les dan con suprema facilidad.  Pese a ello, he comprendido que no necesito abandonar del todo una actividad que me resulte intimidante y para lo cual no tengo intención alguna de alcanzar la excelencia, si con ello puedo apoyar mis  talentos.

La tecnología me ofrece la oportunidad de realzar aquello que disfruto, así que no aprovecharla sería un poco despreciar el talento que Dios me dio. Me siento orgullosa de que a pesar de mi dificultad direccional, me he sobrepuesto al miedo y he viajado a tantos lugares que de otro modo no habría visto.  A pesar del miedo a hacer el ridículo, sigo tomando clases de baile –no voy a ser una bailarina, sólo quiero sentir el disfrute de desplazarme al son de la música.  Mis deficiencias son tan parte de mi como mis habilidades y no voy a dejar que me impidan lograr disfrutar la vida al máximo.  Sí, soy technologically challenged,  me pierdo con facilidad y no tengo sentido de dirección, pero eso no me va a detener.

18 de julio de 2018

Puedes escribirme a: anaolivencia.1954@gmail.com 




jueves, 12 de julio de 2018

¿CUÁNTOS INGENUOS QUEDAN?


¿CUÁNTOS INGENUOS QUEDAN?

Yo me considero una persona imparcial, que suelo pensar bien de los seres humanos, a menos que me demuestren lo contrario.  Tiendo a buscar el trasfondo de las decisiones; trato de entender el proceso mental por el cual pasó una persona para tomar sus decisiones o comprender que experiencias del pasado puedan haberle llevado a proceder de manera irracional.  Ingenua, lo que se dice ingenua, no soy, aunque algunos puedan verme así.

En los últimos meses han estado ocurriendo sucesos en este país que retan a cualquier persona que como yo, tenga mente abierta y esté dispuesta a dar el beneficio de la duda a las decisiones gubernamentales que no tienen pie ni cabeza.  Uno de los casos más aberrantes fue la versión que ofreció el entonces director ejecutivo de la Autoridad de Energía Eléctrica, cuando alegó que contrató por $300 millones a la compañía Whitefish – esa que tenía tan sólo dos empleados- porque bajo la situación de emergencia no podía comunicarse con las organizaciones energéticas de E.U. para solicitar ayuda debido a que no había comunicación telefónica.  Resulta increíble además, que el gobernador alegó que él no sabía de esta contratación millonaria porque es una decisión que compete a la junta de gobierno de la AEE.

El asunto de a quién le responde la AEE es tan intermitente como el servicio eléctrico restablecido tras María.  Es un asunto de la Junta, pero el gobernador negó saber que habían nombrado a Higgins.  Ahora aparece dando cara para anunciar la renuncia del susodicho.  Pese a ser asunto de la Junta y tras oir el coro de críticas al obsceno salario del nuevo designado, ahora solicita se le reduzca.  Al momento de escribir estas líneas los miembros independientes de la Junta han renunciado, así que la saga continúa.

Y así tenemos casos que nadie en su sano juicio cree que así es como ocurrieron las cosas –el famoso chat en el que nadie sabía que el designado presidente de la Junta Estatal de Elecciones era juez; el tirijala con la eliminación de la Ley 80 que el gobernador inicialmente avaló y luego repudió y más recientemente, el escándalo del hostigamiento sexual en la Compañía de Turismo. Es un tema que me llega muy de cerca, ya que tuve a mi cargo una oficina con la responsabilidad de orientar sobre el tema y de ser necesario, procesar las querellas que se presentasen por esta causa.

Según surge de las declaraciones de funcionarios y citas de los involucrados  en el proceso, antes de que el director de Turismo fuese confirmado al puesto tres empleadas fueron a Fortaleza para quejarse del comportamiento de este señor.  Las versiones varían y supuestamente la información que recibió el gobernador era en la línea de que las quejas eran por el estilo gerencial del individuo, no por aspectos de hostigamiento sexual y así lo afirma el gobernador.  Eso contrasta con el testimonio de al menos una de las querellantes, que indicó que su jefe le hacía comentarios continuos sobe su vestimenta y en una ocasión le mostró una foto de una mujer desnuda.

Estaba fuera del país, así que no tengo claro cómo es que sale del puesto la directora interina de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, a cargo de la investigación que refirió al departamento de Justicia y la Oficina de Ética Gubernamental los hallazgos de la querella que concluye que tres ex funcionarios de Turismo incurrieron en hostigamiento sexual y que los ayudantes del gobernador no hicieron nada para activar un protocolo que protegiese a las querellantes.  Ya se sabe que la directora interina fue removida del puesto luego de que remitiera el informe y que se designó a Lersy Boria para ocupar el puesto.

Ha salido a la luz pública que Christian Sobrino entendía que no había habido hostigamiento sexual porque el querellado no había intentado imponerse físicamente, lo cual denota un total desconocimiento sobre lo que es el hostigamiento sexual, que resulta imperdonable en un funcionario de tan alto nivel.  Para mayor horror, el director de Recursos Humanos –of all people- en Turismo es citado diciendo que “ahora va a haber menos hijos si las leyes son tan fuertes, porque nadie en el trabajo se va a poder conocer”.  

Hay tantos errores en esto que resulta de espanto.  En primer lugar, la ley que prohíbe el hostigamiento sexual no es nueva –es de abril de 1988 – ¡hace 30 años!  Entre las obligaciones que impone está la de dar a conocer la política sobre hostigamiento sexual y proveer un procedimiento adecuado para atender las quejas.  Impone una obligación absoluta al patrono –es decir, no puede decir que hizo todo lo posible para dar a conocer dicha política para librarse del pago económico, cuando el hostigador es un supervisor.  Esto ha generado que todas las agencias y patronos privados han diseñado talleres sobre el tema.  Parece que los ayudantes del gobernador y el director de Recursos Humanos de Turismo jamás tomaron uno de estos cursos o como ocurre frecuentemente, su cuerpo, pero no su mente, estuvo allí.

Cuando ocurren situaciones como esta una se pregunta cómo es posible que después de 30 años todavía estemos casi donde mismo empezamos.  Peor aún, se trasluce en todo esto que ha habido un intento de amapuchar todo, por lo que se teje toda una maraña, un libreto mal construido al que se le están viendo las costuras.  Resulta altamente sospechosa la versión que ha dado la nueva designada procuradora de las mujeres cuando dice que no ha podido leer el informe porque no se lo han proporcionado o porque no se ha podido reunir con la anterior directora interina.  Si no ha podido localizar el expediente, indague para ver si alguien está desapareciendo un documento público, pida copia a Justicia.  Yo, que soy tan ecuánime,  tan diplomática y tan positiva, no me trago ese cuento. Something is rotten in the state of Denmark, como diría Shakespeare o como diría el jíbaro,  a otro perro con ese hueso.

Y parece que ya quedan pocos que crean que las cosas han ocurrido como se dice ocurrieron. Lo triste es que el número de cínicos ha aumentado exponencialmente.  Abundan los que piensan como Norma Burgos cuando, en relación con la intervención del juez en el chat dijo que todos los jueces hacen lo mismo o los que piensan que todos los políticos son iguales o que todos los empleados gubernamentales son unos vagos o buscan aprovecharse de sus puestos.

Lo peor de todo esto es que nos están matando la fe en nuestras capacidades; en que merecemos tener un sistema que vele por un funcionamiento pulcro en la gestión gubernamental.  Todo este lodazal conduce a que el puertorriqueño asuma una actitud derrotista de que no vale la pena luchar contra un sistema podrido.  No hacen falta puertorriqueños ingenuos que no cuestionen lo que cualquier persona de otro país cuestionaría, Tampoco hacen falta puertorriqueños enajenados, que tiren la toalla y miren para otro lado. Hacen falta puertorriqueños dispuestos a gritar que ¡el emperador está esnú!, como el niño del famoso cuento y dispuestos a exigirle al emperador que se vista y se comporte a la altura de su cargo.  La canción Imagine, de John Lennon dice people say I’m a dreamer, but I’m not the only one. Sí, tengo mucho de soñadora, pero de soñadora con visión, como tantos otros puertorriqueños.  No dejemos que unos cuantos borrachos de poder nos acaben de destruir el país y la dignidad.

12 de julio de 2018