¿CUÁNTOS INGENUOS QUEDAN?
Yo me
considero una persona imparcial, que suelo pensar bien de los seres humanos, a
menos que me demuestren lo contrario.
Tiendo a buscar el trasfondo de las decisiones; trato de entender el
proceso mental por el cual pasó una persona para tomar sus decisiones o
comprender que experiencias del pasado puedan haberle llevado a proceder de
manera irracional. Ingenua, lo que se
dice ingenua, no soy, aunque algunos puedan verme así.
En los
últimos meses han estado ocurriendo sucesos en este país que retan a cualquier
persona que como yo, tenga mente abierta y esté dispuesta a dar el beneficio de
la duda a las decisiones gubernamentales que no tienen pie ni cabeza. Uno de los casos más aberrantes fue la versión
que ofreció el entonces director ejecutivo de la Autoridad de Energía
Eléctrica, cuando alegó que contrató por $300 millones a la compañía Whitefish – esa que tenía tan sólo dos
empleados- porque bajo la situación de emergencia no podía comunicarse con las
organizaciones energéticas de E.U. para solicitar ayuda debido a que no había
comunicación telefónica. Resulta
increíble además, que el gobernador alegó que él no sabía de esta contratación
millonaria porque es una decisión que compete a la junta de gobierno de la AEE.
El asunto
de a quién le responde la AEE es tan intermitente como el servicio eléctrico
restablecido tras María. Es un asunto de
la Junta, pero el gobernador negó saber que habían nombrado a Higgins. Ahora aparece dando cara para anunciar la
renuncia del susodicho. Pese a ser
asunto de la Junta y tras oir el coro de críticas al obsceno salario del nuevo
designado, ahora solicita se le reduzca.
Al momento de escribir estas líneas los miembros independientes de la
Junta han renunciado, así que la saga continúa.
Y así
tenemos casos que nadie en su sano juicio cree que así es como ocurrieron las
cosas –el famoso chat en el que nadie
sabía que el designado presidente de la Junta Estatal de Elecciones era juez;
el tirijala con la eliminación de la Ley 80 que el gobernador inicialmente
avaló y luego repudió y más recientemente, el escándalo del hostigamiento
sexual en la Compañía de Turismo. Es un tema que me llega muy de cerca, ya que
tuve a mi cargo una oficina con la responsabilidad de orientar sobre el tema y
de ser necesario, procesar las querellas que se presentasen por esta causa.
Según
surge de las declaraciones de funcionarios y citas de los involucrados en el proceso, antes de que el director de Turismo
fuese confirmado al puesto tres empleadas fueron a Fortaleza para quejarse del
comportamiento de este señor. Las
versiones varían y supuestamente la información que recibió el gobernador era
en la línea de que las quejas eran por el estilo gerencial del individuo, no
por aspectos de hostigamiento sexual y así lo afirma el gobernador. Eso contrasta con el testimonio de al menos
una de las querellantes, que indicó que su jefe le hacía comentarios continuos
sobe su vestimenta y en una ocasión le mostró una foto de una mujer desnuda.
Estaba
fuera del país, así que no tengo claro cómo es que sale del puesto la directora
interina de la Oficina de la Procuradora de las Mujeres, a cargo de la
investigación que refirió al departamento de Justicia y la Oficina de Ética
Gubernamental los hallazgos de la querella que concluye que tres ex
funcionarios de Turismo incurrieron en hostigamiento sexual y que los ayudantes
del gobernador no hicieron nada para activar un protocolo que protegiese a las
querellantes. Ya se sabe que la
directora interina fue removida del puesto luego de que remitiera el informe y
que se designó a Lersy Boria para ocupar el puesto.
Ha salido
a la luz pública que Christian Sobrino entendía que no había habido
hostigamiento sexual porque el querellado no había intentado imponerse físicamente,
lo cual denota un total desconocimiento sobre lo que es el hostigamiento
sexual, que resulta imperdonable en un funcionario de tan alto nivel. Para mayor horror, el director de Recursos
Humanos –of all people- en Turismo es
citado diciendo que “ahora va a haber menos hijos si las leyes son tan fuertes,
porque nadie en el trabajo se va a poder conocer”.
Hay
tantos errores en esto que resulta de espanto.
En primer lugar, la ley que prohíbe el hostigamiento sexual no es nueva
–es de abril de 1988 – ¡hace 30 años!
Entre las obligaciones que impone está la de dar a conocer la política
sobre hostigamiento sexual y proveer un procedimiento adecuado para atender las
quejas. Impone una obligación absoluta
al patrono –es decir, no puede decir que hizo todo lo posible para dar a
conocer dicha política para librarse del pago económico, cuando el hostigador
es un supervisor. Esto ha generado que
todas las agencias y patronos privados han diseñado talleres sobre el tema. Parece que los ayudantes del gobernador y el
director de Recursos Humanos de Turismo jamás tomaron uno de estos cursos o
como ocurre frecuentemente, su cuerpo, pero no su mente, estuvo allí.
Cuando
ocurren situaciones como esta una se pregunta cómo es posible que después de 30
años todavía estemos casi donde mismo empezamos. Peor aún, se trasluce en todo esto que ha
habido un intento de amapuchar todo, por lo que se teje toda una maraña, un
libreto mal construido al que se le están viendo las costuras. Resulta altamente sospechosa la versión que
ha dado la nueva designada procuradora de las mujeres cuando dice que no ha
podido leer el informe porque no se lo han proporcionado o porque no se ha
podido reunir con la anterior directora interina. Si no ha podido localizar el expediente,
indague para ver si alguien está desapareciendo un documento público, pida
copia a Justicia. Yo, que soy tan
ecuánime, tan diplomática y tan positiva,
no me trago ese cuento. Something is
rotten in the state of Denmark, como diría Shakespeare o como diría el
jíbaro, a otro perro con ese hueso.
Y parece
que ya quedan pocos que crean que las cosas han ocurrido como se dice
ocurrieron. Lo triste es que el número de cínicos ha aumentado exponencialmente. Abundan los que piensan como Norma Burgos
cuando, en relación con la intervención del juez en el chat dijo que todos los jueces hacen lo mismo o los que piensan que
todos los políticos son iguales o que todos los empleados gubernamentales son
unos vagos o buscan aprovecharse de sus puestos.
Lo peor
de todo esto es que nos están matando la fe en nuestras capacidades; en que
merecemos tener un sistema que vele por un funcionamiento pulcro en la gestión
gubernamental. Todo este lodazal conduce
a que el puertorriqueño asuma una actitud derrotista de que no vale la pena
luchar contra un sistema podrido. No
hacen falta puertorriqueños ingenuos que no cuestionen lo que cualquier persona
de otro país cuestionaría, Tampoco hacen falta puertorriqueños enajenados, que
tiren la toalla y miren para otro lado. Hacen falta puertorriqueños dispuestos
a gritar que ¡el emperador está esnú!,
como el niño del famoso cuento y dispuestos a exigirle al emperador que se
vista y se comporte a la altura de su cargo.
La canción Imagine, de John Lennon dice people say I’m a dreamer, but I’m not the
only one. Sí, tengo mucho de soñadora, pero de soñadora con visión,
como tantos otros puertorriqueños. No
dejemos que unos cuantos borrachos de poder nos acaben de destruir el país y la
dignidad.
12 de
julio de 2018

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