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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

sábado, 9 de septiembre de 2023

Ilka

 

ILKA

What’s in a name?

That which we call a rose by any other name would smell as sweet.

 So Romeo would, were he not Romeo called,

retain that dear perfection which he owes without that title.

William Shakespeare

Romeo and Juliet

 

Desde hace varios días la controversia por el nombramiento de la Dra. Ilka del Carmen María Ríos Reyes como rectora del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico ha estado en el ojo público.  O tal vez debería decir que la controversia giraba sobre el nombramiento de Ilka Ríos, porque nunca había visto tanto nombre en torno a esta persona hasta hoy.  El periódico reseña un nuevo encuentro de los opositores con la susodicha, en el que unos estudiantes entraron a una reunión extraordinaria con el claustro y el estudiantado portando una enorme pancarta que leía en letras rojas: ¡FUERA ILKA!  Esto provocó la ira de la rectora, quien expresó: “Es una falta de respeto.  Yo me llamo doctora Ilka del Carmen María Ríos Reyes, para que lo sepan.  Si me van a hacer un banner háganlo bien, háganlo con respeto.”

No sé, pero la ahora doctora Ríos debió ser inscrita a los pocos días de nacida sin el título, así que ella no se llama doctora Ilka María…, sino el nombre que le dieron sus padres al nacer, porque a no ser que fueran clarividentes, no podían predecir que sería doctora.  Más aún, su nombre, el que verdaderamente le pertenece es Ilka del Carmen María, porque los apellidos son de sus padres.  El nombre que recibimos al nacer tiene un significado para nuestros padres.  Queda de parte nuestra honrar los apellidos, haciendo de nuestras vidas algo honroso, que merezca ser recordado por las buenas acciones.

La Dra. Ríos exige respeto, que no es precisamente lo que el presidente de la Universidad de Puerto Rico y su junta han tenido con la comunidad universitaria y el país en general.  Resulta incomprensible para cualquier persona con un mínimo de capacidad intelectual, cómo es que un presidente de una universidad decide recomendar el nombramiento de una persona a quien meses antes le había pedido la renuncia por haber violentado las normas de la institución.  La oposición al nombramiento ha sido consistente.  Varios académicos de prestigio han renunciado a sus puestos y much@s de nosotr@s miramos con horror cómo se despedaza por sus directivos a una escuela que tanto prestigio le ha dado a la Universidad y al país.

Como abogada, he observado la arrogancia de varios colegas cuando llegan a un restaurante y se anuncian muy orondos como  licenciad@ fulan@ de tal o la soberbia de muchos doctores y doctoras que se desplazan por las oficinas como si fueran parte de la realeza que ocasionalmente se digna mirar a sus súbditos que casi ruegan por ser atendidos tras esperar horas, luego de meses para obtener una cita.  Que no nacimos doctor@s, ni abogad@s, ni ingenier@s.  Yo no nací como la licenciada Ana Angélica Olivencia Rivera.  Nací sin el título.  Para algunos, soy Ana, para otros Anita, o Ana Angélica y para muchos menos –y ahora para la Dra. Ríos, para que lo sepa- la licenciada Olivencia.   Merezco un respeto como persona, independientemente de cómo me llamen.  Pero ese respeto también debo inspirarlo.

Hoy para mí quedó confirmado que la doctora Ilka del Carmen María Ríos Reyes no inspira respeto por sus actos.  Su nombre no inspira la dulzura de la rosa que invocó Shakespeare, sino un rechazo al empecinamiento a permanecer en un puesto pese al evidente rechazo de una contundente mayoría y los señalamientos válidos levantados en torno  a un nombramiento hecho bajo cuestionables circunstancias.  Por eso, me uno al reclamo y como ella quiere que la llamen por su título, le digo,  por el bien del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico:

¡FUERA DOCTORA ILKA DEL CARMEN MARÍA RÍOS REYES!

9 de septiembre de 2023

domingo, 18 de junio de 2023

Fuera de serie

 

FUERA DE SERIE


“Para el mundo eres solo una persona, pero para una persona, eres un mundo” o algo así se le atribuye a García Márquez.  Hoy día se colocan en internet frases supuestamente dichas por famosos y luego resulta que el famoso era otro, pero no importa quién lo haya dicho, lo cierto es que sé exactamente lo que se siente ser el mundo para una persona.  Es más, para una persona yo era el centro de su universo.  Esa persona era mi papá.  Muchas veces me cuestioné qué era lo que mi papá veía en mí que fuese tan especial. Nunca dudé de su amor, porque me lo expresaba de mil formas –en palabras, por escrito y en la mirada que se le nublaba con emoción si me contemplaba por algún rato.  Tampoco dudé del amor de mi mamá, pero su manera de querer era distinta, con énfasis en las fallas que no siempre se señalaban de la manera más adecuada, razón por la cual me juzgaba –aún lo hago- a mí misma con dureza.

Mientras buscaba hacer las cosas bien hechas para complacer a mi mamá, hacía lo justo, lo hermoso, lo excelente porque era lo que surgía de forma espontánea como respuesta a una inspiración que entonces no sabía discernir, pero que evidentemente venía de mi papá.  Cometer errores me asustaba si pensaba en cómo lo tomaría mi mamá; me dolía si pensaba en no haber estado a la altura de mi papá.  Pese a su gran amor, mi papá corregía mis errores partiendo del convencimiento de que yo tenía la capacidad de actuar de mejor manera y era solo cuestión de ofrecer una guía.  No sentía juicio ni decepción en su voz.

A riesgo de sonar redundante, insisto en que la figura de Papi fue fundamental en mi vida.  Tristemente, hay much@s que no pueden decir lo mismo.  Algun@s ni siquiera saben quién es su padre, otr@s hasta preferirían no saberlo.  Hay quienes se han sentido rechazad@s porque no heredaron talento para los deportes, las ciencias, prefieren una carrera distinta a la que exige el padre o simplemente no tienen las destrezas para asumir una carrera universitaria.  Hace unos días hablaba con un amigo profesor de música que decía que nunca había dado una mala nota a un estudiante, porque no hay nada que pueda hacerse por alguien que no tiene el talento para ese arte.  Se mostró compasivo y relató experiencias con ex estudiantes que demuestran la gran influencia que tuvo para ellos por su calidad humana, que es después de todo, lo que verdaderamente cuenta.

Peor que los padres que insisten en obligar a sus hij@s a estudiar algo que no quieren, es saber que les rechazan por no poder aceptar las realidades que no pueden evadir, como la orientación sexual o la identidad de género.  Y hay otros horrores, que salieron a relucir en un reciente caso que adquirió gran notoriedad y que no quiero ni mencionar porque no me cabe en la mente que alguien sea capaz de tal perversidad contra quien debió amar y proteger. Vivimos en tiempos convulsos, en los cuales la tecnología nos permite conocer lo que está ocurriendo al instante.  Hoy podemos saber  lo que por años y siglos ha ocurrido, pero que desconocíamos.  Por alguna razón, los horrores se destacan, pero los actos diarios de amor paternal pasan muchas veces desapercibidos.

Quiero pensar que los buenos son muchos más.  Mis tíos fueron buenos padres, como lo son mis primos.  He conocido muchos hombres tiernos, cariñosos, que cuidan de sus familias y ofrecen lo mejor de sí mismos.  En Haití vi un padre de pocos recursos, pero poseedor de mucho amor, haciéndole los moñitos que luego ataba con cinta blanca a su pequeña hija, en una tierna imagen que permanece grabada en mi mente. Tendríamos un mundo mejor si hubiese más padres como ellos.  Lo bueno, al igual que lo malo, se repite.  No quiero ni imaginar el pobre destino del hijo de Donald Trump.  La responsabilidad de la crianza es una compartida.  Padre y madre deben ejercer la crianza de manera amorosa y responsable. Tod@ hij@ merece sentir que es  el mundo para su padre o madre.  Todo el mundo merece tener un padre fuera de serie como el mío.

Feliz Día de los Padres, Papito lindo.

Siempre,

Tu hija

18 de junio de 2023

 

lunes, 5 de junio de 2023

¿ESTAMOS MEJOR?

 



¿ESTAMOS MEJOR?

The self cannot be self without other selves

Martin Luther King

El 1 de junio inició la temporada de huracanes.  De tan solo escuchar la palabra huracán y sentir una ventolera en medio de este calor sofocante se me activa una cosa mala que no me atrevo calificar como PTSD, pero pa’ mi que se parece.  Las huellas que dejó María están ahí latentes, agazapadas en la trastienda y no requiere mucho para que se nos active esa cosa mala.  Entrevistaron al gobernador y a la pregunta de si el país estaba preparado para esta temporada, dijo que estábamos mejor.  Mejor que para María; es decir, cuando María estábamos esnús, pero ahora estamos mejor. A ver, usando la metáfora de la vestimenta o la falta de ella, ahora estamos mejor porque nos podríamos tapar con una toalla pequeña que no nos cubre completamente, por lo que tendríamos que hacer algo como la danza de los 7 velos para cubrirnos por partes.

Y una se pregunta si sirve de algo decir que estamos mejor que cuando María, mientras la luz se va un día sí y el otro también y nunca se sabe si se irá en el peor momento –cuando tenemos la lavadora repleta hasta el tope con la ropa escolar de l@s chic@s, cuando hemos metido un bizcocho al horno o cuando tenemos un paciente en oxígeno u otros mecanismos necesarios para mantenerle con vida. Y me pregunto qué pasó con aquellos generadores que se veían desplegados durante la visita del presidente Biden o con los generadores que son necesarios para mantener las bombas que se activan durante inundaciones.  La secretaria del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales dijo que ya se inició el proceso de compra.  Ajá, pero es que eso no lo hay en Home Depot –eso viene por barco desde sabe Dios dónde y solo después que se han completado los procesos con los güelemil formularios que hay que llenar para cumplir con los requisitos del gobierno federal.  Casi puedo apostar que para cuando se anuncie la primera tormentita –no se requiere mucho para que las calles se inunden- las dichosas bombas no habrán llegado.  Para los residentes de las áreas que requieren bombas eso de estar mejor no les sirve de nada.

Es difícil creer que estamos mejor cuando LUMA pisa y no arranca y peor aún, ahora habrá otra compañía a cargo de la fase de generación de energía que había estado a cargo de la AEE –que no era modelo de eficiencia, pero con la muestra que nos ofrece LUMA parece que lo hacían más mejor o tal vez, menos mal.  Y una se pregunta cómo es que aparecen chavos para pagar anuncios a dos páginas en un periódico –y supongo que en más de uno- lo cual tiene que costar un ojo de la cara y la mitad del otro- anunciando gestiones que se supone demuestran que se está “haciendo que las cosas pasen”, pero sentimos que no pasa nada, mientras se reduce el presupuesto de nuestra joya que tanto talento ha brindado a este país, la UPR.

Aunque el gobernador se refería a la preparación para la temporada de huracanes, se ha expresado en otras ocasiones de que estamos mejor en muchos sentidos.  Con respecto al crimen, causa gran desasosiego saber que cualquiera de nosotr@s está a riesgo de ser víctima de un carjacking o de un tiroteo en plena vía pública a cualquier hora del día.  Me comentaba una amiga en nuestra salida a Plaza las Américas que ha optado por utilizar el servicio de valet parking por miedo a ser una víctima más de esa modalidad de hurto del vehículo en que nos despojan del mismo a punta de pistola y con el miedo de que seamos secuestrad@s.  Eso me trajo a la mente una conversación que tuve sobre el estrés.

Le decía yo a otra amiga que unas molestias físicas que estaba teniendo no podían deberse al estrés, porque yo ya no tenía estrés –por eso me retiré, para no tenerlo.  Soy dueña de mi tiempo, no tengo que lidiar con personalidades difíciles a quienes tenga que supervisar o que me supervisen –o se supone me supervisen y no me tengo que preocupar por hacer mi trabajo en medio de limitaciones presupuestarias o de mentes obtusas.  Gracias a Dios, a las enseñanzas de mi padre y mis decisiones acertadas, no tengo mayores preocupaciones económicas y eso, en estos tiempos, es un gran alivio.  Así que no sentía que tenía estrés hasta que mi amiga me confesó su temor.  Ah, caramba, me dije a misma, pues ahora que lo pienso, sí tengo estrés.  Es un estrés colectivo.

Cada vez que voy a salir, pienso en la ruta y la necesidad de esquivar los hoyos en la carretera.  Si está lloviendo, es peor, porque no se ven.  Cuando salgo a un lugar desconocido, tengo que buscarlo en Google Mapas porque las carreteras están sin rotular.  Aun con Google Maps me pierdo, porque la vocecita me pide que gire a la derecha en la calle tal, pero como no hay rótulo, no sé cuál es o me dice que en 300 metros gire a la izquierda, pero ¿cómo yo sé cuál de los callejones a la izquierda es el que está a 300 metros?  Y si voy a Bellas Artes  tengo que cotejar si hay funciones en todas las salas porque el estacionamiento se llena dos horas antes del espectáculo y no quiero estacionar lejos –mucho menos en la calle- por el mismo miedo a los dichosos carjackings. Y si es de noche, peor.  Ocurre lo mismo si voy a otras áreas con poco estacionamiento, con pobre iluminación o todas las anteriores.  Hay rutas que se me dificultan, porque con la pobre iluminación es un reto hacer virajes con múltiples carriles.

A la temporada de huracanes, que le eleva los niveles de estrés a la persona más ecuánime del mundo, se suma el aumento en los niveles de contagio por COVID.  Estoy vacunada hasta el ñu, pero esto no es garantía de que no me contagie y la cercanía de un viaje soñado me ocasiona temor de que sea arruinado por un inoportuno contagio.  La crisis de salud me hace pensar en la escasez de médicos y personal de apoyo, sumado a la cabronería de las aseguradoras que nos afecta a todos – médicos y pacientes, porque no quieren pagar lo justo por los servicios ni cubrir medicamentos.  Aunque estoy saludable, ruego a Dios me cuide de sufrir una complicada enfermedad como la sufren miles de puertorriqueños que aun con finanzas estables tienen dificultades para acceder a los servicios, que no será para los que sus finanzas están como las del gobierno – bueno para algunas cosas, porque para pagar los anuncios aparecen los chavos.

Yo no sé el nivel de estrés que tenga el gobernador, que por sus responsabilidades debería estar a millón, pero esa cara de que se baña con agua de quimbombó y todo le resbala me saca por el techo.  Él piensa que estamos mejor y dependiendo de cómo lo veamos, pudiera ser cierto.  Para quien perdió su casa por María y viva arrimad@ con un pariente o en una estructura a la que se le cuela el agua cuando llueve, puede estar mejor o sería acertado decir menos mal, como con casi todo lo que ocurre que requiera intervención gubernamental.  Yo podré estar mejor porque vivo en un lugar hasta ahora seguro, tengo nevera nueva tras la muerte de la anterior después de un fuetazo Lumático post Fiona, gozo de buena salud y estabilidad económica, pero mis niveles de estrés no están como debían estar para una mujer que supuestamente se liberó de los mayores estresores.

Yo no puedo estar mejor del todo, cuando la mayor parte del país está sufriendo carencias y la mayor carencia que tiene – que tenemos tod@s-  es de fe en nuestr@s líderes o l@s que se supone lo sean.  Cada un@ de nosotr@s debe preguntarse si de veras estamos mejor –no como individuos, sino como pueblo.

5 de junio de 2023

 

martes, 30 de mayo de 2023

Inferno/paradiso

 



INFERNO/PARADISO

 En ocasiones, cuando estoy en mi auto, escucho programas de análisis en la radio en lugar de escuchar música.  Todo depende del día, la hora, mi estado de ánimo o todas las anteriores. La semana pasada regresaba a casa y escuché una entrevista a un empleado –creo que de la Policía Municipal de San Juan- hablando de las intervenciones más recientes que habían realizado en negocios en la Calle Loíza y otras localidades de la capital.  Todo lo relacionado a estas intervenciones –o la falta de ellas- me indigna.  Hace meses y tal vez años, que los residentes de esa calle se quejan de los ruidos y vicisitudes que sufren debido a la operación de barras que operan hasta altas horas de la madrugada.  Las situaciones van desde la música estridente que les impide conciliar el sueño, peleas, bloqueo de áreas de entrada a sus residencias, suciedad en las inmediaciones y lo peor –disparos que como el más reciente incidente, culminó con la muerte de dos jóvenes turistas de origen peruano.  Eran estudiantes graduados que llegaron ese mismo viernes y fueron asesinados frente a un negocio de esa calle.

El susodicho negocio había sido objeto de varias intervenciones por las que habían sido multados, pero como ocurre en este país que choca con la campaña risible del gobernador de que está “haciendo que las cosas pasen”, la realidad es que la más de las veces no pasa nada.  Las excusas que como el ombligo todos tienen, van desde falta de personal, de jurisdicción, de presupuesto, cuando en realidad es que lo que falta es voluntad.  Voluntad para hacer lo que hay que hacer, aunque cueste más esfuerzo, empatía y creatividad.  Pues donde no había personal, jurisdicción ni presupuesto apareció de todo cuando el incidente con los infortunados jóvenes estudiantes captó la atención mundial y amenazaba con afectar el sacrosanto turismo.  Importó un carajo la queja de los vecinos residentes de aquí que hacía tiempo se quejaban y probablemente hasta la vida de esos infortunados, porque lo que importó fue la proyección que pudiera afectar el turismo.

Y esa imagen del turismo está anclada en la belleza de nuestras playas, la abundancia de casinos, el encanto del Old San Juan y el exotismo del Yunque rain forest.  Lo que no se le revela al turista, pero que l@s que aquí vivimos sabemos muy bien,  es que para llegar a los lugares tiene que transitar por carreteras llenas de hoyos, sin rótulos ni alumbrado y en algunos casos con riesgos de inundaciones repentinas y no tan repentinas, como ocurre en el área del Último Trolley, aledaña a la mega turística zona de Condado.  Y por supuesto, de los carjackings, robo de catalíticos, cuando no el carro entero ni se habla, como no se habla de los tiroteos de carro a carro en cualquier lugar, a cualquier hora, que desafortunadamente ha cobrado la vida de varios inocentes.

El calvario de lo antes descrito se suma a los constantes apagones –unas veces por minutos, otras por días enteros, que padecemos todos los que vivimos aquí.  Súmesele a eso que algunos todavía cubren sus techos con los benditos toldos azules de FEMA o viven o estudian en hogares o escuelas temporales tras los terremotos.  Eso, tal vez el turista no lo ve, pero afecta nuestra psiquis y tiene que tener algún efecto sobre el nivel de frustración que acumulan puertorriqueñ@s que presten servicios a turistas que vienen a vacacionar, algun@s de l@s cuales no son necesariamente muy civilizad@s que digamos.  Pese a todo esto, debo decir que todavía retenemos muchas de nuestras mejores cualidades: solidaridad, hospitalidad, alegría de vivir, optimismo.

Y estos contrastes son los que vinieron a mi mente cuando escuchaba la entrevista que mencioné al inicio, sobre todo cuando el empleado mencionó dos de los negocios que habían intervenido en este nuevo afán de hacer lo que tenían que hacer y que no habían hecho hasta que asesinaron a esos pobres muchachos.  Relataba el entrevistado que habían intervenido para cerrar dos negocios –uno en la Calle Loíza, llamado Inferno y otro –no estoy inventando- llamado Paradiso en Río Piedras.  No hay mejor imagen de lo que vivimos en Puerto Rico: un infierno de ineficiencia, corrupción, apatía, indolencia y por otro lado, un paraíso de bellezas incomparables, de gente luchadora, alegre, talentosa en demasía, solidaria, desprendida, compasiva.  Con esas últimas -sin desconocer lo otro- como diría Pablo Milanés, yo me quedo.

30 de mayo de 2023

 

domingo, 14 de mayo de 2023

Amiga hija; amiga madre

 




AMIGA-HIJA; AMIGA-MADRE

No soy madre; he sido hija.  Tal vez algún día escriba sobre las razones por las cuales no soy madre, pero hoy no es el día.  Hoy es un día designado específicamente para honrar a las madres, que deben honrarse siempre, pero no está de más que haya un día especial.  Y cabe destacar que honramos a las buenas madres, porque esa figura siempre amorosa, abnegada, dispuesta a todo sacrificio no es la realidad para niñ@s que han sido abandonad@s o abusad@s precisamente por quien debía amarles y protegerles.  Para estas criaturas, alguien debe asumir el rol que esa mujer abandonó y no siempre el resultado es positivo.

A las mujeres se nos ha encasillado en estos roles tradicionales, con visiones de santidad, que no siempre se ajustan a la realidad.  Las que no somos madres estamos o hemos estado sujetas a cuestionamientos de por qué no hemos tenido hijos y se nos mira con pena.  Otras son encasilladas en el rol de la abuelita que cocina platos exquisitos, cosa que siempre me produce gracia, porque nunca vi a mi abuela paterna –a la materna nunca la conocí porque Mami era huérfana- como capaz de producir un plato digno de ser recordado con regocijo.  Lo único que recuerdo es un plato de arroz con pollo jincho y desabrido.  Ah, pero mi mamá sí que era una campeona en la cocina.  Tristemente, nunca llegó a ser abuelita, porque murió antes de que yo tan siquiera me casara.

He sido hija y sobrina de mujeres extraordinarias.  Aparte de eso, he tenido figuras femeninas que podían haber sido mi mamá.  Una de ellas, Leila, fue mi amiga por muchos años y aunque yo no la veía como figura maternal, pudo haberlo sido, porque la diferencia en edad lo hubiese posibilitado.  De hecho, tenía un hijo de mi edad.  Leila decía que yo era su hermana gemela, por el parecido tan grande en la forma de pensar y actuar, pese a la diferencia tan grande en apariencia, que iba mucho más allá de la edad – Leila medía como seis pies y yo siempre reclamo mi media pulgada sobre mis cinco pies de estatura.  Para el Día de las Madres me decía: “no soy tu madre, pero te bendigo”.

Hace unos días, otra amiga entrañable, Flor, me denominó amiga- hija y me preguntó si podía llamarme así.  Por supuesto que sí.  Flor tiene tres hijas y es vivo ejemplo de amor maternal.  Siempre me recibe en su casa con amor y allí me siento como me sentía en casa de Leila –acogida, amada; como si estuviera en mi propia casa.  Ella prodiga amor no solo a sus hijas, sino también a los niños de Haití, para quienes se ocupa de enviar donativos.  Todo en ella es amor, razón por la cual su canción favorita es Por amor.

Mi Buddy por más de 20 años ha hecho que se inviertan los roles y en cierta medida me he convertido en amiga-madre, por el hecho de que técnicamente, por la diferencia de edad yo podría ser su madre, aunque mi vanidad se resiste a pensar en eso.  Nuestra relación es muy similar a la que yo tenía con Leila, ahora con los roles invertidos.  Ella también es mucho más alta que yo –bueno, cualquiera puede serlo; habla hasta por los codos y hace tantas cosas en un día que me canso solo de pensar en eso.  Pese a una personalidad que en público parece ser muy extrovertida, en privado es mucho más reservada y eso es una de las características que nos acerca.  Al igual que Leila –y yo- no responde a estereotipos.  Mi vida ha sido enriquecida por la presencia de mi Buddy, quien me impresiona con su entrega al trabajo bien hecho, al amor que prodiga a sus amistades y los esfuerzos titánicos que ha hecho para sacar a sus cuatro hijas adelante.

La foto que acompaña este escrito es una versión recortada de la que tomó Flor de las flores que le llevé en mi más reciente visita de hace 10 días, junto con el elefantito que era el regalo de Navidad que no había podido llevar y otro anterior de los Santos Reyes.  Siempre que voy a casa de Flor siento que hay algo de mí en los regalos que ella atesora y que son una expresión del profundo amor que le tengo y los que le he brindado, precisamente, por amor.

Feliz Día de las Madres, Flor, de tu amiga-hija.  Feliz Día de las Madres, Buddy, de tu amiga-madre.  Feliz día a todas las mujeres que de un modo u otro, son madres.

14 de mayo de 2023


sábado, 29 de abril de 2023

Algo de eterno

 


ALGO DE ETERNO

En estos días he experimentado emociones intensas provocadas por algo que para l@s obsesionad@s con las aventuras de Madison Anderson, no debe provocar emoción alguna y probablemente ni siquiera saben de qué se trata. La Universidad de Puerto Rico decidió celebrar durante varios días el “Fiestón de la Lengua” y este año lo dedicó a Luis Rafael Sánchez.  Juntar en una misma oración Universidad de Puerto Rico y Luis Rafael Sánchez es algo que para mí es reflejo de lo inseparable que es para mí la una del otro.  Él fue mi profesor en la Facultad de Humanidades y dejó una huella tan profunda que más de 40 años después leerle me causa una alegría inmensa.  Si logro verle, la alegría se convierte en fiesta.

No les abrumo con los relatos de los encuentros inesperados y no tan inesperados que he tenido a través de todos estos años.  El lunes pasado anticipé que siendo esa la sesión inaugural, tal vez lo vería.  Llegué temprano al Teatro – con mayúscula porque es el Teatro de la UPR- lugar mágico, como son los espacios circundantes a ese cuadrángulo histórico por el que tantas veces me desplacé en mis tiempos de estudiante.  Cada vez que regreso es como si el tiempo se detuviera y los viejos edificios me recibieran con el cariño reservado para alguien muy querido.  Por eso entendí a cabalidad –con la mente y más que todo con el corazón- la carta que mi admirado profesor le dedicó a la Universidad.

En el vestíbulo del Teatro había una mesa con unas pequeñas bolsitas que contenían un lápiz y un cordón para colgar una identificación de la División de Educación Continua.  Me resultó enternecedor y muy característico de nuestra cultura eso de ofrecer a l@s visitantes algún obsequio, por modesto que fuera. Mientras esperaba por el comienzo de la actividad inaugural noté que no había tanta gente como esperaba para esa sesión inaugural.  Me situé como en la sexta fila en el pasillo central y de inmediato busqué al profesor con la mirada, pensando que tal vez ya había arribado.  Más tarde, poco antes del comienzo oficial, lo vi llegar acompañado de Luce López Baralt, quien como su hermana Mercedes, que ofrecería la Lección Magistral, ha sido amiga de muchos años.

Se le acercaron varias personas y a pasos de donde yo estaba hablaban tal vez de cómo fluiría la actividad, por lo que no me atreví interrumpir.  Una vez inició la marcha me atreví a llamarlo: Profesor, le dije y me prodigó una de esas sonrisas espectaculares que reparte cuando está a gusto.  Se detuvo y mencionó la foto a la que aludí en otro escrito y me ofreció un cumplido, el cual le devolví diciendo “soy espejo”.  “Cuentera”, me dijo intentando quitarle validez a la posibilidad de que él pudiese ser objeto de admiración por su aspecto.  “Aquí el que escribe cuentos soy yo, no usted”.  Nos reímos y prosiguió su marcha.  Ciertamente no escribo cuentos, pero si los escribiera, él sería inspiración para muchos, como lo ha sido para los ensayos que sí escribo.

Luego de los saludos protocolares de rigor, Luis Rafael Sánchez se dirigió al podio y leyó una carta que le escribió a la Universidad que le hizo gente, según él mismo dijo.  Se me formó un taco en la garganta, porque yo también pienso que la Universidad me hizo gente.  Aludió a los profesores con admiración evidente.  Casi al final se refiere al homenaje que le rinden y menciona   el cartel que realizó Antonio Martorell, intentando quitar el elogio a su apariencia con un comentario de que transformó  “el mulato feongo que soy en galán otoñal de novela turca”.  Por supuesto, difiero.  Ha sido y sigue siendo un hombre que avasalla, porque reúne una imponente presencia, un porte envidiable, una voz de ensueño, una elegancia natural y una mente privilegiada. En un giro hermoso al final, utilizando como imagen al coronel de  García Márquez y estableciendo la diferencia, dijo, que la Universidad sí tiene quien le escriba.  Nadie como él para escribirle, pero son much@s l@s que tienen motivos para escribirle, aunque no tantos como deberían lo hacen.

Yo tuve el privilegio de recibir una educación de excelencia y tener entre mis profesores a este ícono de nuestra literatura.  La Universidad me convirtió en una persona con conocimientos sobre música, arte, filosofía, francés, teatro.  Más tarde, la facultad de Derecho me formó como una profesional en ese campo con sensibilidad hacia los que menos tienen, por lo que más tarde me dediqué a combatir el discrimen en todas sus manifestaciones.  Yo vivo orgullosa de ser producto de la Universidad de Puerto Rico y de que Luis Rafael Sánchez haya sido mi profesor.  Ambos forman parte de la persona que soy y vivirán por siempre en mí.

Luego de la hermosa carta, se dio paso a la Lección Magistral ofrecida por Mercedes López Baralt, titulada “la poesía encubierta de Luis Rafael Sánchez”.  Hizo un recorrido por sus publicaciones, describiendo con gusto diversos pasajes de su vasta producción literaria y poniendo de manifiesto la musicalidad, sutileza, arrojo o sensualidad en sus obras.  Hasta hubo confesiones de la alegría que le causaba leer alguna dedicatoria del autor en la que la denominaba “ninfa”, al punto de que la enmarcó.  Vamos, que no soy la única que se emociona con la galantería sincera de este hombre sin par. 

Tras la lección, hubo una presentación del Conjunto Típico del Departamento de Música de la Universidad de Puerto Rico: cuatro guitarras, cinco cuatros, percusión y dos voces, acompañados por su profesor.  La primera pieza fue la danza Impromptu, lo cual según analicé más tarde, resultó significativo para mí.  Cuando era estudiante estuve en la Librería La Tertulia, si mal no recuerdo y contemplaba discos LP – que era lo que había en esa época aparte de aquéllos cassettes 8 track cuando de repente se apareció Luis Rafael Sánchez y me sorprendió conversando con mi amiga Leticia.  Me puse nerviosa y comencé a hablar rapidito. Él, que solo conocía la alumna callada que se sentaba al frente sin perderle palabra ni gesto, se sorprendió y me dijo: “¡Señorita Olivencia, pero que parlanchina es usted!”  Imagino que yo tendría un sonrojo descomunal.  Más tarde, al hacer una pregunta sobre la lectura durante la clase, me llamó refiriéndose a mí como “la señorita que le gustan las danzas”.

Escuchar la danza interpretada por los estudiantes le añadía un elemento especial a la actividad a la que había decidido asistir y unificaba mis experiencias del pasado con las del presente.  Tras dos o tres interpretaciones adicionales, los jóvenes interpretaron unas décimas: “Versos a Luis Rafael”, con las que pusieron fin a la presentación.  Todo encajaba: la poesía en la prosa del autor, la poesía en el tributo musical y una poesía que era solo mía.  Hacía unos días había tenido un sueño en el que aparecía Luis Rafael Sánchez en un escenario y me hablaba. Yo no podía escuchar nada, pero una amiga sentada a mi lado me dijo: “Yo anoté todo lo que él dijo y es un poema”.  No recuerdo las palabras, pero no importa. Siempre ha habido poesía en la persona de Luis Rafael Sánchez.

Para finalizar la actividad, se nos pidió que entonáramos el Himno de la Universidad.  Tengo unas cuantas habilidades, pero cantar no es una de ellas.  Pese a ello, me puse de pie y junto a los que estaban en el Teatro entoné con mi desafinada, pero orgullosa voz, el Himno a mi Alma Máter.  Salí flotando y contemplé emocionada la pequeña plaza y la parte de atrás de la Torre, como tantas veces he hecho y espero seguir haciendo.  Ese espacio tiene para mí algo de sagrado y me angustia pensar que hay muchas mentes pensando que no tiene validez ni pertinencia.  La Universidad de Puerto Rico le ha brindado profesionales en diversos campos a nuestro país y merece que se le respete  y se trabaje para que siga su noble tradición.

En la tarde leí un reportaje digital sobre la actividad y una amiga me mencionó que yo aparecí en un breve vídeo que se incluyó.  En el vídeo se observa al homenajeado conversando con el que presumo le hace una entrevista y dice que él se siente algo incómodo con los homenajes; que prefiere que el reconocimiento sea para su obra, que después de todo es a lo que aspira cada persona: que se le reconozca por su trabajo.  Es cierto.  No hay mayor satisfacción para mí que se reconozca el trabajo que realicé.  Por otro lado, no puede separarse la persona del fruto de su esfuerzo.  Lo que se hace, se hace porque se puso el alma en ello.  Luis Rafael Sánchez refleja en su obra una pasión, un gozo, una sensualidad, un compromiso con lo auténtico, un orgullo por su raza y su puertorriqueñidad, porque él mismo es todo eso.  No puede separarse la una del otro.  De paso, me vi en el vídeo y es evidente la contentura que tengo de estar en presencia del profesor.  Si él está presente, también lo estará mi contentura.  No puede separarse el uno de la otra.

El jueves pasado se celebraría otra edición del fiestón que dura hasta la semana que viene, en Humacao y en esa ocasión se ofrecería otra Lección Magistral de la Dra. Carmen Arce Vázquez, esta vez dedicada a la obra Quíntuples, con la participación de Idalia Pérez Garay, quien dicho sea de paso fue mi profesora de teatro  y José Félix Gómez.  Decidí ir, pese a que no sabía dónde estaba ubicado el Recinto de Humacao, por lo que me sobrepuse a esta habilidad suprema que tengo para perderme.  Me armé con Google Maps y llegué sin contratiempos.  Divisé al Profesor y esperé un tiempo prudente para saludarle.  Me dijo que hacía unos minutos me había mencionado y al ver mi cara me dijo: “no es broma”, a lo que le respondí que sabía que no era broma.  Un estudiante de apellido Olivencia se había acercado a saludarle y de ahí la mención.  Charlamos amenamente un instante, hasta que anunciaron el comienzo de la actividad.

El análisis sobre la obra estuvo exquisito, aderezado por las lecturas brillantes de los actores que protagonizaron la obra el año pasado.  Desde donde estaba sentada podía observar al profesor, que contemplaba atento cuanto ocurría.  Terminada la lección, el público se aprestaba a salir, algunos acercándose al profesor para saludarlo.  Un hombre se acercó y le entregó algo.  “¡Granos!”, exclamó el profesor contento.  “¡Me han regalado granos!”, con evidente alegría.  El regalo es algo típico de Humacao –una fritura a base de arroz triturado con queso a la que le dan forma de un grano de arroz agrandado.  No las he probado, así que tal vez tenga que regresar a Humacao o buscar la receta para hacerlos.

Este sencillo obsequio al homenajeado es otra versión de una costumbre muy nuestra de sentir que tenemos que obsequiar algo a quien nos visita.  Es parte de lo que somos; tan parte nuestra como la música que nos habita y que forma parte de casi todas las obras de Luis Rafael Sánchez.  Salí feliz de la actividad y decidí ir a in restaurante de mariscos en el área para celebrar.  Revisé el menú y dudé si pedir langosta a la parrilla, pero me decidí.  La ocasión ameritaba celebrar en grande.  Para completar, tostones de pana y el vinito, luego de haber pedido un pastelillo de chapín.  De postre, dulce de coco en almíbar con queso del país.  Banquete para el alma y el cuerpo.

Luego de la sesión inaugural había hablado con una amiga para relatarle la experiencia.  Mientras le hablaba, vino a mi mente una frase, que reconocí como parte de una canción de Sylvia Rexach: “un instante que tuvo algo de eterno”, que luego identifiqué como parte de la canción Matiz de amor.  Sin lugar a dudas, estos instantes en los que me encuentro con mi admirado Profesor o visito mi Alma Máter tienen algo de eterno. Permanecen en mi memoria y le añaden brillantez a mi vida. No puede negarse la musicalidad en la obra de Luis Rafael Sánchez a la que alude uno de sus estudiosos.  No sólo está contenida en su obra, sino que es inspiración para otr@s que le leen y han tenido el privilegio de conocerle.  Como dijo Sylvia Rexach:

Canta mi corazón

Abrazado a la luz de un recuerdo

Evocando dulcemente

Un instante que tuvo algo de eterno

Y luego de estas experiencias termina

Quedándose en el alma

Un suave matiz de amor

29 de abril de 2023

 

jueves, 13 de abril de 2023

EL DALAI LAMA Y SAN BENITO

 


EL DALAI LAMA Y SAN BENITO

En estos días salió a la luz una noticia inquietante y que se me hace difícil comentar porque involucra una figura que para mí ha representado ternura, bondad y buenos sentimientos.  Se trata del Dalai Lama, monje tibetano que se vio forzado a vivir en el exilio tras pugnas con el gobierno de China.  A través del tiempo este hombre, que obtuvo el premio Nóbel de la Paz, ha diseminado un mensaje de conciliación y amor hacia todo ser viviente.  Lo he admirado y se me hace doloroso entender lo que puede ser un lado oscuro en esta figura admirada.  El incidente fue público, así que no hay dudas sobre los hechos, aunque la interpretación y las causas puedan ser objeto de análisis.  Hoy apareció una columna en el periódico que me motivó a escribir sobre el tema.

En la columna, la Profesora Nieve de los Ángeles Vázquez se cuestiona, al ver el vídeo del incidente –que yo hasta ahora no he sido capaz de ver- de qué se ríen algunos de los presentes ante las acciones del Dalai Lama.  Imagino que la risa estaba motivada por lo que muchos atribuyen al muy conocido sentido del humor del monje, muy dado a la risa franca y sin complicaciones. El problema estriba en que hay cosas que en esencia no son graciosas, no importa cuántas personas así lo vean, por el peligro que representan.  Y dice la profesora que much@s no ven el peligro en los actos del Dalai Lama, porque se trata de una “disonancia cognitiva y ocurre cuando una persona tiene dos cogniciones (ideas, creencias, opiniones) que son psicológicamente inconsistentes)”.  Prosigue diciendo que las personas que observaban creían estar ante un “ser superior, supremo, deificado. Por lo tanto, todo lo que hiciera ese hombre también entra en esa categoría”.

Esto me trae a la mente la situación que enfrentó Michael Jackson, cuando lo acusaron de abusar de niños a quienes llevaba a su cama y la insistencia de éste en que se trataba de actos inocentes.  Nunca compré su teoría y siempre me parecieron actos –en el mejor de los casos, imprudentes.  Sabemos demasiado sobre el abuso de niños como para ignorar señales que deben ponernos en alerta.  Los adultos tenemos el deber de proteger a los más vulnerables y evitar colocarlos en situaciones peligrosas.  Los actos del Dalai Lama son preocupantes.  Desconozco si se deben a problemas de senilidad o que intrínsecamente hay un lado oscuro que salió a la luz de forma inesperada, pero no debe ser motivo de “reírle la gracia”, como hace alguna gente cuando un “viejo verde” – o algunos “pintones” - le hace un comentario inapropiado a una mujer atractiva.

El humor tiene que ser recíproco –gracioso para ambas partes o de lo contrario es un acto en solitario, que complace sólo a quien hace el comentario.  Y señala la profesora, con quien coincido totalmente,  que cada uno de nosotros debe asumir la responsabilidad de que “nuestros propios sesgos cognitivos podrían estar mostrando una realidad alterada… ahora más que nunca resultan importantes las voces disidentes… las que dicen lo que nadie quiere oir”. He sido esa voz disidente en muchas ocasiones, al denunciar que detrás del chiste sobre manerismos puede esconderse la homofobia; detrás del chiste sobre determinada falta de habilidad en una mujer puede esconderse el machismo y aludiendo a otro incidente reciente, detrás del chiste fácil sobre la utilidad de que Tito Trinidad o Amanda Serrano sea el gerente en Burger King se esconde una violencia hacia la mujer que nunca se justifica.  Dicho sea de paso, el verdadero gerente dio una lección suprema de esto.

Hay una costumbre generalizada, presumo que vinculada a la disonancia cognitiva a la que alude la profesora en su columna de hoy, de endiosar a figuras públicas de tal modo que se obvien las conductas que puedan ser preocupantes.  El mejor ejemplo, para mí, es el caso de Bad Bunny, convertido en San Benito por quienes sólo ven un lado de sus actos.  Por un lado, denuncia la hipocresía, hace obras benéficas, denunció los actos de Ricky de tal modo que contribuyó a su salida, defiende su idioma y no esconde su origen.  Todo esto lo aplaudo.  Por otro lado, he sido la voz disidente que ha criticado las letras que tratan a la mujer como meros objetos sexuales y las explícitamente violentas.  Por ello he sido objeto de burlas y acusada de no moverme con los tiempos.  Me muevo con los tiempos; con lo que no transo es con renunciar a denunciar la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

De Bad Bunny no tenía grandes expectativas - por no decir que ninguna- así que no me siento decepcionada.  Espero –como creo que lo hará- que en algún momento recapacite y se exprese sobre la necesidad de un cambio de postura en cuanto a las letras que fomentan la violencia.  En cuanto al Dalai Lama, sí me ha causado una profunda decepción.  Que no haya sido capaz de ver lo incorrecto de sus actos en ese momento, aunque luego se excusó, es motivo de preocupación.  Pero más aún, es motivo para estar alerta ante los actos que apuntan hacia ese lado oscuro que será imposible vencer si nos negamos a mirarlo.

13 de abril de 2023