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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

sábado, 30 de mayo de 2020

A DÓNDE SE FUE






¿A DÓNDE SE FUE EL SUEÑO?

Hoy amanecí apesadumbrada. Desde que supe de la muerte de un hombre negro a manos de un policía blanco en el estado de Minnesota, sentí angustia, ira y una desazón que fue incrementándose.  El hecho de ver cómo este hombre muere  -justo ante nuestros ojos-  añade a la angustia.  No es lo mismo leer la noticia, que ver cómo un hombre yace indefenso, mientras otros con autoridad lo mantienen inmovilizado hasta que finalmente muere. Es la viva ilustración del racismo.  Y esto no ha sido un suceso separado.  En febrero, un hombre negro que corría fue cazado en Georgia por dos o tres hombres blancos armados con rifles.  Hace unos días, una mujer en el Parque Central de Nueva York amenazó a un hombre negro con llamar a la policía y en efecto lo hizo, indicando que un “hombre afroamericano la había amenazado a ella y a su perro”. El hombre simplemente le había pedido que le pusiera la correa al perro que andaba suelto, en violación a las normas del parque.

Por supuesto, en seguida pensamos que estas conductas se han exacerbado tras la conducta del presidente Trump, quien se expresó hace casi tres años en torno a un conductor que lanzó su auto contra unos manifestantes en Virginia que enfrentaron a neo nazis que protestaban por la remoción de la bandera confederada y la estatua del general Robert E. Lee.  Trump manifestó que había gente excelente –fine people- en ambos lados de la contienda.  No sé, yo soy incapaz de ver fine people en un grupo de neo nazis, pero vamos, eso soy yo.  Lo más horrible de todo es saber que Trump no está solo –hay miles que piensan como él.

Tras surgir las protestas en el más reciente caso –el del hombre asesinado a manos de la policía, de nombre George Floyd, Trump reaccionó indicando que los actos de saqueo –looting-, serían enfrentados con disparos –shooting.  Esto trajo a mi memoria las acciones de la policía en aquélla protesta del 1ro de mayo aquí hace unos años y la reacción de muchos ante los destrozos a la propiedad privada, que no guardaba  proporción con la molestia expresada por todas las veces que el gobierno de Ricardo Rosselló y otros nos han pisoteado y nos siguen pisoteando.  Yo no justifico los daños a la propiedad aquí, en Minnesota o donde sea, pero puedo entender el coraje, la indignación que se siente ante los desmanes de un gobierno insensible.  En el caso de los negros norteamericanos, no puedo ni imaginar lo que se siente.

Durante esta pandemia, nuestro pueblo - en su inmensa mayoría-  ha seguido las directrices del gobierno.  Unos actos desordenados en la playa, unas mascarillas tiradas y se alzan las voces indignadas que no se alzaron cuando estábamos recogiditos en nuestras casitas y el directorio PNP celebra una reunión un domingo, en plena prohibición según la Orden Ejecutiva de la gobernadora. No se alzaron suficientes voces de protesta cuando arrestaron a Giovanni Roberto –negro y pelú-  que estableció comedores sociales para estudiantes de la IUPI por marchar pidiendo comida para los pobres –a él solito, mientras habían personas en la calle pasado el toque de queda que no arrestaron.  Se le ve no digo yo la costura –el refajo y el ruedo descosido.

Lo que ocurre allá y lo que ocurre acá es el mismo dulce con distinto palito y admito que en grado diverso –reflejo del discrimen contra negros, contra pobres, contra los que piensan de manera distinta.  Y se me acumula toda esta angustia y me pregunto a dónde fue a parar el sueño de Martin Luther King.  Por eso amanecí apesadumbrada, pero mañana es otro día y fiel a la filosofía el Dr. King, me sacudiré las heridas y estaré presta a contribuir en lo que pueda para hacer de esta una sociedad más justa.

30 de mayo de 2020

Nota: la foto que acompaña este escrito es de un cartel que compré cuando pasé a dirigir una oficina con la misión de combatir el discrimen, hace 20 años.  Al acogerme al retiro, la coloqué en la pared del cuarto donde escribo.  Muchas veces, cuando enfrenté dificultades en mi trabajo, miraba otro cartel del Dr. King que colgaba en la oficina, miraba al Dr. King y pensaba “él lo tuvo más difícil que yo”. Eso me daba ánimos para continuar.




jueves, 21 de mayo de 2020

NO








¿POR QUÉ DIGO NO?

Puerto Rico lleva varios años sumido en una enorme crisis con diversas ramificaciones.  La relación con los Estados Unidos se develó como una unilateral, en lugar del pacto bilateral que se pensó. El gobierno de Puerto Rico ha dejado de tener la confianza del pueblo gracias a los esquemas que se han revelado, en los que unos pocos se quieren despachar con la cuchara grande.  Para añadir insulto a la herida, van dos ejemplos de los llamados chats que reflejan el grado de insensibilidad y desprecio que sienten por el pueblo figuras en el gobierno o con estrechas conexiones con éste.  La indignación que despertó el comentario de la búsqueda de cadáveres en espera de autopsia para alimentar los cuervos es la misma que se despierta al leer la nauseabunda sugerencia de un truhan que sugiere regalar un bizcocho en forma de respirador artificial para celebrar el cumpleaños de su compinche.

Estos  tres años y medio  nos han golpeado duro: el huracán María, los terremotos y ahora la pandemia del COVID 19. Mientras el pueblo se ha crecido en inventiva y solidaridad, el gobierno se ha crecido también.  El problema es que se ha crecido en incompetencia, oportunismo, improvisación, engaño y falta de sensibilidad.  En medio de la pandemia, se pretende aprobar piezas legislativas fundamentales sin la consideración del parecer del pueblo a las últimas enmiendas al Código Civil y al Código Electoral.  Además, ya nos han espetado un plebiscito que no tendrá repercusión alguna, gastando el dinero que no se tiene en un intento de proyectar que el pueblo favorece la estadidad.  Habrá quien la favorezca legítimamente, pero la pregunta es: ¿es este el momento?

Yo personalmente no la favorezco hoy, como jamás la he favorecido, pero ahora más que nunca hay que demostrar el repudio a este intento de convertirnos en lo que no somos. Ahora, cuando estamos tan golpeados, tenemos que demostrar nuestro rechazo a todas las vejaciones a las que nos han sometido, particularmente durante este cuatrienio.  Por eso, digo:



                                                                     ¡NO
                                                             
                                             A LA ESTADIDAD!
                                             AL CÓDIGO CIVIL Y ELECTORAL!
                                             A LA CORRUPCIÓN!


21 de mayo de 2020



domingo, 10 de mayo de 2020

Mi mamá y los espaguetis





MI MAMÁ Y LOS ESPAGUETIS A LA ITALIANA

Mi mamá murió hace más de 45 años, por lo que hay muchas cosas de ella que desconozco. El asunto se complica porque no me queda mucha gente a quién preguntar detalles de su vida que para mí permanecen como un misterio.  Mami fue una de ocho hermanos que quedaron huérfanos y se crió con unos parientes.  Los hermanos fueron repartidos entre varios familiares, pero siempre se mantuvieron en comunicación. La mayor parte de ellos, si no todos, permanecieron en el pueblo de Corozal. De los parientes que criaron a mi mamá sólo recuerdo que tenían una tiendita de dulces y llegué a visitarlos en Bayamón.  No sé cómo fue su crianza de niña, ni cuántas carencias materiales y afectivas pudo haber tenido.

Sea como fuere la crianza de mi mamá, lo cierto es que junto a los retos que le presentó la vida, se convirtió en una mujer extremadamente fuerte.  Se casó con un hombre extraordinario –mi papá y procrearon dos niñas.  Yo fui la mayor.  No tengo muy claro si fue antes o después de mi nacimiento, pero tuvo que enfrentar situaciones de salud que conllevaron una operación de la glándula tiroides.  Junto a mi papá le hizo frente a  una crisis económica que obligó a Papi a vender un carro que le encantaba.  Luego surgió la primera gran tragedia. Mi hermanita menor, de tan sólo año y medio, falleció.  Yo no tengo recuerdo de ello, pues contaba con tan sólo tres años de edad, pero sí recuerdo que dejé de preguntar sobre mi hermanita Ileana, porque cada vez que lo hacía Mami se echaba a llorar.  Creo que de tanto llorar eventualmente dejó de llorar del todo, haciendo su carácter aún más recio.

Crecí entonces como hija única y lo cierto del caso es que aunque no éramos una familia acomodada, jamás supe lo que era hambre, aunque pudo haber carencias en esos primeros años en que mi hermanita aún vivía.  Papi me llegó a relatar que durante esos primeros años no había suficiente dinero para comprar raciones de carne para los cuatro, así que Mami hacía espaguetis con carne para mi hermanita y yo, mientras Papi y ella los comían “a la italiana”, que quería decir sin carne.  De hecho, busqué en el libro de cocina que ella usaba y en efecto, hay una receta de “espaguetis a la italiana” y no lleva carne.

Mi mamá aprendió de cocina presumo que en el hogar de crianza o de sus hermanas, todas excelentes cocineras versadas en cocina criolla, pero fue mucho más allá en su nivel de sofisticación a través de reproducir recetas que recortaba del periódico o revistas.  Mi mamá lo mismo hacía arroz con habichuelas y bistec, que una paella con todas las de la ley.  Lo mismo incorporaba ingredientes tan sofisticados como las coles de Bruselas –que detesto- que transformaba la cachipa del coco que ella misma rallaba en un delicioso polvo de amor que aún adoro.  Me crié en la época que el lechero dejaba la leche en envases de cristal en el balcón, por lo que si por algún motivo teníamos que salir bien temprano y regresar tarde, la leche se echaba a perder.

Esa leche echada a perder es símbolo del poder que tenía mi mamá para transformar un alimento que aparentaba no servir, en algo apetitoso.  Con esa leche cortada, Mami hacía algo que a Papi le encantaba: dulce de leche de ese que queda en grumitos.  Lo cierto del caso es que Papi se alegraba cada vez que la leche se cortaba. Los postres de mi mamá eran celebrados por los vecinos, con quienes solía compartir sus creaciones: besitos de coco, mantecaditos  hechos con Manteca El Cochinito, que venía en un empaque de cartón, tembleque de dos capas –una de coco y otra de chocolate, bizcocho al revés, flan de vainilla, de coco, en fin, todo un deleite al paladar.

Yo siempre he sido, como dicen “buen diente”; no era melindrosa, salvo por las coles de Bruselas que ya mencioné y lo que para mí era lo peor de lo peor: hígado.  Como mi mamá quería que me alimentara bien y el hígado es buena fuente de hierro, me obligaba a comerlo Ugh!  Al yo manifestar que no tenía hambre, me respondía pues si no tienes hambre para la comida tampoco tienes hambre para el postre y yo, con tal de disfrutar de los exquisitos dulces, me empujaba aquélla cosa espantosa que aún hoy día no puedo soportar.  De hecho, nunca he hecho hígado –Ugh!

El carácter recio de mi mamá se reflejaba en sus exigencias de que las cosas se hicieran bien. “Las cosas se hacen bien o no se hacen” parecía ser su lema. Parte de mi empeño en hacer las cosas bien se debe a su insistencia y lo agradezco profundamente, así como su empeño en que tuviera buenas notas.  Comencé a relajar mi rigor en los estudios, por lo que mis notas en la universidad no fueron tan buenas como pudieron haber sido.  Yo pensaba que si podía sacar B sin esforzarme, ¿para qué hacerlo?  Como resultado obtuve más Cs de las que hubiese querido.  Lo cierto es que no necesité altas calificaciones para terminar mis estudios de derecho y pasar la reválida.  Estoy segura de que Mami estaría muy orgullosa de que su hija sea abogada, aunque no lo estaría tanto de mis notas.

Con el pasar de los años pude entender lo que creo estaba detrás de su insistencia en que obtuviese buenas calificaciones.  He pensado que sentiría frustración al ver que yo, con todas las herramientas, no me esforzaba  mientras que ella, que no tuvo las mismas oportunidades,  solo pudo estudiar hasta tercer grado.  No me cabe duda de que si hubiese tenido esas oportunidades se hubiese convertido en una profesional destacada de haberlo querido, ya que era una mujer brillante.  Con tan sólo un tercer grado entendía recetas o patrones de costura en inglés e interpretaba tanto lo uno como lo otro a perfección. Supo ser también una extraordinaria compañera de vida para mi papá, quien poseía una maestría y se codeaba de tú a tú con personas que poseían grados universitarios.

Cuando cursaba mi tercer año de escuela superior Mami fue diagnosticada con cáncer de seno.  Mami se enfrentó a la extirpación de su seno con estoicismo.  Inició su tratamiento de quimioterapia, pero eventualmente lo abandonó, cosa que me sorprendió, dado su carácter tan recio. Sin embargo, no la juzgo, como creo que nadie tiene derecho a juzgar a quien rechaza someter el cuerpo a la tortura de un tratamiento que puede matar el cáncer, pero también matar lentamente el cuerpo.  Años más tarde Papi también enfrentó al cáncer, pero en el colon.  Pese a que luchó hasta el final, el cáncer le ganó la batalla.

La noche que mi mamá murió yo estaba con ella en el hospital.  Llegó a decirme que ella jamás soñó tener un esposo y una hija tan buenos.  Yo hubiese querido ser aún mejor hija, como sé que ella hubiese querido que nos comprendiéramos mejor.  Tal vez, si estuviera hoy viva, habríamos logrado una mejor comprensión la una de la otra.  De lo que sí estoy segura, es de que estaría tan orgullosa de mí, como yo lo estoy de ella.  Hoy la recuerdo a través de un simple plato de espaguetis a la italiana, que se transforma, mediante el poder del amor, en un alimento para el cuerpo y más que todo, para el alma.



10 de mayo de 2020

Día de las Madres


lunes, 27 de abril de 2020

Amor en un sello de correo







AMOR EN UN SELLO DE CORREO

En estos días he estado reflexionando sobre las formas en que expresamos amor, precisamente porque el requisito del distanciamiento físico nos ha impuesto restricciones a la manera en que evidenciamos el cariño que sentimos.  No todo el mundo se siente cómodo con expresar verbalmente su amor a la familia, los amigos e incluso su pareja.  Desde hace mucho tiempo he sabido que preparar platos exquisitos es una forma de expresar amor. Mi mamá solía hacerlo con su reducida familia, sus vecinos y la familia que en algún momento pudo estar muy lejos, como mi primo Efraín, que estuvo como soldado en Vietnam. Llegó a a prepararle mantecaditos para enviar allá y luego yo pude replicar el gesto con un bizcocho que yo misma preparé.

De mi mamá heredé la pasión por la cocina y son incontables las veces que he expresado amor a través de mis platillos –unos más sofisticados que otros.  Esas expresiones han ido desde unos garbanzos con patitas, pasando por bizcochos en forma de estrella para Guillo, esposo de mi amiga Leila -un general retirado; pan focaccia y canelones de pollo para mi amigo chef Mario; las famosas panetelitas de mi Tía Laura para no sé cuántos fanáticos; mantequilla de lavanda para mi Buddy y más recientemente, pan de guineo que compartí con vecinos y un amigo entrañable.  En el caso del pan de guineo, hay algo más que resulta hermoso –al menos para mí- en esta creación.

Detesto desperdiciar alimentos.  Los guineos que utilicé para hacer el pan formaron parte de una amorosa entrega que recibí.  Para evitar que se echaran a perder -porque eran más de los que podía consumir- decidí esperar a que se maduraran más allá del punto que resulta apetecible –es decir, que eran de una textura demasiado blanda, con la cáscara exhibiendo manchas oscuras y uno que otro mime rondándolos golosamente.  Pues esto se incorporó a una receta que transformó estos guineos apolismados en una especie de bizcocho con nueces muy común en la cocina norteamericana, que se conoce como banana bread. Por supuesto, había una porción reservada para el donante de los guineos, así como para algunos vecinos.

Este proceso me ha hecho pensar además en la forma en que aprovecho ingredientes locales, porque así siento que estoy apoyando a nuestra agricultura.  La semana pasada recibí una caja de productos locales, como parte de una novedosa estrategia para apoyar la agricultura*.  Se hace el pedido y lo entregan al hogar, pero en este caso era una sorpresa.  No  sabía de antemano que habría en esa caja, porque la composición de la caja semanal estaba agotada y pedí por anticipado para una fecha posterior.  Me entregué al proceso pensando que después de todo, $30 no es una cantidad exorbitante y si el contenido me decepcionaba, no perdería gran cosa.  Pues resulta que el pedido no me decepcionó.  La caja contenía entre otros, una piña y dos chayotes.  No me gusta ni lo uno, ni lo otro, pero ya vería qué hacer con ellos.  Tenía además, queso del país –que me encanta, tomatitos cherry –ídem, dos calabacines verdes, una batata enorme, 6 cebollas pequeñas, 6 limones, 3 berenjenas, 4 plátanos y 7 guineos verdes.  De momento me sentí como una participante de uno de esos programas de competencia culinaria.

Regalé la piña, hice tostones que congelé con los plátanos y parte de los guineos.  Me hice una ensalada con parte de los tomatitos, hice una ensalada caprese criolla con parte del queso, otra ensalada con parte de las berenjenas y busqué una receta en el libro de Giovanna Huyke para usar los chayotes.  Ayer los preparé en una ensalada con bacalao que comí hace un rato y la disfruté inmensamente.  Gran parte del disfrute proviene de saber que estoy ingiriendo un producto local, cultivado con mucho sacrificio por manos puertorriqueñas que demuestran su amor a la Patria de una manera extraordinaria.  Al comer esa ensalada de chayote, estoy teniendo una comunión con esos agricultores, así como con la creadora de la receta, que ha sabido honrar los productos locales y la riquísima  tradición culinaria de este país.

Gloria a las manos que cultivaron todo el contenido de esa caja; gloria a tod@s l@s chefs –los que ya no están, como Alfredo Ayala Q.E.P.D., y los que le siguen, como Giovanna, quien fue su alumna y otros, como Ventura Vivoni, por mencionar uno, que se esfuerzan por elevar nuestra exquisita cocina a otro nivel.  Crear un plato con ingredientes locales usando sus recetas es como tener un pedazo de mi país en mí o reglarlo a otros.  Ayer precisamente reflexionaba sobre esto al leer una columna de una página de Facebook que aludía a lo que representa cocinar para otros como una forma de expresar amor.  No me cabe la menor duda de que así es.

Hace un rato pasó por aquí mi amigo a traerme unas viandas y de paso, unos sellos de correo que le pedí.  No se me escapó el simbolismo al ver la imagen de los sellos –varios corazoncitos y la palabra LOVE. Mi amigo tiene maneras poco convencionales de expresar amor.  A veces se ofrece llevarme a alguna cita médica, o se aparece con una donación sorpresa -un aguacate (o dos), una botella de vino, unos guineos.  A veces sus ofrecimientos de ayuda rebasan mi concepto de lo que es ofrecer un consejo no solicitado, pero nunca he dudado de que el ofrecimiento nace del amor.  El amor tiene muchas formas –a veces es un aguacate, otras un bizcocho horneado en casa y otras –un sello de correo.

27 de abril de 2020

*En este caso utilicé el servicio de Al Sol de Hoy, pero hay otros similares

sábado, 11 de abril de 2020

LA PÁGINA QUE NO PODEMOS PASAR






LA PÁGINA QUE NO PODEMOS PASAR

En agosto del año pasado escribí a raíz de la efímera estadía de Pedro Pierluisi en la Fortaleza y la juramentación de Wanda Vázquez, tras el reclamo que hacían muchos de la necesidad de “pasar la página”.  Decía yo que no podíamos pasar la página –que era necesario, al menos, marcar la página para ver cómo se desenvolvía el asunto, ya que había muchas interrogantes en torno a la figura de la gobernadora.  Hoy retornamos a la página que muchos dejamos marcada, porque la crisis de la pandemia del coronavirus se da en medio de una gran crisis: la crisis en la institución gubernamental.

Hace muchos años tuve grandes diferencias con una persona –los que me conocen bien saben quién es y su nombre no es relevante para lo que quiero expresar. Durante los años que interactuamos enfrentamos varias situaciones difíciles que pusieron a prueba nuestra relación.  A mi reclamo de atender el asunto, siempre recibía la misma respuesta: estamos en una crisis; cuando esto termine, bregamos con el asunto. Y las crisis se sucedían una tras otra, hasta que finalmente deduje que no eran crisis distintas; era una misma crisis fundamental con diversas ramificaciones.  Lo mismo ocurre en estos momentos en que estamos sumidos en la crisis de manejar la pandemia del coronavirus.  Los traspiés, las decisiones sin sentido, los contratos –o como prefiere la gobernadora- las órdenes de compra, se otorgan a compañías sin experiencia a precios que no guardan proporción con la patética situación de las finanzas públicas.

Lo que ha ocurrido recientemente con el otorgamiento del contrato –perdón Wanda, la orden de compra por $38 millones a una compañía de construcción para la compra de pruebas de detección del COVID-19, nos trae un leve recuerdo de los contratos con Whitefish tras el paso del Huracán María. En aquél momento se levantó la excusa de que nunca antes habíamos lidiado con una situación como esa.  Curiosamente, esa misma excusa se utiliza para esta nueva ramificación de la misma crisis. Cierto es que nunca habíamos lidiado con un huracán como María, ni con una pandemia de esta magnitud, pero no es menos cierto que hay unos controles para efectuar compras o suscribir contratos que debieran funcionar, sin importar la magnitud del problema.

Lo que ha ocurrido con los contratos u órdenes de compra –escoja usted cómo les quiera llamar- revela que algo no marcha bien en los organismos de gobierno a cargo de efectuar compras o contratos en términos de evaluar objetivamente la conveniencia de adquirir determinados bienes o servicios.  Lo que se ha ido develando poco a poco es que hay unas personas con poca preparación en el campo de contratación gubernamental –que es distinta a la privada-, pero con mucha influencia y mollero político que han presionado para que se hagan unas compras de forma inmediata, amparándose en la necesidad.

No puede negarse que la adquisición de las pruebas de COVID-19 es un asunto de alta prioridad, pero no por ello debe actuarse de manera apresurada, sin mucha consideración a aspectos que tienen consecuencias ulteriores, sobre todo en nuestra delicada situación económica.  Salir en estampida a comprar pruebas a sobreprecio, pensando sólo en la inmediatez es como salir a apagar un fuego de grandes proporciones, sin tener el equipo necesario y peor aún, usando técnicas que pudieran avivar aún más el fuego en lugar de apagarlo.  Lo revelado hasta ahora con respecto a la compra de las pruebas, es, por lo menos, que varias personas actuaron de forma impulsiva, sin tener pleno conocimiento de los controles que debieron activarse al hacer una compra de $38 millones.  Por lo más, hay la posibilidad de la existencia de un esquema de corrupción que está aún por verse.

Luego de revelado todo lo que podía haber salido mal que en efecto salió mal, sale a relucir que hay unos personajes que son como esos actores que salen en más de una serie.  Ahí entra el licenciado Juan Maldonado, anterior director de la Autoridad de Transporte Marítimo, con sus contactos con otro personaje -un activista del partido en el poder. Supongamos que como alega el Dr. Rodríguez Quillichini, él no tenía relación alguna con el Lcdo. Maldonado y que sólo sirvió de mensajero para canalizar la oferta que se hizo para adquirir las pruebas.  No obstante, el manejo una vez él transmite el mensaje denota que nadie en toda la cadena que desembocó en el contrato u orden de compra demostró que los controles que se supone existan estuviesen funcionando.  Aparenta haber demasiada gente sin experiencia pero con mucho poder moviendo la pesada rueda burocrática para lograr objetivos que bajo el palio de una emergencia, operan en contra del pueblo a quien se le debe lealtad absoluta.

Hechas las denuncias, el Dr. Rodríguez Quillichini reaccionó indignado y solicitó se pusiera fin a lo que catalogó como chisme.  El secretario de Salud, quien normalmente se muestra ecuánime, se notaba molesto y aludió a que los profesionales que aceptaron formar parte del grupo de trabajo habían puesto su reputación al servicio de ayudar a la gobernadora en su intento de detener el virus.  No recuerdo cuál de ellos fue el que pidió “pasar la página” en torno a este asunto y concentrarse en combatir el virus.  Al igual que no podíamos pasar la página tras la salida de Pierluisi, tampoco la podemos pasar ahora. Qué más hubiese querido yo, en plena Semana Santa, que poder dedicar más pensamientos a cultivar mi paz espiritual, en lugar de pensar que hay algo que anda muy mal en nuestro gobierno desde hace años y que much@s han preferido pasar la página.

La gestión gubernamental no se detiene porque tengamos que lidiar con combatir el virus.  Hay que emitir pagos a empleados, a jubilados; efectuar compras para otros servicios esenciales, como Policía, Bomberos.  Hay que prestar vigilancia, operar sistemas de iluminación, bombas para suplir agua, en fin, la operación gubernamental de día a día no cesa  mientras se  lucha contra el virus.  El problema estriba en que por años el gobierno no ha querido atender unos problemas de fondo, porque ha estado atendiendo x crisis.  Para mí, es una sola crisis que nace de que se ha ignorado que hay que modificar los requisitos para reclutar en el gobierno, porque evidentemente se ignoran o no se han adaptado a las exigencias modernas.

Modificar las especificaciones de los puestos en gobierno es una tarea que se ha intentado varias veces pero siempre termina inconclusa porque falta voluntad política para garantizar que de verdad se honra el principio del mérito que se supone es piedra angular del servicio público.  Se requiere dar una mirada muy escrutadora al reclutamiento del personal en general y muy particularmente al de confianza, que es en estos momentos culpable en gran medida de que haya gente en las agencias con mucho poder y lealtad al partido, pero  poco conocimiento y experiencia al mando de divisiones clave en las agencias.  Ese es el germen de la crisis y mientras no lo atendamos, seguirán habiendo contratos, perdón, órdenes de compra escandalosas.  Por eso, no podemos pasar la página.


11 de abril de 2020

martes, 7 de abril de 2020

El otro virus







EL OTRO VIRUS

Durante el mes de febrero comenzó a acrecentarse –para la mayoría- la preocupación por un virus que se originó en la China.  Digo para la mayoría, porque para el entonces secretario del Departamento de Salud esto no presentaba mayor riesgo, ya que a Puerto Rico no arribaban vuelos directos de ese país.  La entonces epidemióloga del estado, la Doctora Deseda evidenció tener un problema mayor que el mío en términos de conocimientos de geografía al afirmar que Italia tenía mayor número de contagios por su cercanía al país que construyó la gran muralla.  Tras una serie de traspiés, la gobernadora se deshizo de estos patéticos personajes y designó un nuevo secretario, que parece ser una persona competente e inspira confianza.  Además, creó un grupo de trabajo compuesto por médicos de la academia y otras ramas para que le sirviera de cuerpo asesor.

Debo deducir que fue el grupo de trabajo el que hizo la recomendación de la imposición de la cuarentena, que tuvo su efecto completo el lunes 16 de marzo, ya que el toque de queda se inició el domingo previo, a las 9 p.m. Bajo esa directriz, que luego se enmendó recientemente, todas las personas deben estar en sus casas -ahora desde las 7 pm hasta las 5 a.m. del día siguiente, salvo para recibir tratamiento médico, asistir a ciertos trabajos designados esenciales, comprar alimentos, medicamentos y otros artículos de primera necesidad. El impacto sobre la economía aún no se calcula en toda su extensión.  Miles de personas han quedado desempleadas, así como múltiples negocios han tenido que suspender operaciones.  Mi mente humanística no es capaz de visualizar los miles de millones en pérdidas que esto implica.

Lo que puedo comprender mucho mejor es el impacto sobre las familias que ya de por sí estaban sufriendo una reducción en sus ingresos y de momento se enfrentan a que no es que reciban menos; es que no reciben nada.  Para personas con salarios muy bajos o que fluctúan porque son cuentapropistas, esto es devastador.  Muchos de ell@s ya se habían reinventado, preparando comidas para vender, haciendo bizcochos, ofreciendo servicios de transportación y cualquier cosa que contribuyera a poder llevar alimento y artículos de primera necesidad a la familia.  Una vez entra en vigor la cuarentena, se hizo imperativo volver a reinventarse.

Tengo una amiga que comenzó a hacer mascarillas de tela, un artículo que se hace indispensable ahora que el gobierno recomienda su uso para cuando se hace necesario salir al supermercado. También ha habido empresas locales que han transformado su operación para ofrecer el que quizás es el producto más preciado: alcohol o desinfectantes de manos.  En ese esfuerzo se han asociado con otras compañías que producen productos de limpieza para ampliar la oferta.  Según se ha informado, aparte de vender los productos a gran escala, también hacen donaciones a instituciones médicas o de cuidado de ancianos.  Es el mejor ejemplo de una operación comercial con sentido de comunidad –que no se trata sólo de devengar ganancias, sino también de contribuir a la sociedad.  Después de todo, si una empresa se ocupa de mantener saludable a un sector de la población, podrá en un futuro ofrecer su producto a un mayor número de personas.

Son incontables los casos de artistas, maestros de yoga, de música, de danza, de cocina, de you name it que ofrecen sus servicios de forma gratuita a través de las redes sociales.  Nos ofrecen momentos de puro gozo, de paz espiritual y de esa risa tan necesaria en estos tiempos. En estos momentos, muchos de ellos no tienen ingresos.  La recompensa podrá llegar luego, pero mientras tanto, ¿qué?  Nos toca a los que por circunstancias de la vida estamos más estables económicamente, asegurarnos de que apoyamos de algún modo a quienes más lo necesitan.  Y de eso, sobran los ejemplos.  Hay much@s que se ofrecen a comprar víveres u ofrecer transportación.  El espíritu de solidaridad se desborda de una forma que me emociona hasta las lágrimas.

Mientras todo esto ocurre, hay otros que muestran el lado más oscuro del ser humano.  No bastó con Whitefish, con los que ostentaron puestazos, con los que repartieron generadores a los panas o a los del corazón del rollo en medio de la tragedia del huracán.  Ha salido a relucir que en medio de esta pandemia hubo unos seres despreciables que decidieron reinventarse -¡y cómo!  Supimos que una compañía dedicada a la construcción decidió de súbito dedicarse a la distribución de pruebas de diagnóstico para el COVID-19.  Vamos, que puedo entender que el que fabricaba ron modificara la operación para hacer desinfectante –después de todo el ron es alcohol, pero de la construcción a pruebas de diagnóstico va un enorme trecho.  Presumo que la compañía sabe de cemento, de varilla, de piedra, pero de esto otro, como diría la mamá de una amiga: ¿qué tiene que ver el culo con la primavera? Y me disculpan la vulgaridad –es que con esto de la cuarentena estoy viendo mucha televisión española.

Al preguntársele al dueño de de la compañía de construcción ahora diversificada a distribuidora de pruebas de detección de virus, respondió que diversificó las operaciones de una torrefactora también de su propiedad a productos de higiene y protección personal y recibió el ofrecimiento de ofrecer las pruebas –nada, que lo mismo vende cemento, que café que guantes o estas pruebas que pocos conocíamos.  Su ayudante en esta nueva faceta fue el ex director de la Autoridad de Transporte Marítimo ahora convertido en su asesor legal y de negocios, que parece también haberse diversificado –lo mismo administra una operación marítima, que ofrece asesoramiento legal y de negocios en tiempos de un virus que arropa el globo terráqueo.  Por cierto, este asesor fue el que despidieron por permitir a una lancha de las que administraba atracar en un muelle de Vieques para que los pasajeros pudieran participar de una boda –imagino que muy tus tus, en tiempos en que los muelles estaban casi deshabilitados tras el paso del huracán María.

Las peripecias del constructor/torrefactor/distribuidor de pruebas de detección de virus se dan porque hay una contraparte en las agencias de gobierno que también se diversifica, cuando no se supone que lo haga, para ofrecer beneficios a sus amigos, al partido y por qué no, a su propio bolsillo, mientras recibe un salario por un puesto en el gobierno. Esa contraparte es la gente que no tiene claro que su lealtad es al pueblo, no a una persona o a un partido.  Esos son los Yamil Koury, los Víctor Fajardo, los Anaudi de la vida, que tenían el virus de la codicia en su sangre.  Ese virus ha mutado y sigue infectando a muchos.  Resulta insidioso y se cuela en los círculos de poder, contagiando poco a poco a funcionarios de varios niveles.  Permanece indetectado por décadas  y no sabemos cuánta gente lo padece.  La cura es la toma de conciencia, pero hasta que cada persona no asuma su responsabilidad, no se podrá erradicar del todo, aunque sí se puede contener con las denuncias y penas de cárcel para los que traicionen la confianza del pueblo.

A mí me causa una soberana indignación que mientras hay gente que se muere en Vieques porque no hay un hospital con los equipos necesarios, mientras hay familias que no saben cómo cubrirán los gastos de la próxima semana, un individuo como este que se diversifica para su propio beneficio, haya sido capaz de querer tener una ganancia astronómica, cobrándole al gobierno $38 por cada prueba, al son de $38 millones, por algo que según el reportaje del periódico de hoy, se consigue en el mercado internacional hasta por menos de $10.  Y esto cobrado a un gobierno quebrado, que no tiene suficientes equipos para proteger al personal médico, ni suficientes respiradores para sostener la vida de todos los que pueden estar a riesgo de morir si se materializan las proyecciones de contagio a las personas más vulnerables.

Me indigna que mientras mi amiga, con una preparación académica envidiable y una vasta cultura hace mascarillas para afrontar sus vicisitudes económicas y aún así dona parte de su artesanal producción a los más necesitados, este ser, por no decirle hijo de p… sea capaz de querer hacerse rico de un tirón. Me indigna que mientras hay pequeñas empresas -a las que les ha tomado años levantarse y emplear unas pocas personas-  que ven cerrados sus negocios, este hombre quiera hacer una purruchá de chavos al instante, sin mayor esfuerzo. No hay nada malo en obtener ganancias, pero hay algo intrínsecamente mal en un ser humano que es capaz de aprovecharse de una situación como la que vivimos, con un gobierno en quiebra que a duras penas puede cubrir lo estrictamente necesario y una población en la que casi el 50% de la población vive bajo los niveles de pobreza. Para colmo, estas acciones retrasan aún más la adquisición de las pruebas que necesitamos desesperadamente para medir el progreso de la enfermedad y determinar cuánto tiempo más debe durar la cuarentena.

Me causa desasosiego que este hombre haya puesto una mancha en tantas acciones hermosas de nuestro pueblo, que una vez más demuestra solidaridad en momentos de adversidad.  Precisamente en esta semana, que se denomina Semana Santa, este hombre me ha alterado mi paz espiritual; despertó en mí una indignación visceral; me ha hecho proferir por lo bajo esas palabras que contienen ñ, porque se ha dejado seducir por  un virus que aún no hemos podido erradicar: la codicia. Permita Dios que hombres como este empresario y los que le ayudaron tomen conciencia de sus acciones. Ruego por que nos encaminemos a sanar pronto del COVID-19 y reduzcamos a un mínimo el virus de la codicia que por tanto tiempo – mucho antes que este último- nos ha atacado.

7 de abril de 2020




domingo, 29 de marzo de 2020

Ciudadanos








CIUDADANOS DEL MUNDO

Dedicado a mis profesoras de idioma Ruth Q.E.P.D. y Glenda

Durante esta cuarentena que entra en su tercera semana he tenido mucho tiempo para reflexionar sobre la condición humana en general y la mía en particular.  He comentado en varias ocasiones que justo cuando debía sentirme más sola, es cuando más acompañada me he sentido, gracias a la tecnología.  Es impresionante ver la cantidad de artistas que se han encargado de entretenernos a través de las redes sociales y hacernos sentir que todos somos parte de la misma familia.  Además de eso, siento la necesidad de llamar amistades y familia para asegurarme de que están bien.  Veo con alegría cómo la creatividad se ha puesto en función del bien común: algunas compañías han transformado sus operaciones regulares para hacer batas y mascarillas para suplir hospitales; una compañía que produce ron decidió producir alcohol y desinfectante de manos; muchos restaurantes siguen produciendo comida para que la gente pueda llevar comida preparada a sus casas en lugar de consumirlas en el local.

Esta actividad novedosa no se da solamente en el sector comercial – muchas personas se ofrecen para hacer gestiones para aquéllos que están enfermos; otros ofrecen clases de baile, de yoga, de cocina, para transmitir sus conocimientos en beneficio de los demás.  No faltan los memes ingeniosos sobre las circunstancias de cada cual en este encierro, que nos proporciona eso que la revista Reader’s Digest  llamaba el remedio infalible: la risa.  De hecho, recuerdo que cuando mi papá  convalecía de su cáncer terminal su psiquiatra, especialista en estos casos, le recomendó ver programas de comedia.  Esto proporciona un balance, ya que si bien es cierto que debemos mantenernos informados y hay noticias que nos producen mucho coraje –casi siempre vinculadas al Presidente Trump, no es menos cierto que la vida se compone de elementos trágicos o que provocan angustia y otros plenos de alegría.

Una de las actividades que más alegría me produce es viajar.  He admirado paisajes en lugares tan distantes como Japón y tan cercanos como esta nuestra preciosa isla.  Aparte de mi isla, por alguna razón me he sentido poderosamente atraída hacia Italia, que resulta ser el país que con más frecuencia he visitado. Creo que es una combinación de la belleza natural y de sus edificaciones; de la comida, el vino, la música, el idioma que se hace entender y la similitud del carácter con el de los puertorriqueños.  Sobre esto último, me resultó muy ilustrativa la experiencia en un viaje a Suiza, un país que es, si se puede decir así, demasiado bello.  Todo está en su lugar –hasta las flores parecen crecer de forma ordenada; las colinas semejan céspedes que atiende un jardinero y podría jurar que las vacas pastan con disciplina. Ni hablar del idioma alemán –tan gutural que un buenos días parece un regaño.  Pese al disfrute del viaje, una vez cruzamos frontera con Italia respiré aliviada –me sentía como en casa y supe que mi vida necesita un cierto nivel de caos.

Ese cierto nivel de caos puede encontrarse en Italia –a veces más del que necesito, como en Roma, por ejemplo.  Mi personalidad se siente mejor en ciudades más tranquilas, como Sorrento e incluso Venecia cuando anochece y los miles de turistas de crucero se van y sus calles permanecen tranquilas. Para insertarme aún más en la cultura italiana, decidí tomar un curso de italiano hace dos años.  Creo firmemente que conocer otros idiomas abre una ventana al pensamiento de otra cultura. Aprendí inglés desde muy niña y el conocimiento de ese idioma me ha permitido conocer sutilezas del lenguaje que escapan al conocimiento básico y puramente necesario del mundo laboral.  Conocer ese idioma me ha permitido leer gran literatura, así como poder sostener conversaciones profesionales y personales con angloparlantes que no han podido –o no han querido- aprender otro idioma.

Cuando ingresé a la facultad de Humanidades de la UPR decidí tomar cursos de francés como electivos con una extraordinaria profesora: Ruth Hernández, Q.E.P.D. Ella nos transmitió el entusiasmo por esta bellísima lengua –nos enseñó canciones y hacía énfasis en una dicción correcta.  En francés, una mala pronunciación puede significar que digamos “un peíto”, en lugar de “un poco”.  En aquél momento logré bastante conocimiento del idioma, pero al no practicarlo, lo fui olvidando. Cuando decidí viajar a Francia, tomé un curso corto para refrescar conocimientos.  El resultado evidenció el excelente trabajo de mi profesora.  Pude comunicarme en francés todo el tiempo y contrario a la impresión que muchos tienen de los parisinos, a mí me trataron como a una reina, porque apreciaron el esfuerzo que hacía por comunicarme.  Estoy segura que cometí algunos errores, pero jamás dije “peíto” en francés.

Mi intento de aprender japonés previo al viaje a Japón no corrió la misma suerte que mis lecciones de francés.  Para empezar, ya no era tan joven.  Dicen que aprender un idioma en la juventud es mucho más fácil. Para complicar más el asunto, la gran mayoría de los alumnos eran menores de 20 años y hasta había una niña que sabía contar hasta 10 en japonés desde el primer día.  El idioma es sumamente difícil, porque las palabras no se parecen en nada a lo que yo conozco y la escritura es totalmente incomprensible.  A modo de ejemplo, uno, dos, tres es ichi, ni, san. Terminé el curso a empujones y salvo decir arigato, sayonara y una que otra cosita, no pude hablar japonés durante el viaje. No obstante, disfruté la experiencia inmensamente porque estuve abierta a tener experiencias distintas, incluyendo dormir en un futón en el piso, participar de la ceremonia del té y comer pescado y algas en el desayuno.

Pese a mi decepción con las lecciones de japonés, me lancé a tomar el curso básico de italiano, pensando que resultaría más sencillo debido a que al menos puedo reconocer algunas palabras. No me equivoqué.  Además, tuve la fortuna de tener una maestra excelente: Glenda García, quien exhibe el mismo entusiasmo por el idioma que tenía mi profesora de francés.  Con tan sólo un curso básico, pude desenvolverme de forma aceptable en mi viaje por la región Toscana, aunque hubo muchos momentos que mi limitado vocabulario no me permitía sostener una conversación completa.  Np obstante, los italianos estaban sorprendidos de que yo hablara algo de su idioma, particularmente porque andaba con un grupo de angloparlantes que no hablaban nada de italiano.  Como dice el dicho, “en país de ciegos, el tuerto es rey”.

En estos días de cuarentena y dada la crisis de salud generada por el coronavirus, he estado leyendo la versión digital del periódico italiano La Republica, debido el impacto que ha tenido el virus en este país que tanto amo.  También accedo a los vídeos que me permiten escuchar lo que está sucediendo día a día en Italia, en su idioma.  El viernes vi la transmisión de la bendición Urbi et Orbi de Papa Francisco desde Roma y me esforzaba por escuchar directamente sus palabras que se confundían con la traducción simultánea al español.  Más tarde, busqué el texto, para leerlo con calma.

Yo no sé exactamente cuál es el origen de mi identificación con Italia, que nace mucho antes de que tomara el curso de italiano  -probablemente mucho antes de mi primer viaje allá  y siguió creciendo con cada viaje, aparte de los intercambios con mi amigo Mario, ya fallecido y mi fascinación con Pavarotti.  Se ha afianzado aún más ahora que puedo entender –con limitaciones, por supuesto- mucho de lo que leo o escucho.  Tan sólo sé que con el curso que tomé con Glenda se abrió una ventana al alma italiana, por la que me asomo para comprender aún más su espíritu, que es –después de todo, el nuestro.

En estos tiempos de “distanciamiento social”, me siento más cercana que antes a otros seres humanos en general y en particular, a los italianos. Comprendo ahora que todos los seres humanos -no importa el idioma ni la distancia- estamos unidos por el deseo de alcanzar la felicidad plena de sentirnos amados, apoyados y comprendidos.  El coronavirus nos ha hecho reconocer que somos parte de un todo y está -literalmente- en nuestras manos lograr sobrevivir como ciudadanos del mundo.

29 de marzo de 2020