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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

viernes, 23 de febrero de 2018

SE PERDIÓ




SE PERDIÓ
Mi papá decía que el sentido común es el menos común de los sentidos.  Doy fe que hace tiempo, mucho antes de María, se ha perdido el sentido común a nivel colectivo.  No entro a discutir esto en particular, porque no es lo que motiva este escrito, que es un suceso que me hizo confirmar que hay otro sentido perdido por ahí – el sentido del ridículo.  Desde hace días se ha estado anunciando la apertura de una tienda en Plaza las Américas, lo cual ha creado gran expectativa entre sus seguidores.  Tanta afición hay a esta tienda que muchas mujeres se denominan a sí mismas como marshaleras o marshalianas.  No tengo nada en contra de la tienda; de hecho, he visitado otras sucursales en algunas ocasiones. 

Comprar ropa en esa tienda me agobia, porque debo pasar por decenas de percheros, buscando algo que me atraiga, que esté disponible en mi talla petite y que no esté roto, manchado, descosido o tantas veces manoseado que se vea como algo adquirido en segundas manos.  Solía comprar zapatos, pero casi no traen mi tamaño (5) y cuando los hay, son en colores como shocking pink o verde chatrés – la palabra es chartreuse, pero todos decimos chatrés.  Dicho sea de paso, ese me parece un color espantoso –le queda bien al .005% de la población.

En cuanto a los artículos de decoración, no suelo cambiar la decoración.  Los muebles, cuadros y piezas de cerámica o tallas hechas por artesanos que tengo me dan un sentido de pertenencia, de que los objetos que me acompañan tienen una historia.  No están ahí meramente porque se ven bonitos, sino porque su presencia me recuerda el talento de nuestros artistas o la experiencia que tuve al adquirirlos.  No sé, no siento lo mismo con comprar un cachivache que está en un anaquel, rodeado de otros cachivaches sin alma.

Lo que sí me encanta de la famosa tienda son los artículos de cocina –utensilios para facilitar el batido o manejo de los alimentos, pastas con formas y colores interesantes, aceites que provienen de Italia o Grecia y por lo tanto, me recuerdan mis viajes – los paisajes, la comida auténtica, con sus aromas y colores. Mi última compra fue un botellón de aceite de oliva extra virgen procedente de Italia.  Cuando hago platos italianos, ese es el que uso.  Pero eso sí, no se cayó el mundo cuando la tienda a la que suelo ir fue arrasada por María.  Si no puedo comprar el aceite más fino, uso otro que compro en el supermercado.  Ninguno de mis comensales va a notar la diferencia.

Parece que a mucha gente sí se le cayó parte de su mundo cuando no pudieron visitar su tienda favorita, lo cual ocasionó que ayer acudieran en masa a la inauguración de la nueva tienda en Plaza las Américas.  Según reseña El Nuevo Día hoy y vi en el noticiario de ayer, había gente haciendo fila desde las 5 de la madrugada, esperando a que abriesen la tienda.  No perdamos de perspectiva que a las 5 de la madrugada está haciendo un frío pelú y una ventolera que para yo afrontarlos tendría que ocurrir algo de verdadera envergadura.  Ahí no queda la cosa.  Dice el periódico que una de las entrevistadas manifestó que “yo no me voy de aquí, pero si Marshalls se fuera de Puerto Rico, no sé”.  Difícil de creer, pero así está –busquen la página portada de la sección de negocios.

Es ahí que me di cuenta que se ha perdido el sentido del ridículo. ¿No será que hay un virus en forma de malvavisco – es decir, marshmallow que ha invadido el cerebro de una parte de la población y le elimina el sentido del ridículo?  Espero encuentren la vacuna pronto.


23 de febrero de 2018

miércoles, 14 de febrero de 2018

Amor









AMOR

Hoy se ha designado como Día del amor, que luego se amplió a Día del amor y la amistad.  Hay quien dice que es una mera excusa para promover el comercio.  Puede ser.  Cualquier día es bueno para celebrar el amor en sus múltiples manifestaciones, así que si puedo celebrarlo cualquier día, ¿por qué no hoy?  Hoy es tan bueno como cualquiera otro para celebrar el amor, que gracias a Dios, nunca me ha faltado.  He recibido un amor inconmensurable de mis padres, de familiares y amigos.  He recibido también el amor de pareja que en algún momento me ha acompañado y espero se vuelva a repetir.  Dios/el Universo me ha prodigado amor a través de múltiples bendiciones. Del mismo modo, he reciprocado ese amor y espero estar a la altura de quienes me lo han brindado, incluyendo el amor a la Patria.

Doy gracias a todos los que me han demostrado su amor y les deseo que el mismo se multiplique.  Celebren con gozo de la manera que les haga felices – con flores, con chocolates, con champán, con cava, con cerveza del país, con agua, con mofongo, con camarones, con carne guisada, con tofú, con espinacas, con yogurt, con sushi, con papas, con guineítos en escabeche, con lasagna, con arroz con gandules, con velas sin intenciones ocultas, con besos, con abrazos, con música de la buena –de esa que tiene letra con sentido y melodía.  Celebre como usted quiera, pero celebre que la vida le ha dado el regalo del amor de al menos una persona en este mundo.

Namasté.


14 de febrero de 2018

jueves, 1 de febrero de 2018

INSENSATEZ





INSENSATEZ

El viernes pasado tuve una muy agradable reunión de amigas – de esas a las que les gusta cantar.  No sé por qué vino a mi mente una canción que se llama Insensatez. No recordaba ni la letra, ni quién la canta, pero por alguna razón evoqué ese título.  Ninguna de ellas podía recordar la canción y ahora sé por qué.  Esta canción es más recordada en su versión instrumental –un bossa nova compuesto por Antonio Carlos Jobim, con letra de Vinicius De Moraes –un lujo de canción que si la escuchan, la reconocerán de inmediato.  Había olvidado el título y hoy, sin ninguna razón en particular, pensé en la palabra insensatez, por lo que busqué la canción y por supuesto, la reconocí de inmediato.

Hago la asociación con insensatez al recordar todos los faux pas de este gobierno, que está también sumido en un ejercicio descomunal de negación.  Eso los ha llevado a negar la posibilidad de que haya más muertos de los reportados a raíz del Huracán María; a negar que haya habido algo fishy en el contrato de Whitefish; a negar que los estimados de recuperación del sistema eléctrico fuesen irreales; a negar la existencia de varios brotes de enfermedades; a negar enfrentar la realidad de que la respuesta del gobierno local ha sido deficiente, tratando de hacer ver que cualquiera lo hubiese hecho igual dada la magnitud del desastre; a negar que hay una desconfianza de parte del gobierno federal en cuanto a la capacidad del gobierno de Puerto Rico de administrar adecuadamente fondos asignados y siga sumando.

Ayer leía yo un artículo sobre la situación de la industria avícola.  Dos avicultores expresaron preocupación por la lentitud de las aseguradoras en procesar las reclamaciones.  Uno de ellos, de 77 años, se cuestionaba si valdría la pena volver a empezar.  Otro, de 57 años –por lo que no es exactamente un spring chicken, concluía diciendo que el negocio está en aprietos.  En el mismo artículo, le preguntan al secretario de Agricultura, que dijo que no hay incertidumbre –y lo citan diciendo, textualmente “No veo la incertidumbre…”  ¿Cóóóóómo?  Yo creo que este hombre tiene un problema de visión peor que el mío, que se resuelve con que el oftalmólogo me cambie el lente empañado y ya.  Pero no ver la incertidumbre- que se ha convertido en la norma, es como no ver la E gigantesca que aparece en la tabla que utilizan los especialistas de la vista para medir nuestra visión.

Y ya que aludo a la incertidumbre, resulta que hay al menos dos canciones con ese título.  Una de Ricardo Arjona, que no me encantó y otra de Javier Solís –una ranchera de esas que dan ganas de corear, mientras afirma cómo es de cruel la incertidumbre.  Apurar una margarita y varios tacos ayuda a manejar esta situación que todos -menos el secretario de Agricultura y otros en el gobierno- podemos ver.  Búsquenla y anímense a ahogar las penas de esta incertidumbre que nos arropa.  Luego, si quieren, vayan al lado más sensual, con Insensatez, la canción brasileña que le pide al ser amado: Ve, mi corazón dile a tu amor que tu estás arrepentido y que lo que pasó fue insensatez.  Es posible que esta administración recapacite, nos saque de esta incertidumbre y se aparte de la insensatez, pero como dice otra canción, tengo poquita fe.

1 de febrero de 2018



viernes, 12 de enero de 2018

VERGÜENZA AJENA





VERGÜENZA AJENA

Ya estamos bastante acostumbrados a los comentarios destemplados del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.  Mucho se ha hablado sobre su personalidad, que refleja a alguien que proyecta arrogancia, prepotencia y desdén hacia los menos poderosos o simplemente aquéllos que le lleven la contraria.  Eso le ha hecho acusar a la prensa de incurrir en la difusión de noticias falsas (fake news) cuando las noticias le son desfavorables.  Cuando alguien prominente le hace una crítica, intenta devaluarla, como quiso hacer con la actriz Merryl Streep, a quien tildó de actriz sobrevalorada (overrated).  No creo que haya productor en Hollywood que no busque financiamiento para una película con esta actriz cuya mera mención asegura que decenas de miles acudirán a disfrutar de su arte.

Su lenguaje corporal proyecta una persona que se siente dueño del espacio y todo lo que lo ocupa, tratando a los demás con desprecio o condescendencia.  Hasta su esposa queda atrás, sin que el parezca apreciar su presencia.  Cuando habla no mide sus palabras, porque siente que como presidente de una de las naciones más poderosas tiene el derecho de decir lo que le venga en gana.  Sus comentarios y actitudes han ofendido a mujeres, a periodistas, a líderes de otras naciones y a gente común.  El incidente del papel toalla y sus comentarios insensibles en Puerto Rico a raíz del paso del huracán María dejó un sinsabor de tal magnitud que todavía me siento incómoda cuando veo un rollo de papel toalla.

Ayer, sin embargo, botó la bola.  En medio de una reunión con líderes legislativos para discutir asuntos relacionados con una reforma migratoria, expresó su descontento con la presencia de personas provenientes de países que son un “agujero de mie..” (s..thole countries) como África y Haití y su deseo de que hubiese más inmigrantes de países como Noruega.  Si estas expresiones hubiesen sido hechas por un alto ejecutivo de una compañía norteamericana o un atleta u otro famoso que representara a la compañía en anuncios publicitarios, ya lo habrían despedido fulminantemente.  Que las expresiones hayan sido dichas por el máximo representante de cualquier nación constituye una vergüenza cósmica.

Es difícil creer que haya una persona con tan poca conciencia del decoro; de lo que significa ser un jefe de estado.  Me imagino al presidente de Francia o la primer ministro de Inglaterra, ambos personas respetuosas del protocolo y ya hastiados de las actuaciones vergonzosas del presidente Trump, reaccionar con total asombro de que el norteamericano haya descendido al nivel del agujero al que aludió.  Me imagino a los empleados de la Casa Blanca, que no encontrarían dónde meter la cara después de escuchar los desafortunados comentarios. 

No se trata sólo del desprecio a la miseria en que vive la mayoría la población de los países que Trump denigra; se trata además de que la gran mayoría de sus habitantes son de la raza negra  y la gran mayoría de los habitantes de Noruega son blancos, blanquísimos.  Me imagino a los especialistas en comunicaciones en Casa Blanca tratando de ver cómo manejar esto que como decimos vulgarmente para referirnos a lo que no hay por dónde agarrar  -utilizando la imagen escatológica que Trump evoca- es un gigantesco “palo cag..”.

Hoy estuve en mi clase de yoga, conducida por mi amado maestro y padre espiritual Yakeen.  El énfasis fue en el amor, que es lo único que debe prevalecer.  No me siento tan iluminada como para envolver a Trump en pensamientos de amor.  Me resulta altamente irónico que el lunes se conmemora el natalicio de un norteamericano de verdadera estatura moral, quien habría encontrado las palabras apropiadas para enfrentar a este hombre que es como una pesadilla, un gran error, una mácula en la historia que habrá de escribirse sobre la época que la nación americana enfrenta y de la cual, queramos o no somos ciudadanos.  El hombre que sabría tener las palabras apropiadas que yo no encuentro dijo una vez: Love is the only force capable of transforming an enemy into a friend.  Ese hombre fue Martin Luther King y hoy, a casi 50 años de su muerte, hace tanta falta como en la época que le tocó vivir. 

12 de enero de 2018


lunes, 8 de enero de 2018

Un pueblo que ama






UN PUEBLO QUE AMA

Dicen que estos días de Navidad son terreno fértil para la nostalgia y en algunos casos, la depresión. Ello, porque en estas fechas solemos reunirnos con amigos y familia, los cuales, en muchos casos, ya no están. Mi familia, que no era muy numerosa, se ha ido reduciendo, así como los amigos que ya no están físicamente o están de viaje. La realidad post huracán contribuye, porque aunque yo no tuve mayores pérdidas y recuperé el servicio eléctrico a los 40 días – un logro a la luz (no pun intended) de aquéllos que a más de 3 meses del huracán aún no lo tienen, o peor aún, ni siquiera tienen casa, ver su situación no deja de afectarme.  La depresión se fue apoderando de mí, como una neblina que me cubría  poco a poco.  Para completar, el jueves me diagnosticaron conjuntivitis, lo cual aguó planes de encontrarme con unas amigas. Tras varios días de encierro, ayer salí.

Un amigo me invitó a ir a Cayey para explorar el estado en que quedó un lugar que frecuentamos de vez en cuando: The Sand and the Sea.  Posee una vista espectacular desde el alto de una montaña.  Sabíamos que había sufrido daños y la operación se había reducido a unas carpas, con un menú limitado, pero no es lo mismo escuchar sobre lo ocurrido, que verlo.  En el camino se veían los árboles destruidos al borde de la carretera, estructuras derribadas o sin techo, los derrumbes y en muchas de las casas y pequeños negocios, nuestra monoestrellada –unas veces más grande, otras más chica- ondeando orgullosa, como diciendo: ¡estoy de pie!

Llegamos guiados por los rótulos y vimos las estructuras que conocíamos en ruinas.  No parecía que hubiese operación alguna, hasta que preguntamos y nos señalaron hacia una parte más abajo del terreno, al cual accedimos por unos escalones rudimentarios en bloques.  Pudimos divisar una pequeña estructura en madera, pintada de verde y con plataformas hechas con las paletas de madera que se usan para cargar mercancía.   Además, dos carpas sobre la grama, con mesas improvisadas cubiertas con manteles de hule.  En la estructura de madera había una terraza rudimentaria, con bancos improvisados desde los cuales podía apreciarse la hermosa vista.

Atravesamos la estructura de madera, donde unos músicos se aprestaban a colocar bocinas y nos dirigimos hasta una de las carpas, desde donde también podíamos divisar la imponente vista que se desplegaba ante nuestros ojos.  Los míos se aguaron, no por la conjuntivitis, sino por la emoción que me produce contemplar la hermosura de esta tierra y cómo se viste de verde esperanza para sacudir su propia tristeza. Al poco rato nos atendió Grosi -si, Grosi –su nombre es Grosario, una amable joven de hermosos ojos y amplia sonrisa.  Nos explicó el menú limitado –arroz con pollo o empanada con arroz con habichuelas.  Optamos por lo último.  Como aperitivo un spicy crab con chips de malanga, que acompañamos con vinito en copa de plástico, en mi caso y una cerveza Medalla en la lata que dice, muy apropiadamente Restart.

Yo le dí Restart a mi mente y me olvidé de la copa plástica y lo limitado del menú.  Me concentré en la vista espectacular, la brisa y la fortuna de estar en un lugar tan hermoso.  Más tarde supimos, dicho por ella misma, que tras el huracán Grosi perdió dos empleos y que acudió al llamado del dueño del local para ayudarlo y ayudarse a sí misma.  Nos contó además, que aún no tiene luz y las gestiones se le dificultan porque tiene a su mamá encamada.  Y todo esto relatado sin angustia, sin resquemor.  Al final, un, “pero aquí estamos”, puntualizado por su franca sonrisa.

Yo estaba sentada de espaldas a los músicos, que luego vi eran solo dos, así que cuando comenzó la música pensé que era una grabación de Danny Rivera.  Pues resulta que no, que el cantante, de nombre Elbin –sí, Elbin-así aparece en su tarjeta –tiene una voz muy parecida a la de nuestro afamado cantante y luego supimos que hasta cantó con él.  Terminamos el sencillo almuerzo, servido en platos desechables y nos tomamos un cordial –yo y un pitorro –mi amigo.  Nos despedimos de Grosi, quien como esos amigos que visitamos tras una larga ausencia, nos decía, “pero no se vayan todavía”.

Al salir hablamos con el dueño, quien nos dijo que no sólo se había destruido el restaurante, sino también la casa y nos explicó sus planes de renovación una vez el seguro pague, además de planes de expansión.  Le hablamos de Grosi y nos dijo que era una campeona.  Nos habló también de Elbin y nos mencionó que enfrenta sus propios retos.  Nos despedimos, felicitándolo por sus esfuerzos.

Pasamos por frente a los músicos, uno de los cuales animaba a los asistentes a que hicieran peticiones.  Nos detuvimos en la entrada y mi amigo le solicitó que interpretara Yo quiero un pueblo (Tu pueblo es mi pueblo).  Elbin dijo que era una canción apropiada para los momentos que vivimos –indudablemente lo es.  Esta canción es una que los puertorriqueños de varias generaciones hemos coreado con emoción en algún momento de nuestras vidas y hoy a más de tres meses del huracán, le hace brotar lágrimas al más fuerte.  Escuché las primeras líneas: Tu pueblo es mi pueblo, que sufre y trabaja; tu  pecho es mi pecho que siente y que ama y pensé que me siento más unida que nunca a este pueblo que está enfrentando una de sus más duras batallas con entereza, con solidaridad. Canté el coro, con mi desafinada voz cargada de emoción y ojos vidriosos por las lágrimas, en particular Yo quiero un pueblo que ría y que cante; yo quiero un pueblo que baile en las calles; yo quiero un pueblo, un pueblo que ame…

La realidad es más increíble que la ficción, así que cuando llegué a casa vi que una amiga me había enviado un enlace.  Al abrirlo, no podía creer que era un vídeo de Danny Rivera y Chucho Avellanet –dos de las más hermosas voces que ha producido este país, interpretando nada más ni nada menos que Tu pueblo es mi pueblo.  Asombro y más lágrimas –creo que mis ojos están recibiendo un buen lavado.

Este pueblo nuestro, salvo las excepciones usuales a la regla, se ha unido y se ha visto en el dolor del otro.  Varios empresarios se han lanzado a ayudar a los pequeños negocios, que son esenciales para mover la economía.  De negocios como el que visitamos ayer depende no sólo su dueño, sino también los empleados, suplidores y la comunidad circundante para poder cubrir los gastos extraordinarios que hemos enfrentado.  Muchos, como nosotros, vamos buscando esos lugares para ayudarles en su recuperación y en la propia, porque experiencias como la de ayer renuevan el espíritu, que recibe como un bálsamo el esplendor de la naturaleza y la evidencia fehaciente de que este es un pueblo que no sólo ríe, canta y baila en las calles, sino por sobre todo, es un pueblo que ama.


8 de enero de 2018



domingo, 31 de diciembre de 2017

OTRO AÑO




OTRO AÑO

Se supone que mañana comienza un nuevo año, pero eso, por supuesto, depende de cuándo decidamos comenzar  a contar el paso de esos 365 días que se han designado como constitutivos del tiempo que tarda nuestro planeta en dar la vuelta al sol.  Y esto es algo que tomo por auto de fe, porque no me he puesto a hurgar en cómo se hace el cálculo.  Tampoco voy a indagar cómo se inició la costumbre de que el 1ro de enero es el comienzo de año.  Yo aprovecho para mirar cómo transcurrió mi vida –a nivel individual y colectivo y hoy he pensado que el conteo de ese año podría haberlo iniciado el 8 de enero, fecha en que en el 2016 decidí iniciar mi retiro.  Para celebrar esa fecha, tendría que esperar unos días.  Me cuesta creer que hace casi dos años mi vida cambió.

Hace casi dos años que no me siento limitada por horarios; que no tengo que asistir a reuniones para discutir lo que se discutió en incontables reuniones anteriores; que no tengo que preparar informes para cumplir con un requisito, pero que nadie lee; que no tengo que manejar asuntos que podrían relatarse en una obra de teatro del absurdo; que no tengo que pedir fondos que no me van a dar.  Tengo la ventaja de ir a mi antiguo lugar de trabajo como visitante –saludar a quienes quiero ver y ofrecer una sonrisa plástica a los que no.  He logrado dedicar mi tiempo a escribir sobre lo que me interesa, no porque tengo, sino porque quiero. 

También podría contar un nuevo año a partir de mi cumpleaños.  En mi caso, 63 no es poca cosa – mi mamá no llegó a cumplir 50 y Papi murió a los 61 años de edad.  Más allá de contar años de vida, prefiero contar experiencias  –retos superados, viajes realizados, afectos compartidos.  He tenido muchos retos a través de mi vida –ahora le llaman oportunidades, pero el balance es hacia lo positivo.
Algunas personas que han superado enfermedades serias como el cáncer, escogen celebrar su vida a partir de la fecha que superaron ese reto -me resisto a llamarle oportunidad, porque cualquiera  que haya tenido un familiar cercano con esa enfermedad sabe que verlos estremecerse de dolor y finalmente caer vencidos sabe que es una experiencia desgarradora, que usando palabras de ahora, es algo verdaderamente cabrón.  Recientemente vi un reportaje sobre el Doctor Johnny Rullán y me estremeció saber que nuevamente se enfrenta a esa enfermedad.  Mi mejor deseo es que emerja victorioso y pueda celebrar un año más como el guerrero que es.

Nuestro país podría celebrar colectivamente la fecha de este año en que tomamos conciencia de que la fuerza está en nosotros.  Primero, la fecha en que se descorrió el velo que ocultaba la verdadera relación colonial con los Estados Unidos.  En segundo lugar, la fecha en que enfrentamos el Huracán María.  De hecho, muchos cuentan los meses que llevan sin luz y no sería extraño, dado lo que hemos visto, que algunos lleguen a conmemorar un año sin luz.

El balance del año que contamos desde enero parece inclinarse a lo negativo, particularmente para aquéllos que han perdido su hogar –que son las paredes, el techo, el espacio en que nos dimos besos y abrazos; los documentos que será necesario reponer tras filas interminables en diversas agencias, las figuritas que atesoramos, las fotos familiares, los juguetes preferidos de los niños; el traje o zapatos favoritos.  Son aquéllas cosas que hemos olvidado, pero que de repente recordamos y revivimos el dolor de la pérdida. Para ellos, la pérdida es -como el dolor del cáncer, cabrón.  Pero aun  con una pérdida de esa magnitud, muchos no han perdido la sonrisa, ni el agradecimiento por estar vivos.

Durante esos meses post María, salvo algunas excepciones,  nuestro pueblo ha dado muestras de una solidaridad ejemplar.  Nos hemos cuidado los unos a los otros y hemos descubierto que nuestro concepto de lo que es necesario se modificó.  Nuestro país cambió de un día para otro.  De la devastación ha ido emergiendo una naturaleza exuberante y del desasosiego ha ido surgiendo un puertorriqueño fortalecido.  La mayoría se enjugó las lágrimas, se sacudió, recogió lo que pudo y se encamina a hacerle frente a lo que venga.  María puso al descubierto una pobreza que ya estaba ahí; una incompetencia gubernamental –de aquí y de allá- que ya estaba sembrada, pero que emergió como un hongo que amenaza con cubrirlo todo.  Pese a ello, es tan evidente que no queda de otra que hacerle frente.  No me cabe duda que será una batalla dura y larga, pero habremos de vencer. Ese es el balance positivo.

Como decía Martin Luther King en su último discurso, he escalado la montaña y he visto la Tierra Prometida.  Tal vez yo no llegue (no tengo planes de morirme en el futuro inmediato, tranquilos), pero sé que este pueblo habrá de salir adelante, más fortalecido que nunca.  No importa la fecha que usen como punto de partida, feliz Año Nuevo.


31 de diciembre de 2017

lunes, 25 de diciembre de 2017









¿FELIZ NAVIDAD?

Para los que adornan el alma aun en tiempos difíciles...

Este año nos ha puesto a prueba.  Se dice que este es el país más feliz, donde se celebran las navidades más largas del mundo – esas navidades que son una mezcla de tradición jíbara; música inspirada, festiva, pícara; excesos de comida y bebida; fervor religioso; compras desmedidas; luces por doquier.  Pero vino María –el huracán, no la Virgen y nos cambió la vida.  A más de tres meses del huracán se estima que la mitad de los  puertorriqueños  todavía no tiene luz en sus hogares o comunidad, incluyendo los pequeños negocios.

Antes del huracán ya teníamos una economía en crisis, así que María ocasionó que nos sumiéramos en un hoyo más profundo –algo que jamás imaginamos.  Nosotros, que somos los primeros en salir a ayudar al mundo con sus catástrofes, ahora seríamos los recipientes de ayuda.  Causa dolor ver los vídeos y fotos de casas destrozadas, puentes colapsados, personas con la mirada perdida, naturaleza devastada.  Causa indignación ver la reacción humillante de Trump –me resisto a llamarle presidente- y los torpes esfuerzos de este gobierno que no sale de su marasmo porque se niega a ver la realidad.

Todos hemos tenido más gastos, aún los que como yo no poseen una de esas tan codiciadas “plantas”.  Me acostumbré a beber el agua caliente y  usaba leche de “cajita” para mi café, lo que se convirtió en un reto porque debía buscar cajitas de verdad, de las que sólo tienen ocho onzas, ya que al no tener refrigeración desperdiciaría una completa.  Estas, por supuesto, son mucho más caras.  Compraba alimentos que normalmente no compro.  Antes de María comía salchichas quizás tres veces al año; luego de María se convirtieron en un alimento regular.  Mi gusto por la cocina me llevó a crear platos interesantes con este alimento: sancocho con salchichas, pasta con salchichas y cocido de garbanzos con salchichas.

Me sobrepuse al miedo que me causaba la pequeñísima estufita de gas de una sola hornilla para preparar mis alimentos.  Las familias que no poseyeran una planta ni una estufa de gas gastarían horrores en comidas preparadas.  Otros, los que ni siquiera tenían casa, dependerían de que alguien les proveyera alimento.  Ese alguien, muchas veces fue un vecino, una organización comunitaria, algún empresario con conciencia social.  Las historias de grupos comunitarios que salieron a ayudar son tan abundantes como las historias de dolor.

Después de María nuestra vida giró alrededor de asegurar la subsistencia: buscar agua, comida, asegurar nuestras pertenencias.  Con el paso del tiempo fuimos logrando lentos avances y se acercaba la época festiva.  Parecería que no hay motivo para celebrar en medio de tanto sufrimiento, particularmente de aquéllos que perdieron su hogar y viven en condiciones precarias.  Para algunos oír Feliz Navidad puede generar coraje o desesperanza, porque su vida en estos momentos no es nada de feliz.

Hace poco más de una semana asistí a la misa de aguinaldo que se celebra en el Centro Gubernamental Minillas.  Solía ir cuando trabajaba allí y luego de retirarme quise mantenerme conectada a esa tradición.  La ceremonia sencilla, oficiada por un sacerdote que emana humildad y apego a nuestras tradiciones, que incluyen trovadores, me emocionó y me hizo pensar una vez más en la importancia de volver a lo básico.  Ayer vi un vídeo de una señora que perdió sus pertenencias porque aparentemente el huracán se llevó el techo, adornando con latas, gomas vacías y otros desechos, porque en medio de todo, hay que celebrar la Navidad.  Y ese es el verdadero espíritu de la Navidad –no son los adornos costosos, ni lo regalos que se ofrecen por cumplir, sino los adornos que  ponemos para alegrarnos el alma –que hasta los psicólogos recomiendan que cuando estamos deprimidos y sin deseos de nada, nos animemos a pintarnos la cara y salir a interactuar con otros.

Celebrar la Navidad en los tiempos post María no quiere decir que no vamos a denunciar los errores que haya que denunciar en el manejo de esta crisis, ni que vamos a olvidar a los que menos tienen.  Quiere decir que nos vamos a adornar el alma para ayudar a otros y a nosotros mismos a ver lo que es esencial en la vida: el amor de familia y amigos.  Ya preparé coquito, majarete que me recuerda a Madrinita junto a  unos polvorones de nueces que me enseñó a hacer mi amiga Elena y comencé a repartir, como hacía mi mamá con sus vecinos.  Tengo un pequeño arbolito en una mesa –ya hace varios años que no me embarco en el proyecto de comprar un árbol grande que requiere estar horas adornando y un retablo que me regaló mi amiga de la niñez Carmencita, con quien compartí una sencilla, pero elegante- que María no se llevó el caché- cena que preparé con mucho amor.

Con todas las bendiciones que tengo, he tenido momentos en que me deprimo –la situación del país no es para menos, pero he escogido adornar mi alma para esta Navidad y hacer que lo verdaderamente importante esté presente, como estuvo presente en aquél pesebre hace miles de años.  Feliz Navidad.


25 de diciembre de 2017

Me puedes escribir a: anaolivencia.1954@gmail.com

#Navidad