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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

jueves, 6 de mayo de 2021

Callar

 





¿POR QUÉ CALLAMOS?

Por Keishla, por Andrea,

por todas las mujeres maltratadas

 

Antes que todo, quiero dejar establecido que no pretendo en modo alguno comparar mi situación con la de las más recientes víctimas de violencia de género.  Cualquier dificultad que yo haya podido enfrentar palidece ante el horror que vivieron estas mujeres.  A partir del sábado, cuando apareció el cadáver de Keishla arrojado como basura en la laguna San José, se me fue acumulando un sentido de indignación.  Indignación por ella, por Andrea, víctima no sólo de su verdugo, sino también del sistema y por todas las mujeres que de algún modo han sido víctimas de violencia de género.  Los hombres también han sido víctimas, pero en menor grado.  La diferencia en vulnerabilidad de uno y otro género es abismal.

Son muchas las mujeres en situaciones de violencia que callan y las causas son variadas.  Por sobre todo, está el miedo.  Su victimario las amenaza con matarlas si hablan, o hacerle daño a sus hijos.  Otras callan por vergüenza, porque no pueden comprender cómo alguien con su educación pudo caer en la trampa de su agresor.  Otras callan porque prefieren la certeza del maltrato en una casa, a enfrentarse a la incertidumbre de lanzarse a un mundo desconocido para ellas.  Ninguna se mantiene en esa situación por gusto.

Nunca fui víctima de violencia, pero ayudé a dos amigas que sí lo fueron.  Ambas eran mujeres con grados universitarios.  La violencia fue escalando poco a poco, así que presumo cayeron en ese ciclo en el que el agresor se muestra arrepentido, pide perdón y luego vuelve a caer en el mismo patrón.  Una de ellas estuvo refugiada en mi casa por varios días.  En el caso de la otra, me limité a buscarla y llevarla a otro lugar.  Me consta que una de ellas pudo superar todo ese horror, ha formado un verdadero hogar y contribuye a la sociedad ayudando a otr@s.  En el caso de la otra, hace años que no sé de ella.  Espero que esté bien.

Por más de 15 años dirigí una oficina dedicada a combatir el discrimen en sus diversas manifestaciones, incluyendo el hostigamiento sexual.  Muchas de las mujeres se resistían a presentar querellas, precisamente por el temor a que no creyeran su versión.  Lo más triste era conocer los casos donde otras mujeres en la misma área de trabajo alegaban desconocer o peor aún, responsabilizaban a la víctima de lo que ocurría, alegando que ella “lo había provocado”.  Nunca responsabilicé a una mujer por no presentar una querella, porque no hay garantías de que vaya a prosperar.  Casi nadie quiere correrse el riesgo de exponerse, declarar contra alguien que incluso puede ser su supervisor, para que luego todo quede en nada.  Eso sin contar la difícil situación de enfrentarse a las críticas mientras la querella se resuelve.

Aparte de atender las querellas, ofrecía talleres para orientar al personal.  Tengo recuerdos de talleres muy positivos y otros terribles.  Hubo uno que ofrecí a empleados de un proyecto de construcción, en el que percibía un ambiente totalmente hostil.  De hecho, ese fue el único con ese nivel de hostilidad.  Uno de ellos hablaba de que qué se podía esperar, si las mujeres se acostaban en la playa con las piernas abiertas - cosa que evidentemente no tenía nada que ver en el ámbito de trabajo.  Otro comentó que el problema se resolvía si las mujeres se vestían como en los países árabes, cubiertas de pies a cabeza.  En un taller que no fue hostil, uno comentó cuando abordamos el tema de los piropos o las miradas lujuriosas, que él no se podía contener.  Obviamente, le sugerí que buscara ayuda.

Y esto me trae al recuerdo de incidentes menores que sufrí, como creo que el 99% de las mujeres hemos sufrido.  Yo me desarrollé físicamente como desde los diez años, así que desde muy jovencita mi condición femenina se hizo evidente.  Odiaba pasar por aceras en las que dos o tres hombres se recostaban de la pared como flamencos, porque invariablemente me hacían comentarios o me tiraban besos.  En una ocasión llegué a casa a preguntarle a mi mamá que querría decir uno de ellos cuando me dijo que estaba como la langosta, a lo que ella me respondió, “nena, que tienes toda la carne atrás”. 

En dos ocasiones distintas, mientras era estudiante de escuela superior y de primer año de universidad, dos hombres se acercaron a mí con disimulo mientras caminaba por la acera y simulando querer hacer una pregunta, se sacaron el pene.  Hacía años que no recordaba estos incidentes que no me marcaron, pero en estos días los he recordado y se juntan con otros.  En otra ocasión, estaba en una fiesta en casa de una amiga, donde conocí a este hombre que me invitó a bailar.  Tras un rato, me propinó una nalgada.  Cuando lo reclamé airada, me respondió “es que no me pude contener”.  Le conté a mi amiga lo ocurrido y me fui de la fiesta.

A través de los años he escuchado comentarios que a veces dejo pasar, como cuando alguien que no me conocía en el trabajo me llamaba “mi amor”.  Pocos entendían que en el ámbito de trabajo esto no es correcto, pero muchas veces lo pasé por alto, por no parecer anti social, muy chavona, difícil, etc. En otra ocasión un jefe que tuve -en su primer día de trabajo- cuando nos presentaron, me miró de arriba abajo, con una de esas miradas que conocemos muy bien y me preguntó: “licenciada, usted es casada?”  Por años he recibido este tipo de mirada.  No solamente con respecto a mí, sino que lo observo cuando van dirigidas a otras mujeres.  Son miradas llenas de lascivia, que están totalmente fuera de lugar en el ámbito de trabajo o entre personas que no se conocen ni están interesadas en sostener una relación de pareja.

Y luego entramos en el asunto de los chistes –algunos de contenido sexual y otros evidentemente machistas.  Y el chiste o el comentario machista no necesariamente tiene que provenir de hombres.  El pensamiento machista está tan entronizado que hasta las mujeres hacen comentarios machistas.  De hecho, muchas mujeres crían hijos machistas.  Con frecuencia me he pronunciado en contra de este tipo de  chistes y casi siempre recibo por respuesta que es solo un chiste; que yo no tengo sentido del humor y que ell@s no ven ningún problema con el chiste.  Esto es de esperarse, precisamente en una sociedad machista.

Para abonar al problema, tenemos ahora un nuevo género musical, conocido como trap, que contiene letras violentas o que resultan ofensivas a la mujer, en las que se les llama pu… con todas las letras.  Son varias las veces que me he pronunciado en contra de esta lírica y me miran como si yo viniera de otro planeta.  Para mí, es evidente que no hay un respeto al ser humano cuando se habla de una persona de manera despectiva o se alude a una violencia descontrolada, simulando tener metralletas. Eso es lo que oye mucha gente, como si oyeran llover.

Y muchas veces me callo.  Todo ser humano quiere sentirse aceptado, comprendido.  Es duro sentir un rechazo, por señalar eso que me inquieta.  Y entonces matan a Andrea y a Keishla, por el simple hecho de que sus parejas se sintieron con derecho sobre sus vidas.  No todo hombre machista es un hombre violento, pero hay unas circunstancias que propician que ese machismo evolucione hacia otra cosa.  Nuestra sociedad necesita cobrar conciencia de la dignidad de todo ser humano.  Esa dignidad no es cónsona con el machismo escondido tras el chistecito o la canción de moda.  Tras estas muertes, he recordado todos los incidentes que he experimentado simplemente por el hecho de ser mujer y que van en contra de mi dignidad. Y no me da la gana de callarme.

6 de mayo de 2021


lunes, 3 de mayo de 2021

Una más ; una menos

 




UNA MÁS; UNA MENOS

El sábado regresé de unos días de ensueño en Rincón. Escuchaba uno que otro detalle de la desaparición de una mujer.  Por el hecho de estar fuera de mi entorno y enfocada en el disfrute de la belleza que me rodeaba, no estuve pendiente de todos los detalles.  Ya al llegar el sábado en la tarde, me entero de que había aparecido el cuerpo de una mujer en la laguna San José.  Vi un reportaje por televisión, transmitido en vivo, que me resultó espantoso.  En él seguían las lanchas sacando el cuerpo del agua; siguieron el vehículo del Instituto de Ciencias Forenses en el tránsito hasta sus instalaciones y la cámara enfocaba a los técnicos sacando algo enfundado en una de esas bolsas que se utilizan para manejar cadáveres.

Otra cámara se mantenía enfocada en los familiares y amigos que esperaban en las inmediaciones del Instituto.  Se les veía abrazarse, llorar; una fémina peinaba allí, en medio de ese espacio a la que entendí era la madre de la mujer desaparecida y a la que ya intuían era el cadáver que acababa de llegar.  Y yo me preguntaba para qué yo tenía que ver eso.  ¿Qué aporta a la necesidad que yo tengo de información el ver cómo sacan una bolsa que no se sabe qué contiene? ¿Qué necesidad tengo yo de ver el más mínimo movimiento de los familiares y cómo reaccionan en medio de su dolor? A mí me parece una invasión a un mínimo de decoro que se debe al dolor de familiares y amigos.

Yo pensaba llegar de Rincón a relatar la hermosa experiencia que tuve, pero en vista de lo ocurrido me parecía fuera de lugar, casi obsceno. Me duele el dolor de esa madre que desde el principio intuyó que algo andaba mal; esa madre que estaba en Orlando, tomó un avión y llegó aquí, a esperar a su hija a la entrada del residencial donde vivía.  Esa madre y esos hermanos que se abrazaron en el dolor. Esa madre que se comunicaba a diario con su hija.  Poco a poco se fueron sabiendo más detalles.  Mientras más sale, más me horrorizo.

Hoy hay una hija, una hermana, una amiga, una empleada, una vecina menos.  Hay una madre más que llora desde sus entrañas la ausencia de una hija.  Hay una hija menos que llegará a abrazar a su madre.  Hoy hay una madre más para quien este Día de las Madres que estamos a punto de celebrar se sentirá como un puñal en el centro del pecho, porque habrá una hija menos.  Nos toca a tod@s trabajar para que cese esta violencia contra las mujeres.  Esta no es una violencia como cualquier otra.  Es una violencia del hombre que se siente con todo el derecho del mundo a disponer del cuerpo de una mujer como le venga en gana.  Ahora sabemos que Keishla estuvo en esta relación por más de diez años, por lo que comenzó cuando apenas era una adolescente.

Este hombre -que por todo lo revelado y las acusaciones presentadas- disfrutó de este cuerpo como quiso, al punto que mantuvo la relación aun después de estar con otra, finalmente realizó el acto supremo de quien se siente dueño de un objeto: la desechó de la forma más vil e inhumana porque le entorpecía sus planes.  Hoy hay una mujer menos -joven, productiva, amorosa, a punto de ser madre.  Hay una menos.  Hagamos nuestra parte para que no haya ni una  más.

3 de mayo de 2021

sábado, 3 de abril de 2021

Corazoncitos

 



CORAZONCITOS

Hoy mi papa hubiese cumplido 93 años, si un desalmado cáncer no le hubiese arrebatado la vida a los 61 años.  Ese cáncer parecía ser la crueldad suprema.  Papi hacía planes para su retiro.  Pensaba trabajar ad honorem ofreciendo su experiencia a alguna junta gubernamental, tomar cursos de humanidades en la Universidad, disfrutar de más conciertos, de buena lectura, en fin, una vida plena.  Por mi parte, yo me había divorciado recientemente; no tenía hijos ni hermanos, Mami había fallecido mucho antes, así que de pronto me vi inmersa en esta enorme soledad.

Mi papá vivió los meses después de su diagnóstico asumiendo control de su tratamiento, disfrutando de la música que tanto amaba y tomando con entereza el reto que la vida le lanzaba.  Yo ni sabía cómo iba a superar su ausencia.  Tras su muerte, me di cuenta que lo afronté mucho mejor de lo que jamás imaginé. Su aportación a mi vida fue tan grande que aún hoy me sostiene.  Sigue siendo presencia, aunque no pueda verlo.

Yo me retiré poco  antes de cumplir 62 años –es decir a los 61 años.  Es ahora cuando escribo estas líneas que me percato que yo entro al retiro a la edad que Papi tenía cuando murió.  En mis planes estaba trabajar de voluntaria y publicar finalmente el libro sobre Papi del que tanto habíamos hablado mi Buddy y yo, pero que no habíamos podido trabajar.  El día de la presentación del libro se proyectó un vídeo que preparó Anya, una de sus hijas, con fotos, citas del libro y parte de uno de sus conciertos favoritos de violín.  Hoy lo volví a ver y me causó una profunda emoción, que nace no de la pena de la pérdida, sino de la conciencia de cuán bendecida he sido.

Cuando Buddy y yo nos embarcamos en el proyecto de publicar el libro, me sugirió incorporar fotos, incluyendo algunos objetos.  Yo tenía un recuerdo claro de dos objetos que quería incluir y no había podido localizar en el apartamento que su esposa y él compartían y que ella ocupó hasta su muerte, ocurrida hace poco más de cuatro años.  Yo había visto en una gaveta una cartulina con tres corazoncitos, que evidentemente databa de mi niñez.  Además, había visto la billetera de Papi, en la que aparecía, entre otras,  una foto mía y de la hermanita que tuve y falleció al año y medio.  Ver esta última me despertó una ternura infinita, al saber que este hombre siempre llevó consigo la imagen de su hijita fallecida.

Lamentablemente Lillian, la viuda de Papi no recordaba dónde estaban esos objetos y yo no quise rebuscar, para que no pensase que estaba invadiendo su privacidad.  Tras su muerte, volví a intentar localizar la foto y la cartulina, sin éxito.  Hace poco más de un mes, al efectuar la remoción de todos los objetos que quedaban de Lillian en el apartamento, una de sus herederas me dijo que había encontrado un maletín que presumía era de Papi y me preguntó si me lo guardaba, a lo que respondí que sí.  Para mi sorpresa, allí estaba, entre muchas otras tarjetitas, la cartulina con los corazoncitos que tanto había buscado.

Este hallazgo pone en evidencia el entrañable amor que le tuve y le tengo a mi Papito.  No hay que ser psicólogo para notar el cuidado que mis pequeñas manitas pusieron en insertar más corazoncitos en la palabra Papá y cómo me extiendo en elogios.  Curiosamente, hay otra cartulina dedicada a mi mamá, que no es tan expresiva. Soy inequívocamente una Daddy’s girl.  La cartulina y las otras tarjetas ponen también de manifiesto  el extraordinario ser que tuve la bendición de tener como padre.  No es tan común que sean los hombres quienes guarden todos estos objetos de sus hijos o hijas.  Usualmente es la madre quien lo hace.  Claro está, es probable que parte de estos objetos los hubiese guardado mi mamá, pero lo cierto es que pese a haber transcurrido muchos años de la muerte de Mami, Papi retuvo todos estos objetos, aún después de haberse mudado varias veces e incluso, contraer nupcias nuevamente.  Me apena sobremanera no haber encontrado la foto en que aparecemos mi hermanita y yo, pero la tengo grabada en la memoria.

Varios años después de la muerte de mi papá me preguntaba, al ver hombres en sus ochenta años o más, cómo sería mi papá de viejito.  Una parte de mí se apena de no tenerlo para compartir esa faceta de su vida, pero otra se siente en paz con no ver un posible deterioro significativo en el cuerpo y sobre todo la mente, de un hombre brillante, sensible, detallista, amoroso, a quien le asomaban lágrimas a los ojos cuando me contemplaba y a quien le sentía un timbre distinto en la voz cuando me llamaba hija.

Guardaré esos corazoncitos colocados en una endeble cartulina -en recuerdo, no de quien yo fui, sino de quien los mantuvo consigo durante tantos años – mi Papito lindo.

3 de abril de 2021

 


domingo, 14 de febrero de 2021

Amores

 




AMORES

 

Hace tiempo que me bullía en la cabeza  el recuerdo de un intercambio en redes sociales que parecía intrascendente con una desconocida, que se generó tras una entrada en la página del grupo de planos de edificios históricos de Puerto Rico.  Me fascina conocer sobre nuestras estructuras, que guardan datos poco conocidos, sobre todo lo relativo a la vida de quienes ocuparon esos espacios o los transitaron.  En esa ocasión, la entrada se refería a la casa que habitaron Don Luis Muñoz Marín y su esposa Doña Inés.  La edificación forma parte del predio histórico de los terrenos que ahora pertenecen a la Fundación Luis Muñoz Marín (FLMM) y siempre ha ejercido sobre mí una atracción hipnótica.  No recuerdo la primera vez que la visité, pero me llamó la atención el tamaño reducido de la casa, con dos dormitorios minúsculos y un solo baño igualmente minúsculo.

Una de las personas que comentó sobre las fotos que se incluían del interior de la casa expresó que para que pudiera apreciarse mejor, debían removerse artículos que recargaban el espacio, muchos de los cuales constituían “tereques”.  Yo le respondí que la idea era preservar la casa tal y como la dejó Doña Inés y que los objetos no eran tereques, sino evidencia de la vida sencilla que compartían.  La persona insistió en que para que tuviera sentido estético, había que remover objetos y se reafirmó en que eran tereques, porque ella coleccionaba antigüedades y por lo tanto era conocedora.  Me sorprendió el nivel de indignación que sentí –algo así como si fuese una afrenta personal.

La casa contiene una mezcla de muebles nativos con empajillado, tallas, cuadros y carteles de artistas locales, figuras de loza y otros que muestran el cúmulo de objetos que acumula una pareja o una persona en el transcurso de su vida.  Mientras más edad se tiene, evidentemente más objetos se acumulan.  Yo tengo muchos objetos que probablemente a esta persona le puedan parecer tereques, pero detrás de ellos hay un significado; un recuerdo, como ocurre con los objetos en la casa de Muñoz.  Curiosamente, aparte de las dimensiones reducidísimas, hay tres objetos que han permanecido en mi memoria desde la primera vez que visité la casa: los dibujos de los niños en las paredes del baño en miniatura, la calcomanía del emblema del PPD pegada en el cristal de la puerta interior de la cocina y el frasco de Tang.  Este último es indudablemente, por sí solo, un tereque, como diría la señora que colecciona antigüedades.  Pero para mí, no es un mero tereque.  Es evidencia que la familia que habitó esa casa era una familia como cualquier otra de clase media, como era la mía.

El frasco de Tang refleja que esta familia hacía lo que hacemos todas las familias puertorriqueñas de clase media y probablemente hasta de clase alta –transformamos los envases de cristal o de plástico que contenían algún producto y los reusamos.  Reciclábamos antes de que se pusiera de moda.  Tod@s tenemos un cacharrito de margarina o de queso rallado que ahora usamos para guardar un poco de arroz que sobró o unos amarillos en almíbar que regalamos a la vecina.  El pote de Tang ya no es un pote de Tang –es un objeto que pertenece a un recuerdo colectivo de cierta generación.

Los dibujos de los niños que cubren de arriba a abajo las paredes del bañito demuestran el orgullo de unos abuelos al preservar los trazos de los nietos.  De nuevo, nos muestran que esta pareja singular guardaba los mismos afectos que guardamos todos.  Yo recuerdo que tras la muerte de mi padre, encontré en una gaveta tarjetitas que de niña le hice con cartulina, sobre todo una con tres corazones rojos –uno más grande, que simbolizaba a Papi, uno mediano que era Mami y el más chiquito, por supuesto –yo.  Me resultó enternecedor ver cómo este hombre guardó por todos estos años esas tarjetas de la que hacía tiempo había dejado de ser una niña.  Para la coleccionista tal vez esto sería un tereque más; para mí, un objeto de valor incalculable.

La pegatina de la pava representa para mí cuán ligada estaba esta pareja al partido que vieron nacer y que representa ese anhelo de pan, tierra y libertad.  Si buscamos adentro de nuestro corazón, todos anhelamos lo mismo, aunque no seamos populares o aunque dicho partido haya dejado de ser lo que una vez fue.  Y todo lo que está contenido en el predio histórico es fiel reflejo de lo que es el lema de la FLMM –“Parte de tu historia está aquí”.  Parte de mi historia está ahí, porque en mi casa hay cacharritos reciclados, hay por ahí una bandera del PPD que me resisto a tirar porque en algún momento me sentí identificada con ese partido. También me he sentido herida cuando algunas personas hablan de forma despectiva con respecto a Muñoz, acusándolo de perpetuar un engaño masivo con la creación del Estado Libre Asociado.

Cuando escucho los ataques despiadados me siento como si estuviesen atacando a un miembro de mi familia.  Muñoz no era perfecto. Ideó algo que pensó era lo mejor para el país y que a la larga, no resultó.  ¿Quién puede afirmar que jamás cometió una equivocación al diseñar algo totalmente novedoso o que pensaba sería de provecho?  El ELA no dio resultado y ahora sabemos que nuestra relación con Estados Unidos es una colonial, pero eso es distinto a decir que fue producto del engaño.  Juzgar ahora, después que han transcurrido décadas, es fácil, pero hay que ponerse en el lugar de alguien que se enfrentó a un país que moría de hambre, sin educación y sin esperanza.  Él intentó una solución que a la larga no resultó.  Ahora nos toca a nosotros buscar las soluciones, que hasta el momento no han rendido fruto.

Cada vez que retorno a la casa de Muñoz me siento como si algo de ese espacio me perteneciera, porque en efecto, parte de mi historia está ahí y siento que sigo formando parte de la historia de una forma distinta.  La FLMM tiene un programa de voluntarios, dedicado a conservar los documentos que personas privadas o entidades donan a la fundación.  Son documentos sobre la historia general en Puerto Rico, no sólo lo relativo a Muñoz.  Formar parte de este grupo me ha ofrecido la oportunidad de ser testigo del amor hacia la historia colectiva.  Julio Quirós dirige el archivo histórico, pero no se limita a eso.  He visto una entrega total a todo lo relacionado a la historia que allí se custodia y un profundo amor a sus espacios, así como a cualquier actividad que se organice.  Lo mismo ofrece una conferencia, que busca como acomodar los asistentes, que nos convida a compartir refrigerios que a veces prepara su mamá.  Parte de su historia también está ahí y él la sigue viviendo.  Todos sus actos reflejan un profundo amor hacia los predios de la FLMM.

En cuanto a los voluntarios, particularmente las féminas, hemos logrado entablar lazos de amistad verdadera.  Desde que inició la pandemia no nos hemos reunido a trabajar con los documentos, pero una vez se flexibilizaron algunas salidas, nos hemos reunido en casa de alguna de los miembros del grupo para conversar, disfrutar un almuerzo o picadera y disfrutar de un vinito -whiskycito en el caso de una de ellas.  Muchas de ellas llevan muchos años como voluntarias.  Yo llevo poco más de cuatro y otras han llegado después.  Puedo decir que he establecido verdaderos lazos de amistad con algunas de ellas, lo cual enriquece mi círculo.  El amor que se da y recibe a través de los amigos es uno muy especial y lo valoro inmensamente. Por eso guardo tarjetas que hace años me enviaron amigos –algunos aún están y otros no. Tod@s han sido importantes para mí y encontrar estas tarjetas siempre trae sonrisas a mi rostro.

Ayer me reuní con dos de mis primas, quienes han quedado viudas recientemente, en fechas distintas.  Poco a poco se van adaptando a esta nueva etapa de sus vidas y en medio de su dolor han ido encontrando el gozo de vivir, aun en soledad.  Yo llevo muchos años sin pareja, me he acostumbrado y hasta disfruto de la soledad, aunque no niego que quisiera tener la oportunidad de tener otro compañero de vida.  Pese a ello, ayer disfrutamos un día espectacular en el Viejo San Juan, que es otro de mis amores.  Hablamos de lo afortunadas que hemos sido de haber recibido el amor de nuestros padres y nuestros cónyuges.  Papi decía que éramos seres privilegiados y no me cabe la menor duda de ello.  Nuestras vidas no son perfectas, pero somos conscientes de nuestras bendiciones.

Hace un rato disfruté de un sencillo almuerzo que preparé para un amigo de hace varios años.  Me embarqué en uno de mis proyectos favoritos: cocinar. La ensalada de papas terminó engalanada con un corazón de pimiento morrón cuya foto adorna este escrito.  Sin querer, observé que una porción de pimiento semejaba el tope de un corazón y terminé de darle forma.  El amor está siempre a nuestro alrededor –es cuestión de estar dispuest@s a verlo, porque no siempre se asemeja a lo que imaginamos.  No tiene que ser amor de pareja –puede ser a los amigos, a la patria, a los paisajes, a los vecinos. Terminé con un postre que disfrute mucho la primera vez que lo hice y quise repetir. En la mañana compartí una porción con los vecinos del frente y hace un rato con unos vecinos que me prodigan su amor con las cosechas de su patio: guineos, ajicitos, un intercambio de palabras amables, una sonrisa o la callada quietud de su presencia.

Sin lugar a dudas soy bendecida de haber nacido en esta tierra de gente solidaria, que fue capaz de sostener vecindarios enteros durante la época post María y post terremotos.  Nuestra gente es capaz de brindar su amor a través de ocuparse de los que menos tienen.  Estamos siempre prestos a brindar de lo que tenemos –muchas veces de lo poco, pero siempre, siempre con amor.  En estos momentos no tengo un amor de pareja, pero estoy rodeada de los muchos amores que he recibido, los que tengo y con la certeza que tendré los que vendrán.  Feliz Día de San Valentín.

14 de febrero de 2021

jueves, 21 de enero de 2021

Un hombre bueno

 


UN HOMBRE BUENO

Ayer asumió la presidencia de los Estados Unidos alguien a quien no se le reconocen grandes dotes de oratoria.  Sí, Joe Biden no es la figura carismática que representa Barack Obama, quien hipnotiza con su presencia, su verbo fácil y su cautivadora sonrisa.  Concurro con Mayra Montero, quien en su columna de hoy tilda su discurso inaugural de soso.  Es cierto –no es un discurso pronunciado de forma tal que nos impresionara sobremanera; que nos hiciera desear  tomar acción inmediata para resolver los problemas.  No obstante, lo primordial no está en las palabras dichas, sino en las acciones.

En primer lugar, Joseph Biden participó el martes en la noche de una ceremonia sencilla, frente a la fuente que cruza del monumento a Lincoln hasta el monumento a Washington, para honrar a los más de 400.000 norteamericanos víctimas del COVID.  Una enfermera cantó Amazing Grace y otra cantante interpretó Hallellujah, ambas a cappella. No había público ni una gran orquesta. Tan sólo estaban Biden y Harris con sus respectivas parejas y un personal mínimo.  Imagino que tenía que ser sobrecogedor estar frente a esa enorme fuente reflectante, alumbrada en sus bordes por 400 luces que representaban a las víctimas del COVID.  No se mencionó, pero sin lugar a dudas esa cifra tan alta de muertes se debe, en parte, a la lenta respuesta del gobierno de Trump para atender la crisis y la negativa a tomar a tiempo las medidas preventivas necesarias.

El día de la juramentación estuvo plagado de simbolismos que apuntan a una presidencia que estará marcada por la atención a lo verdaderamente importante –la conciencia de que la sociedad norteamericana es una multicultural y multirracial.  La mera presencia de la Vicepresidenta es evidencia de ello, así como su juramentación por parte de la jueza Sonia Sotomayor, de padres puertorriqueños.  Jennifer López, epítome de lo que es ser multicultural, interpretó una combinación de This land is my land y America the beautiful, que es para los norteamericanos lo que Preciosa es para nosotros. Le añadió una frase en español –una nación indivisible, con libertad y justicia para todos, sin que faltara su resonante “let’s get loud”.  Ese grito es una afirmación de que los puertorriqueños, que somos ciudadanos americanos, tenemos el mismo derecho que cualquiera a estar allí y hablar español si queremos.

No podemos olvidar que bajo la administración Trump muchos de los llamados rednecks se envalentonaron y hostigaban a tod@s aquéll@s que hablaran español, exigiendo que hablaran inglés y gritándoles que regresaran a su país.  Por supuesto, esos rednecks que no se caracterizan por sus estudios más allá de escuela superior –como mucho- poco saben que un puertorriqueño es tan ciudadano americano como ellos y por ende, con el mismo derecho a estar allí y hablar el idioma que le plazca.  Peor aún, esos mismos rednecks se sentían con el mismo derecho de matar a un norteamericano negro, azuzados por temores infundados de que sus protestas son violentas o que merecen ser capturados porque “algo malo debían estar haciendo”. George Floyd fue la víctima más notoria en tiempos recientes, pero como el deben haber cientos, si no miles.

Ese mismo miedo y odio irracional se manifestó en el capitolio federal el día de Reyes, luego de que Donald Trump los azuzara con su discurso inflamatorio.  Ese no fue un discurso soso –fue un discurso dirigido a exacerbar los ánimos de una turba que no necesitaba mucho para exacerbarla.  Ante la mirada atónita de miles a través del mundo, vimos cómo escalaron paredes, rompieron ventanas, forzaron puertas e irrumpieron en el capitolio paseando la ignominiosa bandera confederada por sus pasillos.  Causaron destrozos, cinco muertes y lo peor de todo, el estupor de cómo algo así pudo haber ocurrido en el símbolo de la democracia americana.  Todo eso reveló que esa democracia es una frágil, que en ocasiones es un espejismo y que basta un insensato con poder de convocatoria como Donald Trump para hacerla tambalear.

En su columna, titulada El día que se fue Trump, la autora afirma que Joe Biden es un hombre sin personalidad y que “tendrá que reinterpretar su país a conciencia y y no buscando discursos circunstanciales”.  Creo que su apreciación nace del cinismo que impera en nuestros tiempos.  Personalidad tiene -que no sea avasalladora es otro cantar. Afirma que Biden carga con el lastre de Trump y que tendrá que demostrar que todo estaba mal hecho, lo que resultará agotador. Finaliza afirmando que la prensa estaba más pendiente de la llegada de Trump a Florida que a lo que ocurría en el capitolio.  No sé qué canal estaría viendo ella.  Yo, por mi parte, vi toda la ceremonia de juramentación incluyendo el discurso que tal vez yo misma catalogué de soso.  Hoy busqué el texto del discurso y no es para nada soso – es de palabras vitales.  Sencillas, pero no por ello simples.  Evidentemente, si lo hubiese leído Obama hubiese capturado más nuestra atención.

Yo les recomiendo que busquen el discurso de Biden en la página de Casa Blanca.  Así, se percatarán de otro cambio en esa página.  Hay un botón que dice ESPAÑOL, algo que desapareció al poco tiempo de la llegada de Trump a Casa Blanca.  Joe Biden no es un gran orador, pero es un hombre bueno, lo que resulta en un excelente comienzo.  No podemos decir lo mismo de Donald Trump.   Decía la poeta Maya Angelou que “cuando alguien te muestra quien es, créele”.  No me cabe en la cabeza cómo Trump dejó saber que era un patán desde mucho antes de ser candidato a la presidencia y aún así, sobre 70 millones de norteamericanos volvieron a votar por el que confirmaba a diario que en efecto, era un patán.

Restablecer la paz, el orden y el clima de respeto en Estados Unidos no será tarea fácil para Joe Biden, pero tiene un elemento indispensable: es un hombre bueno, que tiene en mente a los que más sufren, que habla de lo que harán todos juntos, porque sabe que esta es una tarea que requiere de muchos seres comprometidos y ya se ha ocupado de ir seleccionando excelentes funcionarios. A diferencia de su predecesor, su discurso hace referencia constante a “nosotros”, en lugar de los discursos de ese que según Mayra robó la atención de la prensa, obsesionado con afirmar “yo lo hice” y atreverse a decir que constituyó la mejor presidencia de la nación americana.  El show de Trump se acabó. La realidad del nuevo tiempo liderado por Joe Biden comienza.  Es un hombre bueno, comprometido con realizar los cambios necesarios en la nación americana y yo le creo.

21 de enero de 2021

 


lunes, 11 de enero de 2021

DE CORAZÓN

 



DE CORAZÓN

Hoy se conmemora el natalicio de Eugenio María de Hostos, educador, escritor y defensor de nuestra identidad puertorriqueña que ha sido proclamado “ciudadano de América”.  No hay mejor día que este para escribir sobre el obsequio inesperado que recibí por correo estas navidades.  Es preciso hacer referencia a quién es la persona que me hace el obsequio.  Lo conocí hace unos 17 años, en un templo muy pequeño de Unity que ofrecía los servicios en inglés.  Llegué allí no porque buscara servicios en inglés, sino porque asistí a unos talleres de desarrollo personal en los que conocí a unas personas asiduas de ese templo que me invitaron a un servicio, precisamente para Pascua.  En ese tiempo comenzaba a salir de lo que yo llamo mi periodo de estar “peleada con Dios”.

La razón para mi distanciamiento de Dios tiene que ver con la muerte de mi mamá y ese periodo duró hasta –irónicamente- un tiempo después de la muerte de mi papá.  Estaba sentada en el balcón de mi apartamento cuando de repente sentí algo que no puedo explicar; algo como sentir que mi papá estaba –sin estar- allí.  Y me dije a mí misma, si puedes sentir la presencia de tu papá que ya no está, ¿cómo es que no sientes la presencia de Dios? Poco a poco fui acercándome y Unity fue instrumental en ello, porque no me sentía presionada.  Iba allí porque quería, no porque sintiera que si no iba sería condenada.  Tampoco sentía que nadie me recriminaba si algún domingo decidía no asistir, del mismo modo que no siempre siento esa conexión con Dios.  Sin embargo, me esfuerzo por no perderla a través de la lectura de La Palabra Diaria, la cual perdura hasta el día de hoy

Calculo que cuando conocí al motivo de este escrito, ya llevaba bastante tiempo asistiendo a Unity.  El templo tenía –y no sé si todavía existe, porque hace mucho tiempo que no voy- un área con libros, tarjetas y otros objetos con mensajes.  En una ocasión me detuve a ver unas postales navideñas y resulta que allí estaba su creador, el artista Carlos Sueños.  Nos detuvimos a hablar un rato y allí inició una rutina en la que yo adquiría tarjetas navideñas creadas por él, las cuales enviaba a amistades especiales, porque estas no eran tarjetas producidas en masa.  Además, Carlos las realizaba en un papel especial.

Fueron varias las veces de encuentros en lugares que una no asociaría con arte, como una cafetería operada por dominicanos en Santurce, o un restaurante de comida rápida Subway.  Era como si fueran encuentros clandestinos para traficar en mercancía ilegal.  Yo le pagaba las tarjetas y él me entregaba su obra, en medio de unas interminables conversaciones. En una ocasión sí nos encontramos en el Museo de Arte de Puerto Rico, en uno de los bancos del vestíbulo, en un ambiente más cónsono con el objeto de nuestros intercambios.

Siempre que me encuentro con Carlos, hay conversaciones extensas, que giran en torno a temas variados.  Carlos puede hablar de la naturaleza, de procesos químicos, de las conexiones de las neuronas cerebrales, de los cristales en el agua, de teología, de  sus experiencias en distintas galerías o entornos del arte.  Su pensamiento es en ocasiones difícil de seguir, porque él hace unas conexiones que yo, honestamente, no siempre veo.  Su mente parece estar todo el tiempo como acelerada y un poco su obra refleja esa diversidad, esa manera distinta de ver el mundo.  Pese a que miramos el mundo desde prismas distintos, hay algo en su obra que alguien como yo -con una mente más lineal- percibe, porque es reflejo de que somos una unidad de mente, cuerpo y espíritu.  Y eso, mi corazón lo percibe.

A principios de diciembre recibí un mensaje de Carlos solicitándome mi dirección postal.  Pensé que iba a enviarme alguna promoción de alguna exhibición y hasta olvidé que no habíamos efectuado el encuentro en clandestinaje para la entrega de las acostumbradas tarjetas.  Le envié mi dirección y olvidé el asunto, hasta que a fines de diciembre recibí la obra cuya foto engalana este escrito, como felicitación navideña de su parte. Tengo que decir que se me saltaron las lágrimas.  Nunca pensé que un artista como él se preocupara por enviar este regalo a alguien que salvo por la compra anual de tarjetas y una obra que no representó un gasto sustancial, no puede haber significado gran cosa en sus ingresos como artista.  Lo llamé para agradecerle su regalo y tuvimos otra de esas extensas conversaciones.  Me dijo que estas navidades decidió hacer estos envíos de felicitación, usando un papel distinto.  Le comenté sobre lo que percibo como conchas de caracol en el diseño y se embarcó en otro de sus viajes por su mundo de artista al que yo no puedo acceder por otro medio que no sea el corazón.

En algún momento voy a enmarcar este singular regalo, que salió, como él dice, del corazón y así mismo yo lo recibo.  Namasté, Carlos.



11 de enero de 2021


jueves, 7 de enero de 2021

Turbas Republicanas

 



TURBAS REPUBLICANAS

Cuando era niña escuchaba hablar de las turbas republicanas y no tenía muy claro a qué se referían.  Más tarde escuchaba –y todavía lo escucho- a varios adultos afirmar que los republicanos son malos.  Papi solía decir “son tan malos que se comen ellos mismos por los rabos”.  El partido Republicano en Puerto Rico se remonta a inicios del siglo 20, cuando se decía que unos grupos en ese partido se dedicaban a hacer “el trabajo sucio” y cometían actos vandálicos y de ahí, la referencia a las turbas.

El Partido Republicano de Puerto Rico pasó a ser el Partido Nuevo Progresista, pero los que conocieron el origen se siguen refiriendo a los novoprogresistas como republicanos, con un indiscutible desprecio y rechazo al aspecto más negativo de su historia.  Por supuesto,  los republicanos o novoprogresistas no son personas malas per se, del mismo modo que en Estados Unidos hay gente honorable en el Partido Republicano de allá, que no es equivalente al de acá.  Que filosóficamente podamos pensar o actuar distinto es otro cantar. Como cuestión de realidad, en el Partido Nuevo Progresista hay personas afiliadas al Partido Republicano de Estados Unidos, mientras otras están aliadas al Partido Demócrata.

El asunto es tan complejo que es sorprendente saber que Abraham Lincoln, una figura asociada a la abolición de la esclavitud, era Republicano.  Y claro, ahora mismo resulta más chocante aún, cuando la figura máxima de ese partido es Donald Trump. Ha exhibido conducta prejuiciada, machista, prepotente, en fin, lo peor de lo peor. Este ser es lo más deleznable que se ha visto en mucho tiempo. Con su actitud, aplasta a cualquiera que se le ponga de frente y tiene la capacidad de convencer a mentes débiles de que sus opositores están equivocados y él es el que posee la razón.  Ha llegado incluso a convencer a predicadores de poca monta de que él es el elegido de Dios. Utiliza además una técnica que le sirvió muy bien a Adolf Hitler: repetir a la saciedad una mentira, de forma tal que muchos la aceptan como la verdad absoluta. 

Donald Trump se aprovechó de una masa crítica ignorante que lo sigue no importa lo que haga o diga.  Además, se rodeó de personas con intereses económicos y utilizó sus dotes de empresario exitoso para atraer a personas que no eran ignorantes, pero que atribuían sus exabruptos a excentricidades de su personalidad. Algunos afirmaban que todo era un espectáculo, como su programa de televisión, pero que en su fuero interno, esa no era la realidad.  Unjú. Yo personalmente creo que este hombre está desquiciado. Es un loco astuto, hábil, manipulador y con dinero.  La mezcla perfecta para el desastre que se creó.

Desde antes de efectuarse las elecciones, Donald Trump intimó que de no resultar ganador, las impugnaría.  Dicho y hecho. Desde la noche de las elecciones se ha dedicado a repetir que él es el ganador.  Ha impugnado los resultados, con alegaciones de fraude, en múltiples tribunales, sin éxito.  Ayer rebasó el límite de su conducta enajenada. Arengó a sus seguidores para que fueran al Capitolio Federal a protestar.  No hay más que imaginar a estos seres de poca escolaridad, lo que conocemos como rednecks que no pierden tiempo en razonar, escuchando a Donald Trump decir que había que impedir que les robaran la victoria arrolladora que había proclamado para sí.

Yo contemplaba con asombro las imágenes de los noticiarios.  Si bien es cierto que estos actos eran previsibles, no es menos cierto que hay algo que en  much@s de nosotr@s se resiste a pensar que en efecto, el temor se vaya a materializar.  No puedo entender cómo es que estas turbas de salvajes pudieron lograr acceso al interior del Capitolio Federal.  En toda la transmisión pude ver un solo negro, lo que contrasta con las imágenes de las protestas tras la matanza de George Floyd, cuando los que marchaban por las calles eran rodeados por policías anti motines.  La pregunta que me bulle en la cabeza es qué hubiera pasado si la convocatoria hubiese sido hecha por líderes del movimiento Black Lives Matter. Apuesto que los hubiese recibido todo un batallón armado hasta los dientes y no hubiesen llegado ni a la puerta.

La nación americana es una nación de grandes contradicciones.  Es innegable su avance en materia de derechos para grupos marginados y libertades individuales.  Al mismo tiempo, arrastra un pasado de discrimen contra los negros y personas de otras etnias.  Las libertades originalmente contempladas en la Constitución no aplicaban a los negros, pues se les consideraba propiedad.  Eso no se ha desvanecido del todo.  Un hombre como Donald Trump envalentonó a los grupos racistas, que tomaron el movimiento Black Lives Matter como una ofensa personal.  Envalentonó a los xenófobos que desprecian a todos los latinos, de forma tal que los increpaban cuando hablaban en español y les instaban a regresar a su país.  Por eso, el grito de U-S-A; U-S-A.  Make America Great Again era en realidad Make America White Again.

Lo que ocurrió ayer en la capital federal pone de manifiesto que la división en la sociedad norteamericana es mucho más profunda de lo que se pensaba.  Sanar esa nación va a tomar décadas, como décadas tomó alcanzar los derechos por los que el Dr. Martin Luther King tanto luchó.  Del loco que habita la Casa Blanca nos podremos librar en dos semanas.  De las turbas republicanas no.

7 de enero de 2021