BANDOLERA
Hoy había
decidido ir a J.C. Penney’s de Plaza las Américas a aprovechar un cupón de
descuento y tuve una experiencia que me inquietó tanto que me quitó los deseos
de permanecer en la tienda. Estaba buscando un artículo en particular, cuando
me percaté de la canción que se difundía por el sistema de sonido, la cual
resultaba, por lo menos incongruente con la Navidad que se supone comienza hoy
y peor aún, inconsistente con la necesidad de que todos y todas tomemos
conciencia del grave problema de violencia contra las mujeres en Puerto Rico. La canción era Bandolera y escuchar sólo unas líneas me causó indignación: Pau, pau, pau, te vuelvo a dar, te voy a dar
pa’ que aprendas, te voy a pegar, te voy a dar una pela…
Incomodada
por esto, me dirigí a una empleada y le indiqué que debían evaluar la música
que difunden y me sonrió, diciendo pero
si esa canción es viejísima. Siguió atendiendo una clienta y ni se inmutó. Salí de la tienda con pesadumbre. Es lamentable que las mismas mujeres no
asuman una postura solidaria con las víctimas de violencia y se hagan de la
vista larga, aceptando pasivamente una canción que pregona abiertamente la
violencia contra una mujer. El hecho de
que individualmente no hayamos sido víctimas, no debe impedir que alcemos
nuestras voces para rechazar canciones como esta. Más aún, las empresas que hacen negocios en
Puerto Rico deben asegurarse que ofrecen a sus clientes un clima de
respeto.
Para
completar, al salir escuché en la radio una entrevista con una de las
candidatas recién electas del Proyecto Dignidad, oponiéndose a que se tomen
medidas específicas para atajar la violencia contra la mujer, porque en Puerto
Rico hay violencia contra hombres y mujeres y las mujeres no son víctimas por
el mero hecho de ser mujeres. Difiero.
Cuando el atacante es una ex pareja la ataca precisamente porque es la mujer que
creía era de su propiedad. Son demasiados los hombres que se creen con el
derecho de golpear a una mujer, en algunos casos hasta matarlas, porque ella
decidió terminar la relación. No se
trata de muertes para robar, o por control de puntos de drogar, sino por el
mero hecho de que una mujer se atrevió a desafiar a su pareja, exigiendo
respeto o simplemente se hastió de una vida de insultos y golpes.
Dicen que
la palabra es poderosa y lo es. La letra de esta deleznable canción –sea vieja
o sea una de las que cantan los exponentes del trap, deja entrever que la vida de una mujer tiene poco valor. Se le puede golpear porque es una bandolera. No me cabe en la cabeza cómo
es que una mujer puede escuchar esto en una tienda y seguir tranquilamente
comprando sábanas, zapatos o regalitos de Navidad para los nenes. Nos hemos acostumbrado tanto a escuchar
palabras que hieren la sensibilidad que no nos inmutamos. Peor aún, una de las nuevas legisladoras del Proyecto Dignidad
insiste en que no hay que tomar medidas específicas para atajar la violencia
contra la mujer, porque esto es una “agenda de ideología” de un grupo
particular y la violencia es contra todo el mundo, no sólo contra las mujeres.
Este
último argumento recuerda la respuesta
de los blancos al movimiento Black Lives
Matter, que cobró notoriedad tras el brutal asesinato de George Floyd a
manos de un policía blanco, mientras otros dos contemplaban el acto, impasibles. Grupos de blancos se apostaban a orillas de
las rutas de las protestas que coreaban Black
lives matter! y respondían furiosos: all
lives matter! Alguien utilizó una analogía que cabe perfectamente en este
caso. Cuando una casa se está quemando, los bomberos acuden directamente a
ella, aunque todas las casa son valiosas, porque esa es la que necesita
atención.
En el
caso de la violencia en nuestro país, es cierto que nos afecta a todos y todas.
Ya muchos estudiosos del tema han dicho que en la mayoría de los casos, está
vinculada al trasiego de drogas. Pues
hay que buscar estrategias para manejar ese problema en específico. Del mismo modo, el problema de la violencia
contra las mujeres nace precisamente de que un hombre se siente con derecho de
dominar la vida de una mujer, controlando todos sus pasos. Cuando ya no pueden ejercer ese control,
algunos hombres llegan al extremo de asesinarlas. Las mujeres que valientemente han denunciado
estos actos con protestas merecen nuestro respeto. Protestar contra el maltrato a las mujeres no
es una agenda de una ideología, como
pretenden hacer ver los sectores más conservadores de nuestra sociedad. Es alzar la voz en nombre de aquéllas que no
pueden hacerlo.
No me
extrañaría que la legisladora que se estrenará en enero me catalogue como una
feminista más con una agenda de adelantar una ideología. Sí, me considero feminista y lo que quiero
adelantar es que cobremos conciencia de que las palabras que se repiten van
haciendo mella sobre el pensamiento colectivo.
Yo alzo mi voz contra todo aquello que justifique actos violentos –contra
todos en general, pero contra las mujeres en particular por ser un sector en
desventaja. Yo no permito que nadie se
sienta con derecho a golpearme, ni permanezco impasible ante conductas que
propician la violencia contra la mujer.
Si usted es un hombre que piensa que su pareja es una bandolera, dé media
vuelta y busque otra con quien compartir. O tal vez, mírese en un espejo, para
ver si el bandolero es usted.
1 de
diciembre de 2020


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