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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

martes, 1 de diciembre de 2020

Bandolera

 





BANDOLERA

Hoy había decidido ir a J.C. Penney’s de Plaza las Américas a aprovechar un cupón de descuento y tuve una experiencia que me inquietó tanto que me quitó los deseos de permanecer en la tienda. Estaba buscando un artículo en particular, cuando me percaté de la canción que se difundía por el sistema de sonido, la cual resultaba, por lo menos incongruente con la Navidad que se supone comienza hoy y peor aún, inconsistente con la necesidad de que todos y todas tomemos conciencia del grave problema de violencia contra las mujeres en Puerto Rico.  La canción era Bandolera y escuchar sólo unas líneas me causó indignación: Pau, pau, pau, te vuelvo a dar, te voy a dar pa’ que aprendas, te voy a pegar, te voy a dar una pela…

Incomodada por esto, me dirigí a una empleada y le indiqué que debían evaluar la música que difunden y me sonrió, diciendo pero si esa canción es viejísima. Siguió atendiendo una clienta y ni se inmutó.  Salí de la tienda con pesadumbre.  Es lamentable que las mismas mujeres no asuman una postura solidaria con las víctimas de violencia y se hagan de la vista larga, aceptando pasivamente una canción que pregona abiertamente la violencia contra una mujer.  El hecho de que individualmente no hayamos sido víctimas, no debe impedir que alcemos nuestras voces para rechazar canciones como esta.  Más aún, las empresas que hacen negocios en Puerto Rico deben asegurarse que ofrecen a sus clientes un clima de respeto. 

Para completar, al salir escuché en la radio una entrevista con una de las candidatas recién electas del Proyecto Dignidad, oponiéndose a que se tomen medidas específicas para atajar la violencia contra la mujer, porque en Puerto Rico hay violencia contra hombres y mujeres y las mujeres no son víctimas por el mero hecho de ser mujeres.  Difiero. Cuando el atacante es una ex pareja la ataca precisamente porque es la mujer que creía era de su propiedad. Son demasiados los hombres que se creen con el derecho de golpear a una mujer, en algunos casos hasta matarlas, porque ella decidió terminar la relación.  No se trata de muertes para robar, o por control de puntos de drogar, sino por el mero hecho de que una mujer se atrevió a desafiar a su pareja, exigiendo respeto o simplemente se hastió de una vida de insultos y golpes.

Dicen que la palabra es poderosa y lo es. La letra de esta deleznable canción –sea vieja o sea una de las que cantan los exponentes del trap, deja entrever que la vida de una mujer tiene poco valor.  Se le puede golpear porque es una bandolera. No me cabe en la cabeza cómo es que una mujer puede escuchar esto en una tienda y seguir tranquilamente comprando sábanas, zapatos o regalitos de Navidad para los nenes.  Nos hemos acostumbrado tanto a escuchar palabras que hieren la sensibilidad que no nos inmutamos.  Peor aún, una de las  nuevas legisladoras del Proyecto Dignidad insiste en que no hay que tomar medidas específicas para atajar la violencia contra la mujer, porque esto es una “agenda de ideología” de un grupo particular y la violencia es contra todo el mundo, no sólo contra las mujeres.

Este último argumento recuerda  la respuesta de los blancos al movimiento Black Lives Matter, que cobró notoriedad tras el brutal asesinato de George Floyd a manos de un policía blanco, mientras otros dos contemplaban el acto, impasibles.  Grupos de blancos se apostaban a orillas de las rutas de las protestas que coreaban Black lives matter! y respondían furiosos: all lives matter! Alguien utilizó una analogía que cabe perfectamente en este caso. Cuando una casa se está quemando, los bomberos acuden directamente a ella, aunque todas las casa son valiosas, porque esa es la que necesita atención.

En el caso de la violencia en nuestro país, es cierto que nos afecta a todos y  todas.  Ya muchos estudiosos del tema han dicho que en la mayoría de los casos, está vinculada al trasiego de drogas.  Pues hay que buscar estrategias para manejar ese problema en específico.  Del mismo modo, el problema de la violencia contra las mujeres nace precisamente de que un hombre se siente con derecho de dominar la vida de una mujer, controlando todos sus pasos.  Cuando ya no pueden ejercer ese control, algunos hombres llegan al extremo de asesinarlas.  Las mujeres que valientemente han denunciado estos actos con protestas merecen nuestro respeto.  Protestar contra el maltrato a las mujeres no es una agenda de una ideología, como pretenden hacer ver los sectores más conservadores de nuestra sociedad.  Es alzar la voz en nombre de aquéllas que no pueden hacerlo.

No me extrañaría que la legisladora que se estrenará en enero me catalogue como una feminista más con una agenda de adelantar una ideología.  Sí, me considero feminista y lo que quiero adelantar es que cobremos conciencia de que las palabras que se repiten van haciendo mella sobre el pensamiento colectivo.  Yo alzo mi voz contra todo aquello que justifique actos violentos –contra todos en general, pero contra las mujeres en particular por ser un sector en desventaja.  Yo no permito que nadie se sienta con derecho a golpearme, ni permanezco impasible ante conductas que propician la violencia contra la mujer.  Si usted es un hombre que piensa que su pareja es una bandolera, dé media vuelta y busque otra con quien compartir. O tal vez, mírese en un espejo, para ver si el bandolero es usted.

1 de diciembre de 2020

 

 

 


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