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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

sábado, 25 de diciembre de 2021

REGALOS ESPECIALES

 




REGALOS ESPECIALES EN NAVIDAD

A través de los años he disfrutado de distintos regalos – unos más costosos que otros. Lo hermoso es que los regalos más valiosos han sido los más económicos –un álbum para fotos que recibí de “Santa” cuando tendría 4 o 5 años; el regalo de cumpleaños de un collar de fantasía que mi papá compró anticipadamente y que recibí después de su muerte; una rosa que una vecina cortó de su jardín para regalármela porque sí; los detalles con estrellitas que mi Buddy consigue para mí, porque sabe lo mucho que me gustan; un aguacate o una botella de vino que estaba en especial, que Ramón me trae, por el simple gesto de compartir.  Tengo decenas de recuerdos de éstos y este año no ha sido la excepción.

El primer regalo que recibí esta Navidad fue de un amigo y su esposa, que viven en el estado de Washington.  Todo un deleite para alquien como yo, que disfruta tanto del buen comer: el libro Kitchen Confidential de Anthony Bourdain (qepd); unos chocolates y lo más especial de todo, dos frascos de atún en conserva que ella y su mamá se ocuparon de preparar.  Ya me comí el contenido de uno de ellos y el próximo estoy esperando un momento especial para degustarlo.  Algo así de especial no se come como si fuera una lata de Star Kist.

Luego siguió con una jalea que vino a traerme una amiga, porque sabe lo mucho que me gusta –no era un regalo formal, era sólo un detalle que demuestra que pensó en mí.  Otra amiga me había llamado para preguntarme cuál vino me gustaba, porque quería asegurarse que me compraba uno que realmente disfrutara.  Pero eso no era lo verdaderamente importante del momento en que recibí el regalo.  Esta amiga ha pasado por dificultades y en ocasiones requiere de mucha energía para trasladarse hasta mi casa.  Yo no sabía cuándo podríamos encontrarnos.  Pues hace unos 2 o 3 días me llamó para preguntarme si podía pasar a dejarme su regalo.  Me sorprendí, porque no lo esperaba.  El hecho de que viniera hasta acá, a pesar del esfuerzo que eso implica, vale mucho más que el obsequio.

Ayer Ramón vino cargando con lechón, arroz con gandules, batata, guineos y algo que a él no le gusta –morcillas, sólo porque sabe que me encantan.  Fue un festín de Nochebuena en la tarde.  Lo complementé con mi propio regalo especial –el majarete que preparo.  Ese momento de compartir en la mesa es lo que yo llamo una comunión especial –dos amigos que comparten una mesa, disfrutando del simple placer de los alimentos y una buena conversación.

Hace dos semanas recibí el regalo más pequeño, pero que encierra en sí todo el significado de la Navidad.  Acudí a una Feria de Artesanías en el Viejo San Juan, porque quería adquirir la mayor parte de  los regalos de Navidad allí, precisamente porque estos regalos son especiales –son hechos por nuestros artesanos, no por máquinas que producen en masa.  Cada obra de un(a) artesan@ lleva en si algo de su alma.  Compré varios artículos, unos más caros que otros. Me detuve en el puesto de una artesana que trabaja en caracoles y escogí unas cuantas piezas, algunas muy modestas, pero muy curiosas.  Cuando ella fue colocando las piezas en un bolso, colocó uno que yo no había escogido y le dije no, ese no y ella me respondió: es mi regalo.

Tengo que decir que se me formó un taco en la garganta.  Estos trabajos eran de los más modestos de la Feria.  Su sencillez pasaba inadvertida por muchos y yo imagino que las ganancias de esta artesana eran  de las más modestas.  Sin embargo, ella vio que yo aprecié su obra y me regaló un producto de su esfuerzo.  Ese ha sido mi regalo más especial esta Navidad. Está al pie de mi arbolito en miniatura, el cual me decidí a montar a última hora, tras unos días intensos de remodelación en mi apartamento. No necesito un gran árbol; tan sólo conectarme con el verdadero y sencillo espíritu de la Navidad. Les deseo a tod@s una muy Feliz Navidad y que sus vidas se vean colmadas de los regalos más especiales –los que nacen del corazón.

25 de diciembre de 2021

viernes, 8 de octubre de 2021

Un viejo amor

 




UN VIEJO AMOR

En estos atribulados días en que se entremezclan los temores de contagios, la posibilidad de huracanes y los desastres de la administración gubernamental sobre los que no hablaré para no despertar corajes acumulados, ha habido momentos de una belleza inefable.  No son momentos trascendentales, pero son los que me hacen tomar conciencia –una vez más, de cuán bendecida he sido en esta vida. Tengo unas amistades de lujo, de esas con las que se disfruta de una buena plática, un buen vino y momentos de desahogo que se entremezclan con risas y lágrimas. También he disfrutado del talento extraordinario de nuestros artistas, muchos de los cuales tienen que haber pasado la zarza y el guayacán, pero no por ello dejan de crear.

El viernes de la semana antes pasada supe que estaba a la venta el nuevo libro de Luis Rafael Sánchez, El corazón frente al mar y por supuesto, acudí al otro día a comprarlo.  Quienes me conocen saben de mi predilección por su lectura, pero no tod@s saben que es, para mí, un viejo amor.  No se escandalicen –o entusiasmen, que depende de su visión-  es un amor platónico. Luis Rafael Sánchez fue mi profesor en la IUPI, durante mi primer año y luego en la Facultad de Humanidades.  Asistir a su clase era para mí un deleite y contrario a otras clases, me ponía triste si por alguna razón no se celebraba una sesión.  Todo en él era –y sigue siendo- una experiencia sensorial exquisita: su porte, su dominio del lenguaje, su dicción perfecta, su sonrisa contundente y su voz profunda, varonil, cautivante. Han pasado más de 40 años desde ese primer encuentro y todavía todo esto sigue siendo aplicable.

Me he encontrado con él en pocas ocasiones, pero en todas, vuelvo a sentirme como esa primera vez en que contemplé a este profesor, ya escritor reconocido y me convierto en una jovencita que se pone nerviosa cuando ve el objeto de sus afectos.  Cuando fui a la librería a comprar el libro, le dije a la joven que me atendió: “él fue mi profesor”, presumo que con una cara así como de fanática de Paul McCartney –que es otro viejo amor- y ella me miró como si nada.  No sé si porque no le importaba,  porque no sabía quién era Luis Rafael Sánchez o todas las anteriores.  El caso es que ya tenía el libro en mi poder y al leer la última oración en la contraportada, parte de la Introducción, quedé en éxtasis: Los sueños se pudren si no se les muda el aire.

Debo confesar que al inicio la lectura me incomodó.  Por alguna razón mi adorado profesor escribe últimamente enumerando secciones de sus escritos. Algo en los números me repele, pero no me impide disfrutar de una lectura que me reta.  Además, las viñetas que toman el Viejo San Juan como inspiración o leitmotiv no se ajustan a las formas conocidas.  Sin embargo, su dominio del lenguaje se impone y la profusión de imágenes que evoca es una experiencia por sí sola.  No deja de deslumbrarme con esa habilidad suprema que posee para hilvanar recuerdos de experiencias, de canciones, de sucesos ridículos o sublimes, con referencias a escritores locales o internacionales. Su grandeza no le impide –como le impide a muchos con menos talento y mayor ego- reconocer la maestría de varios escritor@s, particularmente l@s locales.

Cuando ya había comenzado la lectura, interrumpí ese gozo para ir con una amiga a un centro comercial.  No buscaba nada en particular; tan solo iba a novelerear, con la expectativa de ir luego a almorzar, que es algo que de veras me entusiasma.  Pasamos por un pasillo con varios de esos carritos con chucherías y mi amiga se detuvo a mirar unas pequeñas pantallas en plata.  No soy fanática de la plata; desafortunadamente prefiero el oro, porque por alguna razón pienso que el dorado me va mejor que el plateado.  Además, ya no compro pantallas, porque hace años uso unas pequeñitas, que no me tengo que quitar, así que siempre, salvo excepciones, las tengo puestas.  Ah, pero mis ojos se posaron en una inusual sortija de plata con diseño de atrapasueños (dreamcatcher). El origen de ese objeto se supone que proviene de una tribu de indios de Norteamérica que diseñaban esta especie de red para colocarla en la abertura del espacio que usaban para dormir, de forma tal que la red atrapara los malos sueños y dejara pasar tan sólo los buenos.  De inmediato pensé en la frase del libro de Luis Rafael Sánchez sobre los sueños y la compré.  Siempre que la vea –y en otras ocasiones también- lo recordaré.

Suelo escribir todos los días algo corto para agradecer mis bendiciones.  El lunes pasado escribí sobre el gozo de preparar una pasta aderezada sólo con mantequilla, salvia y queso parmesano, porque parte de disfrutar los alimentos es poder apreciar los sabores sin mucho disfraz.  La cocina siempre ha sido un deleite para mí, como es la lectura y en particular lo que sale del teclado –o la pluma, que no sé cómo escribe- Luis Rafael Sánchez.  Comenté que la lectura de su libro me había hecho redescubrir un viejo amor y de inmediato vino a mi mente la canción Un viejo amor.  Ah, las ventajas de la tecnología – la busqué en You Tube y la encontré interpretada por Marco Antonio Muñiz- otro viejo amor y Ana Gabriel: Que un viejo amor, ni se olvida ni se deja; que un viejo amor, de nuestra alma sí se aleja pero nunca dice adiós…

El recuerdo de Luis Rafael Sánchez está ligado a otro viejo amor: la IUPI.  Amo sus edificios viejos, las frías losas de los pasillos externos de la facultad de Humanidades o el Teatro, donde tantas veces me senté a charlar con mis compañeros; el sonido del carrillón; el olor del Teatro antes de la remodelación o de la Biblioteca Lázaro, la cual visité hace como seis años y olía exactamente como la recordaba. Me emociono cuando oigo el himno y lo canto con mi desafinada voz cuando escucho el disco de la Tuna Bardos, producto de la IUPI.  Para mí, ningún coro supera al de la IUPI.  Cada vez que transito por los espacios originales me transporto a los momentos que allí viví y siento que el tiempo se ha detenido cuando me encuentro con ese viejo y gran amor.

Curiosamente, en estos días compré boleto para asistir al concierto de Chucho Avellanet –otro viejo amor.  A sus 80 años (¡tantos!), conserva esa voz impecable que me hace suspirar cuando canta Jamás te olvidaré. No se me escapa la ironía de que el concierto esté auspiciado por una aseguradora de planes médicos dirigidos a la población con beneficios de Medicare, lo cual sin duda me expondrá a que el público que asistirá me recordará aquélla frase de una canción de Pablo Milanés – otro- : porque el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos… Me resulta interesante cómo en estos días he rememorado varios viejos amores –los platónicos y los que no, pero de esos no hablo ahora.

Hace un tiempo había visto en Facebook una corta grabación de un concierto en vivo de Juan Luis Guerra –sí, otro. Siempre he admirado el talento de este músico extraordinario, que ha logrado conjugar una música sofisticada, producto de una educación formal con los ritmos tradicionales de su país. Pues fui a una farmacia de esas de cadenas y presencia ubicua y me topé con el disco de ese concierto.  Resulta que tiene todos los grandes éxitos, interpretados en vivo, con nuevos arreglos.  Contiene dos canciones de esas que son las clásicas y que no voy a revelar, para no estropear la sorpresa, que son interpretadas en otro ritmo – no, no reguetón, por Dios.  El resultado es algo hermoso.

Si estamos dispuest@s a mirar la esencia, sin importar la forma, como yo lo he hecho con el nuevo libro de Luis Rafael Sánchez, nos daremos cuenta de que ese viejo amor sigue estando ahí y probablemente su encanto ha aumentado con la pátina del tiempo.  Ahora solo falta que mi pequeño atrapasueños permita que entre un hermoso sueño con Luis Rafael Sánchez.

8 de octubre de 2021

 

 


lunes, 27 de septiembre de 2021

De altura

 




DE ALTURA

Este fue para mí un fin de semana de altura.  Para empezar, tenía pendiente la invitación a almorzar de una entrañable amiga, quien me recibió precisamente en las alturas, ya que vive en un penthouse cuyas dimensiones representan tal vez cuatro veces las de mi apartamento.  Pese a lo encumbrado del lugar, allí siempre me siento acogida, como si estuviera en casa de alguien de la familia.  Más de 50 años de amistad me  han hecho sentir que Carmencita es parte de mi familia.  Juntas hemos transitado por una alternancia de gozos y sufrimientos: noviazgos, bodas, divorcios, romances fallidos, cumpleaños, éxitos y angustias profesionales; enfermedad, muertes –en fin, la vida.

Pese a lo complicado de su vida –yo estoy retirada, pero ella no, saca tiempo para preparar almuerzos o cenas, de las cuales yo he sido beneficiaria en varias ocasiones.  Como yo, Carmencita disfruta de una mesa bien presentada, con platos que ella misma prepara y acompañados de buenos vinos.  El sábado tuvimos la oportunidad de sentarnos solas y compartir los últimos acontecimientos, que han sido duros a nivel personal y colectivo, pero que agraciadamente también han venido acompañados de buenos momentos.  Disfruté el exquisito almuerzo, incluyendo el postre que yo aporté y me despedí feliz, con mi pancita llena y doggie bag para completar.  Quise asegurarme que llegaba a tiempo a una librería para adquirir el último libro de Luis Rafael Sánchez y por suerte, logré comprarlo.  Sábado perfecto.

El domingo estaba reservado para la penúltima función del musical In the Heights, del ultra, mega, súper talentoso Lin Manuel Miranda.  Yo había visto la presentación de este musical hace más de 10 años en el Centro de Bellas Artes, pero esta nueva puesta en escena tenía el atractivo adicional de ser realizada con talento local.  Hace unas semanas había visto la versión fílmica, que también disfruté.  Las críticas de esta nueva versión me anticipaban que iba a tener una magnífica experiencia y así fue. El derroche de talento me deja sin palabras.  Descubrí jóvenes con voces espectaculares, de esas que oyes la primera vez y te dejan sin aliento.  No puedo quejarme de ninguno.  Se notaba el amor que cada un@ puso en el escenario, desde su creador Lin Manuel, que le rinde tributo a las raíces latinas que nos unen, hasta el último tramoyista.

Ayer tarde transité por varias emociones: conexión, orgullo, gozo y un poco de tristeza tras la muerte del personaje de la abuela, que trajo unas lagrimitas a mis ojos -cosa que no es raro en mí.  En el momento de la canción Alza tu bandera lamenté no haber llevado la mía, porque la hubiese agitado con orgullo. La orquesta dirigida por el maestro Cucco Peña no era solo un complemento; era parte integral de todo el montaje.  Digo con todo el orgullo que siento – y si se pone en duda mi objetividad que le pregunten a un crítico de teatro- que esta presentación no tiene nada que envidiarle a una producción de Broadway.  Salí de allí feliz, con escozor en las manos de tanto aplaudir.

Dormí muy bien, pero me desperté a esos de las 4 am. Me puse a leer y como media hora después se fue la luz. Me volví a dormir y aunque no lo crean, soñé con LUMA. En el sueño reparaban un poste en la casa que yo solía vivir en Country Club.  Tras hacer la reparación, se montaron en el camión y yo vi con horror cómo se volvía a ir la luz y ellos no me escuchaban.  En otra escena, tres hombres charlaban en la sala, uno de ellos con camisa floreada, mientras una mujer trabajaba en la caja de fusibles.  Volvió la luz en el sueño y no sé si en ese preciso momento, a mi habitación.  Eran las 7 de la mañana y me sentí algo molesta de que en lugar de soñar con las hermosas experiencias del fin de semana, terminara soñando con LUMA.

In the Heights, aparte de querer aludir al proyecto de vivienda Washington Heights de Nueva York en el que se concentra una gran población latina, quiere decir literalmente “en las alturas”.  Altura tiene entre sus acepciones poseer cualidad de excelencia, mérito y valor, cualidades con las cuales no puede, ni remotamente asociarse a LUMA.  Aunque lamenté haber pasado por la pesadilla de LUMA –literal y figurativamente, me dije que no iba a permitir que me estropearan mi fin de semana de altura.  La magia de ayer no la opaca ni LUMA –y eso es mucho decir.

27 de septiembre de 2021

 

 

lunes, 20 de septiembre de 2021

MARÍA, LUMA, TORTUGAS Y OTROS HORRORES

 


MARÍA, LUMA, TORTUGAS Y OTROS HORRORES

 

Hoy se cumplen 4 años del paso del huracán María por Puerto Rico e invariablemente el recuerdo me hace reflexionar sobre su impacto en mi vida y en la de la mayoría de l@s puertorriqueñ@s.  Y digo la mayoría, porque hubo un selecto grupo que se acuartelaba en el centro de convenciones Pedro Rosselló, de triste recordación él y su engendro, que administró el desastre post María.  Ese selecto grupo disfrutaba de aire acondicionado y comida caliente, mientras cientos llegaban allí desesperados, buscando una ayuda que no llegaba.  Escuché  a alcaldes en la radio –porque no había luz y no la hubo por meses- llorar de frustración al relatar que tenían que llegar hasta San Juan desde lugares remotos, por carreteras intransitables, para suplicar una ayuda que no llegaba.

Fueron muchas las lágrimas que derramé ante los relatos desgarradores de ciudadanos que estaban en situaciones muchísimo peor que la mía.  Yo no tuve agua por tres semanas, ni luz por cuarenta y un días, pero al menos mi apartamento no sufrió daños mayores y podía prepararme alimentos en una pequeña estufita de esas de acampar, a la que le tenía –y le sigo teniendo- pavor, pero era eso o comer cosas frías y privarme de mi sagrado café. La necesidad se impuso.

No es necesario relatar los horrores vividos –el desastre de Whitefish, la ineficiencia combinada con chanchullos en la repartición de fondos, el nefasto chat, los muertos que se negaron, los toldos que aún cubren esqueletos de casas… El momento brillante en todo ese descalabro fue cuando logramos que el nene de papá tuviera que irse con el rabo entre las patas, aunque poco duró ese gozo. Y a esos horrores le siguieron los de los terremotos que nos sacudieron cuando debíamos estar celebrando los Reyes. Nuevamente, los que menos tienen fueron los que más sufrieron y la historia de los grupos comunitarios que salvaron las vidas que el gobierno debió proteger se repitió. El desastre de unas primarias que generaron unas secundarias puso de manifiesto el descalabro al interior de la Comisión Estatal de Elecciones, lo que ocasionó la pérdida de la confiabilidad en otra de nuestras instituciones.

Con el nuevo gobierno –o el mismo con distinto collar- se estrenaron dos horrores adicionales: los cabilderos de la estadidad, con lo que el nene de papá usó su insondable sombrero de trucos para que el embuste de que residía en Puerto Rico pasara desapercibido a la vista del departamento de Justicia, mientras que era evidente para el resto de nosotr@s.  Todavía debe estarse riendo, haciéndonos burla con sus dedos: uuu, uuu no me cogieron, no me cogieron… Y el otro regalito: LUMA, la entidad que supuestamente nos iba a salvar de los apagones y tras cuya llegada hemos tenido más apagones que bajo la AEE, que dicho sea de paso, también es un desastre de otra naturaleza.

En medio de todo este sainete diario que padecemos, se revela lo ocurrido en Rincón en el Condominio Sol y Playa, que resulta en una lección sobre cómo no se debe administrar. Luego de que comenzaran a denunciarse actos de posibles ilegalidades por construcción en zona marítimo terrestre (zmt), poco a poco fueron saliendo detalles, muchos de ellos gracias a Eliezer Molina.  No es santo de mi devoción por su estilo irreverente e irrespetuoso, pero al César lo que es del César.  Gran parte de lo que se descubrió fue gracias a él.  De lo que sabemos, aparenta ser que el deslinde de la zmt estuvo mal hecho desde un principio. También sabemos que la piscina anterior se la llevó María, así que carece de toda lógica hacer otra en el mismo lugar.  A la gente de pocos recursos que viven a orillas de zonas inundables el gobierno federal le deniega fondos si deciden construir en el mismo lugar.  ¿No nos dice esto algo?

El secretario del departamento de Recursos Naturales ha impartido y desimpartido órdenes que parecen sacadas de una película de Cantinflas.  El despliegue policíaco era impresionante.  Estaban allí para defender la @#$5&* piscina y no los recursos naturales. Y siempre hay un héroe en la película –en este caso, la tortuga.  Si alguna duda había de que esa era una zona que debía ser protegida, fue la llegada providencial de la susodicha al área donde quedó atrapada y su regreso en repetidas ocasiones a desovar.  Siempre hay algo nuevo que aprender.  Yo no sabía que las tortugas son capaces de desovar varias veces en una misma semana.  Pero esta tortuga tiene mucho más que enseñarnos.

Esta tortuga no cedía ante el imperativo de su especie de perpetuarse mediante el depósito de los huevos que se convertirían en inocentes tortuguitas que con su gracioso caminar desafiarían el trayecto hasta el desconocido y peligroso mar, algunas presas de aves o peor aún de seres sin conciencia.  Y hablando de seres sin conciencia, no dejo de asombrarme de la sutileza de un truck Mack que tiene la abogada del condominio.  Esta mujer fue abogada en el departamento de Recursos Naturales y parece ser que le borraron el respeto hacia la vida de seres en peligro de extinción.  En uno de los muchos incidentes procesales de este absurdo caso, la abogada argumentó que “el área donde desovó la tortuga marina no puede ser declarada un hábitat natural porque ese terreno ya está urbanizado”.  Es decir, que la tortuga, que llegó primero, tendría que buscar otro lugar.

Yo me imagino a la pobre tortuga algo desorientada con verjas, bloques y varillas que antes no estaban allí.  Me la imagino desesperada atrapada en el hueco de la proyectada piscina, sin saber cómo regresaría al mar. Hay que tener un caparazón más grueso que el de la pobre tortuga para no conmoverse con esta tragedia que parece pequeña para esta abogada, pero que es inmensa para la tortuga.  Su especie milenaria ha afrontado retos en el mar, ha desafiado toda lógica al ser capaz de encontrar temporada tras temporada el lugar donde depositará esos huevos que son el futuro de la especie.  Doy gracias a Dios que no soy tortuga, porque con mi falta de sentido de orientación sabe Dios a dónde habría ido a parar.

Esa tortuga y las tortuguitas que nacerán pese a los intentos de l@s que tienen sus prioridades invertidas, nos enseñan que así es el corazón noble de los Boricuas.  Nos han pisoteado, nos han ninguneado, pero mantenemos la meta de alcanzar una patria más justa para todos y todas, a pesar de las mentiras, los intentos de manipulación y los obstáculos que se nos presenten.

20 de septiembre de 2021

 

domingo, 20 de junio de 2021

Niña feliz

 


UNA NIÑA FELIZ

Me he topado varias veces con esta foto de mi niñez – unas veces en un maltrecho álbum familiar que poseo y más recientemente, en unas pertenencias de Papi que recogí en el proceso de terminar de desalojar –tras la muerte de su esposa- las pocas pertenencias que de él quedaban en el apartamento que vivió hasta hace 31 años.  La foto muestra una niña feliz, reflejo del amor que recibía de sus padres.  Todavía queda algo de esa niña feliz, aunque a veces me domine una tristeza que nada tiene que ver con el amor de mi papá.

En esta vida he dudado muchas veces, pero jamás he dudado del amor de mi padre.  A riesgo de ser repetitiva, porque he contado esto muchas veces, luego de yo nacer mi papá me recibió de manos de una enfermera que me colocó en una almohadita, porque yo era una niña chiquitita.  Desde ese momento, según relataba mi papá, se estableció ese vínculo que tras todos los años transcurridos sin tener su presencia física, se mantiene indisoluble. Papi celebraba todos mis logros –los grandes y los chiquitos.  Cuando me contemplaba en silencio por un tiempo más allá de la mirada casual sus ojos delataban el asomo de lágrimas.

Esas lágrimas de mi papá no eran de tristeza; eran de una emoción que brotaba del espíritu sensible que poseía.  Salían durante una película emotiva o escuchando pasajes de sus conciertos de violín favoritos.  Debido a que yo salí, como le dijo la enfermera que me entregó en sus brazos –cagaíta al pai, me ocurre exactamente lo mismo.  Hoy decidí escuchar sus conciertos de violín favoritos –particularmente Bruch y Beethoven y presté particular atención a ciertos pasajes que son tan sublimes que por momentos contuve la respiración para que nada perturbara la experiencia.  Y sí –hubo lagrimitas.

Hoy, Día de los Padres, doy nuevamente gracias por el padre que tuve.  Gracias a él puedo tener conciencia de que hay muchos niños y niñas que no han tenido buenas experiencias con sus padres e incluso, algunos ni saben quién es. Gracias a él, busco la manera de llevar a cabo pequeñas acciones para lograr cambios en nuestra sociedad, de forma tal que tengamos relaciones más saludables con nuestra familia y vecinos. Gracias a mi Papito, soy consciente de que he sido bendecida y que pese a algunas dificultades que no son mayores a las de otros, esa niña feliz aún me habita.

Feliz Día de los Padres, Papito

20 de junio de 2021

martes, 11 de mayo de 2021

Dechado

 

                                                   Dechado Colección Teodoro Vidal Fundación Luis Muñoz Marín. Foto José Orlando Sued


DECHADO DE VIRTUDES

He escuchado esta expresión en varias ocasiones, refiriéndose a una persona con excelentes cualidades.  He sido afortunada en haber conocido varias personas que pueden ser calificadas de este modo.  Hacía tiempo que no escuchaba la expresión y hoy me topé con la palabra dechado en un contexto totalmente inesperado.  Asistí a la dedicatoria de la sala de visitantes de la Fundación Luis Muñoz Marín con el nombre de Don Teodoro Vidal, a quien no tuve el gusto de conocer, pero ya sabía de su inmensa contribución a nuestra historia.  Como voluntaria de la Fundación, he estado expuesta a los documentos con los que trabajamos para su preservación y he tenido el privilegio de ver otros aspectos de nuestra cultura que se custodian allí.

Mi primera exposición a los predios de la Fundación se remonta a mucho antes de que existiera como tal, cuando acompañé a Papi a visitar la casa de Muñoz en Trujillo Alto. En ese entonces, salvo saber que él era el gobernador, no tenía idea de todo lo que implicaba su persona.  Eso lo supe después, como adulta y he visitado los predios en innumerables ocasiones.  Siempre me conmueve ver lo apretado de los espacios de la modesta casa de un solo baño, los objetos de madera y loza que evidentemente tenían mucho significado para sus moradores, los dibujos de los nietos forrando las paredes del minúsculo baño y la pegatina de la pava en un recuadro de cristal en la puerta de la cocina.  Si una no supiera que allí vivió un ex gobernador, pensaría que era la modesta casa de una familia clase media en cualquier pueblo de la isla.

De Muñoz se ha dicho mucho, no siempre en términos favorables.  Particularmente en los últimos tiempos, tras la creación de la Junta de Control Fiscal y el caso Sánchez Valle, se le acusa de haber perpetrado un colosal engaño al pueblo.  Yo no lo veo así, pero cada cual interpreta la realidad de acuerdo a su visión del mundo.  Perfecto no era; después de todo, nadie lo es. Lo que nadie puede discutir –o al menos no debería- es su afán por establecer nuestra identidad cultural a través de organismos como el Instituto de Cultura, el Festival Casals, la División de Educación a la Comunidad y tantos otros esfuerzos a los que se unieron intelectuales de Puerto Rico y del extranjero.

Cuando me retiré del servicio público, quise unirme como voluntaria a la Fundación, para de cierta forma retribuir todo lo que he recibido como puertorriqueña producto del legado de Muñoz.  Como me ha ocurrido en otras instancias de mi vida, al dar de mí he recibido mucho más de lo que di. Al dedicar tres horas semanales a la Fundación ayudando a catalogar documentos y algún tiempo adicional en otras actividades, he ganado en experiencia y conocimiento sobre nuestra historia y cultura, además de rodearme de gente muy especial, con profundo amor por nuestra Patria.  Fruto de esa experiencia fue tener el privilegio de ver la colección de objetos que Don Teodoro Vidal puso a disposición de la Fundación y que están siendo catalogados para exhibirlos en un futuro. Hay vasijas, tallas, instrumentos musicales, implementos de uso personal; en fin todo tipo de artículos vinculados a décadas de la vida de los puertorriqueños y puertorriqueñas.

Al dedicar la sala de visitantes hoy, la Fundación creó un panel de lujo, conformado por las Doctoras María de los Ángeles Castro, Teresa Tió y Soraya Serra, moderado por Carmen Dolores Hernández.  Lo que allí se dijo de Don Teodoro Vidal (q.e.p.d.) me confirmó lo que ya había escuchado de él – se trataba de un ser noble, comprometido no sólo con preservar nuestra cultura más allá de hacer aportaciones intelectuales, sino también haciendo aportaciones materiales, ya que muchos de los objetos eran pagados por él.  La ponencia de la Doctora Castro reveló la dedicación de Don Tedy, como le llamaban cariñosamente durante su trabajo en Fortaleza como ayudante y su colaboración con Doña Inés para impartirle el carácter puertorriqueño al mobiliario de la Fortaleza y la localización de la antigua cocina.  En mi caso, oír cocina siempre capta mi atención.  También se aludió a la proyección de películas para evaluar su adecuacidad en actividades, lo que ciertamente y para quienes la conocemos sabemos, llamó la atención de la moderadora. 

La presentación de la Dra. Serra, a quien no conocía, aportó a conocer la calidad humana de Don Teodoro, quien la recibía en su casa con un vaso de maví cuando se reunían para catalogar objetos y los esfuerzos para exhibirlos en actividades locales.  A mí no me gusta el maví, pero sospecho que hubiese aprendido a saborearlo si un ser tan especial como Don Teodoro me lo hubiese ofrecido.  Fue la Dra.  Serra quien culminó el panel con un retrato tierno de Don Teodoro y me produjo un dejo de tristeza  no haberlo podido conocer, pero fue la presentación de la Dra. Tió la que inspiró este escrito.

Aludió a los diversos objetos que Don Teodoro logró rescatar, como por ejemplo la Virgen de los Reyes, razón por la cual quise mirar las páginas la publicación que se nos obsequió, con exquisitas fotografías de los objetos, que incluyen pinturas de Campeche.  Las fotos y el relato despertaron en mí el deseo de conocer más sobre estas pinturas, particularmente porque en el caso de una de ellas la Dra Tió alude a  una historia de amor de la mujer que aparece en uno de los óleos.  Mi lado romántico quiere conocer esa historia.  Pero fue un objeto mucho más sencillo el que inspiró este escrito y cuya foto lo adorna.

Hoy descubrí que esa muestra de bordado en punto de cruz que se usaba para enseñar a las jóvenes a bordar, se llama dechado.  Al ver la foto, me acordé de mis tiempos en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Manatí, donde cursé el séptimo y octavo grado. El Colegio -administrado por monjas españolas- era sólo para niñas en ese entonces y se ofrecían, además de los cursos usuales, clases de cocina y bordado.  La clase de cocina me encantaba, pero debo decir que odié el bordado.  Me entregaron un paño para practicar diversas puntadas, que debía finalizar con el abecedario completo realizado en punto de cruz.  Yo veía los hermosos paños de mis compañeras, quienes en poco tiempo comenzaron y hasta terminaron el abecedario.  Yo no llegué ni a la A.  Mi paño era como uno de cocina, con manchas y todo.

Y el recuerdo del paño de bordado me llevó a tantas memorias de lo que significaba en mi niñez prepararme para ser mujer y tener un hogar, lo cual según las monjas incluía saber cocinar y bordar.  Recordé también aquélla canción de

Arroz con leche se quiere casar,

 con una viudita de la capital;

que sepa tejer, que sepa bordar,

que ponga la aguja en su campanal…

 

Pues con esos requisitos no me hubiese casado, porque odio tejer, bordar y coser.  Ah, pero la cocina es otra cosa, que hago porque quiero, porque lo disfruto, no porque considere mi obligación.   Y a fin de cuentas, hay millones de mujeres que no saben cocinar y son felices.  Pensé entonces en la importancia de los objetos, que cuentan una historia de las personas que los poseyeron.  Así un bastón no es meramente un bastón –fue el apoyo de alguien que enfermó o sufrió una caída mientras hacía su vida.  Una peineta no es sólo una peineta, sino que fue adorno para una mujer con lustrosa cabellera que tal vez vio deslucir con el pasar de los años. Un paño de bordar no es meramente un paño de bordar -es la pieza que una joven tuvo una vez en sus manos, pensando en que se preparaba para lo que consideraba propio de su género o de otra, que a menudo se resistió a lo que era impuesto y prefirió dedicarse a lo que le hiciera feliz.

Los objetos que Don Teodoro logró preservar para futuras generaciones nos hacen reflexionar sobre lo que hemos sido, pero más que todo, nos inspiran a ser como Don Teodoro, un dechado de virtudes.

11 de mayo de 2021

 

 

 

 

 

 


domingo, 9 de mayo de 2021

Falta una

 



FALTA UNA

Hoy celebramos el Día de las Madres.  La mía murió hace 48 años, sin que yo tuviese la oportunidad de tener largas conversaciones con ella sobre lo que había sido su vida y cómo se convirtió en la mujer que era.  Pienso que esas conversaciones me hubiesen ayudado mucho a entenderla y apreciarla más de lo que hago.  Con el pasar de los años, he ido formando un rompecabezas –un pedacito aquí, otro allá, para visualizar quien era esta extraordinaria mujer a quien no alcancé a conocer plenamente.

Mi mamá respondía al patrón tradicional de lo que debía ser una mujer según su época y tristemente,  para much@s – todavía.  Era ama de casa, cosía, cocinaba divino y mantenía una casa impecable, de esas que se dice que se podría comer en el piso.  Su lema favorito era “las cosas se hacen bien o no se hacen”.  Mantenía una férrea disciplina, que muchas veces resentí, pero con lo que ya me he reconciliado y hasta he aceptado gran parte del lado positivo.  Por otro lado, no era una mujer pasiva y su rol en el matrimonio con Papi no era uno de mujer subyugada.  Papi valoraba sus opiniones y muchas veces sus decisiones estuvieron basadas en éstas.

Como parte del rompecabezas de Mami que empecé a armar, he pensado mucho sobre cuánto influyó en su carácter el fallecimiento de mi hermanita Ileana a la edad de un año, cuando yo tendría tres.  De eso no se hablaba, así que tras la muerte de mi papá, con quien no abordé el tema, me he quedado con grandes interrogantes.  La foto que acompaña este escrito presumo que es de nosotras dos en el corralito, con un asomo de la falda de mi mamá.  No tengo a quien preguntarle, pero para el caso no importa.  Tras la muerte de Ileana, a mi mamá le faltó una.

En estos días he pensado mucho en las madres a quienes les falta un@.  En un día como hoy, deben sentir aún más ese vacío.  Las imágenes de rostros sonrientes, cargados de regalos y flores para mamá despertarán un sentido de ausencia, de esperar ese abrazo que no podrá llegar.  Hoy yo quisiera tener a mi mamá para abrazarla y quisiera que ella no hubiese perdido a Ileana, para tenerla durante todos los días que vivió teniendo sólo una.

Feliz Día de las Madres, Mami, de tus dos hijitas.

9 de mayo de 2021