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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

lunes, 6 de marzo de 2017

POPLÍTEO




POPLÍTEO

Jamás había escuchado la palabra. Me hallaba en mi clase de yoga, en una postura sencilla; es decir, todavía no me había colocado en una de esas contorsiones que hacen a una parecer un pretzel.  De hecho, en mi caso sería un intento de pretzel, porque todavía no tengo flexibilidad suficiente.  Mi maestro  Yakeen nos indicó que colocáramos las manos en los poplíteos.  ¿En los quééé?, dije para mis adentros, porque asisto a una clase con personas mucho más adelantadas que yo, que seguramente sabían dónde iban a colocar sus manos.

No me quedó más remedio que preguntar, porque de lo contrario no hubiese sabido dónde colocar las manos.  Al hacer la pregunta, lo hice en medio de risas, porque lo cierto es que poplíteo me resulta gracioso.  A mí me suena como a algo redondeado, lo que pudo haberme llevado a colocar las manos en los glúteos o el área de los ovarios.  Si fuese varón hubiese resultado algo embarazoso.

Si no hubiese estado en la clase de yoga, poplíteo me suena como a filósofo griego – entendería que Poplíteo le hacía compañía a Sófocles, Eurípides o Platón.  También suena a personaje de esos pasos de comedia del mediodía –sería un viejito despistado –Don Poplíteo, a quien le dirían Don Popli de cariño.  También me suena a ángulo, como los de los triángulos isósceles o escaleno. 

Cada vez que oía la palabra poplíteo, me reía con gusto.  Hay palabras que son graciosas por su sonido, como las hay que son feas –ese es el caso de la palabra sobaco.  Pensé que quizás la encuentro fea por asociación, pero axila no es una palabra fea.  De hecho, axila suena como a súper héroe femenina –Axila, cuyos poderes emanarían, precisamente del lugar que le daría nombre.  Sicote, que su sola mención hace que frunzamos el ceño, no es una palabra fea; de hecho, suena como a bebida ancestral mejicana.  No toda palabra que designa algo desagradable es fea.

A veces hablamos de una “peste a cebollín” que emana alguna persona sudorosa, pero cebollín no es una palabra fea.  A mí me suena como a personaje de cuento infantil. Coquí es una palabra linda, por asociación y por derecho propio, al menos para mí. Las palabras me suenan lindas o feas –no necesariamente malas o buenas.  Hay palabras de las llamadas “malas”, que no son feas; de hecho, son para mí neutrales, como por ejemplo la de cuatro letras que tiene ñ.  Es como del montón.  La otra con ñ que es mucho más larga, es una palabra contundente.  Y he ahí una palabra bonita –con-tun-den-te.  Hago uso de esa palabra en muy pocas ocasiones, porque es como decir artillería pesada.  Creo que en estos tiempos se abusa de ella –algo así como usar una escopeta para matar una mosca.  Una palabra así se guarda para ocasiones meritorias –como para cuando nos han ofendido, traicionado o se nos cae algo bien pesado en el dedo gordo –si es más liviano con la cortita basta.

Yakeen finalmente me explicó qué son los poplíteos, lo que también me llevó a preguntar si hay dos poplíteos en cada área y no -es un poplíteo por área.  Para los que no sepan, el poplíteo es un músculo localizado en las corvas.  Si no sabe lo que son las corvas, haga una búsqueda en  la RAE y diviértase un ratito con las palabras lindas, las feas y las del montón.

6 de marzo de 2017


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