MIS FOTOS FAVORITAS DE CUBA
Ensayos honestos, libres, alegres unos, tristes o indignados otros, sobre las experiencias de vida de una puertorriqueña orgullosa de sus raíces.
Datos personales
- Ana A Olivencia
- Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…
sábado, 22 de julio de 2017
jueves, 20 de julio de 2017
Enfocar
ENFOCAR
Últimamente
he dedicado bastante tiempo a pensar sobre mi vista. Desde hace como dos años comencé
a tener problemas adicionales que ocasionan que no vea con la nitidez que mis
espejuelos me habían permitido. No es nada trascendental – le ocurre a mucha
gente por diversas razones –genética, edad, hábitos y los imponderables; o sea,
que el médico no sabe a qué se debe. Y
hay quienes se impacientan con esto último,
porque piensan que el médico siempre debe tener una respuesta. Pues no.
Contrario a lo que muchos galenos se piensan de si mismos y otros tantos
le refuerzan, el médico no lo sabe todo ni es Dios. No voy a entrar en detalles de la condición,
porque no es importante para lo que quiero expresar, aparte de que resultaría
aburridísimo.
La semana
pasada me puse a contemplar unas gotitas de agua suspendidas de unos racimos de
coquitos que brotan de una palma ornamental en el patio de la vecina. A mi vista,
las gotas se me asemejaban a las lucecitas pequeñas de las guirnaldas de Navidad. A veces también veo las gotitas en el alero y
parecen un adorno natural que destella luz.
Intenté capturar la imagen con la cámara de mi celular, pero no logré el
efecto deseado, por lo que acudí a mi cámara regular, que no es una
profesional, pero es buen equipo para alguien que le gusta fotografiar como
diversión. Había llegado de mi viaje a
Cuba y tomé como 300 fotos, muchas de ellas de objetos o lugares que pasan
desapercibidos para mucha gente. Hay
flores, carros de frutas, gatos, parte de un reluciente bonete rojo de un carro
antiguo, un carrito anaranjado chiquitito, que parece de juguete, una bandera
cubana flotando ante un cielo azul limpísimo, en fin decenas de imágenes que me
impactaron.
Hubo
muchas otras imágenes que el lente de mi cámara y mi poco conocimiento de
fotografía no pudo capturar, al igual que una imagen espectacular de un templo
en el cabo Sunion de Grecia. Aquélla
imagen era tan espectacular que no había forma, al menos para mí, de capturar
lo que mis ojos estaban viendo. La
imagen no está en una foto, ni en guías de viaje, ni en postales, pero está
grabada en mi memoria, de donde espero no se borre nunca.
Al
regreso de mis viajes comparto las fotos con amistades y hay mucha gente que me
comenta -¿y cómo tu viste eso? Yo estuve allí y no lo vi. Pienso que tiene que ver con el enfoque, pero
no el enfoque de la cámara, sino en nuestro propio enfoque. ¿En dónde estamos poniendo nuestra
atención? Por las razones que sean, yo
tiendo a ver detalles que pasan desapercibidos a muchos. Es como decir que veo el bosque, pero me
enfoco en el árbol, en la rama, en la hoja.
Tal vez por eso me impactan las historias individuales en las grandes
tragedias. Sin lugar a dudas, es
importante mirar tanto el bosque como el árbol y el mundo necesita tanto de
aquéllos que se enfocan en el bosque como de los que nos enfocamos en el árbol.
Me
resulta interesante además, como muchas personas se enfocan de tal modo en
aspectos negativos o totalmente irrelevantes, que les impide disfrutar de toda
la belleza y bondad que existe en el mundo.
Mientras yo miraba extasiada el entorno del templo de Poseidón en Cabo
Sunion, escuché a un grupo de mujeres debatiendo a dónde iban a cenar esa
noche. ¿En serio? Estábamos ante una vista espectacular, que
tal vez no tendremos el privilegio de volver a ver y estas mujeres apartaban la
vista para mirarse unas a otras y usar ese precioso tiempo para debatir dónde
ir a cenar.
Ningún viaje
es perfecto y siempre habrá inconvenientes y algunas cosas desagradables, pero
me sorprende como muchas personas ponen énfasis en malos olores, basura, malos
tratos, mal tiempo, incomodidades, malestares, padecimientos, mientras yo a veces
ni siquiera he notado eso, o he estado tan fascinada con lo hermoso, con la
bendición que es poder viajar, que le resto importancia a los
inconvenientes. Y eso aplica también al
viaje de la vida. No vivo en Lalalandia,
pero cuento mis bendiciones y hago lo posible por mejorar las situaciones
personales y las de los que me rodean.
No logré exactamente la foto que quería con las gotitas de luz, pero al
menos lo intenté y siempre tendré la imagen grabada en mi mente.
20 de
julio de 2017
jueves, 6 de julio de 2017
GUINEÍTOS
REFLEXIONES EN TORNO A UNOS GUINEÍTOS
Hace unos
días vi en Facebook uno de esos
mensajes positivos que disfruto, el cual exhorta a tomar unos minutos cada día
para dar gracias por todo lo que se tiene.
Hace muchos años que aparto algún tiempo para agradecer las muchas
bendiciones que he recibido, pero hace tan sólo casi dos que comencé un diario
de agradecimiento. Todos los días, salvo
uno que otro desliz, escribo algo por lo que estoy agradecida. Hay agradecimiento por lo grande, como la
vida, los sentidos, los padres extraordinarios que tuve y los amigos que
constituyen la familia que he escogido.
Por
momentos, quedo pensativa, sin vislumbrar por qué exactamente voy a dar
gracias. Esos son los momentos de dar
gracias por el café, por los silencios, por el descanso. Nada como una noche de insomnio para
percatarnos de la bendición que es una noche de sueño reparador. Hoy me enfoqué en el agradecimiento por unos
guineítos que me trajo mi prima Socorrito – ella de por sí es motivo para otro
agradecimiento, pero ese será otro escrito.
Como eran muchos guineítos para mí sola decidí hacerlos en escabeche y
así podría compartirlo con otras personas.
Preparar
los guineítos me hizo pensar en la bendición que es la hermosa costumbre que
tenemos en nuestro país de compartir algo sencillo –un aguacate, unos limones, ¡unas
guayabas!, unas mallorcas, quenepas, plátanos, ¡panapén!, una “yunta” de
pasteles, un pedacito de bizcocho, de flan, de coquito, una rosa del jardín –es
eso que nos llega de improviso, de manos de un pariente o un vecino. Esos son pequeñas bendiciones, a las cuales
tal vez no les damos la importancia que tienen.
La
reflexión de los guineítos me llevó a pensar en bendiciones un poco más
elaboradas, como los platos que mi amiga Leila compartía conmigo. Uno de ellos era el pie de pollo –la versión
casera de un plato tradicional norteamericano: chicken pot pie. De vez en cuando me llamaba para avisarme que
había preparado varios y pasara a buscar mi ración, llamado al que acudía
presta y gozosa. Sentarme a disfrutar
uno de esos pies era un deleite –una masa
de pastel doradita, tostadita, que solía rendir para que me durara con cada
bocado del interior. Dentro del pastel,
que debía abrir con cuidado para no quemarme con el vapor, había trozos de
papa, zanahorias, apio americano, cebolla, todos frescos, con maíz y guisantes,
combinados con pedazos de pollo. Casi
siempre mi paladar terminaba en tiritas, porque no podía esperar a que el
pastel se enfriara para disfrutarlo.
Leila
compartió conmigo muchas delicias y debo decir que yo también compartí con ella
platos que confecciono con el mismo entusiasmo y amor por la cocina. Aprendí a hacer los pies y hoy precisamente preparé varios, que congelé para hornearlos
luego. Mientras los preparaba tuve a
Leila muy en mente –ella es de esas bendiciones mega especiales y como mi prima
Socorrito, aparece varias veces en mi diario de agradecimiento.
Los
guineítos me llevaron a pensar en las bendiciones grandes y pequeñas que recibo cada día. Por ellas, doy gracias.
6 de
julio de 2017
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
