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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

martes, 29 de abril de 2025

Ciao, bravo uomo

 




CIAO, BRAVO UOMO

Yo me crié católica, pero con el tiempo me fui apartando de una religión que me parecía demasiado rígida, muy aferrada a los rituales que la mayor parte de las veces veía se hacían en automático.  La desvinculación final vino tras la muerte de mi madre, pero esa es otra historia.  Hace más de 20 años participé de un seminario de los llamados New Age, al cual asistieron varias personas de la iglesia Unity y me hicieron una invitación para asistir a su servicio del Domingo de Pascua.  Continué asistiendo a los servicios por varios meses, hasta que el ministro asignado a ese templo se fue y hubo una sucesión de oficiantes, sin estabilidad.  Dejé de asistir, pero al día de hoy me mantengo leyendo el folleto de La Palabra Diaria, lo que se ha convertido en una necesidad para mí.  De lo que ocurría en la Iglesia Católica no sabía mucho, pero sí me llamó la atención la elección del Papa que llegó de la Argentina y pasó a llamarse papa Francisco.

El hecho de que escogiese ese nombre, en honor a San Francisco de Asís, me llamó la atención.  San Francisco es un santo muy especial, con una visión integral del mundo, donde los seres humanos, los animales y la naturaleza son parte de un sistema integrado.  Su Cántico a las criaturas es evidencia de ello.  Visitar el área de Asís es entrar en el aura de paz que permanece en el área cuna del amoroso santo.  Y papa Francisco le hace honor al hombre cuyo nombre adoptó.  Comencé a ver transmisiones de las misas presididas por él, muchas veces en idiomas que no podía entender, con cánticos del África y otros lugares remotos.  Este hombre sencillo, tierno, sonriente, me cautivó, como cautivó a miles a través del mundo.  Su sonrisa enternece; no en balde habló de la revolución de la ternura.

Y esa revolución abarcó una apertura hacia sectores previamente rechazados: las personas divorciadas, los migrantes, los miembros de la comunidad LGBTTQ+ y abrió camino para una participación más activa en actividades relevantes por parte de las mujeres. Afrontó los graves señalamientos de abusos sexuales por parte de sacerdotes y pidió perdón a nombre de la iglesia por los crímenes cometidos.  Sus valientes posturas le ganaron enemigos, pero la revolución de la ternura ha resultado victoriosa.  Su humildad era evidente en su vestimenta y en el pequeño auto que utilizaba para trasladarse.  Vivió en un anexo del Vaticano, la Casa Santa Marta, un lugar mucho más modesto, donde incluso pidió ser velado en un sencillo ataúd de madera previo a partir para sus exequias en la Basílica de San Pedro.  Solía visitar las prisiones y varias veces llevó a cabo la ceremonia del lavado de los pies a los confinados, como señal de humildad y amor al prójimo.  De hecho, el pasado Jueves Santo visitó una prisión, aunque por su estado de salud no pudo llevar a cabo la ceremonia.

Papa Francisco era totalmente congruente en su conducta, que permaneció igual desde su paso como sacerdote hasta llegar al más alto puesto en la Iglesia Católica.  Disfrutaba de estar en contacto con el pueblo; decía que los sacerdotes tenían que ser pastores con olor a oveja.  Se le veía disfrutando un mate, aún en los vetustos recintos; era amante del fútbol, socio del club de San Lorenzo. Son incontables las historias de personas del pueblo que se le acercaban y él los escuchaba con atención. Su intercambio con un niño que lloraba en una sesión ante una muchedumbre es muestra de la gran capacidad para amar sin juzgar.  El niño no decía por qué lloraba, por lo que papa Francisco le pidió que se acercara y le dijera al oído.  Tras preguntar si lo podía revelar, nos dejó saber que el niño se angustiaba al pensar que su papá fallecido no iría al cielo porque aunque era un buen papá -o como dijo en italiano, un bravo papá que se ocupó de que todos sus hijos fueran bautizados, era ateo.  ¿Cómo Dios va a rechazar a un buen hombre, que fue un bravo papá? Esa fue una de varias escenas que me hizo llorar de la emoción.

En una de las tantas escenas de documentales que se hicieron sobre su vida, se ve a papa Francisco en su papa móvil, frente a las multitudes empobrecidas que le aclamaban, mientras se escucha una de las canciones que Mercedes Sosa, esa gran cantante argentina hizo famosa: Solo le pido a Dios, que la guerra (el dolor, lo injusto, el engaño) no me sea indiferente…  Y para este hombre sencillo nada de lo que nos causa dolor le era indiferente, así como no le era indiferente, atisbar a lo lejos una monja que conoció desde sus años en Buenos Aires y pedir que detuvieran el papa móvil, para él bajarse a saludarla con un abrazo.  Fueron muchos los abrazos que prodigó a la gente sencilla.  No se sentía cómodo en lugares lujosos, por eso escogió vivir en la casa-hotel de Santa Marta.  Siguió usando sus zapatos ortopédicos negros, los que nosotros conocemos como bodrogos, en lugar de los sofisticados zapatos rojos que calzan los papas.  Y como si lo necesitara -él que aparte de olor oveja tiene olor de santidad- pedía que no nos olvidáramos de rezar por él.

Papa Francisco falleció el lunes después del domingo de Resurrección, tras una prolongada enfermedad.  El  domingo de Pascua se asomó y saludó a los fieles congregados y más tarde salió en un pequeño recorrido por la Plaza San Pedro en el papa móvil.  Sería su último recorrido en vida.  Su sencillo féretro fue expuesto en la misma casa donde vivió y su cuerpo vestía la túnica roja distintiva para la ocasión. Al mirar a sus pies, se veían sus bodrogos negros, los que pudo haber cambiado en ese momento por los vistosos rojos característicos de los papas, porque después de todo, ya no iba a caminar, pero eligió seguir siendo él. 

Fueron muchos los gestos que me enternecieron el sábado pasado, cuando me levanté a las 3:30 am para algo totalmente inusual en mí -presenciar una misa.  De algún modo sentía que debía despedirme de este hombre.  Su féretro fue llevado a la Basílica de San Pedro, a la que asistirían miles a desfilar frente a su cuerpo, pero contrario a otros papas, él quiso ser sepultado en la Basílica Santa Maria Maggiore.  Allí acostumbraba acudir a venerar la Virgen, frente a un cuadro que se conoce como Salus Populi Romani, particularmente a su salida y regreso de un viaje.  Solía llevar flores y rezar por un momento frente al cuadro.  Como hay una distancia considerable entre ambas basílicas, el féretro tenía que ser transportado en un vehículo.  Me causó mucha emoción ver que el papa móvil desde el que tentas veces saludaba a las multitudes, ahora llevaba su féretro.  Me parecía ver la figura de papa Francisco saludando, como si su esencia siguiera allí.  La multitud apostada a lo largo de la ruta lo despedía con aplausos.

Al llegar a su último lugar de reposo, los encargados de cargar el féretro se detuvieron a la entrada, mientras fieles presidiarios, inmigrantes y miembros de la comunidad LGBTTQ+ le precedieron, en un ejemplo más de lo que significa el verdadero amor que no juzga.  Los desposeídos se despedían de su más fiel defensor. Al entrar, se escuchaba el coro de la basílica y 4 niños colocaron flores frente al cuadro que tantas veces papa Francisco veneró, como si lo hicieran por él.  La tumba solo llevará un simple nombre: Franciscus y una reproducción de la cruz que solía llevar al pecho.  Con esos gestos, se puso fin a una vida coherente, a un hombre que demostró ser siempre el mismo.  Nos ha dejado un ejemplo de amor y alegría de vivir.  No sé si volveré a ver un hombre dentro de una organización con la capacidad de influir sobre millones de personas con su sensibilidad y profundo amor al prójimo.

Me siento bendecida de haber vivido en este tiempo, para presenciar la figura de un hombre tan singular, capaz de inspirar a quienes somos un tanto ariscos a las ceremonias y los dogmas.  Ojalá su influencia motive a otros seres humanos a seguir su ejemplo. Ciao, bravo uomo e non dimenticare di pregare per noi.

29 de abril de 2025

 

 


1 comentario:

  1. Ana, q bello e histórico relato, me emocionó mucho, gracias por compartir💐💞💐

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