Y LA EMPATÍA SE FUE DE PASEO CON
ROPITA CHIC
Yo no sé si a ustedes les pasa como
a mí, que van acumulando un malestar, hasta que, por alguna razón aparentemente
inconexa, revienta. Llevo desde enero
viendo con horror los operativos contra la comunidad dominicana por parte de
las agencias federales, en respuesta a la promesa de campaña del innombrable
que ocupa la Casa Blanca de enviar de vuelta a todos los residentes con estatus
migratorio indefinido, con la excusa de que son criminales. Y la recién estrenada gobernadora dijo que
los dominicanos no tenían que preocuparse porque las redadas iban dirigidas a
los que cruzaban la frontera desde Méjico. Ese mismo mes inició la persecución
despiadada en lugares donde se reconoce se concentra un gran número de
dominicanos. Mientras, en la metrópoli
se veían imágenes de los arrestos, que llegaron a incluir a un militar Boricua
y a un hombre fue enviado por error a la cárcel de pesadilla en El Salvador. Pese a que el gobierno de E.U. admitió que
era un error, se negó a traerlo de vuelta y en El Salvador alegaron que no
tenían autoridad para devolverlo, en algo que parecía sacado de una película de
terror.
En Puerto Rico, me estremecen las
historias que se repiten: el hombre que salió a comprar un aguacate y no
regresó; la mujer con autorización legal para estar en el país y que fue a
sacar un permiso en Cabo Rojo y un policía municipal llamó a los agentes
federales y tras no saberse de su paradero, se supo que estaba detenida en
Texas. El chota de Cabo Rojo quiso congraciarse con el gobierno federal,
supongo que esperando recibir algún beneficio.
Ya se dice por lo bajo que las agencias federales han establecido cuotas
de arrestos, por lo que es lógico pensar que en este feeding frenzy de
atrapar supuestos criminales, se capturen personas que están legalmente en el
país y hasta a ciudadanos americanos, lo cual justificarán con un ups!, me
equivoqué, como si se tratara de un error sin mayores consecuencias y no un
acto que causará graves traumas emocionales a los detenidos y sus familias.
Y en fechas más recientes, la
directora de la oficina de Homeland Security en Puerto Rico (HSI),
Rebeca González, estuvo de media tour para intentar justificar las
acciones de su oficina, amparándose en que ella meramente cumple con la ley,
que siempre ha estado ahí, pero que hasta ahora no se había hecho cumplir en
toda su dimensión. Había dicho en
entrevistas iniciales, que no se estaban haciendo expediciones de pesca, sino
que se iba en busca de criminales. Unjú.
A preguntas de un periodista de si
no se avergonzaba de sus acciones, ella dijo que no se avergonzaba de cumplir
con su trabajo. Yo siempre he creído que
un funcionario público debe cumplir con la ley, los reglamentos y las normas,
dentro de un marco de razonabilidad y respetando la dignidad humana. Pero eso es una cosa y otra es querer ser más
papista que el papa. Otra es mentir,
diciendo que no existen cuotas, cuando es fácil deducir que tienen que haberse
difundido cuotas o metas de captura, aunque eso no esté escrito en reglamento o
norma alguna. Todo lo que dijo lo hizo
con su expresión corporal fría, mecánica.
No se percibía una incomodidad al tener que hacer una labor que resulta
repugnante.
He escuchado a much@s decir que el
que está en el país de manera ilegal, debe atenerse a las consecuencias. Como dijo el ex gobernador a quien no le
tengo aprecio, con la boca es un mamey. Desde el privilegio es fácil
juzgar. Hay inmigrantes que han llegado de países donde tienen situación
económica estable y hasta cómoda- vamos, un blanquísimo Elon Musk de la vida,
quien llegó inicialmente de Sudáfrica a los Estados Unidos con visa de estudios,
como muchos estudiantes que ahora están en peligro de perder esas mismas visas.
Esos pueden darse el lujo de tramitar una residencia legal con tiempo y
gastando una cantidad sustancial de dinero. Cuando la persona ingresa de manera
ilegal, ya bien sea aquí en yola o atravesando desiertos y ríos peligrosos en
la frontera de Méjico, si quiere establecer residencia legal tiene que cumplir
con requisitos estrictos, que muchas veces son difíciles de cumplir, como
demostrar que ejerce una profesión u oficio que le permite ganarse el sustento,
cuando llegan sin tener empleo. También
puede demostrar que su vida está en peligro, como víctima de violencia
doméstica o política. Hay casos en que la persona tiene que regresar a su lugar
de origen, para solicitar desde allá el ingreso que puede tardar años en
otorgarse, sin garantía.
Las leyes de inmigración tienen
complicaciones y caminos tortuosos como laberintos que a veces llevan a
callejones sin salida, lo que las hacen más complicadas aun para abogados o el
ciudadano común, que no será para un inmigrante desesperado sin capacidad de
pagar honorarios de abogado o con límites de tiempo para poder recibir
orientación de organizaciones no gubernamentales que presten esos servicios de
forma gratuita. Muchas de estas
personas, como los haitianos, llegan huyendo de gangas que les han amenazado de
muerte, por lo que hacen lo indecible para escapar. Su escasa, por no decir ninguna escolaridad,
les impide orientarse adecuadamente y son presa fácil de los inescrupulosos que
los transportan en frágiles embarcaciones que a veces no llegan a su
destino. Este es el doloroso calvario de
millones de emigrantes a través de todo el mundo.
Ayer, al otro día de ver la entrevista televisiva a Rebeca González, supe por pura casualidad, mientras cambiaba de estación radial camino a casa, que estaba corriendo por las redes sociales que la susodicha, por no usar la palabra que me viene a la mente cada vez que oigo su nombre, tenía una página en internet en la que vendía ropa. Me fue de suma utilidad haber estudiado francés en la IUPI -tan asediada en estos días, pero esos son otros 20 pesos- escuchar el nombre mal pronunciado de la página, por lo que deduje que era Moda Travail (trabajo). De inmediato la encontré – Moda au Travail- ahí la vi, tan plástica y con esa voz sin emoción, con levísima sonrisa y luciendo las ropitas. Como decimos aquí, se me prendió to’ lo malo. Pensé que tal vez borraría la página, como después hizo, así que le tomé una captura de pantalla.
Me había sentado a comer algo con un vaso de sake y me tuve que tomar medio más, porque el grado de indignación era -y sigue siendo- superlativo. Esta mujer, mientras dirigía esos operativos, tenía esta página, que aunque alegue era algo que hacía en su tiempo libre, es una afrenta al dolor humano. ¿En qué cabeza cabe que alguien con alto perfil en el gobierno federal, que se dedica a perseguir seres humanos que solo quieren vivir en libertad (qué ironía) pueda al mismo tiempo embarcarse en una actividad tan banal? Tengo que presumir que tiene un jugoso salario en el gobierno federal, aparte del que se recibe su esposo en la Policía de Puerto Rico. No hay nada malo en tener un negocio en el tiempo libre, pero es cuestión de ser empático y saber que este no es el momento. Se ha dicho que ella lucía la ropa en las entrevistas que hacía como parte de su trabajo y que luego colocaba esto en su página, pero no tengo evidencia de ello. Si así fuera, la deben investigar a la saciedad y que cargue con las consecuencias de sus actos.
Comencé aludiendo al malestar que vamos acumulando. Por momentos me he expresado, pero llevaba un tiempo en silencio sobre este doloroso tema. Para más, hice un viaje el mes pasado y me ha tomado mucho tiempo hacer el relato, el cual no he terminado. Durante ese viaje visité una capilla en la que vi una placa en conmemoración de la visita de la Cruz de Lampedusa, isla italiana a la que llegaron refugiados y la cual Papa Francisco visitó. Allí quedaron algunas de mis lágrimas al pensar en las muertes de 360 náufragos en busca de libertad, como los náufragos dominicanos que no pueden alcanzar el sueño americano que se ha convertido en pesadilla.
Ayer pensé que primero terminaría el relato
inconcluso y luego abordaría este tema, pero las actuaciones de esta señora
hicieron que estallara la rabia contenida.
No tiene explicación por qué tantas otras situaciones que ocurrieron
luego de mis escritos iniciales no me hicieron escribir. Tal vez es el coraje
ante el retrato de la falta de empatía por parte de una mujer que se escuda en
el cumplimiento del deber, como tant@s otr@s -incluyendo a la gobernadora- y se
les nota que no se les conmueve el alma.
12 de junio de 2025




No hay comentarios:
Publicar un comentario