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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

martes, 18 de agosto de 2020

Tatismo

 



TATISMO

Ahora que hay una obsesión con encontrar la vacuna contra el COVID-19, me parece importante que no perdamos de vista la necesidad de vacunarnos contra el Tatismo, término que se me ocurrió ayer, tras los últimos acontecimientos.  Tras un segundo intento para celebrar las primarias en el Partido Popular y el Partido Nuevo Progresista, el evento se pudo realizar, pero ciertamente no borra el desastre vivido el 9 de septiembre, cuando hubo que suspender el proceso porque en muchos lugares las papeletas llegaron tardísimo y en otros, ni siquiera llegaron.  No hay duda que para efectuar una elección pueden faltar muchas cosas, pero sin papeletas, no hay nada que hacer.

Eso de que falten papeletas me recuerda una experiencia que tuve hace tiempo, en la que planifiqué un menú para recibir invitados.  No recuerdo qué iba a servir de aperitivo y postre, pero el plato principal eran pechugas rellenas en salsa de miel y limón, acompañadas de arroz con cebolla.  Fui al supermercado a comprar la larga lista de víveres, porque las pechugas llevaban jamón, queso suizo, tocineta, miel, limón y curry, sin contar los ingredientes del arroz y lo que fuera que iba a servir de postre.  Cuando terminé las compras, fui haciendo un inventario mental de lo que había comprado.  Casi llegando a casa me percaté que me faltaban –nada más, ni nada menos que -¡las pechugas! Pues algo así pasó el 9 de agosto con las papeletas.  El fiasco de las primarias es algo que nos horrorizó, sin anticipar lo que ayer supimos.

La representante María Milagros Charbonier, a quien se le conoce por el apodo de Tata, fue arrestada ayer en la mañana por el FBI, por haber incurrido en un esquema fraudulento para agenciarse un dinerito extra.  No voy a entrar en los detalles –creo que ya ha habido suficiente divulgación del sórdido esquema.  Lo que nos indigna a la mayoría de nosotr@s es que esta mujer era de aquéll@s que se desgarran las vestiduras hablando de moral.  Ella fue una férrea defensora de las llamadas terapias de conversión, mediante las cuales a jóvenes se les imponían unos supuestos tratamientos para hacer que rechazaran una preferencia sexual distinta a la de la mayoría, tan sólo porque para unos sectores fundamentalistas eso constituye pecado.  Poco importaba que no todos los sectores religiosos estuviesen de acuerdo o que para un sector de la población eso no fuera de aplicación por no ser creyentes.  Del mismo modo, tergiversó el concepto de la perspectiva de género, en perjuicio de tantas personas que son víctimas de una visión machista de la sociedad.

Resulta la suprema ironía que esta mujer era presidenta de la Comisión de Ética de la legislatura.  Es decir, ella lideraba una comisión que se supone vele por el comportamiento ético de l@s legislador@s.  Tal parece que ella pensó que tenía un escudo protector para que no la velara Aquél que se supone todo lo ve; que está por encima de cualquier comisión, organismo o institución creada por el ser humano.  Y la ambición la cegó, como en un momento dado cegó a Víctor Fajardo, aquél secretario de Educación de triste recordación.  Yo siempre me pregunté cómo era posible que una persona que había llegado a uno de los puestos más altos de un gabinete de gobierno –secretario de un departamento que tiene a su cargo formar los jóvenes de este país, fuese capaz de incurrir en tal desmán que mancha su nombre para el resto de su vida.

Un salario de jefe de gabinete para los tiempos de Fajardo era muy buen salario.  Todavía hoy es bueno, si no se compara con los de jefes de corporaciones multimillonarias. A fin de cuentas un@ no entra a trabajar en gobierno pensando que se va a enriquecer en términos monetarios.  Los verdaderos servidores públicos nos enriquecemos en experiencia, en la satisfacción de servir.  Cuánto recibamos es secundario. En el caso de Tata Charbonier, parece ser que se había quejado que el sueldo de unos $73,000 no le daba para vivir. ¿Y qué hacen los maestros y los policías, con salarios de una tercera parte de eso, con menos beneficios, sin seguro social para su jubilación y la amenaza de recortes adicionales en sus futuras pensiones? Mi papá solía decir que la gente que terminaba en prisión por robar fondos públicos tenía ese fin por esmaya’os.  Y es cierto.  Tanto Víctor Fajardo, como Tata Charbonier tenían dinero suficiente para vivir decentemente, si no hubiesen gastado más de lo que tenían y vivido más allá de sus posibilidades.

Yo fui servidora pública por 30 años y siempre me consideré bien paga.  Viví de acuerdo a mis ingresos y así hay miles de servidores públicos.  La mamá de una ex compañera de trabajo era maestra, quedó viuda y echó adelante sus cuatro hijos, estirando cada dólar y sin tener lujos, pero les enseñó el valor de compartir lo poco material que se tenía.  Siguiendo su ejemplo, esa compañera siempre dio el máximo, sin quejarse de si recibía poco o mucho de salario.  A la hora de almuerzo compartía de lo que tenía y fueron muchas las veces que replicó el milagro de los panes y los peces con quienes estábamos allí, particularmente con alguien que a veces no tenía para comer.

Y Tata tiene la desfachatez de quejarse de que no le da con $73,000, por lo que entra en escena otro legislador, esta vez del Partido Popular –Rafael Hernández, conocido como Tatito – qué interesante- Tata y Tatito.  Una urde el esquema y el otro lo justifica. Ella lo pare y él lo bautiza.  Tatito esgrimió la teoría de que esos actos de corrupción ocurren luego de que a los legisladores se les eliminaran las dietas y los vehículos.  Patético. Esto es una afrenta a todos los que hemos trabajado con muchísimo menos beneficios que los legisladores; es decir, que no somos unos esmaya’os, buscando el banquete total.  Por eso, es indispensable vacunarse contra el Tatismo, el virus que ataca a los esmaya’os y anda rondando pasillos en las agencias públicas y la legislatura. 

18 de agosto de 2020

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