TATISMO
Ahora que
hay una obsesión con encontrar la vacuna contra el COVID-19, me parece
importante que no perdamos de vista la necesidad de vacunarnos contra el Tatismo,
término que se me ocurrió ayer, tras los últimos acontecimientos. Tras un segundo intento para celebrar las
primarias en el Partido Popular y el Partido Nuevo Progresista, el evento se
pudo realizar, pero ciertamente no borra el desastre vivido el 9 de septiembre,
cuando hubo que suspender el proceso porque en muchos lugares las papeletas
llegaron tardísimo y en otros, ni siquiera llegaron. No hay duda que para efectuar una elección
pueden faltar muchas cosas, pero sin papeletas, no hay nada que hacer.
Eso de
que falten papeletas me recuerda una experiencia que tuve hace tiempo, en la
que planifiqué un menú para recibir invitados.
No recuerdo qué iba a servir de aperitivo y postre, pero el plato
principal eran pechugas rellenas en salsa de miel y limón, acompañadas de arroz
con cebolla. Fui al supermercado a comprar
la larga lista de víveres, porque las pechugas llevaban jamón, queso suizo,
tocineta, miel, limón y curry, sin contar los ingredientes del arroz y lo que
fuera que iba a servir de postre. Cuando
terminé las compras, fui haciendo un inventario mental de lo que había
comprado. Casi llegando a casa me
percaté que me faltaban –nada más, ni nada menos que -¡las pechugas! Pues algo
así pasó el 9 de agosto con las papeletas.
El fiasco de las primarias es algo que nos horrorizó, sin anticipar lo
que ayer supimos.
La
representante María Milagros Charbonier, a quien se le conoce por el apodo de
Tata, fue arrestada ayer en la mañana por el FBI, por haber incurrido en un
esquema fraudulento para agenciarse un dinerito extra. No voy a entrar en los detalles –creo que ya
ha habido suficiente divulgación del sórdido esquema. Lo que nos indigna a la mayoría de nosotr@s
es que esta mujer era de aquéll@s que se desgarran las vestiduras hablando de
moral. Ella fue una férrea defensora de
las llamadas terapias de conversión, mediante las cuales a jóvenes se les
imponían unos supuestos tratamientos para hacer que rechazaran una preferencia
sexual distinta a la de la mayoría, tan sólo porque para unos sectores
fundamentalistas eso constituye pecado.
Poco importaba que no todos los sectores religiosos estuviesen de
acuerdo o que para un sector de la población eso no fuera de aplicación por no
ser creyentes. Del mismo modo, tergiversó
el concepto de la perspectiva de género, en perjuicio de tantas personas que
son víctimas de una visión machista de la sociedad.
Resulta
la suprema ironía que esta mujer era presidenta de la Comisión de Ética de la
legislatura. Es decir, ella lideraba una
comisión que se supone vele por el comportamiento ético de l@s
legislador@s. Tal parece que ella pensó
que tenía un escudo protector para que no la velara Aquél que se supone todo lo
ve; que está por encima de cualquier comisión, organismo o institución creada
por el ser humano. Y la ambición la
cegó, como en un momento dado cegó a Víctor Fajardo, aquél secretario de
Educación de triste recordación. Yo
siempre me pregunté cómo era posible que una persona que había llegado a uno de
los puestos más altos de un gabinete de gobierno –secretario de un departamento
que tiene a su cargo formar los jóvenes de este país, fuese capaz de incurrir
en tal desmán que mancha su nombre para el resto de su vida.
Un salario
de jefe de gabinete para los tiempos de Fajardo era muy buen salario. Todavía hoy es bueno, si no se compara con
los de jefes de corporaciones multimillonarias. A fin de cuentas un@ no entra a
trabajar en gobierno pensando que se va a enriquecer en términos monetarios. Los verdaderos servidores públicos nos
enriquecemos en experiencia, en la satisfacción de servir. Cuánto recibamos es secundario. En el caso de
Tata Charbonier, parece ser que se había quejado que el sueldo de unos $73,000
no le daba para vivir. ¿Y qué hacen los maestros y los policías, con salarios
de una tercera parte de eso, con menos beneficios, sin seguro social para su
jubilación y la amenaza de recortes adicionales en sus futuras pensiones? Mi
papá solía decir que la gente que terminaba en prisión por robar fondos públicos
tenía ese fin por esmaya’os. Y es
cierto. Tanto Víctor Fajardo, como Tata
Charbonier tenían dinero suficiente para vivir decentemente, si no hubiesen
gastado más de lo que tenían y vivido más allá de sus posibilidades.
Yo fui
servidora pública por 30 años y siempre me consideré bien paga. Viví de acuerdo a mis ingresos y así hay
miles de servidores públicos. La mamá de
una ex compañera de trabajo era maestra, quedó viuda y echó adelante sus cuatro
hijos, estirando cada dólar y sin tener lujos, pero les enseñó el valor de
compartir lo poco material que se tenía.
Siguiendo su ejemplo, esa compañera siempre dio el máximo, sin quejarse
de si recibía poco o mucho de salario. A
la hora de almuerzo compartía de lo que tenía y fueron muchas las veces que
replicó el milagro de los panes y los peces con quienes estábamos allí,
particularmente con alguien que a veces no tenía para comer.
Y Tata tiene
la desfachatez de quejarse de que no le da con $73,000, por lo que entra en
escena otro legislador, esta vez del Partido Popular –Rafael Hernández,
conocido como Tatito – qué interesante- Tata y Tatito. Una urde el esquema y el otro lo justifica. Ella
lo pare y él lo bautiza. Tatito esgrimió
la teoría de que esos actos de corrupción ocurren luego de que a los
legisladores se les eliminaran las dietas y los vehículos. Patético. Esto es una afrenta a todos los que
hemos trabajado con muchísimo menos beneficios que los legisladores; es decir,
que no somos unos esmaya’os, buscando el banquete total. Por eso, es indispensable vacunarse contra el
Tatismo, el virus que ataca a los esmaya’os y anda rondando pasillos en las
agencias públicas y la legislatura.
18 de
agosto de 2020


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