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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

viernes, 14 de junio de 2019

¿QUIÉN ME REPRESENTA?







¿QUIÉN ME REPRESENTA?

Ya sé – van a pensar que voy a escribir sobre la selección de Madison Anderson como Miss Puerto Rico Universe.  Pues sí y no.  Para empezar, le tengo aversión a esos concursos que hacen que las mujeres hagan lo indecible para conformarse a un ideal de belleza.  Eso implica hacer dieta y ejercicios para que el cuerpo se adapte al ideal de belleza de nuestros tiempos y llega hasta el extremo de hacerse cirugías para añadir donde no hay o quitar donde hay demasiado.  Que conste, que creo que cada quien tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que le venga en gana, pero me preocupa cuando ello se hace para complacer a otros –y uso el masculino a propósito, porque en la mayoría de los casos es a ese género al que se quiere complacer.

Este año hubo un elemento adicional en el concurso: la ganadora es de padre norteamericano –de ahí el nombre tan gringo.  Es un nombre que suena a presentadora de televisión o a representante de un estado en el concurso de Miss América – ups! –que sí lo fue.  Resulta que ella participó como representante del estado – no del municipio de Florida- en dicho concurso y perdió.  Pues parece que sus manejadores le dijeron que como tiene madre puertorriqueña, podía representar a Puerto Rico. Y resulta bien extraño, por no decir aberrante, ver y escuchar a quien nos va a representar.  Su apellido no es Pérez o Rivera y su nombre no es María, ni Marisol: es más, ni siquiera Denisse, que suena más cercano a la idea anglosajona.  Para más, admitido por ella misma, su idioma primario no es el español. Se supone que nos representa, aunque de todos modos nunca me he sentido representada por una reina de belleza.  Me parece que en su apariencia y desempeño representa a un sector minúsculo de la población, aunque en el aspecto de la conveniencia representa a más de los que quisiera.

Lo cual me lleva al propósito de esta reflexión.  ¿Quién nos representa?  Bajo nuestro sistema político tenemos una Cámara de Representantes y un Senado, que son electos por el pueblo para que nos “representen”.  Además, un gobernador, que es, hasta la llegada de la Junta, la máxima autoridad, aparte de la comisionada residente, quien aunque no vota, nos “representa” ante el Congreso de los Estados Unidos. No voté por ellos, pero se supone me “representan”. En cuanto a los representantes y senadores, creo son muy pocos los que puedo decir me representan.  Siento que sí lo hacen Manuel Natal, Zoé Laboy, Larry Seilhamer, Luis Vega Ramos y Vargas Vidot, estos dos últimos por quienes voté. El hecho de que sienta me representan no quiere decir que esté de acuerdo con todas sus posturas.  Hay otros, como María Milagros Charbonier, por ejemplo, quienes no siento que me representen para nada.  Pero lo triste es que ella representa un sector de nuestra población.

Ese sector está tan aferrado a sus doctrinas religiosas que no solo las creen para sí, sino que también pretenden que aquéllos que no piensan igual se tengan que ceñir a las normas impuestas por determinada doctrina religiosa.  Usted tiene derecho a predicar en su iglesia lo que su doctrina dispone y a creer en lo que quiera creer –e incluso a no creer, pero no tiene un derecho a pretender que el resto de nosotros y nosotras nos ciñamos a la misma norma.  Y creo que estas personas pueden tener buenas intenciones, pero el velo de sus convicciones religiosas les nubla el entendimiento.  La Biblia, el Corán u otros pueden ser fuente de inspiración, de iluminación espiritual, pero no son fuente de derecho en nuestro sistema de gobierno, aunque tampoco puede ser motivo de persecución.

Tengo dos recuerdos relacionados con los aspectos religiosos, producto de intercambios con dos empleados mientras laboré en la Oficina de Derechos Civiles de la Autoridad de Carreteras.  El primero se relaciona con una empleada que se rehusaba a registrar su asistencia en un nuevo sistema que requería introdujera su mano en un aparato, para que el mismo “leyera” las dimensiones de ésta.  Según ella, su religión le prohibía someterse a este registro, porque dicha acción dejaría una marca, lo que según la Biblia, está prohibido y citó un versículo a esos efectos.  En mi función de garantizar que no hubiese una acción discriminatoria por parte de la agencia, me di a la tarea de investigar.

Lo primero que hice fue buscar el versículo citado, el cual en efecto, alude a que no se harán marcas en el cuerpo.  En segundo lugar, me orienté sobre el sistema del registro de asistencia, el cual no hace marca alguna en el cuerpo –es decir, no toma huellas dactilares dejando el dedo entintado, sino que “lee” las dimensiones de la mano, sin dejar registro visible alguno.  La máquina lo que hace es reconocer que esa mano pertenece a x persona.  Analizado el asunto, le escribí a la empleada, informándole que habíamos hecho la investigación pertinente y concluimos que no había base para su reclamo, por lo que debía proceder a registrar su asistencia como los demás empleados, ya que el proceso no violentaba sus creencias religiosas al no dejar marca alguna en el cuerpo.  Su respuesta fue que no dejaba marca en el cuerpo, pero sí lo hacía en el alma.  Poético como pueda sonar, su planteamiento no tenía base en la doctrina religiosa ni en la reglamentación, por lo que se dio por terminado el asunto.

El segundo caso fue el de un empleado preocupado por la legislación que permitía a dos personas del mismo sexo contraer matrimonio.  En su confusión, le causaba desasosiego el resultado que esto pudiese tener en el culto de su iglesia.  Le escuché pacientemente y le expliqué que el estado no intervenía en su creencia de que el matrimonio sólo pudiese ser entre hombre y mujer.  Nadie iba a llegar a ese templo a desmentir al pastor.  Por otro lado, el estado –a través de jueces- podía llevar a cabo matrimonios de personas del mismo sexo, como lo hace en casos de heterosexuales  Incluso, podía validar los matrimonios de personas del mismo sexo efectuados por ministros capacitados para ello en aquellas iglesias que lo permitiesen, pero no podía intervenir en las creencias de aquéllas religiones que lo prohibiesen.  El empleado quedó satisfecho con la explicación.

El asunto del proyecto de ley de la llamada libertad religiosa presenta mas complejidades de las que pretende resolver.  Nuestra Constitución garantiza la libertad de culto y en ese sentido, un(a) empleado(a) que sienta que se está violentando su derecho puede exigir se respete y es responsabilidad del estado evaluar la situación.  La aprobación del proyecto de libertad religiosa presentaría la situación de que la empleada que hizo el planteamiento sobre las marcas en el cuerpo se negase a atender ciudadanos con tatuajes.  En nuestros tiempos, eso presentaría un gran problema, no solo por la proliferación de éstos, sino por la escasez de personal.

Representantes como Charbonier inducen a un número sustancial de personas a confundir su derecho a determinada creencia religiosa con la facultad de imponer su creencia en aras de la llamada salvación.  El retiro de este proyecto y el de las terapias de conversión responde más a una actitud de veleta del gobernador, que toma sus decisiones dependiendo de la dirección del viento.  Ni una ni el otro me representan.  Madison tampoco.  Lo triste es que representan a más gente de las que uno se imagina, que no se ocupan de analizar la información que reciben o se mueven de acuerdo a la conveniencia.  ¡Dios nos coja confesa’os!

14 de junio de 2019






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