Hoy se cumplen ocho años del paso
del huracán María por Puerto Rico. Pienso
en ello -de hecho, comencé a pensar en eso desde ayer, con el recuerdo de los
preparativos en mi apartamento y en el de Papi, que aún no se había vendido,
tras la muerte de su viuda. Fueron días
angustiosos -antes, durante y después del huracán. Los preparativos fueron extenuantes, pero lo
peor era pensar en la posibilidad de perder todo aquello que tenía valor para
mí: documentos, fotos, regalos de Papi, cuadros con valor sentimental. Más que todo, creo que el miedo era a perder
todo aquello que me hacía sentir segura por ser conocido. Mi casa -le llamo casa, aunque sea un
apartamento- es mi refugio; es el lugar que me acoge luego de momentos difíciles,
en el que puedo soltar las angustias sin temor a ser juzgada. En él estoy a salvo -al menos eso pensaba
antes de María.
Después de María, la vida de tod@s
en Puerto Rico cambió. Para l@s que
viven con todas las comodidades, con cisterna, plantas eléctricas y dinero
suficiente para atender las reparaciones o situaciones que se presenten, María
fue un inconveniente, una pejiguera, pero para quienes poco tenían, les
trastocó la vida. Perdieron sus
pertenencias, su casa y muchos -más de los que el gobierno inepto e insensible
de aquél imberbe quiso admitir, hasta la vida.
Todavía hoy me angustia pensar en toda la gente que perdió todo y los
que aún luchan para rehacer sus vidas. En mi caso, estoy recuperada -o al menos
eso creía- de los poquísimos daños que sufrí.
No obstante, me he percatado que ha habido un aumento en la ansiedad
cuando anuncian posibles tormentas. Para
colmo, recientemente tuve una situación con el desagüe del balcón, que ocasionó
que se inundara bastante, a riesgo de que el agua entrara al apartamento.
En el momento que me percaté de que
estaba subiendo -en lugar de bajar- agua por el desagüe, procedí a sacar agua
con desespero, mientras contemplaba con horror cómo el desagüe parecía una
fuente que amenazaba con inundar el balcón y enfilar el rumbo del agua que ya
no cabría hacia el interior del apartamento, arruinando los gabinetes de cocina,
que llegan hasta el suelo. Mi mente
proyectaba una película de horror mientras sacaba el agua como podía. El asunto se supone que se resolvió, pero no
estoy del todo convencida. Cada vez que
llueve mucho, salgo varias veces al balcón, para ver si el agua fluye como se
supone que fluya. Trato de
apartar de mi mente los pensamientos negativos. Con el paso de los días estoy
menos ansiosa, pero un buen aguacero puede dar al traste con mi tranquilidad.
Siento que el mes de septiembre
viene cargado de angustia, de temores, de coraje por l@s que tanto
sufrieron. Ya no planifico viajes para
este mes, porque pienso que si estoy en casa puedo resolver los asuntos que se
presenten. Un viento fuerte me trae
recuerdos de aquél angustioso día y no quiero ni pensar cómo se sentirán l@s
que de verdad sufrieron y siguen sufriendo, pero lo digo, porque sólo
así puedo exorcizar la angustia -angustia que me hacer pensar en ese síndrome
que se ha denominado de estrés postraumático, o PTSD. Yo no sé si lo que me ocurre pueda
catalogarse como tal; tan sólo sé cómo me siento, cuando se acerca el mes de
septiembre y anuncian tormentas. No
quiero imaginar la angustia de quienes de verdad sufrieron los efectos de María
con enormes pérdidas.
Como las etapas del duelo de Kübler
Ross, a veces trato de manejar el estrés cambiando mi pensamiento; a veces
verbalizar cómo me siento me ayuda -es como una catarsis. Pensar es bueno, cuando el pensamiento no se
engancha en la negatividad que nos rodea y trato de apartar de la mente todas
las imágenes que vienen a mi mente de aquel día tan difícil a nivel personal y
colectivo. Los pasos de este duelo se
intercambian. Y últimamente digo,
denuncio todo lo que estuvo y sigue estando mal. Agraciadamente puedo decir todo lo que está bien
en el trabajo comunitario, enfocado en sostenernos l@s un@s a l@ otr@s y l@s que se atreven a alzar la voz contra las
injusticias. El pueblo salva al pueblo. Y
empieza a llover…
20 de septiembre de 2025


muy sentido tu mensaje, Al Grano de la crisis que aún atravesamos.
ResponderEliminarContinuar expresandonos , asistiendonos y creciendo hacia un futuro mas benigno.
Gracias Ana.