PÓNGALE EL SELLO
Una de
las cosas que más me molestaba mientras estuve empleada, era el silencio que
recibía a muchas de mis comunicaciones.
Llamadas que no me contestaban, memorandos que requerían algún tipo de
acción, o conversaciones que quedaban inconclusas. Me ocurría también a nivel personal, con varios
casos del llamado ghosting tras una
cita que parecía haber sido exitosa, pero que luego se convertía en un acto de
desaparición que me dejaba perpleja. En
el caso de estas últimas, salvo un ego magullado, no había mayor trascendencia,
ya que se trataba de una relación efímera en la que no había obligación alguna
entre las partes. En el ámbito laboral,
sin embargo, un(a) servidor o servidora públic@ tiene un deber de desempeñarse
de forma respetuosa y atender con diligencia los asuntos ante su consideración. No estoy familiarizada con el mundo de los
negocios, pero presumo que existen unos códigos – escritos o no- de cómo
conducirse.
Hace unos
años me encontré con un amigo de mi papá y hablamos de un amigo mutuo que
estaba muy enfermo. Le comenté que yo había ido a verlo al hospital y él me
dijo que no podía verlo, porque no soportaba verle en tan mal estado. Me fui triste, pensando en cómo se sentiría
el enfermo a quien su amigo no fue a visitar.
Evidentemente, mi interlocutor no sabía cómo manejar sus emociones y por
ello, decidió no visitar a aquél que quizás tenía una gran necesidad de recibir
la visita de un amigo en lo que tal vez, como en efecto lo fue, serían sus
últimos días. El incidente me hizo
reflexionar sobre las razones que tenemos los seres humanos para evadir
situaciones incómodas.
En el
ámbito laboral me di cuenta que en la mayoría de los casos, mis memorandos o
llamadas permanecían sin contestar porque quien debía responderme había fallado
y en lugar de actuar para corregir la situación, optaba por callar y hacer como
si nada estuviera pasando, lo cual, obviamente, complicaba más el asunto. Cuando el asunto afectaba mi oficina, seguía
escribiendo aunque el silencio imperara no ya para obtener respuesta, sino para
el récord. El nivel de frustración que experimenté
contribuyó grandemente a mi decisión de retirarme, pese a que todavía pude
haber aportado varios años más. En otras
ocasiones, el silencio obedecía a que la persona que recibía el memorando no
sabía qué rayos hacer, por lo que no hacía nada, así que el resultado era el
mismo -el asunto permanecía sin resolverse.
Para
aquéll@s que piensan que la empresa privada funciona mejor que el gobierno, una
experiencia reciente demuestra que este mal que afecta la comunicación habita
en todos lados. Hace tres semanas le
escribí a la sección de mensajes de la página de Facebook del arroz Sello Rojo,
porque tras tres intentos de preparar el arroz me di por vencida, ya que
siempre quedaba duro. Hacía años que no
lo compraba, pero recuerdo aquéllos anuncios de las aventuras del Granito Sello
Rojo y la Habichuelita Colorá. Tenían
un jingle pegajoso que terminaba con
la frase fijése bien que sea Sello Rojo. Guiada
un poco por la nostalgia y otro poco por la posibilidad de que algunos paquetes
de arroz se escaparon del proceso de control de calidad, les escribí para
alertarles de la situación. Es de notar
que el empaque dice claramente “Hecho en Puerto Rico”, cosa que es parcialmente
cierta, ya que el arroz no se cultiva aquí, sino que llega no sé en qué forma y
sufre no sé qué procesos aquí, que lo cualifican para que pueda exhibir ese
sello. De hecho, el empaque dice
claramente: Origen:India. No tengo ningún problema de que el
producto venga de la India y que aquí se le hagan modificaciones.
Me
enviaron un mensaje de esos automáticos, indicando que se comunicarían
conmigo. Al otro día, me enviaron un
mensaje en el que me pedían mi teléfono, foto del empaque y lugar de
residencia, lo cual envié. A los tres
días me indicaron que habían referido la información a Servicio al cliente y
que pronto se comunicarían conmigo. De eso han pasado más de dos semanas. Parece que la definición de “pronto” de ellos
es distinta a la mía. No espero que me
respondan de inmediato, pero dos semanas es algo excesivo para un asunto
sencillo: un arroz que no se cocina bien.
¿Es un cargamento que se dañó? ¿Es que tienen un suplidor nuevo? Y si toma tiempo investigar ¿no pueden decir
que están investigando y que me dejarán saber?
Ahí no
queda todo. Al ver que no me
contestaban, escribí a Hecho en Puerto Rico, que según la página web es una asociación
cuya misión es proteger y promover la manufactura y los servicios hechos y
ofrecidos por empresas cuya base de operación es en Puerto Rico. Les
escribí el 1ro de diciembre a través de
mensaje e indiqué que me preocupaba que una marca de arroz que exhibe el sello
de Hecho en Puerto Rico tuviese un producto de calidad inferior, lo
cual afecta la imagen de nuestros productos, solicitando se investigara. Me
contestaron que enviara un correo electrónico, o llamara a un número, lo cual
me parecía sin sentido, ya que les incluí toda la información, pero envié el
correo electrónico hace tres días. No
llamé porque no quiero que me pasen de teléfono en teléfono a ver quién me
atiende.
Me doy
por vencida. He tratado de darle oportunidad
a la empresa de que expliquen por qué el arroz no se ablanda. Puede ser un cargamento que salió dañado o
que se trata de un nuevo suplidor. Yo
qué sé. Lo que sé es que parece no
importarle que el nombre de su producto quede en entredicho. Si alguien no responde a sus cuestionamientos
póngale el sello que no sabe cómo abordar el asunto o sabe que no actuó como se
supone y prefiere darle largas al asunto.
Y aquí no se trata solo del arroz.
Se trata de todo un sistema que no sabe cómo afrontar las crisis que se
pretenden ignorar. Ahí están los
alcaldes de Ponce y Cayey, protagonistas del último episodio de reputaciones
manchadas.
Mi mayor
activo es mi nombre. Tuve un
extraordinario ser humano como padre y cuido mucho que no se asocie con algo
incorrecto y si cometo errores, busco la manera de enmendarlos. Lamentablemente, en los últimos tiempos hay
una tendencia a tratar de barrer los
problemas debajo de la alfombra y se olvida que tarde o temprano toda acción
tiene consecuencias. Con respecto al
arroz, me aseguraré de no comprar Sello Rojo.
En cuanto a los alcaldes, vivo en San Juan, así que tengo otros issues con qué bregar, pero en términos
políticos, hace tiempo que el pueblo perdió la confianza en la clase política
en general y peor aún, como yo con el arroz, se dio por vencido.
9 de
diciembre de 2022


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