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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

viernes, 9 de diciembre de 2022

El sello

 



PÓNGALE EL SELLO

Una de las cosas que más me molestaba mientras estuve empleada, era el silencio que recibía a muchas de mis comunicaciones.  Llamadas que no me contestaban, memorandos que requerían algún tipo de acción, o conversaciones que quedaban inconclusas.  Me ocurría también a nivel personal, con varios casos del llamado ghosting tras una cita que parecía haber sido exitosa, pero que luego se convertía en un acto de desaparición que me dejaba perpleja.  En el caso de estas últimas, salvo un ego magullado, no había mayor trascendencia, ya que se trataba de una relación efímera en la que no había obligación alguna entre las partes.  En el ámbito laboral, sin embargo, un(a) servidor o servidora públic@ tiene un deber de desempeñarse de forma respetuosa y atender con diligencia los asuntos ante su consideración.  No estoy familiarizada con el mundo de los negocios, pero presumo que existen unos códigos – escritos o no- de cómo conducirse.

Hace unos años me encontré con un amigo de mi papá y hablamos de un amigo mutuo que estaba muy enfermo. Le comenté que yo había ido a verlo al hospital y él me dijo que no podía verlo, porque no soportaba verle en tan mal estado.  Me fui triste, pensando en cómo se sentiría el enfermo a quien su amigo no fue a visitar.  Evidentemente, mi interlocutor no sabía cómo manejar sus emociones y por ello, decidió no visitar a aquél que quizás tenía una gran necesidad de recibir la visita de un amigo en lo que tal vez, como en efecto lo fue, serían sus últimos días.  El incidente me hizo reflexionar sobre las razones que tenemos los seres humanos para evadir situaciones incómodas.

En el ámbito laboral me di cuenta que en la mayoría de los casos, mis memorandos o llamadas permanecían sin contestar porque quien debía responderme había fallado y en lugar de actuar para corregir la situación, optaba por callar y hacer como si nada estuviera pasando, lo cual, obviamente, complicaba más el asunto.  Cuando el asunto afectaba mi oficina, seguía escribiendo aunque el silencio imperara no ya para obtener respuesta, sino para el récord.  El nivel de frustración que experimenté contribuyó grandemente a mi decisión de retirarme, pese a que todavía pude haber aportado varios años más.  En otras ocasiones, el silencio obedecía a que la persona que recibía el memorando no sabía qué rayos hacer, por lo que no hacía nada, así que el resultado era el mismo -el asunto permanecía sin resolverse.

Para aquéll@s que piensan que la empresa privada funciona mejor que el gobierno, una experiencia reciente demuestra que este mal que afecta la comunicación habita en todos lados.  Hace tres semanas le escribí a la sección de mensajes de la página de Facebook del arroz Sello Rojo, porque tras tres intentos de preparar el arroz me di por vencida, ya que siempre quedaba duro.  Hacía años que no lo compraba, pero recuerdo aquéllos anuncios de las aventuras del Granito Sello Rojo y la Habichuelita Colorá. Tenían un jingle pegajoso que terminaba con la frase fijése bien que sea Sello Rojo. Guiada un poco por la nostalgia y otro poco por la posibilidad de que algunos paquetes de arroz se escaparon del proceso de control de calidad, les escribí para alertarles de la situación.  Es de notar que el empaque dice claramente “Hecho en Puerto Rico”, cosa que es parcialmente cierta, ya que el arroz no se cultiva aquí, sino que llega no sé en qué forma y sufre no sé qué procesos aquí, que lo cualifican para que pueda exhibir ese sello.  De hecho, el empaque dice claramente: Origen:India.  No tengo ningún problema de que el producto venga de la India y que aquí se le hagan modificaciones.

Me enviaron un mensaje de esos automáticos, indicando que se comunicarían conmigo.  Al otro día, me enviaron un mensaje en el que me pedían mi teléfono, foto del empaque y lugar de residencia, lo cual envié.  A los tres días me indicaron que habían referido la información a Servicio al cliente y que pronto se comunicarían conmigo. De eso han pasado más de dos semanas.  Parece que la definición de “pronto” de ellos es distinta a la mía.  No espero que me respondan de inmediato, pero dos semanas es algo excesivo para un asunto sencillo: un arroz que no se cocina bien.  ¿Es un cargamento que se dañó? ¿Es que tienen un suplidor nuevo?  Y si toma tiempo investigar ¿no pueden decir que están investigando y que me dejarán saber?

Ahí no queda todo.  Al ver que no me contestaban, escribí a Hecho en Puerto Rico, que según la página web es una asociación cuya misión es proteger y promover la manufactura y los servicios hechos y ofrecidos por empresas cuya base de operación es en Puerto Rico. Les escribí  el 1ro de diciembre a través de mensaje e indiqué que me preocupaba que una marca de arroz que exhibe el sello de Hecho en Puerto Rico  tuviese un producto de calidad inferior, lo cual afecta la imagen de nuestros productos, solicitando se investigara. Me contestaron que enviara un correo electrónico, o llamara a un número, lo cual me parecía sin sentido, ya que les incluí toda la información, pero envié el correo electrónico hace tres días.  No llamé porque no quiero que me pasen de teléfono en teléfono a ver quién me atiende.

Me doy por vencida.  He tratado de darle oportunidad a la empresa de que expliquen por qué el arroz no se ablanda.  Puede ser un cargamento que salió dañado o que se trata de un nuevo suplidor.  Yo qué sé.  Lo que sé es que parece no importarle que el nombre de su producto quede en entredicho.  Si alguien no responde a sus cuestionamientos póngale el sello que no sabe cómo abordar el asunto o sabe que no actuó como se supone y prefiere darle largas al asunto.  Y aquí no se trata solo del arroz.  Se trata de todo un sistema que no sabe cómo afrontar las crisis que se pretenden ignorar.  Ahí están los alcaldes de Ponce y Cayey, protagonistas del último episodio de reputaciones manchadas.

Mi mayor activo es mi nombre.  Tuve un extraordinario ser humano como padre y cuido mucho que no se asocie con algo incorrecto y si cometo errores, busco la manera de enmendarlos.  Lamentablemente, en los últimos tiempos hay una tendencia a  tratar de barrer los problemas debajo de la alfombra y se olvida que tarde o temprano toda acción tiene consecuencias.  Con respecto al arroz, me aseguraré de no comprar Sello Rojo.  En cuanto a los alcaldes, vivo en San Juan, así que tengo otros issues con qué bregar, pero en términos políticos, hace tiempo que el pueblo perdió la confianza en la clase política en general y peor aún, como yo con el arroz, se dio por vencido.

9 de diciembre de 2022

 

 

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