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Este blog tiene el propósito de compartir mis ideas que estoy segura son las de muchos. Escribo sobre lo que me enternece, lo que me intriga, lo que me indigna o lo que me divierte. No me impongo fechas límite -escribo cuando quiero. El lector también puede elegir -hay relatos mas extensos, otros mas cortos. Entre cuando quiera. Vivo orgullosa de quien soy, de donde vengo y hacia donde voy, aunque no sepa como llegar... La imagen que lo acompaña es El Laberinto, de la serie Mandalas de Procesos, de Thalía Cuadrado, psicóloga clínica y artista, que me honra con su amistad. Me pareció apropiado para acompañar este blog sin dirección, porque son muchas las veces que me he sentido en un laberinto. Afortunadamente, siempre salgo…

domingo, 1 de marzo de 2026

GUACAMAYOS Y LECCIONES

 




GUACAMAYOS Y LECCIONES

Hoy en la mañana volví a sentir el no muy agradable graznido de los guacamayos que frecuentan mi vecindario.  Poco a poco he ido identificando los lugares donde suelen posarse.  Al inicio, era sobre un árbol que está a la derecha de mi balcón.  Como está distante, se me hacía difícil visualizarlos, pero si permanecía un buen rato mirando el lugar de donde provenía el sonido, podía notar un movimiento en las ramas y eventualmente, ver despegar una o más aves en vuelo.  Podía ver su desplazamiento, pero no distinguir con claridad los colores.  Usualmente eran dos o tres, pero un día percibí un alboroto inusual, un escarceo, así que miré en dirección al árbol que ya había identificado y noté que había como ocho pájaros cuando despegaron vuelo.  Su desplazamiento era elegante, fluido, con las plumas de la cola semejando una lanza.  No recuerdo haber visto tantos y no sé qué querían decir con tanto alboroto.

Hace un tiempo noté que se habían movido a un árbol que queda para el otro lado del apartamento, que me dificulta aún más divisarlos porque debo verlos a través de la ventana, aunque el árbol está más cerca.  En una ocasión que permanecí un buen rato mirando en dirección al árbol, los vi despegar vuelo y pude apreciar su plumaje en tonos de azul y amarillo intensos. Me produjo gran alegría ver ese espectáculo de color en movimiento -una especie de recompensa a la paciencia que tuve al quedarme un buen rato mirando al árbol de donde provenían los graznidos.  Confieso que por momentos me moví a hacer otra cosa -eso de estar mirando por varios minutos, en espera de que un pájaro alce el vuelo, no es mi fuerte; no soy ornitóloga.

El tiempo transcurre tan rápido que tengo un recuerdo que pensé que era de hace pocos meses, pero buscando mis archivos en los que hago referencia a ese episodio, parece ser que hace casi un año del suceso.  Viajaba por la autopista con una amiga de regreso a casa, cuando de momento se cruzó ante nuestros atónitos ojos un trío de guacamayos.  Pasaron tan cerca que pudimos apreciar con claridad sus hermosos colores, como banderas de Ucrania ondeando al viento.  Quedé fascinada y la imagen se quedó grabada en mi memoria.  Varias veces he querido tomar fotos de los guacamayos que puedo divisar desde el balcón, pero no logro captar una que refleje la elegancia de su vuelo, mucho menos la belleza de sus colores.  Termino por descartar las pocas fotos que he tomado, porque ninguna recoge la belleza de lo que observo.



Algo igual de frustrante me ocurrió en mi viaje de hace más de 30 años a Grecia, ante el templo en honor a Poseidón en Cabo Sunión.  El templo se yergue sobre un cerro rodeado por el Mar Egeo y es de una belleza indescriptible, que ninguna foto que yo hubiese podido tomar le hace honor.  El contraste del templo con el color del mar Egeo es impactante.  Ese mar de por sí posee una belleza que emana de la intensidad de su azul.  Suelo decir que entendí el concepto de azul marino cuando contemplé ese mar.  No hay foto que pueda recoger esa experiencia.  En momentos así, me doy por vencida y me limito a apreciar el momento vivido.

Hace unas semanas volví a sentir los graznidos característicos y salí al balcón.  En un momento algunos emprendieron vuelo y varios pasaron bien cerca de donde yo estaba, por lo que pude apreciarlos mucho más de cerca.  ¡Qué belleza!, exclamé en alta voz, sin poder contener la emoción.  Era como si hubiesen querido honrar mi deseo de poder apreciarlos en toda su magnificencia.  Hoy tuve una experiencia similar, tras un buen rato de esperar verlos alzar vuelo y varios intentos frustrados de tomar alguna foto. De hecho, me percaté de que en mi empeño de posicionar la cámara sin saber por dónde iniciarían el vuelo, me perdía el disfrute de simplemente contemplar el espectáculo que se ofrecía ante mis ojos.  Dejé la cámara -bueno, el celular- a un lado y me dediqué a esperar si en algún momento podía tener un espectáculo en palco.

Mi paciencia tuvo recompensa.  Un trío de guacamayos decidió atravesar veloz, pero armoniosamente un espacio cercano al balcón, a una distancia bastante baja, con la arboleda de fondo.  En ese breve y mágico instante pude ver los tonos de azul y amarillo, con el verde de los árboles de fondo.  Y entendí.  Son varias las veces que he querido alcanzar algo de manera perfecta y en el proceso, no alcanzo nada.  También me he perdido disfrutar de experiencias por no prestar atención.  Nunca hubiese visto estos pájaros mágicos si hubiese oído su graznido como quien oye llover, sin detenerme a mirar.  El graznido no es, para mi gusto, un sonido agradable, pero me anuncia la posibilidad de ver algo hermoso.  ¿Cuántas veces he descartado una experiencia porque no se ve como lo que yo espero?

Con respecto a las fotos, ya había aprendido que hay instantes en que estar pendiente de tomar una foto me priva de disfrutar el momento.  Al fin y al cabo, muchas veces la foto no refleja ni remotamente la belleza de lo que veo, que permanecerá por siempre en mi memoria, sin necesidad de contemplar una imagen impresa.  Incluso ni siquiera fotos profesionales captan lo que experimento o quiero transmitir, como hoy precisamente, que quise buscar una foto de un guacamayo para este escrito y poder transmitir la belleza de estos seres; no la encontré como quería, así que puse la mejor que encontré, que no le hace justicia.  No siempre hay que tirar más fotos, como dice la canción, sino que hay que aprovechar cada momento y apreciar la belleza en las pequeñas cosas. También hay que mantener la capacidad de asombrarse, como cuando un trío de pájaros mágicos aparece de la nada en la autopista y nos regala belleza en el lugar menos esperado.

Los guacamayos me brindaron unas lecciones hoy.  Namasté (lo divino en mí saluda lo divino en ti).

1 de marzo de 2026